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La situación de los judíos en la URSS

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No podemos dejar de mencionar a una minoría importante, más racial y religiosa que nacional, que constituye un problema más con el que se ha enfrentado la Unión Soviética: los judíos. Bajo el régimen zarista, la opresión contra éstos era severa y permanente (1). “Cuando cayó el régimen autocrático, el ruido de la caída sonó en los oídos de los judíos como campanadas de la libertad. Con un sólo golpe, el gobierno provisional abolió la complicada red legislativa organizada contra los judíos. De repente, fueron eliminadas las cadenas que los ataban. Desaparecieron todas las restricciones… Los judíos ahora podían mantener la columna vertebral recta y mirar hacia el futuro sin miedo“(2).

Lamentablemente todavía habría tres o cuatro años de guerra civil y de hambre, durante los cuales, a merced de los ejércitos invasores, la masa del pueblo judío sufriría los mayores excesos. En general, los ejércitos blancos eran extremadamente brutales, mientras que el Ejército Rojo hacía todo lo posible para proteger a estas pobres víctimas, aunque, por tal o cual razón, la mayoría de los judíos no fueron simpatizantes, durante algún tiempo, del gobierno bolchevique. La maldición del comercio basado en el lucro, que fue clasificado como usura, hirió profundamente a los judíos de la Rusia Blanca y de Ucrania, cuyas familias habían sido, durante siglos, excluidas de la agricultura y de otras profesiones, limitándose a ciertos barrios de las ciudades. En 1921, la Nueva Política Económica hizo posible que muchos de ellos regresasen a sus negocios. Pero, sobre 1928, la campaña colectivista desatada por sanciones en dinero y medidas policiales, liquidó casi todas las pequeñas empresas financieras a las que se dedicaban las familias judías. Sólo los artesanos quedaron en condiciones un poco mejores y los jóvenes, a su vez, podían al menos conseguir empleo en las fábricas del gobierno.

El problema judío se le presentaba al gobierno soviético bajo dos modalidades. Era necesario liberar de la miseria y encontrar trabajo a las familias de los comerciantes arruinados y tenderos de los pequeños pueblos de la Rusia Blanca y de Ucrania. Por otra parte, era claramente deseable obtener el apoyo leal al régimen bolchevique por parte de los tres millones de judíos existentes en la URSS. Con el fin de realizar la rehabilitación económica de los judíos (a excepción de aquellos cuya educación y capacidad los hacía capaces de obtener nombramientos de cargos oficiales o ejercer profesiones) el recurso principal fue el establecimiento de colonias agrícolas judías, primeramente en el sur de Ucrania y en Crimea y, posteriormente, en un territorio mayor, escogido para este fin, en Biro-Bidjan, en el río Amour, al este de Siberia. Debido, en gran parte, a la ayuda del gobierno en tierras y créditos y la ayuda de una serie de asociaciones filantrópicas organizadas por los judíos de los Estados Unidos, así como los de la URSS a través de la gran Sociedad de Colonización Judía de la URSS (OZEIT), unas cuarenta mil familias judías, que abarcaban ciento cincuenta mil personas, fueron incorporadas, en los últimos quince años, a la comunidad agrícola de la Unión Soviética (3), y una cuarta parte está en Biro-Bidjan, elevado ya a la categoría de “región autónoma” y que será transformado en “República Autónoma Judía” después de que tenga suficiente población (4).
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Stalinismo

billBill Bland

 

 

Una carta a la Academia Sarat en Londres.

30 de abril de 1999

por Bill Bland.

 

 

Estoy agradecido a la Academia Sarat por haberme invitado a dar una conferencia sobre el “Stalinismo”.

Sin embargo, su elección del tema se me presentó con cierta dificultad, ya que soy un gran admirador de Stalin y la palabra “stalinismo” fue introducida por los hipócritas opositores de Stalin -en particular, por Nikita Jruschov- en preparación para futuros ataques políticos a este.

Hoy, de hecho, el “stalinismo” se ha convertido en un término de abuso sin sentido, usado para denotar posiciones políticas con las que alguien no está de acuerdo. ¡La prensa conservadora a veces hasta describe a Tony Blair como “stalinista”, dando a Stalin, si estuviese vivo, suficientes motivos para una denuncia por difamación!

Stalin siempre se referió a sí mismo como “un discípulo de Lenin” y yo tengo que seguir su ejemplo e interpretar el tema “stalinismo”, como marxismo-leninismo.

Tal vez la figura más próxima a Stalin en la historia británica sea Ricardo III, del cual todo el mundo “sabe” -y pongo la palabra “sabe” entre comillas- de sus libros de historia de la escuela secundaria y de Shakespeare, que había sido cruel, un monstruo deforme que mató al pequeño príncipe en la torre.

Sólo recientemente los historiadores serios comenzaron a darse cuenta de que la imagen comúnmente aceptada de Ricardo fue diseñada por sus sucesores Tudor, que tomaron el trono y mataron a Ricardo.

Naturalmente, ellos procedieron entonces a reescribir las crónicas para justificar su usurpación del trono. Incluso alterando la imagen de Ricardo para presentarlo físicamente deforme, como un monstruo tanto física como moralmente. En otras palabras, la imagen de Ricardo que es generalmente aceptada hoy en día, no es el resultado de verdades históricas, sino de la propaganda de sus opositores políticos.

Por tanto, es legítimo preguntarse: ¿La figura de Stalin que nos presentan los autoproclamados “Kremlinólogos” es un hecho histórico o mera propaganda?
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