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Zhukov describe la batalla de Berlín

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Sellado el destino de la capital germanica a orillas del Oder

 

El Mariscal Zhukov declaró que la batalla de Berlín fue en realidad ganada en el rio Oder:

Como sabíamos que esta sería la batalla decisiva de la guerra, hicimos grandes preparativos. Trajimos hombres y material suficientes para garantizar su resultado. Concentramos tantos equipos técnicos que podríamos romper las defensas alemanas de Berlín en el menor tiempo posible y tomar la ciudad. Hicimos preparativos muy detallados, poniendo especial atención a la coordinación de todas las armas.

Los alemanes estaban esperando un golpe duro, esto lo sabíamos, así que tuvimos que introducir algún elemento sorpresa. Para garantizarlo, yo, como comandante del ataque, ordené la ofensiva a lo largo de todo el frente, por la noche. Los alemanes no contaban con esto. Esperaban un ataque nocturno, pero no esperaban que todo el peso de la ofensiva viniese después del ocaso.

Llevamos a cabo el ataque en la noche del 15 al 16 de abril, después de la brutal preparación de artillería y morteros. Enviamos 4.000 tanques contra las líneas alemanas, 22.000 cañones y morteros y de 4.000 a 5.000 aviones. Nuestros aviones hicieron 15.000 salidas en un periodo de 24 horas. Como esperábamos, la brusquedad de nuestro golpe fue abrumadora. Rompimos rápidamente la resistencia enemiga y nos pusimos en movimiento. Viendo que las defensas exteriores de Berlín se derrumbaban, los alemanes enviaron todo tipo de reservas contra nosotros. Esas reservas eran derrotadas tan rápidamente como llegaban, tanto con tanques como con aviones, de manera que, cuando alcanzamos Berlín, su defensas estaban liquidadas. Su posiciones anti-aéreas habían recibido golpes terribles y, a causa de esto, podíamos volar bajo.

Más de medio millón de alemanes participaron en esta batalla de Berlín.

Hicimos 300.000 prisioneros, 150.000 perdieron la vida y el resto huyó.
Aprendimos una importante lección con la batalla de Berlín, particularmente sobre las operaciones nocturnas“.
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El gran vencedor

Bandera Reichstag

 

El 8 de mayo de 1945, hace 70 años, numerosos contingentes del Ejército Rojo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) tomaron la capital del Tercer Reich, Berlín, terminando prácticamente el gran conflicto mundial, uno de los episodios más sangrientos de la historia de la humanidad que dejó un rastro de destrucción y muerte sin precedentes. Derrotando definitivamente al nazismo, hasta entonces la cara más reaccionaria del poder imperialista, las fuerzas populares y antifascistas de todo el mundo, lideradas por la URSS, habían alcanzado una extraordinaria victoria. Se dieron pasos firmes y enérgicos hacia la construcción de un mundo nuevo.

Sin embargo, el verdadero gestor de los terribles conflictos que debastaron el planeta, el vientre que había producido el monstruo nazi, no fue definitivamente extirpado. El imperialismo se mantuvo vivo y con prontitud, el horror de las guerras mundiales por repartirse el mundo y la rapiña continuó desarrollándose, volviéndose más agresivo y sanguinario.

La Segunda Guerra Mundial fue, hasta hoy, el más brutal conflicto armado de la historia. En ella perdieron la vida cerca de 47 millones de personas, además de haber sido arrasadas ciudades enteras, principalmente en Europa y Asia. Iniciada oficialmente el 1 de septiembre de 1939, con la invasión de Polonia por parte del ejército nazi, este nuevo enfrentamiento había sido preparado por las potencias imperialistas desde el fin de la Primera Guerra Mundial, a mediados de 1918.

En su análisis sobre el imperialismo, Lenin, el gran jefe de la Revolución Soviética, se expresó así en relación a las guerras en la etapa imperialista: “Los acuerdos firmados al final de una guerra son el punto de partida de un próximo conflicto“. La historia confirmó la veracidad de estas palabras más rapidamente de lo que muchos imaginaban. Europa, 21 años después devastada, volvió a ser escena de otra sangrienta disputa interimperialista que, sin embargo, no se limitaba a un solo continente.
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¿Por qué se derrumbó la RDA?

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Aporte, hasta ahora inédito, para el homenaje del 65 aniversario de Dieter Frielinghaus el 14 de noviembre de 1993. [In: K. Gossweiler, contra el revisionismo, Verlag der zur Förderung wissenschaftlichen Weltanschauung, Munich. 2ª ed. 2004, p.387-398. (N.T.)]

El 7 de octubre de este año la RDA habría hecho 44 años.

El 3 de octubre de este año (1993), los actuales vencedores de la historia celebraron el 3º aniversario de la exitosa anexión de la RDA, llamada ‘adhesión’.

Por esta razón hubo, en los medios de comunicación, comentarios de los vencedores y de los vencidos sobre la caída de la RDA.

No obstante, los comentarios que más me irritaron no fueron los de los ganadores, sino los de los miembros de mi partido, el SPD, como el siguiente:

Reiner Oschmann: “El socialismo oxidado, apoyado por nosotros, ni era defendible, ni valía la pena defenderlo“. (1)

Para recomponerne de este tipo de declaraciones acordes con la derrota, desenterré un viejo artículo escrito por Clodomiro Almeyda, presidente del Partido Socialista de Chile, que buscó y encontró asilo en la RDA, huyendo del fascismo de Pinochet, sobre el día de la introducción del DM(2), el 2 de julio de 1990, en la entonces todavía existente RDA:

En la noche del 1 al 2 de julio murió de facto de la República Democrática Alemana. (…) Para nosotros, los chilenos, que vivimos muchos años en la RDA, donde fuimos recibidos con generosa y solidaria hospitalidad, desapareció en esta noche nuestra segunda patria, nos fue arrebatado algo que amábamos y que era parte de nosotros. Desapareció una sociedad que -a pesar de sus deformidades, deficiencias y debilidades, que conocíamos y lamentábamos- en su esencia era una sociedad democrática y que aspiraba a la igualdad“.(3)

Definido el tema –¿Por qué se derrumbó la RDA?-, quiero plantear la cuestión desde el principio: ¿Está el final de la RDA, en verdad, caracterizado correctamente con el término “colapso”?

Hanfried Müller, teólogo marxista cultísimo y editor de la revista Weißenseer Blätter, conocida mucho más allá de Berlín-Brandeburgo y tal vez hasta famosa, publicó aquí hace algún tiempo un artículo titulado: “Colapso, ¿contrarrevolución o ambos?“, el cual también fue publicado en Neues Deutschland, en una versión reducida.(4)

Dice: “La palabra ‘colapso’ despierta, en primer lugar, el pensamiento sobre razones internas: el colapso de algo inválido o la implosión de un edificio cayendo sobre sí mismo. Si alguien fuese asesinado, no se hablaría de un ‘colapso’.

A diferencia de la palabra “colapso”, la palabra “contrarrevolución” contiene la idea de la lucha del enemigo, sí, de la lucha de clases y enemigo de clase(…)

Si alguien es derrotado en una contrarrevolución, no solamente encuentra la culpa en el hecho de haber ejercido el poder, sino en el de haberlo perdido“.

E.H.M. responde así a la pregunta del título: “Se trata manifiestamente de ambos: el socialismo sucumbió en una contrarrevolución“.
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