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Entre versos y revolución, los poemas favoritos de “El Che”

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Guevara, desde su adolescencia, se vio interesado por el mundo de la literatura, la biblioteca de su casa muy pronto se vio invadida por libros de literatura universal, de historia, de psicología, arte, aventuras, incluso había libros traducidos al francés, ejemplares de las obras de Marx, Engels, Lenin y, sobre todo, libros de filosofía, tema con el que se familiarizaría para después, a sus 17 años, redactar su propio diccionario filosófico.

Hombre de una gran cultura, interesado desde pequeño por la lectura, como lo afirmaría tiempo después su gran amigo Alberto Granados: “A los 14 años leía a Freud, se enamoró también de la poesía de Charles Baudelaire… leyó a Dumas padre, a Verlaine y a Mallarmé en su lengua original. Posteriormente, bajo la influencia de los republicanos exiliados, se volvería hacia Federico García Lorca y Antonio Machado… También se aficionó al poeta chileno Pablo Neruda…”

Justamente, su gran amigo Granados fue quien lo acompañó en esta gran aventura, esa metamorfosis en la que Ernesto se vio inmiscuido desde su llegada a Buenos Aires, esa vida de lucha y gritos revolucionarios, esa vida llena de peligro y muerte. Esa vida que lo llevaría a esconderse y luchar desde la clandestinidad que le proporcionaba la Sierra Maestra. Justamente fue Granados quien lo acompañó en esos largos viajes por América, viajes que acabarían de transformarlo no sólo en el joven revolucionario que conocíamos y que muchas generaciones toman ingenuamente como estandarte para rebelarse ante ideas y sociedades que poco a poco los matan, sino que lo convertía, a su vez, en ese poeta incansable, en ese trovador de la Sierra Madre, en aquel fantasma que recitaba poemas de Manchado en la penumbra del olvido. Al regresar de su viaje por América, el Che escribiría en su diario: “(…) Que nuestra vista nunca fue panorámica, siempre fugaz y no siempre equitativamente informada, y los juicios son demasiado terminantes (…) El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo tierra argentina, el que las ordena y pule, yo, no soy yo; por lo menos no soy el mismo yo interior. Ese vagar sin rumbo por nuestra Mayúscula América me ha cambiado más de lo que creí.” Después de leer este pequeño fragmento me es imposible no pensar en el joven poeta Rimbaud, que escribiría en una carta que poco después se titularía “Carta del Vidente”: “Yo es otro” o en francés: (Je est un autre). Muy a su modo, Ernesto Guevara también renunciaba a su antigua identidad, a sus viejas ideas, para convertirse en un hombre renovado, un hombre lleno de hambre de justicia y belleza poética.

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PCM – Francia sobre Castro y el Castrismo

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C’est fini. Fidel Castro, le “Líder máximo” qui dirigeait Cuba depuis 45 ans, s’est éteint paisiblement le 25 novembre.

Héros pour les uns, dictateur sanguinaire pour les autres, qu’en est-il vraiment ? Notre position n’a pas pour but de dresser un bilan définitif de la révolution cubaine, ni de l’histoire récente de l’île. Comme dans tout processus révolutionnaire, il est nécessaire d’adopter un point de vue de classe : oui, pour certaines personnes bénéficiant d’un système politique, le renversement de ce système sera vécu comme une horrible tragédie. Ce qui nous intéresse, ce sont les classes populaires de Cuba : ont-elles bénéficié du castrisme, et quel type de régime a-t-il été ? Communiste ? Socialiste ? Nationaliste ?

Castro dérange jusque dans sa mort. Les chefs d’état se divisent, certains voulant lui rendre hommage, d’autres non. Ainsi, les gouvernements vietnamien, nord-coréen, bolivien ou grec ont envoyé leurs condoléances, certains faisant le déplacement. Cette brochette de régimes n’ayant rien de communistes, ayant chacun à leur façon trahis leurs propres peuples, donne une idée de la situation. Mieux vaut parfois être seul que si mal entouré.

Quant aux régimes de l’OTAN, USA en tête, ils ont pris leurs distances. Si le marché intérieur cubain les intéresse, il faut encore garder les apparences, Cuba ayant longtemps représenté un puissant symbole anti-impérialiste à l’échelle mondiale.

Mais quel est le point de vue des communistes sur la révolution cubaine ? Nous autres maoïstes avons fait le bilan du révisionnisme moderne dans les années 60. Nous n’avons jamais eu d’illusions sur la révolution cubaine, nous n’entretenons pas un mythe comme peut le faire le PCF par exemple. Mais le maoïsme et le castrisme étant tous deux issus de révolutions ayant triomphé à la même période dans des pays semi-coloniaux, certaines personnes confondent ou mélangent les deux théories. Revenons sur quelques éléments historiques pour y voir plus clair.

Nous pouvons découper le castrisme en trois périodes : la révolution cubaine, la construction étatique pendant la guerre froide, et les réformes de la période contemporaine.

La révolution cubaine représente un moment historique héroïque mais très particulier. Castro s’est d’abord politisé dans différents pays d’Amérique latine, dont la Colombie. Dans ce pays comme à Cuba, des régimes autoritaires soutenus par les USA renversent par la force des gouvernements de gauche. Castro comprend que la bourgeoisie soutenue par l’impérialisme américain ne laissera aucune chance à des réformes passant par les élections, et se radicalise. Il est alors un nationaliste qui s’intéresse au marxisme mais ne se définit pas comme communiste. Après un premier échec lui valant un séjour en prison, il rencontre Ernesto « Che » Guevara au Mexique, et les deux révolutionnaires montent une expédition avec seulement 82 hommes et un bateau pour mener la révolution à Cuba. Parmi eux, 66 sont assez rapidement tués ou capturés. Tout semble fini avant d’avoir commencé.
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La entrevista “perdida” de Ernesto Che Guevara con la CBS (1964)

Cuba's Ernesto "Che" Guevara makes an appearance on "Face the Nation" at CBS-TV studios in New York City, Dec. 13, 1964. Guevara makes a plea for better relations between Cuba and the United States. (AP Photo)

Ernesto Che Guevara aparece en el programa en vivo “Face the Nation” de los estudios de CBS-TV en Nueva Yorl, el 13 de diciembre 1964. Foto: AP

El programa de la Televisión Cubana, “La pupila asombrada”, que se transmite los jueves a las diez de la noche por Cubavisión, rescató del olvido una entrevista que ofreció el Comandante Ernesto Che Guevara para el programa “Face the Nation”, de la CBS, el 13 diciembre de 1964.

En el diálogo con los periodistas, transmitido en vivo de costa a costa en Estados Unidos, el Che emitió criterios sobre las relaciones de EEUU-Cuba, de sorprendente actualidad. El Che estaba en Nueva York y había pronunciado, dos días antes, un histórico discurso como representante de la República de Cuba en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

A continuación, publicamos la transcripción íntegra de la entrevista y el video, con subtítulos en español. Cubadebate ha rescatado, además, las imágenes que la agencia AP tomó de ese diálogo:

El 13 de diciembre, el ministro de industrias, comandante Ernesto Che Guevara, compareció ante las cámaras de televisión de la Columbia Broadcasting System (CBS) para ser entrevistado en el programa “Face the Nation” (Ante la Nación). Formularon preguntas al comandante Guevara, Paul Niven, corresponsal de la C.B.S.; Richard C. Hottelet, corresponsal de la CBS en Naciones Unidas, y Tad Szulc, de la Oficina de Nueva York del “New York Times”.
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Che Guevara – Pasajes de la guerra revolucionaria (XI)

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Interludio

 

En los meses de abril de 1958 y junio del mismo año se observaron dos polos de la ola insurreccional.

A partir de febrero, después del combate de Pino del Agua, ésta fue aumentando gradualmente hasta amenazar convertirse en avalancha incontenible. El pueblo se insurreccionaba contra la dictadura en todo el país y particularmente en Oriente. Luego del fracaso de la huelga general decretada por el Movimiento, la ola decreció hasta alcanzar su punto más bajo en junio, cuando las tropas de la dictadura estrechaban más y más el cerco sobre la columna 1.

En los primeros días de abril salía Camilo del abrigo de la Sierra hacia la zona del Cauto, donde recibiría su nombramiento de comandante de la columna 2, “Antonio Mareo”, y realizaba una serie de hazañas impresionantes en los llanos de Oriente. Camilo fue el primer comandante del ejército que salió al llano a combatir con la moral y la eficacia del ejército de la Sierra, poniendo en duros aprietos a la dictadura hasta días después del fracaso del 9 de abril, momentos en que retornara a la Sierra Maestra.

Al amparo de la situación, en los días de auge de la ola revolucionaria, se fueron creando toda una serie de campamentos, formados por alguna gente que ansiaba luchar y por otra que pensaba solamente en conservar el uniforme limpio para poder entrar en triunfo en La Habana. Después del 9 de abril, cuando la contraofensiva de la dictadura empezó a acentuarse, estos grupos fueron desapareciendo o se incorporaron a la Sierra.

La moral cayó tanto que el ejército considero oportuno ejercer la gracia y preparo unos volantes que distribuía desde el aire en las zonas de alzados. El volante decía así:
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Che Guevara – Pasajes de la guerra revolucionaria (X)

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Un año de lucha armada

 

Al iniciarse el año 1958 cumplimos más de uno de lucha. Se impone un pequeño recuento de nuestra situación alcanzada en el plano militar, organizativo y político y de cómo fuimos avanzando.

Recordemos sucintamente, en lo militar, que nuestra tropa desembarcó el día 2 de diciembre de 1956 en la playa Las Coloradas, fue sorprendida y batida en Alegría de Pío tres días después, el 5 de diciembre, y se reagrupó, a finales de ese mismo mes, para volver a iniciar las acciones en la escala pequeña que correspondía a nuestra nueva fuerza, en La Plata, pequeño cuartel situado a las orillas del río del mismo nombre en la costa sur de Oriente.

La característica fundamental de nuestra tropa, en todo el período que va desde el desembarco y la inmediata derrota de Alegría de Pío hasta el combate de Uvero, es la existencia de un solo grupo guerrillero dirigido por Fidel Castro, y la movilidad constante (fase nómada, podríamos llamarle).

Las conexiones con la ciudad se establecen lentamente en el lapso comprendido entre el 2 de diciembre y el 28 de mayo, fecha del combate de Uvero. Estas relaciones, durante el tiempo analizado se caracterizan por la incomprensión por parte de la Dirección del Movimiento en el llano, de nuestra importancia como vanguardia de la Revolución y de la altura de Fidel como jefe de ella.

Es en este momento en que se forjan dos opiniones distintas en cuanto a la táctica a seguir, respondiendo a dos conceptos estratégicos, distintos, bautizados entonces como la Sierra y el Llano, nuestras discusiones y nuestras luchas internas fueron bastante agudas. Con todo, en esta fase la preocupación fundamental era subsistir e ir creando
la base guerrillera. El campesinado ha seguido un proceso que hemos analizado en reiteradas oportunidades. En el instante siguiente al desastre de Alegría de Pío, hubo un cálido sentimiento de compañerismo y un apoyo espontáneo a nuestra tropa en derrota, después del reagrupamiento y las primeras acciones, conjuntamente con la represión del ejército, se produce el terror entre los campesinos y la frialdad ante nuestras fuerzas. El problema fundamental era que si nos veían tenían que denunciarnos, pues si el ejército llegaba a saberlo por otras vías, estaban perdidos; la denuncia iba contra su propia conciencia y, además, también los ponía en peligro porque la justicia revolucionaria era expedita.

Pese a un campesinado aterrorizado, a lo más, neutral, inseguro, que elegía, como método para sortear la gran disyuntiva, el abandonar la Sierra, nuestro ejército fue asentándose cada vez más, haciéndose más dueño del terreno y logrando el control absoluto de una zona de la Maestra que llegaba más allá del Pico Turquino hacia el este y hasta las inmediaciones del pico denominado Caracas en el oeste. Poco a poco, cuando los campesinos vieron lo indestructible de la guerrilla y lo largo que lucía el proceso de lucha, fueron reaccionando en la forma más lógica e incorporándose a nuestro ejército como combatientes. Desde ese momento, no sólo nutrieron nuestras filas, sino que además se agruparon a nuestro lado, el ejército guerrillero se asentó fuertemente en la tierra, dada la característica de los campesinos de tener parientes en toda la zona. Esto es lo que llamamos vestir de yarey a la guerrilla.
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Che Guevara – Pasajes de la guerra revolucionaria (IX)

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El cachorro asesinado

 

Para las difíciles condiciones de la Sierra Maestra, era un día de gloria. Por Agua Revés, uno de los
valles más empinados e intrincados en la cuenca del Turquino, seguíamos pacientemente la tropa de Sánchez Mosquera; el empecinado asesino dejaba un rastro de ranchos quemados, de tristeza hosca por toda la región pero su camino lo llevaba necesariamente a subir por uno de los dos o tres puntos de la Sierra donde debía estar Camilo. Podía ser en el firme de la Nevada o en lo que nosotros llamábamos el firme “del cojo”, ahora llamado “del muerto”.

Camilo había salido apresuradamente con unos doce hombres, parte de su vanguardia, y ese escaso número debía repartirse en tres lugares diferentes para detener una columna de ciento y pico de soldados. La misión mía era caer las espaldas de Sánchez Masquera y cercarlo. Nuestro afán fundamental era el cerco, por eso seguíamos con mucha paciencia y distancia las tribulaciones de los bohíos que ardían entre las llamas de la retaguardia enemiga; estábamos lejos, pero se oían los gritos de los guardias. No sabíamos cuántos de ellos habría en total. Nuestra columna iba caminando dificultosamente por las laderas, mientras en lo hondo del estrecho valle avanzaba el enemigo.

Todo hubiera estado perfecto si no hubiera sido por la nueva mascota: era un pequeño perrito de caza, de pocas semanas de nacido. A pesar de las reiteradas veces en que Félix lo conminó a volver a nuestro centro de operaciones -una casa donde quedaban los cocineros-, el cachorro siguió detrás de la columna. En esa zona de la Sierra Maestra, cruzar por las laderas resulta sumamente dificultoso por la falta de senderos. Pasamos una difícil “pelúa”, un lugar donde los viejos árboles de la “tumba” -árboles muertos- estaban tapados por la nueva vegetación que había crecido y el paso se hacía sumamente trabajoso; saltábamos entre troncos y matorrales tratando de no perder el contacto con nuestros huéspedes. La pequeña columna marchaba con el silencio de estos casos, sin que apenas una rama rota quebrara el murmullo habitual del monte; éste se turbó de pronto por los ladridos desconsolados y nerviosos del perrito. Se había quedado atrás y ladraba desesperadamente llamando a sus amos para que lo ayudaran en el difícil trance. Alguien pasó al animalito y otra vez seguimos; pero cuando estábamos descansando en lo hondo de un arroyo con un vigía atisbando los movimientos de la hueste enemiga, volvió el perro a lanzar sus histéricos aullidos; ya no se conformaba con llamar, tenía miedo de que lo dejaran y ladraba desesperadamente.

Recuerdo mi orden tajante: “Félix, ese perro no da un aullido más, tú te encargarás de hacerlo. Ahórcalo. No puede volver a ladrar.” Félix me miró con unos ojos que no decían nada. Entre toda la tropa extenuada, como haciendo el centro del circulo, estaban él y el perrito. Con toda lentitud sacó una soga, la ciñó al cuello del animalito y empezó a apretarlo. Los cariñosos movimientos de su cola se volvieron convulsos de pronto, para ir poco a poco extinguiéndose al compás de un quejido muy fijo que podía burlar el circulo atenazante de la garganta. No sé cuánto tiempo fue, pero a todos nos pareció muy largo el lapso pasado hasta el fin. El cachorro, tras un último movimiento nervioso, dejó de debatirse. Quedó allí, esmirriado, doblada su cabecita sobre las ramas del monte.
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Che Guevara – Pasajes de la guerra revolucionaria (VIII)

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Pino del Agua

 

Después del encuentro con Fidel, el 29 de agosto, marchamos algunos días, juntos a veces y otras separándonos alguna distancia, pero con el objeto de pasar unidos por el aserrío de Pino del Agua. En ese momento teníamos noticias de que en Pino del Agua no había tropa enemiga o, en todo caso, una guarnición pequeña.

El plan de Fidel era el siguiente: si había alguna guarnición pequeña, tomarla; en caso contrario, hacer acto de presencia y seguir él con su tropa para la zona de Chivirico. Nosotros debíamos quedar emboscados esperando el ejército batistiano que, en estos casos, inmediatamente venía para hacer una demostración de fuerza y disipar en el campesinado el efecto revolucionario de nuestra presencia.

En el curso de los días que precedieron a Pino del Agua, en la caminata que transcurrió desde Dos Brazos del Guayabo, donde nos encontramos, hasta el lugar del combate, sucedieron algunos hechos cuyos actores principales han tenido que ver con la historia posterior de la Revolución.

Uno de ellos fue la deserción de Manolo y Popo Beatón, campesinos de la zona, que se habían incorporado a la guerrilla poco antes de Uvero, combatiendo allí y que ahora abandonaban nuestro campo. Estos dos individuos fueron readmitidos posteriormente en la guerrilla ya que Fidel les perdonara su traición, pero nunca superaron su condición seminómada y bandidesca y, por algún motivo personal, uno de ellos, Manolo, asesinó al comandante Cristino Naranjo, después del triunfo de la Revolución. Logró, posteriormente, fugarse de La Cabaña donde estaba recluido y formó una pequeña guerrilla en la propia zona donde había combatido en la Sierra Maestra, cometiendo, entre otras fechorías, el asesinato de Pancho Tamayo, valioso compañero incorporado desde los primeros días de la Revolución. Finalmente, una fuerza campesina tomó prisioneros a él y a su hermano Popo, siendo ambos fusilados en Santiago.
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Che Guevara – Pasajes de la guerra revolucionaria (VII)

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Se gesta una traición

 

Daba gusto ver de nuevo a nuestra tropa con más disciplina, con mucha más moral, con cerca de doscientos hombres, algunas armas nuevas entre ellas. Realmente se notaba que el cambio cualitativo de que ya hemos hablado, estaba manifestándose en la Sierra Maestra. Existía un verdadero territorio libre, las medidas de precaución no eran tan necesarias y había cierta libertad para conversar de noche, para remolonear más sobre la hamaca y daban autorización para moverse en los caseríos de los vecinos de la Sierra entablando una relación más estrecha con ellos. Dio verdadera alegría también el recibimiento que nos hicieron los viejos compañeros.

Pero las vedettes de esos días fueron Felipe Pazos y Raúl Chibás. Eran dos personalidades totalmente distintas. Raúl Chibás vivía sólo del prestigio de su hermano, verdadero símbolo de una época de Cuba, pero no tenía ninguna de sus virtudes; ni expresivo, ni sagaz, ni inteligente tampoco. Lo que le permitía ser figura señera y simbólica del Partido Ortodoxo, era precisamente su absoluta mediocridad. Hablaba muy poco y quería irse rápidamente de la Sierra.

Felipe Pazos tenía una personalidad propia, prestigio de gran economista y, además, una fama de persona honesta ganada por el sistema de no asaltar el erario público en un gobierno de dolo y latrocinio extremos como lo fue el de Prío Socarrás, donde ejerció la presidencia del Banco Nacional. Magnífico mérito, podrán pensar, mantenerse impoluto en aquella época. Mérito quizás, como funcionario que sigue su carrera administrativa insensible a los graves problemas del país; pero ¿cómo puede pensarse en un revolucionario que no denuncie día a día los atropellos inconcebibles de aquella época? Felipe Pazos se las ingenió para no hacerlo y para salir de la presidencia del Banco Nacional de Cuba, después del cuartelazo de Batista, adornado de los más grandes prestigios; su honradez, su inteligencia y sus grandes dotes de economista. Petulante, pensaba llegar a la Sierra a dominar la situación, era el hombre elegido, en su cerebro de pequeño Maquiavelo, para dirigir los destinos del país. Quizás ya hubiera incubado la idea de su traición al movimiento o esto fuera posterior, pero su conducta nunca fue enteramente franca.

Amparado en la declaración conjunta que analizaremos, se autotituló luego delegado del 26 de Julio en Miami e iba a ser nombrado Presidente Provisional de la República. De esta manera, se aseguraba Prío un hombre de confianza en la dirección del gobierno provisional.
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Che Guevara – Pasajes de la guerra revolucionaria (VI)

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El combate del Uvero

 

Decidido el punto de ataque, nos quedaba precisar exactamente la forma en que se haría; teníamos que solucionar problemas importantes como averiguar el número de soldados existentes, el número de postas, el tipo de comunicaciones que usaban, los caminos de acceso, la población civil y su distribución, etc. Para todo esto nos sirvió magníficamente el compañero Cardero, hoy comandante del Ejército Rebelde, quien era yerno del administrador del aserrío, según creo recordar.

Suponíamos que el ejército tenía datos más o menos exactos de nuestra presencia en la zona, pues fueron capturados un par de chivatos portando documentos de identificación, que confesaron ser enviados por Casillas para averiguar sobre el paradero del Ejército Rebelde y sus puntos habituales de reunión. El espectáculo de los dos hombres implorando clemencia era realmente repugnante y a la vez lastimero, pero las leyes de la guerra, en esos momentos difíciles, no se podían desconocer y ambos espías fueron ejecutados al día siguiente.

Ese mismo día, 27 de mayo, se reunió el Estado Mayor con todos los oficiales, anunciando Fidel que dentro de las cuarenta y ocho horas próximas tendríamos combate y que debíamos permanecer con tropas y enseres, listos para marchar. No se nos dio indicaciones en esos momentos.

Cardero sería el guía pues conocía perfectamente el puesto del Uvero, todas sus entradas y salidas y sus caminos de acceso. Por la noche nos pusimos en marcha; era una caminata larga, de unos 16 kilómetros, pero totalmente en bajada por los caminos que había construido especialmente para sus aserraderos la Compañía Babún. Empleamos, sin embargo, unas ocho horas de marcha pues se vio interrumpida por una serie de precauciones extras que había que tomar, sobre todo al ir acercándonos al lugar de peligro. Al final se dieron las órdenes de ataque que eran muy simples; había que tomar las postas y acribillar a balazos el cuartel de madera.

Se sabía que el cuartel no tenia mayores defensas salvo algunos bolos diseminados en las inmediaciones, los puntos fuertes eran las postas de 3 a 4 soldados cada una, emplazadas estratégicamente en las afueras del cuartel. Este estaba dominado por una loma colocada justo enfrente y que sería el emplazamiento del Estado Mayor para dirigir el combate. Era factible acercarse hasta pocos metros de la construcción a través de la maraña de los montes cercanos. Una instrucción precisa era el cuidado especial de no tirar contra el batey, pues había mujeres y niños, incluso la mujer del administrador que conocía del ataque pero no quiso salir de allí para evitar después cualquier suspicacia. La población civil era nuestra preocupación mayor mientras partíamos a ocupar los puestos de ataque.

El cuartel del Uvero estaba colocado a la orilla del mar, de tal manera que para rodearlo solamente necesitábamos atacarlo por tres puntos.
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Che Guevara – Pasajes de la guerra revolucionaria (V)

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Una entrevista famosa

 

A mediados de abril de 1957, volvíamos con nuestro ejército en entrenamiento a las regiones de Palma Mocha, en la vecindad del Turquino. Por aquella época nuestros hombres más valiosos para la lucha en la montaña eran los de extracción campesina.

Guillermo García y Ciro Frías, con patrullas de campesinos, iban y venían de uno a otro lugar de la Sierra, trayendo noticias, haciendo exploraciones, consiguiendo alimentos; en fin, constituían las verdaderas vanguardias móviles de nuestra columna. Por aquellos días, estábamos nuevamente en la zona del Arroyo del Infierno, testigo de uno de nuestros combates y los campesinos que venían a saludarnos nos enteraban de toda la tragedia ocurrida anteriormente; de quien había sido el hombre que había llevado directamente los guardias a presencia nuestra, de los muertos que había; en fin, los campesinos duchos en el arte de traspasar la noticia oral, nos informaban ampliamente de toda la vida de la zona.

Fidel, que en esos momentos estaba sin radio, pidió uno a un campesino de la zona que se lo cedió, y así podíamos escuchar, en un radio grande transportado en la mochila de un combatiente, las noticias directas de La Habana. Se volvía a hablar más claramente por radio dado el restablecimiento de las llamadas garantías.

Guillermo García con un atuendo tremendo de cabo del ejército batistiano y dos compañeros disfrazados de soldados, fueron a buscar al chivato que guiara al ejército enemigo, “de orden del Coronel” y con él volvieron al día siguiente. El hombre había venido engañado, pero cuando vio el ejército andrajoso ya supo lo que le esperaba. Con gran cinismo nos contó todo lo relativo a sus relaciones con el ejército y cómo le había dicho al “cabrón de Casillas”, según sus palabras, que él podía agarrarnos perfectamente y que llevaba al ejército donde estábamos, pues ya nos había espiado; sin embargo, no le hicieron caso.

Un día de aquellos, en una de aquellas lomas, murió el chivato y en un firme de la Maestra quedó enterrado. En esos días, llegó un mensaje de Celia donde hacía el anuncio de que vendría con dos periodistas norteamericanos para hacer una entrevista a Fidel, con el pretexto de los gringuitos. Y además, enviaba algún dinero recogido entre los simpatizantes del Movimiento.
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Che Guevara – Pasajes de la guerra revolucionaria (IV)

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Días amargos

 

Los días siguientes a nuestra salida de la casa de Epifanio Díaz marcan para mí, personalmente, la etapa más penosa de la guerra. Estas notas tratan de dar una idea de lo que fue para el total de los combatientes la primera parte de nuestra lucha revolucionaria; si en este pasaje de los recuerdos tengo que referirme, más que en el resto, a mi participación personal, es porque tiene conexión con los siguientes episodios y no era posible desligarlos sin que se perdiera unidad en el relato. Después de la salida de la casa de Epifanio, nuestro grupo revolucionario se componía de 17 hombres del ejército primigenio y tres nuevos compañeros incorporados: Gil, Sotolongo y Raúl Díaz. Estos tres compañeros llegaron en el Granma, habían estado escondidos durante cierto tiempo en las cercanías de Manzanillo y, al conocer de nuestra existencia, decidieron incorporarse al grupo. Su historia era la misma de todos nosotros; habían podido evadir la persecución de los guardias, refugiarse en la casa de un campesino, después en la de otro, llegar a Manzanillo y ocultarse. Ahora unían su suerte a la de toda la columna. En esta época, como se ve, era muy difícil incrementar nuestro ejército; venían algunos hombres nuevos, pero se iban otros; las condiciones físicas de la lucha eran muy duras, pero las condiciones morales lo eran mucho más todavía y se vivía bajo la impresión del continuo asedio.

En aquellos momentos caminábamos sin rumbo fijo y a marcha lenta, escondidos en pequeños cayos de monte, en una zona donde ya la ganadería ha avanzado sobre la vegetación y apenas quedan restos pequeños de monte. Una de esas noches, en la pequeña radio de Fidel escuchábamos la noticia de la captura de uno de los compañeros del Granma, que se había retirado con Crescencio Pérez. Nosotros teníamos ya noticias de que había sido apresado, por confesión de Eutimio, pero no se había dado la información ofi cial; al conocerla pudimos percatarnos de que vivía. No siempre se podía salir con vida del interrogatorio del ejército de Batista. A cada rato se oían, en distintas regiones, disparos de ametralladoras hechos por los guardias contra los cayos de monte donde, por lo general, si bien tiraba abundante parque, no penetraba la tropa enemiga. En mi diario de campaña anotaba, el día 22 de febrero, que tenía los primeros síntomas de lo que podía ser un fuerte ataque de asma, porque me faltaba mi líquido antiasmático. La fecha del nuevo contacto era el 5 de marzo, de modo que teníamos que esperar unos días.
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Che Guevara – Pasajes de la guerra revolucionaria (III)

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Ataque Aéreo

 

Después del combate victorioso contra las fuerzas de Sánchez Mosquera, habíamos caminado por las riberas del río de La Plata y, después, cruzando el Magdalena, vuelto a la zona ya conocida por nosotros en Caracas. Pero el ambiente que existía allí era diferente al que habíamos vivido la primera vez, cuando estuvimos escondidos en esa misma loma y todo el pueblo nos apoyaba; ahora las tropas de Casillas habían pasado sembrando el terror por la zona. Los campesinos se habían ido y solamente quedaban sus bohíos vacíos y algún animal que nosotros sacrifi cábamos para comer. La experiencia nos enseñaba que no era correcto el vivir en las casas, de modo que, después de pasar la noche en una de ellas, solitaria, subimos al monte y establecimos nuestro campamento al pie de una aguada, casi en la punta de la loma en Caracas.

Allí recibí una consulta de Manuel Fajardo, preguntándome si era posible que perdiéramos la guerra. Nuestra contestación, independientemente de la euforia de alguna victoria, era siempre la misma: que la guerra se ganaba indiscutiblemente. Me explicó que él me preguntaba eso porque el gallego Morán, le había dicho que no era posible ganar la guerra, que estábamos perdidos y lo había invitado a abandonar la campaña. Puse en conocimiento de Fidel estos datos pero me encontré con que, previsoramente el gallego Morán le había informado ya a Fidel Castro que estaba haciendo algunos tanteos para probar la moral de la tropa. Convinimos en que no era el sistema más adecuado éste y Fidel dio una pequeña arenga instando a una mayor disciplina y explicando los peligros que podía haber si faltaban a ella. Anunció además que tres delitos se castigarían con la pena de muerte: la insubordinación, la deserción y el derrotismo.

La situación no estaba muy alegre en esos días; la columna, sin su espíritu forjado en la lucha, todavía, y sin una clara conciencia ideológica, no acababa de consolidarse. Un día uno, un día otro se ausentaban compañeros; pedían funciones que a veces eran de mucho mayor riesgo en la ciudad, pero que signifi caban siempre la huida ante las duras condiciones del campo. Sin embargo, continuaba la vida de campaña su curso; el gallego Morán mostró una infatigable actividad buscando comida y haciendo contacto con los campesinos de lugares cercanos.
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Che Guevara – Pasajes de la guerra revolucionaria (II)

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A la deriva

 

Al día siguiente de la sorpresa de Alegría de Pío, caminábamos en medio de montes en que se alternaba la tierra roja con el “diente de perro”, oyendo descargas aisladas en todas direcciones y sin atinar ningún rumbo específico. Chao, que era veterano de la guerra española, opinó que esa forma de caminar nos conduciría inevitablemente a caer en alguna emboscada enemiga y propuse buscar algún lugar adecuado para esperar la noche y caminar entonces.

Estábamos prácticamente sin agua, con la única lata de leche que teníamos había ocurrido el percance de que Benítez, encargado de su custodia, la había cargado en el bolsillo de su uniforme al revés, vale decir, con los huequitos hechos para absorberla hacia abajo, de tal manera que, al ir a tomar nuestra ración —consistente en un tubo vacío de vitaminas que llenábamos con leche condensada y un trago de agua— vimos con dolor que toda estaba en el bolsillo y en el uniforme de Benítez.

Logramos establecernos en una especie de cueva que ofrecía visión amplia a un lado, pero, tenía el defecto que no se podía prever el avance enemigo por el otro. Sin embargo, nosotros pensábamos más en que no nos vieran que en defendernos y resolvimos mantenernos allí durante el día, aunque con el compromiso expresamente tomado por los cinco de luchar hasta la muerte. Quienes hiciéramos ese pacto nos llamamos: Ramiro Valdés, Juan Almeida, Chao, Benítez y el que esto relata. Todos sobrevivimos la terrible experiencia de la derrota y la lucha posterior.

Por la noche salimos a caminar. Establecí cuál era la Estrella Polar, según mis conocimientos en la materia, y durante un par de días fuimos caminando guiándonos por ella hacia el Este y llegar a la Sierra Maestra. (Mucho tiempo después me enteraría que la estrella que nos permitió guiarnos hacia el Este no era la Polar y que simplemente por casualidad, habíamos ido llevando aproximadamente este rumbo hasta amanecer en unos acantilados ya muy cerca de la costa.)

El mar se veía abajo; nos separaba de él un farallón cortado a pico de unos cincuenta metros de altura y la tentadora imagen de una fosa de agua, al parecer dulce, sobresalía abajo. Nuestro tormento mayor era la sed; esa noche había aparecido una multitud de cangrejos e impulsados por el hambre matamos algunos, pero como no podíamos hacer fuego, sorbimos crudas sus partes gelatinosas, lo que nos provocó una sed angustiosa.
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Che Guevara – Pasajes de la guerra revolucionaria (I)

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Prólogo

 

Desde hace tiempo, estábamos pensando en cómo hacer una historia de nuestra Revolución que englobara todos sus múltiples aspectos y facetas; muchas veces los jefes de la misma manifestaron -privada o públicamente- sus deseos de hacer esta historia, pero los trabajos son múltiples, van pasando los años y el recuerdo de la lucha insurreccional se va disolviendo en el pasado sin que se fi jen claramente los hechos que ya pertenecen, incluso, a la historia de América. Por ello, iniciamos una serie de recuerdos personales de los ataques, escaramuzas, combates, y batallas en que intervinimos. No es nuestro propósito hacer solamente esta historia fragmentaria a través de remembranzas y algunas anotaciones; todo lo contrario, aspiramos a que se desarrolle el tema por cada uno de los que lo han vivido.

Nuestra limitación personal, al luchar en algún punto exacto y delimitado del mapa de Cuba durante toda la contienda, nos impidió participar en combates y acontecimientos de otros lugares; creemos que, para hacer asequible a todos los participantes en la gesta revolucionaria la tarea de narrarla y, al mismo tiempo, hacerlo ordenadamente, podemos empezar con el primer combate, o sea, el único en que participara Fidel que fuera adverso a nuestras armas: la sorpresa de Alegría de Pío.

Muchos sobrevivientes quedan de esta acción y cada uno de ellos está invitado a dejar también constancia de sus recuerdos para incorporarlos y completar la historia. Sólo pedimos que sea estrictamente veraz el narrador; que nunca para aclarar una posición personal o magnifi carla o para simular haber estado en algún lugar, diga algo incorrecto. Pedimos que, después de escribir algunas cuartillas en la forma en que cada uno pueda, según su educación y su disposición, haga una autocrítica lo más seria posible para quitar de allí toda palabra que no se refiera a un hecho estrictamente cierto o de cuya certeza no tenga el autor plena seguridad. Por otra parte, con ese ánimo empezamos nuestros recuerdos.
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Sobre el supuesto trotskismo del Che Guevara

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Guevara pronto entró en conflicto con la dirigencia revisionista soviética. Como hemos visto arriba, el Che reconoce diferencias de principio, tan temprano como en 1961, entre los planes de industrialización que él defendía y el modelo económico establecido en los países socialistas, como solía llamarlos. Las reformas económicas de Guevara estaban destinadas a chocar con el carácter de la reforma agraria y los planes sugeridos por la Unión Soviética – que Cuba siga siendo principalmente un productor de caña de azúcar por un tiempo mayor al anticipado por el Che. A medida que el carácter de la Revolución Cubana se consolidaba y que la dirigencia cubana se acomodaba a las relaciones económicas entre la Isla y la Unión Soviética, fue necesario que los economistas cubanos se alinearan con la nueva economía política instaurada por los revisionistas.

Los planes de Guevara pronto encontraron una evidente resistencia en Cuba. Muchos en Cuba sintieron un gran bochorno debido al empeoramiento de las relaciones de Guevara con la dirigencia soviética. De acuerdo con muchos de los biógrafos de Guevara, los soviéticos tacharon de trotskistas a las concepciones económicas de Guevara. Sólo era cuestión de tiempo para que el Che dejara su puesto de Ministro de Industrias y que sus planes para la industrialización de la Isla sean revisados en favor de un desarrollo basado en la industria de la caña de azúcar.

Usualmente se retrata a Trotsky como un “izquierdista radical”, como partidario de medidas extremas respecto de la resolución de las contradicciones tanto políticas como económicas. La supuesta campaña de Trotsky para la militarización de la economía llevó a muchos a creer que las teorías económicas trotskistas eran opuestas a las de la Nueva Política Económica (NEP), no sólo en lo tocante a las relaciones entre el productor individual y el sector estatal, sino también respecto a la liberalización del sector estatal. En esta sección trataremos de fundamentar el hecho de que la teoría económica de Trotsky no puede ser clasificada como izquierdista; muy por el contrario, él no se desvía significativamente del revisionismo derechista en las cuestiones de la edificación socialista y el rol de las relaciones monetario-mercantiles durante ese período.

El mito acerca de la supuesta posición izquierdista de Trotsky en la resolución de las contradicciones en el período de transición, oculta la verdadera esencia del trotskismo en cuestiones económicas. El pensamiento económico de Guevara no tiene nada que ver con la actitud de Trotsky hacia las relaciones y categorías monetario-mercantiles en el período de transición; los puntos de vista de ambos son diametralmente opuestos. Semejantes afirmaciones respecto al pensamiento económico de Guevara son infundadas y absurdas, por decir lo menos. Como se afirmó arriba, el pensamiento económico de Guevara adolece de serios elementos de mecanicismo; esto no lo hace trotskista, puesto que semejantes errores fueron comunes a muchos economistas en la Unión Soviética durante la época de Stalin.
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La piedra (Relato inédito del Che Guevara)

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Este es un impactante relato testimonial escrito por el Che en el Congo. Ocupa en su versión original, de la que fue tomado, diez caras de su libreta de apuntes, y está escrito allí directamente, con pocas correcciones en sus páginas.

El tema del relato -el anuncio de la posible muerte de Celia, su madre- ubica su escritura en algún momento posterior al 22 de mayo de 1965. Osmany Cienfuegos llevó al Che ese día “la noticia más triste de la guerra: en conversación telefónica desde buenos Aires informaban que mi madre estaba muy enferma, con un tono que hacía presumir que ese era simplemente un anuncio preparatorio. (…) Tuve que pasar un mes en esa triste incertidumbre, esperando resultados de algo que adivinaba pero con la esperanza de que hubiera un error en la noticia, hasta que llegó la confirmación del deceso de mi madre“.

En medio de “esa triste incertidumbre” Che construye este relato de fuerte tono introspectivo, en el que conviven las reflexiones filosóficas, la ironía, el dolor y la ternura. Es probablemente el relato más crudo, intenso y conmovedor que haya escrito.
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48 años del asesinato del Che Guevara

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“Y si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva, ¡qué grande sería el futuro, y qué cercano!

Si a nosotros, los que en un pequeño punto del mapa del mundo cumplimos el deber que preconizamos y ponemos a disposición de la lucha este poco que nos es permitido dar: nuestras vidas, nuestro sacrificio, nos toca alguno de estos días lanzar el último suspiro sobre cualquier tierra, ya nuestra, regada con nuestra sangre, sépase que hemos medido el alcance de nuestros actos y que no nos consideramos nada más que elementos en el gran ejército del proletariado, pero nos sentimos orgullosos de haber aprendido de la Revolución cubana y de su gran dirigente máximo la gran lección que emana de su actitud en esta parte del mundo: «qué importan los peligros o sacrificios de un hombre o de un pueblo, cuando está en juego el destino de la humanidad.»

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Encuentro entre Mao Tse-Tung y Che Guevara

El Presidente Mao Tse-Tung y el comandante Che Guevara se reunieron el 19 de noviembre de 1960 en Beijing. En este encuentro se trataron varios temas como la nacionalización del capital americano por parte del gobierno cubano, la situación revolucionaria en diversos países de América Latina, la burguesía nacional, etc,.

“Black like Mao” – La China Roja & La Revolución Negra (4º Y ÚLTIMA PARTE)

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La Gran Revolución Cultural (Negra) Proletaria

 
Un año antes de la Revolución Cultural, Robert Williams publicó un artículo en “Crusader” titulado “Reconstituir el arte afroamericano para reformar las almas negras“. Mientras que la llamada de Mao para una revolución cultural significaba deshacerse de los vestigios (entre otros, culturales) del viejo orden, Williams -no a diferencia de otros miembros del movimiento de las Artes Negras en los Estados Unidos- hablaba de librar a la cultura negra de una “mentalidad esclava“. Aunque adoptando algunas palabras del manifiesto del CCP (la “Decisión del Comité Central del Partido Comunista de China en relación a la Gran Revolución Cultural Proletaria“, publicada el 12 de agosto de 1966, en “Pekín Review“), el ensayo de Williams buscaba construir sobre la idea, no sobre la ideología de la Revolución Cultural. Como Mao, llamó a los artistas negros a abandonar los grilletes de las antiguas tradiciones y hacer arte sólo al servicio de la revolución. “El artista afroamericano debe hacer un esfuerzo decidido y consciente para reconstituir nuestra forma de arte y remodelar la nueva alma negra orgullosa y revolucionaria… Deben crear una nueva teoría y dirección y preparar a nuestro pueblo para la lucha más amarga, sangrienta y prolongada contra la tiranía racista y la explotación. El arte negra debe servir a los mejores intereses del pueblo negro. Debe convertirse en un arma poderosa en el arsenal de la revolución negra”. Los líderes del RAM coincidían. Un documento interno del RAM en 1967, titulado “Algunas cuestiones sobre el período actual“, clamaba por una revolución cultural negra a gran escala en los Estados Unidos cuyo objetivo sería “destruir los hábitos, actitudes, maneras, costumbres, filosofías, etc. opresivos condicionados por los blancos, que el opresor nos enseñó y nos capacitó para tener. Esto significa una nueva cultura revolucionaria a gran escala“. También significaba el fin del pelo procesado, el blanqueamiento de la piel, y otros símbolos que se repiten como un loro de la cultura dominante. Por supuesto, la revolución tenía como objetivo no sólo a los negros burgueses, sino también a los peluqueros y esteticistas.

La promoción consciente del arte como arma de la liberación negra no es nada nuevo, se puede encontrar, al menos, en la izquierda del Renacimiento de Harlem, si no antes. Y el movimiento de las Artes Negras en los Estados Unidos, por no hablar de prácticamente todos los otros movimientos contemporáneos de la liberación nacional, tomaba esta idea muy en serio. Fanon lo dice en “Los condenados de la Tierra“, traducción al inglés de lo que estaba en llamas durante la época. Sin embargo, la Revolución Cultural en China tenía gran influencia. Después de todo, muchos, si no la mayoría de los nacionalistas negros estaban familiarizados con China y Mao, e incluso si no reconociesen o no mostrasen las influencias de las ideas maoístas en la necesidad del arte revolucionario o de la naturaleza prolongada de la Revolución Cultural, las comparaciones son todavía impresionantes. Considere el manifiesto de 1968 “Nacionalismo Cultural Negro” de Maulana (Ron) Karenga. Publicado por primera vez en la “Negro Digest“, el ensayo tomó muchas de sus ideas del “Conversaciones en el foro de Yenán sobre Literatura y Arte” de Mao. Como Mao, Karenga insistía en que todo arte debe ser juzgado por dos criterios: “artístico” y “social” (“político”); que todo arte revolucionario debe ser para las masas; y que, en palabras de Karenga, el arte “debe ser funcional, esto es útil, ya que no podemos aceptar la falsa doctrina de “el arte por el arte“. Definitivamente podemos ver la influencia del maoísmo en los esfuerzos de Karenga por crear una cultura alternativa revolucionaria. Está claro, los siete principios de unidad Kwanzaa (el día de fiesta afroamericano que Karenga inventó y celebró por primera vez en 1967), la autodeterminación, el trabajo colectivo y la responsabilidad, la economía colectiva (socialismo), la creatividad, el propósito y hasta incluso la fe, son casi tan armónicos como las ideas de Mao en cuanto a la cultura “tradicional” africana. Y no es coincidencia que al menos uno de los principios, Ujamaa, o la “economía cooperativa,” fuese la base de la famosa “Declaración de Arusha” de 1964 del presidente de Tanzania Julius Nyerere, siendo Tanzania el primer y más importante aliado de China en África.

Aunque la deuda de Karenga con Mao pasase desapercibida, el PLP fue consciente de ella. El periódico del PLP, “Challenge“, publicó un artículo mordaz que atacaba al conjunto del movimiento de las Artes Negras y sus teóricos. Bajo el título “La Agitación [LeRoi] Jones-Karenga: Los “rebeldes” culturales nos engañan“, el artículo caracterizaba a Karenga como un “pseudo-intelectual” que “había leído completamente las “Conversaciones sobre Literatura y Arte” de Mao”. “En realidad, puede citar este trabajo como si lo hubiera escrito. Lo que hizo con este clásico marxista fue tirar su espíritu -la lucha de clases- y sustituirlo por ninguna lucha. Además, coloca el “arte” sobre la política y HACE DEL ARTE LA REVOLUCIÓN“. “El nacionalismo cultural“, continuaba el artículo, “no sólo es idolatrar los aspectos más reaccionarios de la historia africana. ¡Va tan lejos como para medir el compromiso revolucionario de alguien por la ropa que usa! Eso es parte de la “conciencia negra“.

Sin duda, la revolución se convirtió en un tipo de arte, o más precisamente, en un estilo distinto. Si eran afros o dashikis o chaquetas de cuero y pañuelos, la mayoría de los revolucionarios negros en los Estados Unidos desarrollaron su propio criterio estético. En el mundo editorial, “El Pequeño Libro Rojo de Mao” causó un tremendo impacto en los estilos literarios de los círculos radicales negros. La idea de que un libro de bolsillo de citas enérgicas y aforismos pudiese contener una variedad de asuntos de comportamiento ético, pensamiento y práctica revolucionaria, desarrollo económico, filosofía, etc, era atractivo para muchos activistas negros, independientemente de las alianzas políticas. El Pequeño Libro Rojo impulsó una industria artesanal de libros en miniatura expresamente para militantes negros. “El Libro Negro“, editado por Earl Ofari Hutchison (con ayuda de Judy Davis), es uno de los casos. Publicado por el Proyecto de Educación Radical (en 1970), “El Libro Negro” es una compilación de breves citas de W.E.B. Du Bois, Malcolm X y Frantz Fanon que se refieren a una variedad de asuntos relacionados con la revolución nacional y mundial. Las similitudes con las citas del Presidente Mao son impresionantes: los títulos de los capítulos son: “Cultura y Arte Negra“, “Política“, “Imperialismo“, “Socialismo“, “Capitalismo“, “Juventud“, “El Tercer Mundo“, “África“, “Acerca de América“, y “Unidad Negra“. La introducción de Earl Ofari Hutchison coloca la lucha en un contexto global y clama por las éticas revolucionarias y la “unificación tanto espiritual como física del Tercer Mundo“. “La verdadera negritud“, añade, “es un estilo de vida colectivo, un conjunto colectivo de valores y una visión del mundo común” que crece de las diferentes experiencias en el Oeste. El Libro Negro no fue escrito en defensa del nacionalismo negro contra la invasión del maoísmo. Más bien, Earl Ofari Hutchison cierra diciendo “luchadores por la libertad en todas partes, continúan leyendo su libro rojo, pero ponen al lado del revolucionario LIBRO NEGRO. Para ganar la batalla a continuación, ambos son necesarios“.
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“Black like Mao” – La China Roja & La Revolución Negra (3º PARTE)

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El regreso del “Black Belt”

Según la mayoría de los relatos, no surgió una ideología maoísta explícita en el panorama político de los Estados Unidos hasta que Mao inició la Gran Revolución Cultural Proletaria en 1966. Un precursor de la revolución irrumpió en China nueve años antes, cuando Mao instó a sus compatriotas a “que se abran cien flores” y “que cien escuelas de pensamiento compitan“. Esta campaña era sólo humo de paja, de cualquier modo, y fue silenciada rápidamente después de que las demás flores criticaran abiertamente al Partido Comunista Chino.

Pero la Revolución Cultural era diferente. Jerarquías en el partido y en el Ejército Rojo fueron ostensiblemente eliminadas. La crítica y la autocrítica fueron alentadas, siempre que coincidiesen con el pensamiento de Mao Tse-Tung. Comunistas sospechosos de apoyar un camino capitalista eran llevados a juicio. Intelectuales burgueses en el mundo académico y en el gobierno, debían realizar trabajos manuales entre el pueblo como una forma de derrumbar las jerarquías sociales. Y todos los vestigios del antiguo orden deberían ser eliminados. La juventud, ahora la vanguardia, atacaba la tradición con venganza y trataba de crear nuevas formas culturales de promover la revolución. El pueblo chino estaba llamado a educarse. La Revolución Cultural intensificó los elementos constituyentes del maoísmo: la idea de la rebelión y el conflicto constante; el concepto de la centralidad del pueblo sobre las leyes económicas o las fuerzas productivas; la noción de moral revolucionaria.

No importa cuál es la perspectiva de alguien sobre la Revolución Cultural, proyectada al mundo -sobre todo para los que simpatizan con China y los movimientos revolucionarios de forma general- era una visión de una sociedad donde las divisiones entre los poderosos y los débiles eran sucias, y donde el estatus y el privilegio no necesariamente distinguían a los líderes de los liderados. Los socialistas Paul Sweezey y Leo Huberman, editores del periódico socialista independiente “Monthly Review“, reconocían las enormes implicaciones de tal revolución en la pobreza urbana de los Estados Unidos: “¡Sólo imagine lo que pasaría en los Estados Unidos si un presidente invitase a los pobres de este país, poniendo un énfasis especial en los negros de los guettos urbanos, para que ganasen la guerra contra la pobreza por sí mismos, prometiéndoles protección del ejército contra represalias!” Por supuesto, los Estados Unidos no son un país socialista y nunca intentarán serlo, y a pesar de alguna cosa simpática del Presidente Lyndon Johnson, los negros en Estados Unidos no eran tratados por el Estado como “el pueblo“. Sus problemas eran una carga para la sociedad y sus revueltas ingratas y la proliferación de organizaciones revolucionarias no inspiraban mucha simpatía por los negros pobres.

Para muchos de la Nueva Izquierda, los afroamericanos eran no sólo “el pueblo“, sino también el sector más revolucionario de la clase obrera. El énfasis de la Revolución Cultural en la eliminación de jerarquías y en el fortalecimiento de los oprimidos reforzaba la idea de que la liberación negra estaba en el corazón de la revolución americana. El propio Mao Tse-Tung dio crédito a esta visión en su declaración de abril 1968 ampliamente publicada “En apoyo a la lucha afroamericana contra la represión violenta“. La declaración fue hecha durante una manifestación masiva en China en protesta por el asesinato del Dr. Martin Luther King Jr., en la cual Robert Williams y Vicki Garvin estuvieron entre los oradores. Según Garvin, “millones de manifestantes chinos” marchaban bajo la lluvia para denunciar el racismo estadounidense. En respuesta a las revueltas provocadas por el asesinato de King, Mao caracterizó estas revueltas urbanas como “un nuevo toque de clarín para todos los pueblos explotados y oprimidos de Estados Unidos contra el liderazgo bárbaro de la clase capitalista monopolista“. Más que la declaración de 1963, las palabras de Mao dotaron a las revueltas urbanas de importancia histórica en el mundo de la sublevación revolucionaria. Su declaración, así como la lógica general de la “teoría de la revolución de nueva democracia” de Lin Biao, justificaba el apoyo de los movimientos nacionalistas negros y su derecho a la autodeterminación.

En el contexto de las revueltas urbanas se dio la convergencia de varias oleadas de radicalismo negro, incluyendo el RAM, para dar origen en Oakland, California, a los Black Panthers para la autodefensa. Tal vez la organización negra más visible promoviendo el pensamiento de Mao Tse-Tung, probablemente también los menos serios en cuanto a la lectura de escritos marxistas, leninistas, o maoístas y al desarrollo de una ideología revolucionaria. Fundado por Huey Newton y Bobby Sealon, anterior miembro del RAM, los Black Panthers fueron mucho más allá de los límites de la Merritt College y reclutó al “lumpenproletariado”. Gran parte de la base se dedicaba a la propaganda más que cualquier otra cosa, y su biblia era El Pequeño Libro Rojo.
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“Black like Mao” – La China Roja & La Revolución Negra (2º PARTE)

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El Movimiento de Acción Revolucionaria y la futura Revolución Negra

 

El vuelo de Williams a Cuba inspiró en parte la creación del RAM. En Ohio, alrededor de 1961, miembros negros de los Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS), así como activistas del Comité de Coordinación Estudiantil sin Violencia (SNCC) y del Congreso de Igualdad Racial (CORE) se reunieron en un pequeño grupo para discutir el significado del trabajo de Williams en Monroe y su posterior exilio. Liderados por Donald Freeman, un estudiante negro en la Case Western Reserve en Cleveland, el núcleo del grupo consistía en una organización recién creada llamada “Challenge“, formada por estudiantes de la Central State College en Wilberforce. Los miembros de la Challenge estaban especialmente motivados por el ensayo de Harold Cruse “Nacionalismo Revolucionario y Afroamericano“, que circulaba ampliamente entre los jóvenes radicales negros. Inspirados por la interpretación de Cruse de la importancia mundial de la lucha por la liberación negra, Freeman esperaba transformar la Challenge en un movimiento revolucionario nacionalista similar a la Nación del Islam, pero eso adoptaría las tácticas de acción directa del SNCC. Después de un largo debate, los miembros de la Challenge resolvieron disolver la organización en la primavera de 1962 y formar el Comité de Acción Revolucionaria (originalmente llamado “Reform” Action Movement para no asustar a la administración), con sus principales líderes Freeman, Max Stanford y Wanda Marshall. Unos meses más tarde trasladaron su base a Philadelphia, comenzaron a publicar un periódico bimensual llamado “Black América” y un boletín informativo de una página llamada “RAM Speaks“, e hicieron planes para construir un movimiento nacional en dirección al nacionalismo revolucionario, la organización juvenil, y la autodefensa armada.

Freeman y los miembros del RAM, en Cleveland, continuaron trabajando públicamente a través del Instituto Afroamericano, un grupo de reflexión de orientación activista formado en el otoño de 1962. Bajo la dirección de Freeman, su consejo -apodado “Soul Circle“- consistía en un pequeño grupo de hombres negros relacionados con organizaciones comunitarias, derechos civiles y laborales y grupos estudiantiles. Miembros del consejo como Henry Glover, Arthur Evans, Nate Bryant, y Hanif Wahab disertaban sobre historia y política africana, organizaban foros para discutir el futuro del movimiento por los derechos civiles, la participación negra en la política de Cleveland, y las condiciones económicas de los negros urbanos. El instituto también reclutó al gran baterista Max Roach para ayudar en la organización de un tablón titulado “El papel del artista negro en la lucha por la libertad“. Miembros del instituto también utilizaron folletos y panfletos al azar para influir en el pensamiento de la comunidad negra sobre asuntos locales e internacionales. Destinados “a quien pueda interesar“, estos breves folletos pretendían estimular debate y ofrecer a la comunidad negra una posición sobre temas más urgentes como “las elecciones, la renovación urbana, la subordinación de la economía negra, la ‘carrera armamentista’, y la lucha en el sur“. En un año, el instituto pasó de la impresión de folletos a la impresión de un boletín informativo completo llamado “Afropinion“. A través del Instituto Afroamericano, los miembros de la RAM en Cleveland trabajaron con activistas del CORE y otros organizadores de la comunidad para exigir mejoras en la asistencia hospitalaria para los pacientes negros y protestar contra la exclusión de la historia africana y afroamericana del currículum de las escuelas públicas. La campaña más importante del instituto en 1963 fue la defensa de Mae Mallory, una mujer negra que estaba encarcelada en Cleveland por su relación con Robert Williams en Monroe, Carolina del Norte. Poco después del vuelo de Williams a Cuba, Mallory fue arrestada en Ohio a la espera de los cargos de extradición. El instituto y sus aliados, incluída la Nación del Islam en Cleveland, pidieron al gobierno de Ohio que retira la solicitud de extradición, y también organizaron una manifestación masiva delante de la prisión exigiendo la liberación inmediata de Mallory.

En Carolina del Norte, el RAM provino principalmente de la Asociación Afroamericana. Fundada por Donald Warden en 1962, la Asociación Afroamericana consistía en estudiantes de la Universidad de California en Berkley y de la Merritt College, muchos de los cuales, como Leslie y Jim Lacy, Cedric Robinson, Ernest Allen, y Huey Newton, tenían papeles especiales como intelectuales y activistas radicales. En Los Angeles, el presidente de la Asociación Afroamericana era un joven llamado Ron Everett, que más tarde cambiaría su nombre a Mualna Karenga y fundaría la organización de los EE.UU.. La Asociación Afroamericana desarrolló rápidamente una reputación como grupo de militantes intelectuales dispuestos a discutir con cualquiera. Desafiando a maestros, a grupos de discusión como la Alianza de la Juventud Socialista, y enseñando públicamente historia y cultura negra, esos jóvenes activistas dejaron una profunda impresión en algunos estudiantes, así como en la comunidad negra. En el Este de la Bahía, donde la tradición de los discursos de tribuna murió en los años 30 (con la excepción de las campañas individuales del Congreso de Derechos Civiles comunista a principios de los años 50), la Asociación Afroamericana era la prueba viviente de que una cultura militante intelectual, vibrante y altamente visible, podría existir.

Mientras tanto, el movimiento Trabajo Progresista (PL) comenzó a patrocinar viajes a Cuba y reclutó a algunos estudiantes radicales negros en el Este de la Bahía para ir juntos. Entre ellos estaba Ernest Allen, trasladado para la UC Berkley del Merritt College, ya que había sido expulsado de la Asociación Afroamericana. Chico obrero de Oakland, Allen formaba parte de una generación de radicales negros cuyo descontento con la estrategia del movimiento por los derechos civiles de la resistencia pasiva y sin violencia, los llevó más cerca de Malcolm X y de los movimientos de liberación en el Tercer Mundo. No es sorprendente que a través de su viaje a Cuba en 1964 descubriera el Movimiento de Acción Revolucionaria (RAM). Entre los compañeros de viaje de Allen estaba un grupo de militantes negros Detroit: Lucas Tripp, Charles (“Mao“) Johnson, Charles Simmons, y General Baker. Todos eran miembros del grupo estudiantil en Uhuru, y todos desempeñaron papeles clave en la formación del Movimiento Obrero Revolucionario Dodge de la Liga Obrera Negra Revolucionaria. Casualmente, el líder de RAM, Max Stanford, ya estaba en la isla visitando a Robert Williams. Cuando llegó la hora de regresar a los Estados Unidos, Allen y el grupo de Detroit estaban comprometidos con la fundación de la RAM. Allen se detuvo en Cleveland para reunirse con miembros de la RAM en su viaje en autobús de vuelta a Oakland. Armado con copias de “Crusader” de Robert Williams y materiales relacionados con la RAM, Allen regresó a Oakland con la intención de establecer la presencia de la RAM en el Este de la Bahía. Como resultado, activistas como Isaac Moore, Kenn Freeman (Mamadou Lumumba), Bobby Seale (futuro fundador de los Black Panthers), y Doug Allen (hermano de Ernie) establecieron una base en el Merritt College a través del “Soul Students Advisory Council“. Aunque el grupo nunca había superado un puñado de personas, su presencia intelectual y cultural fue ampliamente estimada. Allen, Freeman y los otros, fundaron un periódico llamado “Soulbook: The Revolutionary Journal of the Black World“, que publicaba prosa y poesía orientadas a la izquierda nacionalista negra. Freeman, en particular, era muy respetado entre los activistas del RAM y ampliamente leído. Constantemente llevaba a sus miembros a pensar en la lucha negra en un contexto global. Los editores de “Soulbook” también desarrollaron lazos con radicales negros de la vieja izquierda, sobre todo con el ex-comunista Harry Haywood, cuyo trabajo publicaron en una edición temprana.
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“Black like Mao” – La China Roja & La Revolución Negra (1º PARTE)

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Esta es la era de Mao Tse-Tung, la era de la revolución mundial y la lucha afroamericana por la liberación es parte de un movimiento universal invencible. El Presidente Mao fue el primer líder mundial en elevar la lucha de nuestro pueblo al nivel de la revolución mundial“. – Robert Williams 1967

Parece que el presidente, al menos como un símbolo, ha disfrutado de un resurgimiento de la popularidad entre los jóvenes. La imagen y las ideas de Mao Tse-Tung aparecen constantemente en una miríada de contextos políticos y culturales. Por ejemplo, The Coup, un famoso grupo de hip-hop de la bahía de San Francisco, rehabilitó a Mao en el panteón de los héroes radicales negros y, al hacerlo, colocó la lucha por la libertad negra en un contexto internacional. En una canción llamada “Dig It” (1993), The Coup se refiere a sus miembros como “Los condenados de la Tierra“; le dicen a los oyentes que lean El Manifiesto Comunista; y evocan ídolos revolucionarios como Mao Tse-Tung, Ho Chi Minh, Kwame Nkrumah, H. Rap Brown, el movimiento Mau Mau en Kenia, y Geronimo Ji Jaga Pratt. A la manera maoísta clásica, The Coup se aprovecha de la frase más famosa de Mao y se apropia de ella: “Somos conscientes de que el poder está niquelado“. Aunque los miembros de The Coup no nacieron hasta después del apogeo del maoísmo negro, “Dig It” captura el espíritu de Mao en relación al mundo-a-mundo colonial que incluía a los afroamericanos. En Harlem, a finales de los años 60 y principios de los 70, parecía que todo el mundo poseía una copia de Citas del Presidente Mao Tse-Tung, más conocido como “El Libro Rojo“. Periódicamente, simpatizantes de los Black Panthers eran vistos vendiendo El Libro Rojo en las esquinas para recaudar fondos para el partido. Y no era raro ver a un joven radical negro caminando por la calle vestido como un campesino chino, excepto por el pelo Afro y las gafas de sol, por supuesto.

Como África, China estaba en movimiento y había un sentimiento general de que los chinos apoyaban la lucha por la libertad negra; por supuesto, los negros clamaban por la revolución en nombre de Mao al igual que en el nombre de Marx y Lenin. Incontables radicales negros de la época estimaban que China, ni Cuba ni Ghana o incluso París, era la tierra en la que se podría obtener la verdadera libertad. No era perfecta, pero era mejor que vivir en el vientre de la bestia. Cuando el líder de los Black Panthers, Elaine Brown, visitó Beijing en el otoño de 1970, se sorprendió gratamente por lo que la Revolución China había conseguido en términos de mejora de la calidad de vida: “Viejos y jóvenes relataban emocionantes testimonios, como convertidos en un bautismo, sobre las glorias del socialismo“. Un año más tarde regresó con el fundador de los Black Panthers Huey Newton, cuya experiencia en China describió como “una sensación de libertad, como si se hubiese ido un gran peso de mi alma y pudiese ser yo mismo, sin defensa o pretensión o necesidad de explicación. Me sentí absolutamente libre por primera vez en mi vida, completamente libre entre mis hombres“.

Más de una década antes de que Brown y Newton pisasen suelo chino, W.E.B. Du Bois se refirió a China como el otro gigante dormido preparado para liderar las razas de color en la lucha mundial contra el imperialismo. Su primer viaje a China fue en 1936 -antes de la guerra y de la revolución- durante un largo viaje a la Unión Soviética. Volviendo en 1959, cuando era ilegal viajar a China, Du Bois descubrió un nuevo país. Le llamó la atención la transformación de los chinos, en particular en relación a la emancipación de la mujer, y se fue convencido de que China lideraría a las naciones subdesarrolladas en el camino hacia el socialismo. “China después de largos siglos“, dijo en un encuentro con comunistas chinos en la celebración de su 91 aniversario, “se puso de pie y dio un salto hacia adelante. ¡África se levanta, se pone en pie, piensa y habla! ¡Aja! Se aleja de Occidente y su esclavitud y humillación de los últimos 500 años y encara el sol naciente“.

Como radicales negros llegaron a ver a China como el faro de la revolución del Tercer Mundo y el pensamiento de Mao Tse-Tung como guía es una complicada y fascinante historia que involucra literalmente a decenas de organizaciones y que cubre buena parte del mundo, desde los guetos estadounidenses al interior de África. Por lo tanto, el texto que sigue no pretende ser exhaustivo; al contrario, organizamos este artículo para explorar el impacto del pensamiento maoísta y, más en general, de la República Popular de China en los movimientos negros radicales desde los años 50 hasta por lo menos la mitad de los años 70. Además de eso, nuestro propósito es explorar como el nacionalismo radical negro formuló debates dentro del maoismo de las organizaciones “anti-revisionistas” en los Estados Unidos. Nuestra opinión es que China ofreció a los radicales negros un modelo del Tercer Mundo “de color” o un modelo marxista que les permitió desafiar una visión blanca y occidental de la lucha de clases, un modelo que moldear y reformular para adaptar sus realidades políticas. Aunque el papel de China haya sido contradictorio y problemático en muchos aspectos, el hecho de que los campesinos chinos, por delante del proletariado europeo, hicieran una revolución socialista y clavaran una posición en la política mundial distinta de la soviética y de la americana, dotó a los radicales negros de un sentido más profundo de la importancia revolucionaria y del poder. Por último, Mao no sólo demostró a los negros en el mundo que no necesitaban esperar “condiciones objetivas” para una revolución, pero su exaltación de la lucha cultural formuló también debates profundos sobre el arte y la política negra.
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Louis Althusser ante la muerte de Ernesto Che Guevara

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Carta del filósofo francés Louis Althusser al dirigente comunista cubano y director de la revista “Casa de las Américas”, Roberto Fernández Retamar, enviada pocos días después de la muerte del comandante Ernesto Che Guevara, en Bolivia, el 9 de Octubre de 1967.

 

París, 25 de octubre de 1967

Querido Retamar:

Recibí tu telegrama y tu carta. Te cablegrafié que estoy enteramente de acuerdo con tu proyecto de publicar mi carta a Régis, así como con los términos del chapeau. En efecto, las circunstancias lo imponen.
Me sacudió la muerte del “Che”. Esa muerte trágica, el proceso de Régis y la suerte que le amenaza me producen un dolor y una interrogación lancinantes. No sólo un dolor, sino también una interrogación. Tú me entiendes.
Me pides una página o algunas líneas sobre el “Che” para el número especial de Casa.
Lo que pudiera decir, como simple individuo, pudieran decirlo otros muchos, y ciertamente mejor que yo. No sólo todos los que conocieron al “Che”, sino también todos aquellos para quienes existió y existe, aun sin que lo conocieran: militantes y hombres del pueblo. Su testimonio es infinitamente más valioso y tiene más peso que el de un simple intelectual.
Si es absolutamente necesario que me pronuncies (¿pero es absolutamente necesario?), lo haría como intelectual comunista, es decir, como intelectual que trata de ser un ideólogo de la clase obrera (Lenin emplea esta fórmula), del que se espera, como de todos los revolucionarios conscientes, que vea un poco más allá de su dolor y su emoción, en síntesis, que sea capaz de reflexionar sobre el ejemplo y sobre la muerte del “Che”.
He aquí lo que diría, teniendo en cuenta la situación actual, si fuera absolutamente necesario que hiciera una declaración pública.

 

* * *

“Como millones de hombres en el mundo, me sentí, sacudido por la muerte del ‘Che’ y las
circunstancias de esa muerte, ocurrida en combate.
Sabemos desde hace mucho tiempo que el ‘Che’ no puede ser olvidado. Ahora sabemos lo que nos ha dejado: no sólo su vida, sino también su muerte, para que meditemos.
Con su vida, el ‘Che’ nos dejó un admirable ejemplo de conciencia, de voluntad, de coraje y de abnegación revolucionarios. Su muerte llama a todos los revolucionarios a cumplir con su deber: la Revolución.
El ‘Che’ nos deja una definición marxista-leninista de la estrategia general de la lucha de las clases revolucionarias en la América latina; en su conjunto, la lucha revolucionaria de masas de la América Latina pasa y pasará necesariamente por la lucha armada. Sigue leyendo