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Los falsificadores de la historia (Nota soviética publicada en febrero de 1948)

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Nada más acabar la terrorífica II Guerra Mundial, los imperialistas siguieron acosando a la URSS y para ello desplegaron toda una batería de calumnias y manipulaciones equiparándola al III Reich. A fin de desenmascarar las mentiras, la diplomacia soviética emitió en 1948 esta nota.

 

A finales de febrero de 1948, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, en colaboración con los Ministerios de Asuntos Exteriores de Inglaterra y Francia, publicó una recopilación de informes y de diferentes extractos de las notas de los funcionarios hitlerianos y dio a esta recopilación el titulo de Relaciones soviético-nazis durante los años 1939-1941.

Tal y como se destaca en el Prefacio de esta recopilación, en el verano de 1946, los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia se pusieron de acuerdo para publicar los documentos de los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania, correspondientes a los años comprendidos entre 1918 y 1945, incautados en Alemania por las autoridades americanas e inglesas. Debemos mencionar que en la recopilación publicada sólo se han incorporado los materiales de los años 1939 a 1941, mientras que el Departamento de Estado no ha incluido en dicha recopilación los materiales de los años precedentes y, en particular, los correspondientes al periodo de Munich, con lo que permanecen ocultos a la opinión pública mundial. Este hecho, sin duda alguna, no es casual, responde a objetivos que no tienen nada en común con una concepción objetiva y concienzuda de la verdad histórica.

Para justificar ante los ojos de la opinión pública la publicación unilateral de esta recopilación de notas de funcionarios hitlerianos no verificadas o falsificadas a placer, la prensa anglo-americana dio una explicación inventada totalmente; según ésta los rusos habrían rechazado la proposición de Occidente de publicar conjuntamente un informe completo sobre la diplomacia nazi.

Esta declaración de círculos anglo-americanos NO SE CORRESPONDE CON LA REALIDAD.

 

 

El gesto unilateral de los anglosajones

 

De hecho, las cosas sucedieron de la siguiente manera: dadas las noticias aparecidas en la prensa extranjera en el verano de 1945 sobre la relación en Inglaterra de la publicación de documentos incautados en Alemania, el Gobierno soviético se dirigió al gobierno de Gran Bretaña insistiendo para que los expertos soviéticos tomaran parte en el examen conjunto de los materiales alemanes incautados por las tropas anglo-americanas. El Gobierno soviético consideraba inadmisible que se publicaran tales documentos sin un acuerdo previo y, al mismo tiempo, no podía asumir la responsabilidad de la publicación de estos documentos sin una objetiva y minuciosa verificación ya que, sin esas elementales condiciones, la publicación de los materiales en cuestión sólo podía generar una agravación de las relaciones entre los Estados miembros de la coalición anti-hitleriana. Ahora bien, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Inglaterra DECLINÓ LA PROPOSICIÓN SOVIÉTICA, alegando que era prematura la cuestión planteada por el Gobierno soviético en relación con un intercambio de las copias incautadas de documentos hitlerianos.

Se sabe también que, el 6 de septiembre de 1945, la delegación americana junto a la Dirección Política del Consejo de Control en Alemania presentó su proyecto de instrucciones sobre la forma de proceder con los archivos y documentos alemanes. Este proyecto preveía el establecimiento de un único procedimiento para toda Alemania para la conservación y colección de los archivos, así como para el derecho a acceder a ellas por parte de los representantes de los Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas. Estaba igualmente prevista la posibilidad de hacer copias de los documentos y publicarlos. La Dirección Política examinó esta propuesta durante cuatro sesiones. Pero, a petición de los ingleses y americanos, la decisión se aplazó con el pretexto de que no tenían instrucciones; después, tras la declaración del representante americano que decía que el Gobierno de los Estados Unidos preparaba una nueva propuesta y rogaba que se declarara nulo el proyecto presentado, esta cuestión se retiró del orden del día de la Dirección Política.

Así, la declaración según la cual el Gobierno soviético se habría negado a tomar parte en la preparación de la publicación de los materiales de los archivos alemanes es FALSA.
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Julius Fučík, el soldado de la libertad

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Todo el mundo conoce el nombre del escritor checo Julius Fučík, autor del libro “Reportaje al pie de la horca“. Julius pertenecía a la generación de los hombres de vanguardia que lucharon en Europa contra el fascismo tanto en la clandestinidad como en las mazmorras de los ocupantes nazis. En esta lucha, Fučík encontró la muerte y conquistó la inmortalidad.

Julius Fučík nació el 23 de febrero de 1903, en Smikhov, uno de los más antiguos suburbios industriales de Praga. Su padre era metalúrgico en una fábrica de contrucción de maquinaria. En la escuela, Fučík dio pruebas de sus notables aptitudes, de un pronunciado gusto por la lectura y, sobre todo, por la historia. En 1921 se matriculó en la facultad de Filosofía de la Universidad de Praga.

Fučík, estudiante, tuvo que trabajar para ganarse la vida. En el transcurso de sus años de estudio, realizó numerosos oficios. Dio clases, fue instructor de deportes, trabajador de la construcción, enterrador e incluso “camelot”. Fue obligado a llevar una vida de hambruna, pero no era de aquellos que pierden el coraje. “No quería doblar la espalda“, dijo más tarde.

Toda su vida se basaba en trabajo, estudios, reuniones y manifestaciones. Desde el comienzo de su carrera como periodista, Fučík se reveló como un polemista brillante, combatiendo las corrientes literarias reaccionarias que predominaban en la época, en Checolosváquia.

En 1930 Fučík estuvo, por primera vez, en el país de los Soviets. Esta es la historia de ese viaje.
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Stalin sobre la crisis de 1929

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Al analizar la crisis, saltan a la vista, ante todo, los hechos siguientes:

1. La crisis económica actual es una crisis de superproducción. Ello significa que se han producido más mercancías de las que puede absorber el mercado. Significa que se han producido más telas, combustible, artículos manufacturados y víveres de los que pueden comprar, con el dinero de que disponen, los consumidores fundamentales, es decir, las masas populares, cuyos ingresos permanecen a un bajo nivel. Y como la capacidad adquisitiva de las masas populares bajo el capitalismo continúa siendo ínfima, los capitalistas amontonan las mercancías “sobrantes” -las telas, los cereales, etc.- en los almacenes o incluso las destruyen, a fin de mantener precios elevados; reducen la producción, despiden a los obreros, y las masas populares se ven condenadas a vivir miserablemente porque se han producido demasiadas mercancías.

2. La presente crisis es la primera crisis económica mundial que se registra después de la guerra. Es mundial, no sólo porque afecta a todos o casi todos los países industriales del mundo, con la particularidad de que hasta Francia, que va inyectando sistemáticamente en su organismo los miles de millones de marcos de las reparaciones alemanas, no ha podido evitar cierta depresión, que, según todos los síntomas, ha de convertirse en crisis. La crisis es mundial, además, en el sentido de que la crisis industrial ha coincidido con una crisis agraria que afecta a la producción de toda clase de materias primas y de víveres en los principales países agrarios del mundo.

3. La presente crisis mundial se desarrolla desigualmente, a pesar de su carácter general, afectando a tales o cuales países en distinto tiempo y con fuerza distinta. La crisis industrial comenzó primero en Polonia, en Rumania, en los Balcanes, desarrollándose allí en el transcurso de todo el año pasado. A fines de 1928 existían ya síntomas palmarios del comienzo de una crisis agraria en el Canadá, en los Estados Unidos, en la Argentina, en el Brasil y en Australia. Durante todo ese período, la industria de Estados Unidos va en ascenso. A mediados de 1929, la producción industrial en ese país alcanza una altura casi record. Sólo a partir de la segunda mitad de 1929 se inicia un viraje, y después se desarrolla ya una crisis vertiginosa de la producción industrial, que ha retrotraído Norteamérica al nivel de 1927. Sigue la crisis industrial en el Canadá, en el Japón. Después vemos una racha de quiebras y la crisis en China y en las colonias, donde se ahonda todavía más debido a la baja de los precios de la plata, donde la crisis de superproducción va unida al desmoronamiento de la economía campesina, llevada al agotamiento completo por la explotación de los señores feudales y los impuestos agobiadores. En cuanto a la Europa Occidental, la crisis empieza a manifestarse de un modo sensible únicamente a principios de este año, y no en todas partes con la misma intensidad; en Francia, la producción industrial incluso sigue aumentando en este período.
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Cómo la dictadura polaca arrojó su país a las garras de Adolf Hitler

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Solamente un descendiente de aquel régimen feudal y oscurantista, como Kaczynski, sería capaz de intentar revertir los hechos para evitar rendir cuentas por el abismo en el que Polonia, otra vez, en esta crisis, se debate. 

Los documentos ahora desclasificados por Rusia sobre la actividad anti-soviética y pro-fascista del gobierno polaco antes de la Segunda Guerra Mundial detallan algunos aspectos, pero los hechos a los que se refieren ya eran sobradamente conocidos en el momento, y después. Es una verdad que ya debería haber pasado a los libros de historia en general -y si no pasaron es sólo porque los años de neoliberalismo fueron también (y, quizá, sobre todo) un pantano de mentiras- que el gobierno polaco de Pilsudski y Beck persuadió a minorías étnicas dentro de la URSS, que mantuvo un aparato de sabotaje y asesinato contra el gobierno soviético y que hizo frente con los nazis para derrotar a los rusos, ucranianos, bálticos, bielorrusos y otros pueblos que estaban construyendo el socialismo. También es cierto que, como dijo el general Lev Sotskov de la inteligencia rusa, con esta política, provocaron una catástrofe para Polonia y para el pueblo polaco.

Sólo un oportunista (o un completo ignorante) como el actual presidente polaco, Lech Kaczynski, puede tener la pretensión de distorsionar e invertir hechos que ya eran más que conocidos. Sin embargo, los hechos son los hechos, y no hay imbécil en el mundo que pueda cambiarlos, ya que ya han sucedido.

El intento es, sin duda, presentar a los soviéticos como los agresores de Polonia cuando los nazis masacraron el país entre 1939 y 1944, asesinando a seis millones de polacos, la mitad de ellos en Auschwitz, Treblinka y otros campos de exterminio.

Solamente un ignorante como Kaczynski trataría de revertir la historia de esta manera. El objetivo es claro: absolver al gobierno polaco de antes de la Segunda Guerra Mundial -una dictadura feudal, oscurantista, con una mezcla de fanatismo idiota y brutalidad- de su complicidad con Hitler, lo que acabó llevando finalmente al país a la peor tragedia de su historia, ya por sí bastante trágica.

No es, por supuesto, gratuito (realmente, gratuito no es) este intento. Kaczynski es un descendiente de los PiBsudski, Beck y otras figuras lamentables que jugaron con Polonia en el abismo. Pero sus razones no son puramente históricas: en la crisis actual, Polonia está de nuevo en el pantano, pagando el precio de la brutal, salvaje e irracional restauración del capitalismo en el país. En aquella época se estancaron todas las aguas residuales de Polonia, de donde surgieron los Walesa, los Kaczynski y otros demagogos sin escrúpulos. Ahora que el desastre está a la vista, que los polacos sufren cada día las consecuencias, quieren huír sin rendir cuentas, echando la culpa a los soviéticos. Pues no lo van a conseguir.
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