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Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (III Parte)

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El dominio de la burocracia

 

 

La muerte de Stalin desató las manos de la burocracia. Una parte pequeña de esta, que mantuvo la lealtad al Estado socialista y consideraba como misión suya servirlo, prosiguió, naturalmente, la línea de Stalin. La mayor parte, que desde hace mucho vivía sólo para si misma, vio la posibilidad de liberarse del control proletario en general, del control superior de la dirección comunista, que pretendía eliminar las veleidades egoístas de la burocracia y, en último término, apartarla gradualmente a través de las formas más amplias de la soberanía popular. Pero, ¿podría la burocracia proclamar abiertamente su dominación en nuestro país sin sufrir un golpe inmediato? Naturalmente que no. Para afirmarse en las condiciones del Estado socialista, la burocracia tenía que probar que defendía la orientación justa, que no sólo se mantenía fiel a los ideales revolucionarios sino que aún le era más fiel de lo que fue Stalin. Tenía que presentar su liberación de las garras de Stalin como una liberación de todo el pueblo de esas garras. Naturalmente que tal fraude no se podía realizar con facilidad. Más aún cuando la clase obrera de la URSS rechazó desde el principio todas las invenciones de los oportunistas y adoptó una actitud hacia ellos totalmente intransigente. Más aún cuando una parte de la dirección del Partido y del Estado (Molotov, Malenkov(1), y otros), fiel a la dictadura del proletariado, intentó oponerse abiertamente a la burocracia.

Siendo la propia representación material de la centralización del poder y de sus excesivos defectos, la burocracia hizo todo lo que le fue posible paro atribuir a Stalin esos defectos y para alejar de sí misma la atención de los trabajadores. Pero si Stalin fue el culpable de todo, entonces se debería renunciar resueltamente a los métodos del ”culto a la personalidad”. Debería ser lo lógico. Sin embargo, los burócratas no quieren de ninguna forma cambiar sus hábitos, renunciar a notoria brutalidad. Y precisamente por esta razón, desbaratando en la teoría los métodos del “culto a la personalidad”, acogen con una irritación extraordinaria y con un fuerte odio cualquier paso concreto para la democratización y la limitación de su poder, porque los métodos del “culto a la personalidad” no son métodos de Stalin, sino métodos de la propia burocracia que, incluso en los tiempos de Stalin, ya envenenaba la realidad soviética, y después de Stalin asfixia y persigue todo lo vivo, activo y verdaderamente soviético.

En efecto, el “culto a la personalidad”, si queremos hablar de tal cosa, fue una simple repetición (todavía en un grado más elevado) del culto a la burocracia, en que cada representante era en su oficina una “personalidad”. Los oportunistas presentan el “culto a la personalidad” como la causa del burocratismo, cuando él sólo es su consecuencia. Fueron precisamente los burócratas los que profanaron el afecto que todo el pueblo tenía por Stalin, convirtiéndolo en un rito mecánico, no sin cálculos egoístas, ya que esto les permitía exigir una actitud semejante hacia ellos. Y elevando a Stalin a las nubes a los ojos del pueblo, los burócratas lo maldecían por el silencio en su círculo familiar. Odiaban a Stalin porque era el soporte principal del Estado socialista, que era alimentado por la savia del pueblo, mientras que ellos no eran más que pilares podridos del Estado. ¿Acaso sorprende que los burócratas intenten disfrazar su odio hacia Stalin bajo un manto humanitario y democrático? De hecho, bajo la capa de la crítica a Stalin, los burócratas expulsan todo su odio contra la dictadura del proletariado, a la cual servían obligados por Stalin.
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Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (II Parte)

Staline

 

 

 

Stalin y la democracia proletaria

 

Si resumimos todas las acusaciones llevadas a cabo por los oportunistas contra Stalin, podríamos incluirlas, de manera general, en una única categoría: violación de la democracia proletaria. Stalin, según los oportunistas, usurpó el poder en el país y en el Partido, liquidó a los mejores y más experimentados cuadros del Partido y del Estado.

En sus críticas a Stalin, los oportunistas lo oponen a Lenin, juzgando que este es el mejor y más evidente argumento a su favor. Nosotros también estamos de acuerdo en que esta comparación es pertinente, pero, por otro lado, esta se vuelve contra los propios oportunistas. “Intransigencia”, “crueldad”, “comportamiento dictatorial”, ¿de dónde surgió todo ese vocabulario? ¿Estaremos acaso citando un editorial de “Pravda” de los últimos años dedicado al “culto a la personalidad”? No, estas son las definiciones que los oportunistas acostumbraban a hacer de la actividad de Lenin durante toda la revolución rusa. ¿Por qué la actual dirección del PCUS omite el hecho de que todo lo que en el pasado fue atribuído a Lenin está ahora repitiéndose con Stalin? ¡Y qué metamorfosis! Lenin, según los oportunistas contemporáneos, sería partidario de la tesis “no te opongas al mal con la violencia”. Para denigrar la táctica revolucionaria de Stalin, cuya crítica tiene para ellos una importancia vital directa, los oportunistas están dispuestos a olvidar el pasado y presentar a Lenin bajo una forma “ennoblecida”, conforme a su punto de vista. “¡Nosotros somos los jacobinos del proletariado!“. Estas palabras de Lenin deben ser recordadas por todos aquellos que intentan ahora rehacer a Lenin y darle la apariencia de Jesucristo.

Pero, ¿existía alguna diferencia en el carácter de las acciones de Lenin y de Stalin? Sí, existía. Al comparar a estos dos dirigentes revolucionarios, los oportunistas (en total conformidad con su visión pequeño-burguesa del mundo) reducen todo a las cualidades personales de estos dos hombres. Sin embargo, es evidente que la actividad de Lenin y de Stalin, como dirigentes del Partido y del Estado, corresponde a dos periodos diferentes del desarrollo de nuestra revolución, periodos que difieren radicalmente uno del otro. La muerte de Lenin coincidió prácticamente con el final del periodo de la ofensiva de la revolución europea, de modo que sobre los hombros de Stalin recayó la tarea de dirigir el primer Estado proletario en un momento en que estaba completamente aislado en el terreno internacional y en las condiciones en que no existía una base suficiente para la construcción del socialismo. La ruptura del eslabón más débil en la cadena del capitalismo era una debilidad de la propia revolución.
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Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (I Parte)

noyabrya

 

Índice:

I. Los líderes oportunistas del PCUS bajo la máscara del marxismo
II. Stalin y la democracia proletaria
III. El dominio de la burocracia
IV. Los oportunistas en el terreno internacional
V. Comunistas, ¡adelante!

 

 

El presente documento(1) nos fue dado a conocer, en su versión francesa, por la web Komintern.doc, actualmente inoperativa, que lo reprodujo a partir de la edición de 1971, por las Éditions Norman Bethune (76, boulevard Saint-Michel, París 6º.), en la que es omitido cualquier dato sobre sus autores, así como la fecha exacta de publicación, necesariamente clandestina, en la Unión Soviética. Las referencias contenidas en el propio texto permiten situarlo en el período inmediatamente posterior a la destitución de Jrushov(2) (14 de octubre 1964).

Hemos intentando, en vano, buscar el original en las numerosas webs rusas que se interesan por la divulgación de documentos e investigaciones sobre la historia de la URSS. Finalmente, descubrimos una versión en ruso en la web http://www.enverhoxha.ru, que, al final, resultó ser una traducción del inglés a partir de una edición producida en Albania en 1965, la cual se encuentra disponible en la misma web.

Fue lo más cerca que conseguimos llegar del original, suponiendo que esta traducción en inglés fue hecha directamente del ruso, como nos parece probable, y que habrá servido de base para la traducción francesa, como nos parece evidente debido a la confrontación de las dos versiones.

Sobre su autoría, el editor de Komintern.doc dice que, en el momento en que apareció esta “Declaración Programática“, “circuló en los medios marxistas-leninistas la suposición de que su redacción sería de la responsabilidad o podría haber sido supervisada por el camarada V. M. Molotov(3), compañero de armas de Lenin y Stalin“.

Pero se trata de una “simple suposición“, ya que, “teniendo en cuenta las condiciones de clandestinidad del movimiento comunista revolucionario (bolchevique) en la URSS, después del triunfo de los revisionistas jrushovianos dentro del PCUS, era imposible a cualquiera reivindicar la paternidad literaria de un texto“.
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