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Los estudiantes soviéticos

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En 1938, la Unión Soviética tenía 716 universidades, colegios y otras instituciones de educación superior con un núcleo estudiantil de 601.000 personas. Este número supera al de los estudiantes de colegios y universidades de 23 países europeos juntos, incluyendo a Francia, Italia y Polonia, además de Japón.

Existen instituciones de educación superior en cada una de las Repúblicas de la Unión y Regiones Autónomas de la Unión Soviética. Kirguistán, que no tenía una sola institución de enseñanza superior antes de la Revolución, ahora tiene cuatro; Turquistán tiene 5; Tayikistán también tiene 5 y Kazajistán 19. Y cada una de estas instituciones educativas cuenta con labotatorios modernos, salas de lectura y bibliotecas que son lo último en temas de equipamiento escolar.

Antes de la Revolución, los colegios y universidades de la Rusia zarista tenían población escolar total de 112.000 alumnos, de los cuales el 35% eran hijos de la nobleza y de los jefes del gobierno, el 10% hijos de los grandes empresarios y comerciantes, el 14,5% hijos de los campesinos ricos. Por lo tanto, el 70,8% del alumnado pertenecía a las clases dominantes, como hijos de las grandes fortunas. El alto costo de admisión, además de las limitaciones de clases y de normas establecidas hacía imposible a los trabajadores dar una educación superior a sus hijos.

El gobierno soviético dio acceso a las escuelas de educación superior a todos los ciudadanos de la URSS. Las puertas de los colegios y universidades de la URSS están abiertas para todos los graduados de la escuela secundaria. No existe la mínima limitación de nacionalidad, raza, condición social o económica en las instituciones educativas soviéticas. Las mujeres disfrutan de los mismos derechos que los hombres para ingresar en cualquier institución de educación superior de la URSS. En la Unión Soviética, el 43% de los estudiantes de colegios y universidades son mujeres.

Las sumas establecidas por el gobierno soviético para el desarrollo de la educación superior aumentan año tras año. Por ejemplo, la suma asignada por el Gobierno para la educación superior aumentó de 86 millones de rublos en 1934 a 219 mil millones de rublos en 1938.

A pesar del enorme aumento del número de instituciones de educación superior y de la masa estudiantil, el rápido desarrollo de la economía nacional de la URSS requiere, todavía, un mayor número de personas capacitadas en todos los campos del conocimiento.

Las instituciones de educación superior de la URSS preparan expertos en 178 ramas de la ciencia, de la tecnología y de las artes. Entre las 716 instituciones de enseñanza superior soviéticas, 119 son institutos industriales, 29 institutos de transporte y comunicaciones, 84 escuelas de agricultura, 71 escuelas de medicina, 27 institutos económicos, 11 escuelas de derecho, 24 universidades generales, 211 institutos pedagógicos y de preparación de profesores, conservatorios de música, institutos de literatura, de arquitectura, etc.
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El papel de la colectividad en la educación

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Cuando hablamos de colectividad, tratando las ideas educativas de Makarenko, debemos considerar el término en mayor y menor medida. Tendremos en el primer caso el propio Estado Soviético y en el segundo, el grupo particular dentro del cual el niño es criado.

Como los métodos educativos son función de las exigencias del sistema social, la propia existencia del Estado Soviético determinará los patrones generales recesarios para la formación del ciudadano socialista.

De cualquier manera, en las grandes y en las pequeñas cosas, es la necesidad de todos la que debe determinar la conducta de cada uno y el individuo podrá pertenecer al grupo sólo cuando satisfaga las exigencias de esta.

Así, el ciudadano soviético ha puesto su vida por la constitución estalinista, que representa a las necesidades colectivas contra el individuo y determina sus derechos.

Así también el niño, miembro de una determinada colectividad, debe estar subordinado a las leyes, normas y exigencias de esta. Tales leyes, normas y exigencias no son dogmas morales preestablecidos y derivan de la necesidad de autoconservación existente en cualquier colectividad.

Las normas morales no preceden, pues, a la creación de la colectividad, igual que la constitución stalinista no precedió a la creación del Estado soviético.
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Cómo engordé buscando el hambre en la URSS

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Este informe fue escrito por William H. Duprey (miembro de la delegación de obreros enviado a la URSS, del Sindicato de los Obreros Textiles Unidos de América y de la Federación Americana del Trabajo) y publicado en 1936 en un pequeño libreto de 16 páginas por la Asociación de Amigos de la Unión Soviética del distrito de Nueva Inglaterra (Newbury Street, 12, Boston, Massachusetts), con el título original “How I Got Fat Looking for Starvation in Soviet Russia“.

 

 

Prólogo

 

Fui uno de los doce obreros y campesinos elegidos por los respectivos sindicatos y organizaciones fraternales, bajo los auspicios de la Asociación de Amigos de la UniónSoviética, para visitar la URSS y relatar cómo funciona el socialismo en la práctica. William Randolph Hearst y su cadena de periódicos como el Boston American, el Boston Advertiser, el New York Evening Journal, y otros, han difundido informaciones acerca de que no existen verdaderos sindicatos en la Unión Soviética, de que los ciudadanos soviéticos pasan hambre, de que la Unión Soviética está gobernada por un dictador. Obreros y campesinos fuimos enviados para averiguar si lo que Hearst decía era verdad o mentira. Para ver cómo trabajan y se divierten los ciudadanos soviéticos, lo que comen, cómo funcionan sus sindicatos y explotaciones agrícolas colectivas, si hay desempleo, qué protección tienen en la vejez y en la invalidez, cómo son tratadas las mujeres y los niños, y muchas otras cuestiones.

Entre nosotros había representantes de varios sindicatos, cooperativas y otras organizaciones(1). Cuatro de nosotros somos miembros del Partido Socialista. Había un pequeño agricultor de Michigan, un productor lechero de Winsconsin, un profesor de escuela y un médico. Estaban también representadas varias nacionalidades: lituana, italiana, polaca, judía, afroamericana y franco-canadiense. Entre nosotros también había católicos y protestantes.

Fui elegido en un encuentro realizado en New Bedford, Massachusetts, por obreros textiles y otros, y apoyado por el Sindicato de los Tejedores(2). Varias organizaciones ligadas a la iglesia y clubes religiosos ayudaron a reunir el montante necesario para el viaje.

Soy ayudante de obrero de hilado y trabajo en el proceso final del hilo de algodón, reuniendo y recortando los extremos antes de que entren en los telares. Gano 16,70 dólares por semana. Soy católico practicante, miembro activo del Partido Socialista y ex-miembro de la Guardia Nacional. Frecuenté la escuela parroquial y dejé de estudiar en el sexto curso para comenzar a trabajar. Mi padre es un trabajador textil, miembro del sindicato desde hace cuarenta y cinco años. Soy de ascendencia franco-canadiense, y en casa siempre hablamos tanto inglés como francés.

Es todo sobre quienes somos. Lo más importante es lo que sigue: lo que vimos en la Unión Soviética.
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¿Quién reeduca a quién?

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El siguiente documento es de gran valor histórico, político y, sobre todo, ideológico, ya que expresa la lucha de las masas chinas por hacer la revolución en la educación, contribuyendo a la construcción del comunismo en China. Se trata de una crítica realizada por las masas chinas, dirigidas por el Partido Comunista de China y guiadas por el Presidente Mao Tse-tung, al revisionismo soviético jruschevista en el campo de la educación, a partir de un exhaustivo análisis científico de la obra “Pedagogía” de N.A. Kairov, verdadero tratado de educación revisionista en la URSS, editado después del XX Congreso del PCUS.

 

 

“¿Quién reeduca a quién?”

(Crítica al libro de N.A. Kairov, “Pedagogía”)

 

La “Decisión del Comité Central del Partido Comunista de China sobre la Gran Revolución Cultural Proletaria“, elaborada por medio de la dirección personal del Presidente Mao Tse-tung, dice: “Reformar el antiguo sistema educativo, así como los antiguos principios y métodos de enseñanza, es una tarea extremadamente importante para la Gran Revolución Cultural Proletaria actualmente en marcha“. En este momento debemos proseguir esta tarea “extremadamente importante” formulada por el Presidente Mao.

Una tarea importante de la revolución proletaria en la educación, es la necesidad de persistir en la crítica revolucionaria de las masas, a través del pensamiento de Mao Tse-tung, con el fin de liquidar la perniciosa influencia de la línea revisionista contrarrevolucionaria introducida en la enseñanza por el renegado Liu Shao-chi, agente del enemigo y traidor de la clase obrera. Los fundamentos teóricos de esta línea se encuentran en el tratado “Pedagogía“, escrito por N.A. Kairov, “eminente” obra de la educación revisionista en la URSS. El primer capítulo de la edición de 1956 muestra que tal tratado contribuyó a la realización de las “nuevas tareas en el ámbito de la educación definidas por el XX Congreso” de los revisionistas soviéticos y que todas apuntan al mismo objetivo: la restauración del capitalismo. Poco después del comienzo de la revolución socialista en China, Liu Shao-chi y sus agentes en el ámbito de la cultura y la educación -Lu Ting-yi y sus secuaces- designaron tal obra de Kairov como un manual de enseñanza para las escuelas de formación docentes del país .

Buscaban, de esta manera, oponerse a la línea proletaria del Presidente Mao. En 1957 enviaron al mismo Kairov a Pekin y Shanghai, especialmente para permitirle difundir su absurda teoría. En esta ocasión, Liu Shao-chi lo recibió personalmente y tuvo una entrevista “a pecho descubierto” con él. En 1958, nuestros profesores y alumnos revolucionarios, siguiendo la línea revolucionaria proletaria del Presidente Mao, promovieron la revolución en la enseñanza y criticaron despiadadamente a Kairov y su “Pedagogía“. Lu Ting-yi salió en defensa de Kairov y trató de sabotear este potente movimiento revolucionario, afirmando, en un gran estallido, que “Pedagogía” era un “libro socialista“. Al exponer la ley de la lucha de clases durante el período socialista, el Presidente Mao dijo: “El proletariado quiere transformar el mundo según su propia concepción del mundo y la burguesía según la suya. Por lo tanto, en este sentido, no está decidido quién prevalecerá, si el socialismo o el capitalismo“. ¿Quién reeduca a quién? ¿Debemos transformar las viejas escuelas burguesas según la concepción del Presidente Mao sobre la educación proletaria o permitir que el sistema educativo de Kairov reine en nuestras escuelas? Se trata de una encarnizada lucha entre el proletariado y la burguesía al frente de la educación. Por lo tanto, es esencial analizar y criticar la obra “Pedagogía” de Kairov, con la ayuda del marxismo, del leninismo y del pensamiento Mao Tse-tung para desarrollar en profundidad la revolución en la educación.
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La Revolución Cultural: Logros en Educación y Cultura

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La Revolución Cultural, según proclama la “guía de estudio” de la mayoría de los programas occidentales sobre el tema, siguiendo la “historia oficial” del gobierno anti-maoísta de China, sumió al país en una edad de tinieblas.

Sin embargo, ocurrieron las cosas más extraordinarias.

Educación: Expansión e innovación

 

Empecemos con la educación. Comúnmente acusan a Mao de oponerse al aprendizaje y a la educación. Jung Chang y Jon Halliday en “Mao: The Unknown Story” (Mao: La historia desconocida) sostienen que Mao consignó a la mayoría de la población a ser “trabajadores esclavos analfabetos o semialfabetizados”. Esto es poner la realidad patas arriba.

Prueba 1: Se multiplicaron los recursos educativos en las zonas rurales.

De 1965 a 1976, la inscripción en la escuela primaria aumentó de 115 millones a 150 millones de alumnos, y la de escuela secundaria aumentó de 15 millones a 58 millones, o sea, casi cuatro veces más. Los campesinos tenían acceso a una red de primarias en cada aldea, secundarias integradas para varias aldeas y preparatorias para las comunas. En la sierra, tenían “salones ambulantes”, que viajaban de aldea a aldea. De 1973 en adelante, el 90% de los niños de edad escolar estudiaban. En los años 70, la entrada de obreros y campesinos a la universidad aumentó muchísimo.

Prueba 2: Atacaron el elitismo en la educación universitaria.

Antes de la Revolución Cultural, las universidades eran exclusivamente para los hijos e hijas de los miembros del partido y de las clases privilegiadas. Los niños competían por medio de pruebas para entrar a una jerarquía de escuelas preparatorias cada vez más selectas. Durante miles de años, el sistema de educación feudal confucionista creó una minoría selecta de gente culta que gozaba de privilegios y vivía alejada de la gente común y del trabajo productivo.

La Revolución Cultural abolió ese sistema de selección por medio de pruebas competitivas. Al graduarse de la prepa, los alumnos iban al campo a vivir y trabajar, o trabajaban en fábricas. Después de dos o tres años, cualquier estudiante, sin importar su origen, podía solicitar admisión en la universidad. Como parte del proceso de admisión, su unidad de trabajo lo evaluaba y daba una recomendación.
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Qué se debe hablar de Lenin a los escolares y cómo

Lenin's Speech at the IIIrd Congress of the KomSoMol

 

 

Algunos piensan que sólo se debe hablar a los niños de la infancia de Lenin, que únicamente eso les interesa. No es cierto. A nuestros niños les interesa toda la vida de Lenin. Los guías del Museo de Lenin son testigos fehacientes de ello.

Hay que hablarles, naturalmente, de la infancia de Lenin, pero ¿cómo? No hay nada peor que presentar a Ilich, y eso estuvo de moda en algún tiempo, como un chico modelo, afable, aplicado, que no hacía travesuras, es decir, como sobresaliente en el estudio. Otros añadían que Ilich era un niño especialmente dotado. Hay que hablar de otro modo de la infancia de Lenin. Es preciso hablar del padre de Ilich, de que procedía de una familia pobre y de que fue director de las escuelas primarias. Hay que recordar que aquellos tiempos eran muy duros, que la vida de los campesinos era muy penosa, que en la aldea reinaba la ignorancia y que en todo se advertían las consecuencias del régimen de servidumbre. El padre de Ilich odiaba a este régimen. Quería que la vida mejorara y dedicó todo su tiempo y energías a la organización de escuelas para hijos de campesinos. Ilich oyó hablar mucho de la dura suerte de los campesinos a la niñera, mujer a quien quería mucho y a la que le limpiaba cuidadosamente los lentes. Ilich escuchaba con atención las conversaciones de su padre con los demás maestros. A Iliá Nikoláievich le entusiasmaban las poesías de Nekrásov y de los poetas de la Iskra que censuraban con acritud al régimen y a la intelectualidad de aquella época. Hay que hablar de lo que se escribía entonces en los libros para los niños, de La cabaña del tío Tom, de América, de la guerra de los Estados del Norte contra los del Sur por la liquidación de la esclavitud de los negros y de cómo resaltaba sobre este fondo la opresión de los “no rusos” por el zarismo. Iliá Nikoláievich se preocupaba de los niños chuvashios y morduanos y de su instrucción. Ilich se comportaba muy bien en la escuela con los muchachos de otras nacionalidades. Es preciso hablar de la sublevación polaca y de la represión que desencadenó el gobierno zarista contra los polacos sublevados. Hay que hablar de la sensación que produjo en 1881 el asesinato de Alejandro II, de que Ilich escuchaba atentamente las conversaciones del hermano mayor y la hermana, de que decidió con firmeza ser revolucionario, de la impresión que le produjo el encarcelamiento y la ejecución de su querido hermano mayor y de la claridad con que vio que había que seguir otro camino: el de la lucha de masas de la clase obrera.

Los niños deben saber cómo se preparó para ser revolucionario, dedicando cada instante libre a leer libros sobre la lucha de la clase obrera y la revolución, en vez de patinar y estudiar latín, idioma que tanto le gustaba, de cómo creció y se educó el Ilich pensador y revolucionario, que sabía observar la vida.
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En torno al problema de la educación comunista de la juventud

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En torno al problema de la educación comunista de la juventud

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Para enfocar cabalmente el problema de cuál debe ser la educación comunista de la juventud, hay que tener en cuenta, ante todo, que clase de hombre ha de ser el comunista, que debe saber, a que debe aspirar y cómo debe actuar.

El comunista es, ante todo, un hombre social, con instintos sociales muy desarrollados, deseoso de que todos los hombres vivan bien y sean felices.

Los comunistas pueden proceder de todas las clases de la sociedad, pero de donde salen más comunistas es de los medios obreros. ¿Por qué? Porque las condiciones de vida de los obreros fomentan en ellos instintos sociales: el trabajo colectivo, cuyo éxito depende de los esfuerzos comunes, el ambiente común de trabajo, las impresiones comunes y la lucha común por lograr condiciones humanas de existencia. Todo ello acerca a los obreros entre sí y los une con lazos de solidaridad de clase. Tomemos la clase de los capitalistas. Las condiciones de vida de esta clase son completamente distintas. La competencia hace que cada capitalista vea en otro capitalista un competidor al que debe ponerle la zancadilla; el capitalista ve en el obrero solamente “brazos” que deben trabajar para proporcionarle beneficio. La lucha común contra la clase trabajadora cohesiona a los capitalistas, pero no existe en la clase de los capitalistas esa unidad interior, esa fusión con la colectividad que vemos en los obreros -éstos no tiene nada que repartir entre ellos-, la solidaridad capitalista está corroída por la carcoma de la competencia. De ahí que en los medios obreros abunden los hombres con instintos sociales desarrollados, mientras que en los medios capitalistas son muy escasos.

El instinto social tiene mucha importancia y contribuye con frecuencia a encontrar intuitivamente una salida acertada de la situación, a hallar el verdadero camino. Por eso, al depurar las filas del Partido Comunistas Ruso, se miraba si los militantes pertenecían o no a los medios obreros. El que pertenece a los medios obreros se corrige más fácilmente. A finales de la década del 90 y a principios del siglo XX (1896-1908), la intelectualidad rusa -viendo la facilidad con que los obreros, gracias al instinto de clase, comprendían lo que a los intelectuales les costaba gran trabajoexageraba la importancia del instinto de clase. Rabóchaia misl (“Pensamiento obrero”), uno de los periódicos socialdemócratas clandestinos, llegó a decir que los socialistas sólo podían salir de los medios obreros…

El instinto de clase -en la clase obrera coincide con el social- es una condición indispensable para ser comunista. Es indispensable, pero no suficiente.

El comunista ha de saber muchas cosas. En primer lugar, debe comprender que ocurre a su alrededor y conocer el mecanismo del régimen existente. Cuando empezó a desarrollarse el movimiento obrero en Rusia, los socialdemócratas se preocuparon, ante todo, de difundir entre las masas folletos como “De que vive cada cual y Jornada de Trabajo“, de Dyksztajn(1). Pero no basta comprender el mecanismo del régimen capitalista. El comunista debe estudiar las leyes del desenvolvimiento de la sociedad humana. Ha de conocer la historia del desarrollo de las formas económicas, del desarrollo de las formas del Estado. Debe comprender su interdependencia y saber cómo surgen las concepciones religiosas y morales en determinado régimen social. Después de conocer las leyes del desenvolvimiento de la sociedad humana, el comunista debe tener una idea clara de hacia dónde se encamina el desarrollo social. Debe concebir el comunismo no sólo como un régimen deseable, donde la felicidad de unos no se edificará sobre la desgracia de otros, ha de comprender también que el comunismo es precisamente el régimen hacia el cual marcha inevitablemente la humanidad y que los comunistas deben desbrozar el camino a este régimen y contribuir a su rápida implantación.

En los círculos obreros que surgieron en los albores del movimiento proletario de Rusia, se estudiaba economía política con el fin de conocer la estructura de la sociedad moderna e historia de la cultura (la historia de la cultura se contraponía a la exposición habitual de la historia, que no era otra cosa que un conglomerado de hechos históricos de diversa significación). Por eso, en los círculos de aquel tiempo se leía el primer tomo de “El Capital“, de Karl Marx, y “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado“, de Friedrich Engels.

En 1919 me tropecé con el siguiente fenómeno en Rabotki, pueblo de la región de Nizhni Nóvgorod. Los maestros me contaron que en la escuela secundaria explicaban economía política e historia de la cultura, porque los alumnos habían exigido unánimemente que se incluyeran estas disciplinas en el programa de las escuelas secundarias.

¿Por qué había surgido ese deseo, tan precisamente formulado, en los adolescentes campesinos de un pueblo del Volga donde todos los vecinos se dedican exclusivamente al transporte fluvial y a la agricultura? No cabe duda que el interés por la economía política y la historia de la cultura fue llevado a Rabotki por algún obrero que había asistido en otro tiempo a un círculo y había explicado a los muchachos que debían aprender.

Sin embargo, en los momentos actuales, el comunista ruso no debe saber solamente eso. La Revolución de Octubre ha dado a Rusia la posibilidad de construir en gran escala con vistas al comunismo. Mas para aprovechar esta posibilidad es preciso saber lo que hay que hacer ahora para avanzar aunque sólo sea un paso hacia el comunismo; es preciso saber que se puede lograr ahora y que no se puede lograr; es preciso saber cómo se ha de construir la nueva vida, y, sobre todo, conocer a fondo la rama de trabajo a que uno se dedica, y dominar el método comunista de enfocar los problemas. Por ejemplo, para organizar bien la sanidad en el país hay que conocer, en primer lugar, el asunto y, en segundo lugar, saber cómo estaba organizada antes en Rusia, cómo lo está en otras naciones y, por fin, hay que abordar la cuestión al estilo comunista: hacer propaganda entre los trabajadores, interesarlos, incorporarlos a la labor sanitaria. Hay que saber cómo se hace esto y saber hacerlo. Resulta que el comunista, además de saber que es el comunismo y por qué es inevitable su advenimiento, tiene que conocer bien lo que hace, saber llegar a las masas, influir en ellas y convencerlas.

En su vida personal, el comunista debe guiarse siempre por los intereses del comunismo. Esto significa que si el éxito de la causa comunista requiere dejarlo todo y marchar al sitio de más peligro, el comunista lo hace, aunque no sienta ningún deseo de abandonar las comodidades de la casa. Esto significa que por muy difícil e importante que sea la misión que se le encomiende al comunista, éste procura cumplirla en la medida de sus fuerzas y aptitudes: va a combatir al frente, a trabajar durante los Domingos Rojos, a requisar valores, etc. Esto significa que el comunista supedita siempre sus intereses personales a los intereses generales. Esto significa que el comunista no observa con indiferencia lo que pasa a su alrededor, sino que lucha activamente contra lo que perjudica a la causa del comunismo, a los intereses de los trabajadores y, por otra parte, defiende activamente estos intereses, considerándolos como suyos.

Al depurar el Partido han sido expulsados:

a) los logreros, es decir, los que ponen sus intereses personales por encima de los intereses de la causa comunista;

b) los que ven con indiferencia el comunismo y no mueven un dedo para contribuir a implantarlo, los que se han aislado de las masas y no procuran acercarse a ellas;

c) los que no gozan del respeto y del cariño de las masas;

d) los groseros, los presuntuosos, los hipócritas, etc.

Para ser comunista:

1) se ha de saber que tiene de malo el régimen capitalista, hacia dónde se encamina el desarrollo social y cómo se ha de contribuir a la rápida implantación del régimen comunista;

2) se ha de saber aplicar los conocimientos a lo que se hace;

3) se ha de ser fiel, en cuerpo y alma, a los intereses de las masas trabajadoras y al comunismo.

Pasemos ahora al problema de la educación comunista de la juventud.

La Gran Revolución y la situación revolucionaria han despertado en la juventud fogosa y entusiasta un profundo interés por la vida social. Esto atañe tanto a la juventud obrera como a la campesina y a la intelectual. La juventud se siente atraída por el comunismo.

No se debe ahogar este afán, sino, al contrario, hay que alentar y desarrollar los instintos sociales de la juventud despertados por la revolución.

¿Cómo hay que alentarlos? En primer lugar, es indispensable que el Komsomol dé a cada uno de sus afiliados la posibilidad de trabajar de una forma u otra en pro de la causa del comunismo, de no ser un observador pasivo de la construcción del comunismo, sino un artífice activo de él. La causa por la que uno trabaja y en la que pone un pedacito de su yo se hace más querida. Para que todos puedan encontrar en las filas del Komsomol una labor en consonancia con sus fuerzas y deseos, éste debe tener la suficiente vitalidad y flexibilidad, estar unido por millares de hilos con la gigante labor creadora que ahora se realiza en el país. La participación en ella proporcionará destreza y hábitos de organización que tanto necesitamos los rusos.

El Komsomol debe enseñar a sus afiliados a trabajar colectivamente, llevando a cabo en todas las partes una inteligente división del trabajo, educando en ellos el sentido de la responsabilidad por su labor ante la colectividad, fomentando la disciplina laboral e inculcándoles una actitud comunista ante la construcción de una vida nueva. El éxito de esta labor educativa depende enteramente de las proporciones del trabajo del Komsomol, de su grado de organización y del acierto con que plantee todas las cuestiones.

El Komsomol debe estudiar tanto la educación del carácter y la entereza como el saber hablar y pronunciar discursos…

A la par que educa su carácter, los instintos sociales y adquiere hábitos prácticos de trabajo, el joven militante del Komsomol debe esforzarse por formar su concepción del mundo. En Rusia este trabajo se entrelaza con la autocapacitación. Nos encontramos en condiciones más ventajosas que la juventud de Europa Occidental en el sentido de que estamos menos influidos por concepciones y prejuicios burgueses, pero tropezamos con muchas más dificultades en el sentido de que la inmensa mayoría de los jóvenes obreros y, sobre todo, de los campesinos carece del mínimo de conocimientos generales. Y sin ellos es imposible dominar el marxismo. Nuestros jóvenes tienen que estudiar y estudiar aprovechando todos los momentos libres y todas las oportunidades para superar lo que les impide ser comunistas conscientes.

Es preciso también estudiar tenazmente para adquirir los conocimientos fundamentales del marxismo científico, que son necesarios para orientarse en los problemas complejos de la realidad y no desconcertarse ante situaciones a primera vista incomprensibles.

Notas:

(1)Dyksztajn: socialdemócrata polaco, autor del famoso De que vive cada cual en el que se explica el mecanismo de obtención de la plusvalía. Este libro era muy popular en los círculos clandestinos. (Nota de N. Krúpskaia.)

De un artículo aparecido en la revista “Yuni kommunist” (“Joven comunista”) Nº 8-9, año 1921.

La perspectiva

ImagenAntón Makarenko

El verdadero estímulo de la vida humana es el mañana dichoso. En la técnica pedagógica, esa alegria de mañana constituye uno de los objetos más importantes del trabajo. Debe comenzarse por organizar Ia propia alegría, hacerla aflorar a Ia vida y presentarla como una realidad. Después hay que transformar insistentemente tipos mas sencillos de alegría en otros más complejos y de mayor importancia humana. En todo esto existe una línea interesante: desde Ia satisfacción primitiva más simple basta el más profundo sentimiento del deber.

Lo más importante que acostumbramos a valorar en el hombre son su fuerza y su belleza. Una y otra se determinan exclusivamente de acuerdo con la actitud que mantiene hacia la perspectiva. La persona que determina su conducta basándose en el futuro más inmediato es Ia más debil. Si se contenta únicamente con su propia perspectiva, aunque sea lejana, puede parecernos fuerte, pero no suscita en nosotros sensación de belleza personal y valor auténtico. Cuanto más amplia es la colectividad, cuyas perspectivas son también para el hombre las suyas personales, tanto más bella y sublime es Ia persona.

Educar a una persona significa acostumbrarle a tener miras futuras. La metodología de este trabajo reside en trazar nuevas perspectivas, en utilizar las ya existentes y en plantear paulatinamente otras más valiosas.

Se puede comenzar también por una buena comida y Ia asistencia a una sesión de circo; pero también hay que hacer aflorar a Ia vida, ampliar gradualmente las perspectivas de toda Ia colectividad y elevarlas al nivel de las de toda Ia Unión Soviética.

Los fracasos de muchas instituciones infantiles, de casas y colonias de niños dependen de Ia debilidad e incertidumbre de sus perspectivas. Incluso establecimientos infantiles, bien dotados de todo, si no organizan esto no conseguirán buen trabajo ni tendrán disciplina. Sigue leyendo