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La lírica socialista

Franz_Mehring

 

En este artículo, escrito en 1897, Franz Mehring nos da a conocer la poesía revolucionaria alemana de mediados del siglo pasado, revela la influencia que esta ejerció sobre Marx y Engels y el apego que los inmortales maestros del proletariado tenían por este hermoso género de la literatura y del arte.

 

Entre los brotes generados por el socialismo alemán en la década de 1840 del siglo pasado, la poesía socialista no era de los más débiles. Todavía estaba viva en la literatura la fuerte tradición de la época clásica de la burguesía alemana, y la súplica del proletariado por ayuda encontraba un sonoro eco. Este eco era débil en la Alemania Oriental y poderoso en la Alemania Occidental, pero particularmente potente especialmente entre los emigrantes alemanes, entre los poetas que, en palabras de uno de ellos “ihrer Lieder Schwert westwarts getrieben hat” (“la espada de sus canciones los juzgó en Occidente”).

Las poesías de Karl Beck (1), Meissner (2) y Lenau (3), estaban repletas de una revuelta contenida y llenas de vaga esperanza por su liberación. En las canciones sobre los pobres, Beck lanza contra la familia de los Rothschild -ese rey de reyes- un conjunto de pesadas acusaciones, y amenaza a este dominador de esclavos con el juicio de los libres. Meissner veía los rostros anémicos de los niños allí donde “las altas chimeneas de las fábricas vomitaban humo y donde las ruedas de hierro, en medio de un gran ardor, marcaban el ritmo de una danza pesada”; expresó su repulsa contra el Mesías que había prometido a los niños el reino de los cielos. Lenau sentía más profundamente que ellos la pesada agonía de la muerte en la semi-oscuridad antes del amanecer, con deseos ardientes, con enormes sufrimientos; comprendía más claramente que ellos que habían entrado en una nueva era, como antes habían entrado su albigenses (4). Su tumultuosa sensación de libertad la expresó en la maravillosa Visión, la que Marx, en apoyo de su verdad enteramente filosófica, repitió incluso cuando el sol de la ciencia derramó en su obra rayos de luz.

La luz del sol no elude el camino
Como no se oculta el nacer del sol con
mantos rojos o con sotanas negras.
Después de los albigenses vienen los husitas (5) y
reciben el pago sangriento por los
sufrimientos de los antepasados.
Inmediatamente después de Huss y Ziska (6) viene Lutero (7)
Hutten (8),
La guerra de los 30 años, los combatientes
de Zevenn (9),
los destructores de la Bastilla y otros.
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Hegel y la enajenación

Ilienkov Hegel

 

Cualquier intento de reanalizar críticamente la filosofía hegeliana del derecho tropieza inmediatamente con los agudísimos problemas de nuestro siglo XX, y precisamente con aquellos que prácticamente todavía no han sido resueltos. Por eso Hegel se convierte inmediatamente en pretexto para el descubrimiento de las discrepancias actuales, y cualquier interpretación de Hegel es implícitamente expresión de una u otra posición ideológica (consciente o inconscientemente).En especial esto se cuenta precisamente en la filosofía del derecho, por cuanto se trata aquí directamente sobre aquellas cosas como el Estado, la propiedad, la sociedad y la personalidad, etc. Como resultado, Hegel se presenta como una representación a su manera no desarrollada de la contemporaneidad, del siglo XX, als seiner Keim(1). Por esta causa las interpretaciones de Hegel siempre tienen –sea o no evidente– un objetivo sobreentendido: “Das Böse im Keim zu ersticken”(2). O al revés: “Das Gute im Keim zu pflegen”(3). Esto es claro en aquellos giros del lenguaje como, por ejemplo, el “Criptohegelianismo de Stalin”(4), que, a propósito, más bien significan lo contrario: “Criptostalinismo de Hegel”…

Sin embargo, qué se considera aquí por “malo” y qué por “bueno” se establece –de suyo se comprende– independientemente por completo de la consideración del propio Hegel, podemos decir: “a priori”.

Por lo visto, esto es imposible de esquivar. ¿Y acaso hará falta? Pues precisamente por eso Hegel está hoy todavía vivo: porque están vivos (esto es, permanecen sin solución) aquellos problemas que él pudo plantear. Aquellos mismos problemas en relación con los cuales la “Weltgeschichte als das Weltgericht”(5) aún no ha pronunciado su última palabra. La filosofía hegeliana aunque no permite (aunque sea teóricamente) resolver tales problemas, sí permite al menos presentarlos, formarlos. Y esto ya es mucho.

El modo de solución (tanto teórica como prácticamente) de estos problemas es ya objeto de otra conversación, que va mucho más allá de los marcos de la consideración del propio Hegel. A la vista de tales problemas, que asumen en nuestros días una agudeza mucho mayor que en los tiempos de Hegel, pertenece también al famosos problema de la “enajenación”. En torno a este problema se ha escrito tanto que uno siente incluso un miedo involuntario pronunciando esta palabra. Más aún porque en relación al sentido que se encierra en ella no hay completo acuerdo ni siquiera entre los marxistas. Y la claridad en este punto claro que es necesaria, por cuanto con el concepto de “enajenación” está relacionada, en esencia, aquella etapa decisiva del desarrollo de las opiniones de Marx como filósofo, que fue definida por él mismo como “ajuste de cuentas con la dialéctica hegeliana”. No hay dudas de que el concepto de “enajenación” es poco menos que el concepto central de los “Manuscritos económicofilosóficos” y “Extractos de los economistas”.

Aquí, antes de pasar a lo siguiente, se impone hacer un pequeño aparte de carácter puramente lingüístico, decir algo sobre una circunstancia puramente externa, la cual resulta a veces una fuente complementaria de incomprensiones y mutuas divergencias. El asunto es que en lengua rusa el término “enajenación” encubre por lo menos tres términos alemanes no muy coincidentes: “Entfremdung”, “Entäusserung”, “Veräusserung”. Por esto en las traducciones rusas con frecuencia se eluden algunos matices (puede que muy importantes) del pensamiento de Marx; y precisamente en aquellos puntos donde se habla justamente sobre la contraposición de sus posiciones al sistema conceptual hegeliano. Para diferenciar “Entfremdung”, “Entäusserung” y “Veräusserung” no hay en la terminología filosófica rusa términos firmes y unívocos, y todos los intentos de crearlos han llevado hasta hoy a la aparición de construcciones muy desproporcionadas y claramente inviables.

Quisiera dirigir hacia esta circunstancia la atención de los camaradas alemanes que consideran el término “Entfremdung” en calidad de sinónimo total del modo específicamente capitalista de apropiación del plustrabajo, como significación filosófica abstracta y, por tanto, como absolutamente inaplicable a los fenómenos de la sociedad socialista, como “unglimpfliche Word”(6), como “Signum, unter dem manche Leute uniere sozialistische Staat und Partie schämen wollen”(7) (informe de H. Mende). Para mí no queda claro si es que este razonamiento se relaciona también con el término “Entäusserung”, si acaso es o no, además, una “Schimpfwort” (injuria).
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El Freudismo y los “Freudomarxistas”

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La afirmación del materialismo dialéctico como concepción filosófica que guía el análisis de los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad, se reviste de gran importancia para la propaganda marxista. Hoy en día, con la profundización de la crisis general del capitalismo -que también se extiende a la esfera de las ideas- se asiste a una proliferación de falsas teorías cuyo alcance es desorientar a la gente y ensombrecer su perspectiva. En este artículo, que guarda actualidad en sus aspectos fundamentales, el autor critica los puntos de vista idealistas del psiquiatra vienés Sigmund Freud y sus seguidores y combate los intentos de los “freudomarxistas” por encontrar una convergencia entre el marxismo y el freudismo.

Freud sacudió el mundo. Son numerosos aquellos que piensan que el psicoanálisis cambiará la faz de la tierra“. Así se expresa uno de los discípulos de Freud en Europa Occidental, F. Wittels.

El propio Freud se iguala a Copérnico y a Darwin. Sus teorías, mal acogidas por el “gran público” poco después de 1890, da hoy a la Europa burguesa un nuevo Evangelio. Freud, objeto de un entusiasmo general, es llevado a las nubes. Para muchos socialdemócratas, él reemplazó a Marx.

Este entusiasmo penetró hasta en la URSS. Es innecesario decir que no tiene, ni podría tener, en la sociedad soviética, la extensión que tiene en los países de Occidente. Ha encontrado muchos antídotos en la URSS.

Si, en los países de Occidente, socialdemócratas y personalidades de “extrema izquierda” como Henriette Roland-Holst hacen del freudismo el “complemento” del marxismo, en la URSS, marxistas, o mejor dicho, marxistas deplorables como M.A. Reissner, manifestaron la misma tendencia. El profesor Reissner es el autor de las siguientes líneas:

Sólo la aplicación de la dialéctica materialista, de la doctrina de Marx, puede liberar a los preciosos gérmenes del freudismo de la envoltura ideológica de la sociedad burguesa, de las deformaciones metafísicas idealistas, de las contradicciones y de las incoherencias. La ciencia marxista debe encontrar en sí misma las fuerzas y la capacidad de someter a un nuevo trabajo de elaboración la enorme documentación acumulada por Freud y también continuar la línea monista y materialista que Freud siguió antes que nada. Sólo los participantes de la lucha de clases del proletariado podrán forjar, a través de la teoría de Freud, una nueva arma contra la neurosis colectiva de la religión.

Se recomienda encarecidamente los elementos del psicoanálisis a los psicólogos y a los sociólogos marxistas, pues ahí van a encontrar las fuentes extremadamente fértiles del enriquecimiento y de la profundación de sus investigaciones“. (1)
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La construcción orgánica del Partido Bolchevique en el periodo de ilegalidad

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La formación del partido marxista de la clase obrera tuvo lugar en Rusia en condiciones particulares y difíciles que se distinguen de las condiciones en las que se organizan los partidos obreros en occidente.

¿En que consistían estas condiciones particulares de surgimiento del partido marxista en Rusia?

En primer lugar, en Rusia imperaba un cruel absolutismo, que con ferocidad nunca vista, perseguía cada paso del movimiento obrero revolucionario en el país, mientras que en la mayoría de países de Europa occidental estos partidos surgieron como organizaciones legales.

No había en Rusia ningún tipo de organización de la clase obrera como son las organizaciones corporativistas, sindicales, cooperativas, educacativas y otras organizaciones de masas las cuales el partido proletario pudiese apoyar.

Si uno mira, sin embargo, otros países, se encontrará con que antes de surgir el Partido ya había allí numerosas organizaciones de masas del proletariado.

El partido de la clase obrera en Rusia se formó en la nueva era, la era del imperialismo. Y el hecho de que en el país que había entrado en la fase de desarrollo imperialista, Rusia, se conservaran resabios de la servidumbre, presentaba a la clase obrera y a su partido la tarea de organizar la lucha no solamente contra el capitalismo, sino, sobre todo, contra la dominación de los terratenientes, contra las supervivencias de la servidumbre, contra el zarismo. Solamente después de haber derrocado el zarismo sería posible despejar el camino para la revolución socialista, para la aniquilación del poder del capital y para el establecimiento de la dictadura del proletariado.

En estas condiciones, el partido marxista de la clase obrera sólo podría surgir como Partido de lucha, como Partido de acción revolucionaria con una organización fuerte y flexible.
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La inevitabilidad del comunismo y la termodinámica

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La revolución socialista va a ganar: es un hecho que sigue el punto de vista de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Tse-Tung. Para ellos, no es una cuestión de azar, o de deber moral: la revolución socialista es “necesaria” y no depende de una “elección”.

Veamos las palabras del propio Mao Tse-Tung:

El sistema socialista terminará por reemplazar al sistema capitalista: ésta es una ley objetiva, independiente de la voluntad del hombre. Por mucho que los reaccionarios traten de frenar la rueda de la historia, tarde o temprano se producirá la revolución y, sin duda alguna, triunfará“. (“Discurso en la reunión del Soviet Supremo de la URSS para el 40 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre“, 6 de noviembre 1957)

“Ley Objetiva”: ¿Qué quería decir Mao con eso? ¿Se refería a que es una ley política? ¿una ley económica? ¿una ley moral? ¿Y no es extraño hablar de “ley objetiva” y decir que la voluntad humana es algo que no importa aquí?

De hecho, la concepción de Mao es comprensible solamente si uno sabe que para él, sólo hay una ley: la contradicción como única ley fundamental de la incesante transformación de la eterna materia.

Esta es la ley que hace que la revolución socialista sea inevitable. ¿Pero por qué? Si la materia se transforma, ¿por qué tendría que llevar al comunismo, y no, por ejemplo, de vuelta al feudalismo?
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Mujeres: El género nos une, la clase nos divide.

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La desigualdad de la mujer en el capitalismo se viene profundizando en los últimos años, sobre todo en los países explotados. La discusión de por qué se da eso se reviste de un carácter académico y todo lo que se refiere a la opresión de la mujer es rotulado como una cuestión de genero.

Después de las grandes movilizaciones feministas de los años 60 y 70, las mujeres volvieron a casa, y las discusiones feministas pasaron de las calles a las aulas de las universidades. Surgieron los llamados Estudios de la Mujer y, posteriormente, Estudios de Género, sobre todo en los países imperialistas, y la lucha por la liberación de la mujer perdió lo más progresivo que tenía: el método de lucha, las manifestaciones masivas, la movilización, que involucraba otros sectores de la sociedad. Bajo la dirección de corrientes de clase media e intelectuales, sin la participación masiva de la mujer trabajadora, la lucha feminista se volvió aún más reformista, contentándose con ampliar los espacios de la mujer en la democracia burguesa, como queda claro en esta declaración de la feminista argentina Mabel Bellucci: “La expresión Estudios de la Mujer identifica esa nueva empresa intelectual dispuesta a democratizar aquelllos espacios productores de conocimiento, donde las mujeres no se sienten representadas por estar excluidas como sujetos y objetos de estudio” .

En estos últimos treinta años, se produjo mucha literatura sobre el tema, en especial en Inglaterra, Estados Unidos, España, Italia y Francia. Los catálogos de las grandes editoriales y los programas de congresos, conferencias y cursos universitarios lo confirmam, así como la pluralidad de posiciones teóricas existentes. Tanto que ya se habla de teoría feminista, que fundamenta toda un área llamada estudios de género.

Dentro de los marcos del capitalismo, estos estudios son importantes porque tornan cada vez más visible la desigualdad de la mujer y, en algunos países, sobre todo en los países imperialistas, esta producción académica conseguió ampliar los espacios de la mujer en la sociedad. Sin embargo, es preciso polemizar con esta postura porque, al centrar la opresión de la mujer en la desigualdad de género, restringe su lucha en los marcos del capitalismo –tornándose una lucha por reformas dentro del sistema capitalista– e ignora el problema de clase, llevando a una política que busca unir a todas las mujeres, independientemente de la posición que ocupan en el modo de producción.
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El marxismo y los problemas de la lingüística

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Un grupo de camaradas jóvenes me ha pedido que exponga en la prensa mi opinión sobre los problemas de la lingüística, especialmente en lo que concierne al marxismo en la lingüística. Yo no soy un lingüista y, por supuesto, no puedo dar plena satisfacción a los camaradas. En cuanto al marxismo en la lingüística, lo mismo que en las demás ciencias sociales, con eso tengo relación directa. Por ello he accedido a dar respuesta a algunas preguntas hechas por los camaradas.
PREGUNTA: ¿Es cierto que la lengua es una superestructura de la base?

RESPUESTA: No, no es cierto. La base es el sistema económico de la sociedad en una etapa dada de su desarrollo. La superestructura la constituyen las concepciones políticas, jurídicas, religiosas, artísticas y filosóficas de la sociedad y las instituciones políticas, jurídicas, etc., etc., que les corresponden.

Toda base tiene la superestructura correspondiente. La base del régimen feudal tiene su superestructura, sus concepciones políticas, jurídicas, etc., etc., y las instituciones que les corresponden; la base capitalista tiene su superestructura, y la socialista, la suya. Si se modifica o se destruye la base, se modifica o se destruye a continuación su superestructura; si nace una nueva base, nace a continuación la superestructura correspondiente.

En este sentido la lengua se diferencia esencialmente de la superestructura. Tomemos, por ejemplo, la sociedad rusa y la lengua rusa. En el curso de los 30 años últimos, en Rusia ha sido destruida la vieja base, la base capitalista, y construida una base nueva, una base socialista. En consonancia, ha sido destruida la superestructura de la base capitalista y creada una nueva superestructura, que corresponde a la base socialista. Por consiguiente, las viejas instituciones políticas, jurídicas y otras han sido reemplazadas por instituciones nuevas, socialistas. Sin embargo, la lengua rusa ha continuado siendo, por su esencia, la misma que era antes de la Revolución de Octubre.

¿Qué ha cambiado desde entonces en la lengua rusa? Ha cambiado en cierta medida el vocabulario de la lengua rusa, ha cambiado en el sentido de que se ha visto enriquecido con un considerable número de nuevas palabras y expresiones, nacidas con la nueva producción socialista, con el nuevo Estado, con la nueva cultura socialista, con las nuevas relaciones sociales, con la nueva moral y, finalmente, con el desarrollo de la técnica y de la ciencia; muchas palabras y expresiones han cambiado de sentido y adquirido una significación nueva; cierto número de palabras ha caído en desuso, ha desaparecido del vocabulario. En lo que respecta al caudal de voces básico y a la estructura gramatical de la lengua rusa, que constituyen su fundamento, lejos de haber sido liquidados y sustituidos por un nuevo caudal básico y por una nueva estructura gramatical después de la destrucción de la base capitalista, se han conservado intactos y perviven sin ninguna modificación seria; se han conservado precisamente como fundamento de la lengua rusa contemporánea.

Prosigamos. La superestructura es engendrada por la base; pero eso no significa, en modo alguno, que la superestructura se circunscriba a reflejar la base, que sea pasiva, neutral, que se muestre indiferente a la suerte de su base, a la suerte de las clases, al carácter del régimen. Por el contrario, al nacer, la superestructura se convierte en una fuerza activa inmensa, coadyuva activamente a que su base tome cuerpo y se afiance y adopta todas las medidas para ayudar al nuevo régimen a rematar y destruir la vieja base y las viejas clases.

Y no puede ser de otra manera. La superestructura es creada por la base precisamente para que la sirva, para que la ayude activamente a tomar cuerpo y a afianzarse, para que luche activamente por la destrucción de la base vieja, caduca, y de su antigua superestructura. Basta que la superestructura renuncie a este su papel auxiliar, basta que pase de la posición de defensa activa de su base a la posición de indiferencia hacia ella, a una posición idéntica ante las distintas clases, para que pierda su calidad y deje de ser superestructura.
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El pensamiento de Mao Tse-Tung: Tercera etapa del Marxismo-Leninismo

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El pensamiento de Mao Tse-tung constituye una tercera etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo. Esta definición es de la mayor importancia revolucionaria en el presente. Así como la aceptación del leninismo, como segunda etapa del marxismo en la época monopolista del capitalismo, sirvió de piedra de toque para diferenciar a los revolucionarios auténticos, de los oportunistas y revisionistas de la segunda década del siglo XX, hoy por hoy la comprensión de que es el Maoísmo el que da respuesta a los principales problemas revolucionarios contemporáneos que enfrenta el proletariado, será decisiva. La aceptación y comprensión de este hecho y la aplicación de las enseñanzas de principio contenidas en el pensamiento de Mao Tse-tung a la práctica revolucionaria, permitirá también en la actualidad diferenciar a los verdaderos revolucionarios proletarios, de los oportunistas de “izquierda” y de los revisionistas contemporáneos.

Al plantear la afirmación que constituye el tema de este artículo, no nos estamos refiriendo a un problema que ya nadie discute, es decir, al hecho de que Mao Tse-tung realizó una genial y creadora aplicación del marxismo-leninismo a las condiciones concretas en que se desenvolvió la Revolución China, o al hecho también reconocido de que Mao desarrolló en forma más profunda algunos conceptos ya planteados por Marx, Engels o Lenin, enriqueciéndolos, además, con nuevas ideas. Estamos afirmando que el pensamiento de Mao Tse-tung inaugura una nueva etapa en el desarrollo del socialismo científico.

El concepto de etapas en el desarrollo del marxismo no puede ser un concepto arbitrario, que tienda a confundir cualquier aporte a él, por correcto que sea, con una etapa superior en su desarrollo. Sólo pueden considerarse como una etapa nueva en el desarrollo del marxismo aquellas concepciones que dan una respuesta correcta a cambios fundamentales acontecidos en la lucha de clases del proletariado contra la burguesía; a teorías que responden a modificaciones de importancia ocurridas en la forma como se manifiesta la contradicción básica de la sociedad capitalista, la contradicción entre la burguesía y el proletariado.

La idea de etapas en el desarrollo del marxismo es una idea inseparable de la naturaleza materialista y dialéctica del socialismo científico. El carácter materialista y dialéctico con que el marxismo concibe la realidad, lo obliga a aplicar de un modo diferente ciertos conceptos básicos y a formular nuevos conceptos, cuando así lo exigen cambios esenciales en la lucha de clases del proletariado contra la burguesía. Esta necesaria profundización y ampliación del marxismo en consonancia con los cambios objetivos importantes, no debe confundirse con la falsificación del marxismo que realizan los revisionistas. Estos oportunistas abandonan principios básicos del marxismo y los tergiversan -sin ningún fundamento en la realidad- para cumplir su papel de sirvientes de la burguesía, desorientando a las masas explotadas.
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Del materialismo formal al materialismo dialéctico

ImagenAugust Thalheimer

Fuentes del materialismo dialéctico

El progreso decisivo sobre el materialismo de Feuerbach fue realizado por Marx y Engels a partir del año 1840, es decir, algunos años antes de la revolución de 1848. El mismo Feuerbach había escrito en 1841, su libro “La esencia del cristianismo”, y en 1843 sus “Pensamientos sobre la filosofía del porvenir”. Pocos años faltaban para que Marx y Engels pudieran sobrepasar el punto que Feuerbach alcanzó. Feuerbach no era sino un filósofo revolucionario burgués, perteneciente a la tendencia más radical, más avanzada, de la revolución burguesa.

Marx y Engels comenzaron del mismo modo su carrera política, como revolucionarios burgueses radicales, para pasar en seguida al lado de la clase obrera y llegar a ser los fundadores del socialismo científico. Sólo convirtiéndose en revolucionarios socialistas y proletarios fue como pudieron sobrepasar la concepción burguesa radical.

Marx y Engels eran discípulos de Hegel y Feuerbach. Pero no sólo partiendo de la filosofía alemana fue como llegaron al materialismo histórico o dialéctico, sino que contribuyeron igualmente otros fenómenos de la época. Sobre todo la lucha de clases que por entonces se desarrollaba en Inglaterra. Era la época del movimiento cartista, el primer movimiento obrero moderno de gran importancia. En Inglaterra, que era en aquella época el país más desarrollado económicamente, podía advertirse fácilmente que la verdadera causa, la explicación de las luchas políticas, residía en la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado. Por otra parte, era evidente, para quién siguiese con atención la lucha de clases en Inglaterra, que ésta se explicaba por la situación económica de las dos clases en pugna, por el hecho de que la burguesía tenía en su mano el monopolio de los medios de producción y acumulaba riquezas sobre riquezas, mientras que la clase obrera, que no poseía dichos medios, estaba condenada a vender su fuerza de trabajo. Allí había que buscar, por consecuencia, la explicación materialista de los acontecimientos de la época. Friedrich Engels pasó muchos años de su juventud en Inglaterra, donde se interesó de cerca por el movimiento obrero y donde recibió los primeros estímulos que le condujeron poco a poco al materialismo histórico.

El segundo elemento que contribuyó a la formación del materialismo histórico fue el estudio de la Revolución Francesa, que influyó particularmente sobre Marx, residente entonces en París. Los escritores burgueses de la Revolución Francesa ya habían comprendido que los acontecimientos de esta revolución encontraban su significado en la lucha entre las diferentes clases de la sociedad. La concepción de la lucha de clases como fuerza motriz de la historia política se hizo particularmente clara para Marx gracias al estudio de la historia de la Revolución Francesa, mientras que Engels, por su parte, veía con precisión la base económica de la lucha entre el proletariado y la burguesía. La reunión de estos dos hombres, Max y Engels, la aplicación que hicieron a la historia del método dialéctico que aprendieron de Hegel y el paso que dieron con Feuerbach, del idealismo al materialismo, todo esto creó la base de la formación del materialismo histórico, así como la del socialismo científico. Sigue leyendo