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Lenin el orador

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Cuando Lenin subió a la tribuna y pronunció la palabra “camaradas” con la “r” muy suave, creí que no era un gran orador. Pero apenas pasó un minuto y yo, como todos los demás, estaba “absorto” con su discurso. Por primera vez escuché que se podía hablar sobre complicadísimos problemas politicos con tanta sencillez. Este orador no se esforzaba en hacer frases pomposas. Al contrario, parecía ofrecer cada palabra sobre la palma de la mano, empleándola con asombrosa facilidad en su sentido exacto.

Sería una dura tarea transmitir la excepcional impresión que produjo. Su brazo extendido hacia el frente, con la palma de la mano un poco orientada hacia arriba, como si la apoyase en cada palabra, citando las frases del adversario y rebatiéndolas con argumentos de peso, con pruebas del derecho y del deber de la clase obrera de proseguir por su propio camino y no ir a rebufo -ni siquiera hacia un lado- de la burguesía liberal.

Todo esto estaba fuera de lo común y Lenin lo decía como si no hablase por si mismo, sino realmente por la voluntad de la historia. La cohesión, el remate, la justicia y el vigor de su palabra, todo él en la tribuna parecía una obra de arte clásica en la que no falta ningún detalle y tampoco sobra nada, sin defectos, y, si los tiene, son casi imperceptibles por ser tan naturalmente necesarios como los ojos en la cara o los cinco dedos en la mano.
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GULAG

Gulag

 

Artículo que Viktor Zemskov (historiador durante la Perestroika) publicó en la revista “Investigaciones sociológicas” en el que aclara los datos sobre las estadísticas de prisioneros políticos del GULAG.

El objetivo del presente artículo es mostrar una estadística auténtica de los prisioneros del GULAG, una parte ya ha aparecido en artículos de A.N. Nudin, V.F. Nekrasov (1) y en el semanario “Argumenty i fakty”.

A pesar de la existencia de estas publicaciones, en las cuales se dan datos auténticos con su confirmación documental sobre el número de prisioneros del GULAG, la sociedad soviética y extranjera se encuentra completamente bajo la influencia de los datos estadísticos inventados que no se corresponden a la realidad histórica, contenidos en los trabajos de autores extranjeros (R. Conquest, S. Cohen y otros), así como en publicaciones de investigadores soviéticos (R.A. Medvedev, V.A. Chalikova y otros). Además, en los trabajos de todos estos autores la diferencia con las estadísticas auténticas nunca va en el sentido de la disminución sino exclusivamente en dirección de su aumento. Da la impresión de que compiten entre ellos para sorprender a los lectores con cifras, por decirlo de algún modo, astronómicas.

He aquí, por ejemplo, lo que escribe S: Cohen (extraído del libro de R. Conquest “El gran terror”, publicado en 1968 en los Estados Unidos): “… A finales de 1939 el número de prisioneros en cárceles y campos de concentración creció hasta los 9 millones de personas (en comparación con los 30 mil de 1928 y los 5 millones de 1933-1935” (2). En realidad en enero de 1940 había en los campos del GULAG 1.334.408 prisioneros, en colonias del GULAG 315.584 y en cárceles 190.266 personas. En total, entre campos, colonias y cárceles había 1.850.258 prisioneros (tabla 1), es decir, los datos ofrecidos por R. Conquest y S. Cohen están aumentados en casi 5 veces.

La investigadora soviética V.A. Chalikova repite a Conquest y Cohen, y dice: “Las cuentas, basadas en distintos datos, muestran que entre 1937-1959 se encontraban en los campos, que ocupaban superficies enormes, entre 8 y 12 millones de personas” (3). V.A. Chalikova da una cifra máxima de 12 millones de prisioneros en el GULAG (evidentemente en el concepto de “campo” incluye las colonias) para determinada fecha concreta, pero en realidad para el periodo de 1934 a 1953 la cifra máxima de prisioneros en el GULAG fue el 1 de enero de 1950 y fue de 2.561.351 personas (ver tabla 1). Por consiguiente, V.A. Chalikova, siguiendo a R. Conquest y S. Cohen, aumenta en unas cindo veces el número auténtico de prisioneros en el GULAG.

También hizo su aportación a la cuestión de la confusión en la estadística de prisioneros del GULAG N.S. Jruschev, que evidentemente, con el objetivo de aumentar el valor de su propio papel como liberador de las víctimas de la represión estalinista, escribió en sus memorias: “… Cuando murió Stalin, en los campos había 10 millones de personas” (4). En realidad, el 1 de enero de 1953 en el GULAG había 2.468.524 presos: 1.727.970 en campos y 740.554 en colonias (ver tabla 1). En el Archivo Central Estatal de la Revolución de Octubre se guardan copias de los informes de la dirección del Ministerio del Interior de la URSS enviados a nombre de N.S. Jruschev con indicaciones exactas del número de prisioneros, entre otros momentos a la muerte de Stalin. N.S. Jruschev estaba muy bien informado de la cifra real de prisioneros del GULAG y la aumentó en cuatro veces.

 

Tabla 1  (Pinchar en imágenes para aumentar)

Número de prisioneros del GULAG (a 1 de enero de cada año) (5)

Tabla1

* En campos y colonias.
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El teatro soviético durante la invasión nazi

Nina ShershnevaNina Shershneva era enfermera en el frente de combate

Extracto de la obra de Joracy Camargo, “El teatro soviético”, publicado a principios de los años 50, y muy esclarecedor sobre el gran pueblo ruso.

Afinoguenov profetizó la invasión nazi, y él mismo, dos o tres meses antes de ser destrozado en plena calle por una bomba aérea de Hitler, escribió la obra que determinaba el momento de la cobarde agresión. En la víspera, es el expresivo título de la obra de Afinoguenovel el que registra la atmósfera sugerente de aproximación de la catástrofe.

Ningún arte con más propiedad que el teatro podría establecer, para los observadores políticos, el estado de ánimo de los rusos en el día anterior al golpe traicionero del más digno aliado de Japón.

La primera escena tiene lugar el 21 de junio de 1941, la víspera de la invasión. Es noche cerrada, en un hermoso jardín a la orilla de un río por donde navega un barco de vapor y desde donde se pueden ver a lo lejos, las luces de Moscú. Están allí reunidos un general del Ejército Rojo, su familia y amigos, discutiendo sobre la posibilidad de una invasión nazi. El general cree que la invasión es inminente, pero nadie lo toma en serio.

Se desencadena una discusión, que toma los caminos más inesperados y asume diferentes aspectos. Algunos citan a Lermontov o a Tennyson; otros hacen referencias a Charles Dickens; algunos aluden a pasajes de “Guerra y Paz“, de Tolstoi, y una actriz recita las palabras que Chéjov puso en la boca de Olga en la escena final de su obra “Las tres hermanas“: “La noche es corta como las noches de junio en aquella región“. Comienza a amanecer. Algunos dicen: “Mañana será un día hermoso” “¿Mañana?” -pregunta el general, agregando: “¿Quién sabe lo que sucederá mañana?” El sol esconde su cabeza en el horizonte. Alguien propone: “¡Saludemos el amanecer con una canción!” Y todos comienzan a cantar en voz baja, cuando aparece, desde el interior de la casa, el hermano menor del general y lo lleva a una esquina para decirle: “Desde el cuartel general están solicitando su presencia urgentemente“. El general se retira en silencio, mientras que los otros siguen cantando. El sol aparece en su totalidad. Dos días después ya se escucha el ruido de los tanques que pasan sin cesar. Familiares y amigos se unen por la defensa nacional, desestimando como por arte de magia, las opiniones personales. Otro hermano del general, Andrew, ingeniero agrónomo y descubridor de una nueva especie vegetal, un grano nutritivo, quema las semillas para evitar que caigan en manos de los nazis. Con la misma fortaleza recibe la noticia de la muerte de su esposa. El anciano padre del general se prepara para hacer volar la fábrica que está construyendo, y dice: “¡Esta guerra no fue iniciada por nosotros, pero nosotros la terminamos!
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