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La organización bolchevique en el Transcáucaso

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Las ideas marxistas fueron introducidas allí a principios del decenio del 1890 por los socialdemócratas rusos que habían sido exiliados de Rusia Central y los llamados “marxistas legales”, quienes habían estado exiliados en el extranjero. En 1893 se formó el primer grupo marxista, llamado “Messameh Dassy” (el tercer grupo). Ideológicamente era un grupo liberal. Reconocía el supuesto aspecto progresista del capitalismo (sobre el feudalismo) así como la existencia y lucha de diferentes clases sociales. La mayoría del grupo estaba encabezada por Noah Jordania. La mayoría nunca llegó a un entendimiento marxista de la lucha de clases y sobre el papel dirigente del proletariado (la clase obrera). Lo que presentaban era la idea nacionalista de que la burguesía nacionalista y el proletariado deberían unirse por un renacimiento nacional de Georgia.

No todos los miembros del grupo Messameh Dassy estaban de acuerdo con la posición de Jordania. Algunos creían en el papel dirigente del proletariado en el movimiento revolucionario. Algunos creían en la necesidad de revolución proletaria y la dictadura del proletariado. En 1897 Laddo Ketskhoveli se afilió a Messameh Dassy. En 1898 Stalin se unió al grupo. Estos dos formaron un comité marxista revolucionario junto a otro miembro, Tsulukidze. Jordania había enviado a jóvenes miembros del grupo al extranjero y a Rusia central a estudiar el marxismo. Su trabajo estaba limitado a propaganda legal y pacífica y a trabajo agitacional entre círculos de obreros. No reconocían la necesidad de una prensa “ilegal”, de la agitación política masiva y de la lucha revolucionaria de la clase obrera contra el zarismo y contra los capitalistas.

Surgieron serios desacuerdos entre la mayoría del grupo y el comité dirigido por Stalin. El primer desacuerdo fue en 1898 sobre la prensa ilegal (Stalin tenía entonces 19 años de edad). Stalin y el comité arguyeron que era necesario establecer una prensa ilegal para propagar ideas revolucionarias, para organizar lucha de clases contra el zarismo y el capitalismo y para construir un partido proletario y genuinamente revolucionario. El segundo desacuerdo surgió en 1900 con la llegada de Kurnatovsky, un socialdemócrata ruso seguidor de lskra, el periódico bolchevique dirigido por Lenin. La minoría de Messameh Dassy propusó que había llegado el momento de avanzar desde círculos de estudio a agitación masiva y desde la propaganda a la lucha abierta contra el zarismo. Llamaron a transformar las huelgas económicas en huelgas políticas, a realizar protestas masivas de trabajadores y llevar la lucha política a las calles. La mayoría del grupo seguía negando la necesidad de todo eso. Desde el 1899 al 1900, antes de la visita de Kurnatovsky, el grupo de la minoría (de Stalin y otros) aumentó su influencia. Lograron ganar la organización socialdemócrata en Tiflis para que pasase desde trabajo de propaganda en círculos de estudio a agitación masiva y lucha política contra la autocracia (el zarismo). Este grupo en Tiflis fue el embrión de la socialdemocracia en Transcaucasia.

En este período las diferencias de opinión política entre la mayoría (dirigida por Jordania) y la minoría (de Stalin) se convirtieron en las diferencias generales entre el bolchevismo y el menchevismo, las cuales se endurecieron luego del Segundo Congreso del Partido afines del 1904. La mayoría en Messameh Dassy, dirigida por Jordania, adoptó la posición menchevique luego de que Plejanov se fue al lado de los mencheviques. La minoría, dirigida por Stalin y simpatizante del Iskra de Lenin, se forjó más y más en una organización bolchevique y leninista (Stalin tenía entonces 25 años de edad).
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La construcción orgánica del Partido Bolchevique en el periodo de ilegalidad

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La formación del partido marxista de la clase obrera tuvo lugar en Rusia en condiciones particulares y difíciles que se distinguen de las condiciones en las que se organizan los partidos obreros en occidente.

¿En que consistían estas condiciones particulares de surgimiento del partido marxista en Rusia?

En primer lugar, en Rusia imperaba un cruel absolutismo, que con ferocidad nunca vista, perseguía cada paso del movimiento obrero revolucionario en el país, mientras que en la mayoría de países de Europa occidental estos partidos surgieron como organizaciones legales.

No había en Rusia ningún tipo de organización de la clase obrera como son las organizaciones corporativistas, sindicales, cooperativas, educacativas y otras organizaciones de masas las cuales el partido proletario pudiese apoyar.

Si uno mira, sin embargo, otros países, se encontrará con que antes de surgir el Partido ya había allí numerosas organizaciones de masas del proletariado.

El partido de la clase obrera en Rusia se formó en la nueva era, la era del imperialismo. Y el hecho de que en el país que había entrado en la fase de desarrollo imperialista, Rusia, se conservaran resabios de la servidumbre, presentaba a la clase obrera y a su partido la tarea de organizar la lucha no solamente contra el capitalismo, sino, sobre todo, contra la dominación de los terratenientes, contra las supervivencias de la servidumbre, contra el zarismo. Solamente después de haber derrocado el zarismo sería posible despejar el camino para la revolución socialista, para la aniquilación del poder del capital y para el establecimiento de la dictadura del proletariado.

En estas condiciones, el partido marxista de la clase obrera sólo podría surgir como Partido de lucha, como Partido de acción revolucionaria con una organización fuerte y flexible.
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¿Debemos organizar la revolución?

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Hace de esto mucho, mucho tiempo, más de un año. En el seno del partido ruso habían surgido, según el testimonio de un conocido socialdemócrata alemán, Parvus, “discrepancias de principio”. La tarea política más apremiante del proletariado era la lucha contra los excesos del centralismo, contra la idea de “mandar” a lo sobreros desde una Ginebra cualquiera, contra la exageración de la idea una organización de agitadores, de una organización de dirigentes. Tal era la profunda, firme e inconmovible convicción del menchevique Parvus, expresada en un boletín titulado Aus der Weltpolitik (“En torno a la política mundial”) de 30 de noviembre de 1903, publicación que aparecía semanalmente en alemán.

Al buen Parvus se le dijo entonces (véase la carta de Lenin a la Redacción de Iskra, diciembre de 1903) que había sido víctima del chismorreo, que aquello en que él veía una discrepancia de principio no era más que el producto de mezquinas querellas y que el rumbo ideológico de la nueva Iskra, que comenzaba ya a manifestarse, era un rumbo hacia el oportunismo. Parvus se calló, pero sus “ideas” acerca de la exageración de una organización de dirigentes fueron recogidas y mascadas y vueltas a mascar bajo cien formas distintas por los neoiskristas.

Catorce meses han transcurrido desde aquello. La desorganización de la labor del partido por los mencheviques y el carácter oportunista de su propaganda se han puesto claramente de manifiesto. El 9 de enero de 1905 reveló la reserva verdaderamente gigantesca de energía revolucionaria acumulada por el proletariado y todas las insuficiencias de la organización de los socialdemócratas. Parvus lo pensó mejor. Envió a Iskra un artículo, publicado en el número 85, que representa, en el fondo, un retorno total de las nuevas ideas de la nueva Iskra oportunista a las ideas de la vieja Iskra revolucionaria. “Había surgido un héroe –dice Parvus, refiriéndose a Gapón-, pero no un dirigente político, ni un programa de acción, ni una organización […] Se manifestaron los trágicos resultados de la falta de una organización […] Ninguna cohesión entre las masas, todo se producía sin plan, no había un centro coordinador, ni un programa que orientara la acción […] El movimiento declinó, por falta de una organización coordinadora y dirigente”. Y Parvus da la consigna que ya nosotros señalábamos en el número 6 de Vperiod : “organizar la revolución”. Parvus llega, bajo la influencia de las enseñanzas de la revolución, a la convicción de que, “bajo las condiciones políticas imperantes, no podemos organizar a estos cientos de miles” (se refiere a la masa dispuesta a lanzarse a la insurrección). “Pero sí podemos –dice con acierto, repitiendo con ello una vieja idea del libro ¿Qué hacer?sí podemos crear una organización que sería un fermento aglutinante y que a la hora de la revolución agruparía en torno suyo a estos cientos de miles”. “Deben organizarse círculos obreros con la tarea claramente definida de preparar a las masas para la insurrección, agruparlos durante ésta en torno suyo y comenzar la insurrección al lanzarse una determinada consigna”.

¡Por Fin!, exclamamos con alivio, al encontrarnos con estas viejas y justas ideas, que yacían cubiertas de escombros en el basurero de la nueva Iskra. Por fin, escuchamos la voz de un socialdemócrata que no se postra de hinojos ante la retaguardia de la revolución, sino que señala sin miedo la tarea de apoyar a la vanguardia revolucionaria.
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