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La URSS olvidada: el comercio en la época de Stalin

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El siguiente texto es de la autoría de Anatoli Vasílievich Gussev (1966), periodista e historiador ruso que publicó varios libros. Estudioso de la Gran Guerra Patria de la Unión Soviética, ha dedicado especial atención a la historia de Pervouralsk, ciudad del Oblast de Sverdolvsk en los Urales.

 

Cuando trabajaba en el libro “La vida cotidiana de los habitantes de Pervouralsk en los años de la Gran Guerra Patriótica“, acumulé una gran cantidad de materiales sobre el país en su conjunto. Todo este material me llevó a pensar: ¿cómo sería la URSS de Stalin si no hubiese sucedido la Gran Guerra Patriótica?

Creo que no es posible dar una respuesta completa a esta cuestión, pero podemos hacernos una idea de la realidad existente en la Unión Soviética en 1939, 1940 y a principios de 1941.

Veamos, por ejemplo, cómo funcionaba el comercio.

Para la mayoría de los ciudadanos rusos y de los países vecinos, el comercio soviético era aquello que se observó en el período de Gorbachov: estanterías vacías, largas colas, etc. Las generaciones más viejas recuerdan, probablemente, el comercio de los años de gobierno de Leonid Brezhnev: precios bastante bajos, disponibilidad de artículos de primera necesidad, pero penuria permanente de aquello que estaba de moda, de artículos de divulgación, de productos importados…

Esto no sucedía en la época de Stalin. ¿Por qué? Porque el socialismo de Stalin era otro y el comercio también.
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GULAG

Gulag

 

Artículo que Viktor Zemskov (historiador durante la Perestroika) publicó en la revista “Investigaciones sociológicas” en el que aclara los datos sobre las estadísticas de prisioneros políticos del GULAG.

El objetivo del presente artículo es mostrar una estadística auténtica de los prisioneros del GULAG, una parte ya ha aparecido en artículos de A.N. Nudin, V.F. Nekrasov (1) y en el semanario “Argumenty i fakty”.

A pesar de la existencia de estas publicaciones, en las cuales se dan datos auténticos con su confirmación documental sobre el número de prisioneros del GULAG, la sociedad soviética y extranjera se encuentra completamente bajo la influencia de los datos estadísticos inventados que no se corresponden a la realidad histórica, contenidos en los trabajos de autores extranjeros (R. Conquest, S. Cohen y otros), así como en publicaciones de investigadores soviéticos (R.A. Medvedev, V.A. Chalikova y otros). Además, en los trabajos de todos estos autores la diferencia con las estadísticas auténticas nunca va en el sentido de la disminución sino exclusivamente en dirección de su aumento. Da la impresión de que compiten entre ellos para sorprender a los lectores con cifras, por decirlo de algún modo, astronómicas.

He aquí, por ejemplo, lo que escribe S: Cohen (extraído del libro de R. Conquest “El gran terror”, publicado en 1968 en los Estados Unidos): “… A finales de 1939 el número de prisioneros en cárceles y campos de concentración creció hasta los 9 millones de personas (en comparación con los 30 mil de 1928 y los 5 millones de 1933-1935” (2). En realidad en enero de 1940 había en los campos del GULAG 1.334.408 prisioneros, en colonias del GULAG 315.584 y en cárceles 190.266 personas. En total, entre campos, colonias y cárceles había 1.850.258 prisioneros (tabla 1), es decir, los datos ofrecidos por R. Conquest y S. Cohen están aumentados en casi 5 veces.

La investigadora soviética V.A. Chalikova repite a Conquest y Cohen, y dice: “Las cuentas, basadas en distintos datos, muestran que entre 1937-1959 se encontraban en los campos, que ocupaban superficies enormes, entre 8 y 12 millones de personas” (3). V.A. Chalikova da una cifra máxima de 12 millones de prisioneros en el GULAG (evidentemente en el concepto de “campo” incluye las colonias) para determinada fecha concreta, pero en realidad para el periodo de 1934 a 1953 la cifra máxima de prisioneros en el GULAG fue el 1 de enero de 1950 y fue de 2.561.351 personas (ver tabla 1). Por consiguiente, V.A. Chalikova, siguiendo a R. Conquest y S. Cohen, aumenta en unas cindo veces el número auténtico de prisioneros en el GULAG.

También hizo su aportación a la cuestión de la confusión en la estadística de prisioneros del GULAG N.S. Jruschev, que evidentemente, con el objetivo de aumentar el valor de su propio papel como liberador de las víctimas de la represión estalinista, escribió en sus memorias: “… Cuando murió Stalin, en los campos había 10 millones de personas” (4). En realidad, el 1 de enero de 1953 en el GULAG había 2.468.524 presos: 1.727.970 en campos y 740.554 en colonias (ver tabla 1). En el Archivo Central Estatal de la Revolución de Octubre se guardan copias de los informes de la dirección del Ministerio del Interior de la URSS enviados a nombre de N.S. Jruschev con indicaciones exactas del número de prisioneros, entre otros momentos a la muerte de Stalin. N.S. Jruschev estaba muy bien informado de la cifra real de prisioneros del GULAG y la aumentó en cuatro veces.

 

Tabla 1  (Pinchar en imágenes para aumentar)

Número de prisioneros del GULAG (a 1 de enero de cada año) (5)

Tabla1

* En campos y colonias.
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La economía sumergida en la URSS: cómo comenzó todo

URSS 1980

 

Por Valentine Katassonov (1)

 

La cuestión sobre el derrocamiento y la destrucción de la URSS está lejos de ser inútil. Incluso hoy, 22 años después de la desaparición de la URSS, no ha perdido su actualidad. ¿Por qué? Por que en base a este acontecimiento, algunos sacan la conclusión de que el modelo económico capitalista es más competitivo, más eficiente y no tiene alternativa. Después del colapso de la URSS, el politólogo estadounidense Francis Fukuyama, se apresuró incluso a proclamar el advenimiento del “fin de la historia”: la humanidad habría llegado a la etapa superior y última de su desarrollo en forma de capitalismo universal, global.

 

 

La actualidad del estudio de la economía sumergida en la URSS

 

En la opinión de politólogos, sociólogos y economistas de este tipo, el debate del modelo económico socialista no merece ninguna atención. Es mejor concentrar todos los esfuerzos en perfeccionar el modelo económico capitalista, es decir, el modelo que dirige a todos los miembros de la sociedad al enriquecimiento, y que este enriquecimiento (obtención de ganancia) se realiza a través de la explotación de una persona por otra. Es cierto que de este modo surgen las características “naturales” del modelo capitalista, como la desigualdad social y material, la competencia, las crisis cíclicas, las quiebras, el desempleo, y todo lo demás. Todas las mejoras que se proponen tiene como objetivo sólo aliviar las consecuencias inhumanas del capitalismo, lo que recuerda como son los vanos intentos de limitar el apetito de un lobo que está a punto de devorar a una oveja.

Partiremos del supuesto de que las principales características sociales y económicas del modelo socialista son la garantía del bienestar de todos los miembros de la sociedad (objetivo), la propiedad social de los medios de producción (medio principal), la obtención de ingresos exclusivamente del trabajo, el carácter planificado de la economía, la centralización de la gestión de la economía nacional, la detención por parte del Estado de las palancas de control, los fondos sociales de consumo, el carácter limitado de las relaciones monetario-mercantiles, etc.

Entendemos por bienestar no sólo el acceso a productos y servicios que aseguran la satisfacción de las necesidades vitales (biológicas) humanas. Aquí debemos también incluir la seguridad social y la protección, la educación, la cultura, las condiciones de trabajo y de descanso. Está claro que el socialismo no es sólo economía y relaciones sociales. Presupone también un determinado tipo de poder, de ideología y de un alto nivel de desarrollo espiritual y moral de la sociedad, entre otros. Las elevadas necesidades espirituales y morales deben presuponer las más altas aspiraciones en relación con los objetivos sociales y económicos. Es precisamente en el aspecto social y económico del modelo socialista en el que nos vamos a concentrar.

Pues bien, la erosión del modelo socialista comenzó mucho antes de los acontecimientos trágico de diciembre de 1991, cuando se firmó el vergonzoso acuerdo de la división la URSS en el bosque de Bieloveja(2). Este fue el acto final del régimen político. No es sólo la fecha la muerte de la URSS, sino de la completa legalización del nuevo modelo social y económico, llamado “capitalismo”. Sin embargo, el capitalismo oculto maduró en el seno de la sociedad soviética durante casi tres décadas. La economía soviética hacía mucho tiempo que había adquirido, de hecho, rastros de una economía multiforme. En ella se conjugaban estructuras socialistas y capitalistas. De hecho, algunos investigadores y políticos extranjeros consideraron que la completa restauración del capitalismo en la URSS tuvo lugar en los años 60 y 70. Al comienzo de los años 60, Willi Dickhut(3), miembro de la Partido Comunista alemán, escribió una serie de artículos en los que señalaba que, con la llegada al poder de N.S. Jruschov, fue cuando se llevo a cabo (¡no comenzó, pero si se llevo a cabo!) la restauración del capitalismo en la URSS(4).

La economía sumergida funcionaba bajo principios diferentes de los socialistas. De una forma u otra, estaba vinculada a la corrupción, la lapidación de bienes del Estado, la obtención de ingresos no laborales, la violación de las leyes (o la utilización de “agujeros” en la ley). Pero no se debe confundir la economía sumergida con la economía “no oficial”, que no entraba en conflicto con las leyes y principios de la sociedad socialista, sino que sólo complementaba la economía “oficial”. Esto se refiere primeramente a la actividad laboral individual, por ejemplo, el trabajo del kolkhoziano en su parcela personal o del ciudadano en el patio trasero de su casa. Y en la mejor época (bajo Stalin), las cooperativas de producción, que se dedicaban a la producción de artículos de consumo y a los servicios, experimentaron un gran desarrollo.

En la URSS, las autoridades estatales y del partido prefirieron no hacer frente al fenómeno de la economía sumergida. Está claro que los órganos judiciales descubrieron y desmantelaron diferentes operaciones en el ámbito de la economía sumergida. Pero los dirigentes de la URSS, enfrentados con tales episodios, huían del tema con frases como “insuficiencias aisladas” “deficiencias”, “errores”, etc. Por ejemplo, a principios de los años 60, el entonces vicepresidente primero del Consejo de Ministros de la URSS, Anastas Mikoyan, definió el mercado negro en la URSS como “un puñado de espuma sucia que flota en la superficie de nuestra sociedad”.
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Stalinismo

billBill Bland

 

 

Una carta a la Academia Sarat en Londres.

30 de abril de 1999

por Bill Bland.

 

 

Estoy agradecido a la Academia Sarat por haberme invitado a dar una conferencia sobre el “Stalinismo”.

Sin embargo, su elección del tema se me presentó con cierta dificultad, ya que soy un gran admirador de Stalin y la palabra “stalinismo” fue introducida por los hipócritas opositores de Stalin -en particular, por Nikita Jruschov- en preparación para futuros ataques políticos a este.

Hoy, de hecho, el “stalinismo” se ha convertido en un término de abuso sin sentido, usado para denotar posiciones políticas con las que alguien no está de acuerdo. ¡La prensa conservadora a veces hasta describe a Tony Blair como “stalinista”, dando a Stalin, si estuviese vivo, suficientes motivos para una denuncia por difamación!

Stalin siempre se referió a sí mismo como “un discípulo de Lenin” y yo tengo que seguir su ejemplo e interpretar el tema “stalinismo”, como marxismo-leninismo.

Tal vez la figura más próxima a Stalin en la historia británica sea Ricardo III, del cual todo el mundo “sabe” -y pongo la palabra “sabe” entre comillas- de sus libros de historia de la escuela secundaria y de Shakespeare, que había sido cruel, un monstruo deforme que mató al pequeño príncipe en la torre.

Sólo recientemente los historiadores serios comenzaron a darse cuenta de que la imagen comúnmente aceptada de Ricardo fue diseñada por sus sucesores Tudor, que tomaron el trono y mataron a Ricardo.

Naturalmente, ellos procedieron entonces a reescribir las crónicas para justificar su usurpación del trono. Incluso alterando la imagen de Ricardo para presentarlo físicamente deforme, como un monstruo tanto física como moralmente. En otras palabras, la imagen de Ricardo que es generalmente aceptada hoy en día, no es el resultado de verdades históricas, sino de la propaganda de sus opositores políticos.

Por tanto, es legítimo preguntarse: ¿La figura de Stalin que nos presentan los autoproclamados “Kremlinólogos” es un hecho histórico o mera propaganda?
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