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Stalin sobre el “testamento” de Lenin

 

Hablemos ahora del “testamento” de Lenin. Los oposicionistas han gritado aquí –vosotros lo habéis oído– que el Comité Central del Partido ha “ocultado” el “testamento” de Lenin. Como sabéis, esta cuestión se ha examinado varias veces en el Pleno del C.C. y de la Comisión Central de Control. (Una voz: “Decenas de veces”.) Se ha demostrado y vuelto a demostrar que nadie oculta nada, que el “testamento” de Lenin iba dirigido al XIII Congreso del Partido, que este “testamento” fue leído en el Congreso (Voces: “¡Así es!”), que el Congreso decidió por unanimidad no publicarlo, porque, entre otras cosas, el propio Lenin no lo quiso ni lo pidió. La oposición sabe todo esto tan bien como todos nosotros. Y, no obstante, tiene la desfachatez de declarar que el C.C. “oculta” el “testamento”.

Si no me equivoco, del “testamento” de Lenin nos ocupamos ya en 1924. Existe un tal Eastman, en tiempos comunista norteamericano y expulsado después del Partido. Este señor, luego de codearse en Moscú con los trotskistas y de reunir algunos bulas y habladurías sobre el “testamento” de Lenin, marchó al extranjero y publicó un libro titulado “Después de la muerte de Lenin”, donde no regatea colores para difamar al Partido, al Comité Central y al Poder Soviético, y en el que todo lo basa en el supuesto de que el C.C. de nuestro Partido “oculta” el “testamento” de Lenin. Como el tal Eastman estuvo en tiempos relacionado con Trotski, los miembros del Buró Político invitamos a Trotski a que se desolidarizara de Eastman, quien, al agarrarse a Trotski y remitirse a la oposición, hacía a Trotski responsable de las calumnias dirigidas contra nuestro Partido a propósito del “testamento”. Dada la diafanidad de la cuestión, Trotski, en efecto, se desolidarizó de Eastman con la correspondiente declaración en la prensa. La declaración fue publicada en septiembre de 1925, en el núm. 16 de “Bolshevik”.

Permitidme que lea el lugar de este artículo de Trotski en el que se refiere a si el Partido y su C.C. ocultan o no el “testamento” de Lenin. Cito el artículo de Trotski:

En algunos pasajes del libro, Eastman dice que el C.C. ha “ocultado” del Partido documentos de excepcional importancia escritos por Lenin en el último período de su vida (se trata de cartas sobre la cuestión nacional, del llamado “testamento” y otros); esto no merece más calificación que la de calumnia vertida contra el C.C. de nuestro Partido*. De las palabras de Eastman puede deducirse que Vladímir Ilich destinaba a la prensa estas cartas, que tienen carácter de consejos sobre la organización interior. En realidad, eso es completamente falso. Vladímir Ilich, desde su enfermedad, dirigió más de una vez a los órganos directivos del Partido y a su Congreso proposiciones, cartas, etc. Todas estas cartas y proposiciones, naturalmente, siempre fueron transmitidas, puestas en conocimiento de los delegados al XII y al XIII Congresos del Partido y siempre, claro está, ejercieron la oportuna influencia en las decisiones del Partido; y si no todas estas cartas fueron publicadas, ello se debe a que su autor no las destinó a la prensa. Vladímir Ilich no dejó ningún “testamento”, y el mismo carácter de su actitud hacia el Partido, así como el carácter del mismo Partido, excluyen la posibilidad de tal “testamento”. Con el título de “testamento”, en la prensa burguesa y menchevique extranjera y de la emigración se menciona, por lo común (adulterándola hasta dejada desconocida), una de las cartas de Vladímir Ilich, que contiene consejos en punto a organización. El XIII Congreso del Partido estudió con la mayor atención esta carta, igual que todas las demás, y extrajo de ella las conclusiones propias de las condiciones y circunstancias del momento. Todas las disquisiciones sobre un “testamento” ocultado o infringido son un infundio malintencionado y están dirigidas por entero contra la verdadera voluntad de Vladímir Ilich* y los intereses del Partido que él creó”. (v. el artículo de Trotski “Acerca del libro de Eastman “Después de la muerte de Lenin””, “Bolshevik”, núm. 16, 1 de septiembre de 1925, pág. 68). * Subrayado por mí. J. St.

Me parece que está claro. Esto lo escribe Trotski, y nadie más que él. ¿Con qué fundamento Trotski, Zinóviev y Kámenev hablan por los codos ahora, afirmando que el Partido y su C.C. “ocultan” el “testamento” de Lenin? Se “puede” hablar por los codos, pero hay que tener sentido de la medida.
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Dzerzhinsky, una figura política de tipo leninista

 

Dzerzhinsky fue uno de los colaboradores más cercanos y leales de Lenin. Miembro de la dirección del Partido Comunista reunido por Lenin, defendió firmemente el leninismo sin importar lo complicado y difícil de la situación, y después de su muerte permaneció leal a las políticas trazadas por él.

“Félix“, recordaba Kliment Voroshilov, destacado estadista soviético y figura del Partido, “siguió el ejemplo de Lenin en todo lo que hizo. Al igual que Lenin, era muy humano y atento con el pueblo, aunque extremadamente exigente e intransigente con los enemigos de la revolución y sus cómplices“.

Lenin valoraba mucho el trabajo que Dzerzhinsky hacía, confiaba en él, y se podría incluso decir que lo cuidaba.

En sus memorias, el bolchevique Ivan Radchenko, destacado economista, describió su encuentro con Lenin, en el que Dzerzhinski también estuvo presente. “Después de que él (Dzerzhinsky) se fuera, Lenin lo caracterizó como un trabajador brillante, hablando de él con una especie de alegría, como quien habla de un amigo leal y confiable.

En situaciones difíciles, cuando algo iba mal, Lenin solía decir: ‘Será mejor que le confíes esto a Dzerzhinsky, seguro que lo hará‘”.

Yelena Stasova, secretaria del Comité Central del PCR (B), escribió: “Todos los que entramos en contacto con Lenin, vimos y sentimos el respeto y apoyo que mostraba por Dzerzhinsky. Era algo natural. El coraje de Dzerzhinsky, la honestidad y la pureza de su vida eran conocidos por todos“.

Por su parte, Dzerzhinsky devolvió la confianza y el apoyo constante de Lenin con una cálida gratitud. “Mostró un gran respeto y una enorme confianza en el genio de Lenin, escuchando sus consejos, leyendo y releyendo sus obras, en las cuales buscaba respuestas a las preguntas más complicadas planteadas por la vida“, escribió la esposa de Dzerzhinsky. “Cuando Félix hablaba por teléfono con Lenin, sabía de inmediato con quién estaba hablando, aunque no supiera de qué se trataba la conversación… La voz de Félix se llenaba de gran admiración y respeto por Lenin“.

Lenin comunicaba constantemente a Dzerzhinsky todo tipo de instrucciones, demandas, consejos y sugerencias, y estaba seguro de encontrar una respuesta inmediata y voluntaria.
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La importancia de la teoría

 

Hay quien supone que el leninismo es la primacía de la práctica sobre la teoría, en el sentido de que para él lo fundamental es aplicar los principios marxistas, “dar cumplimiento” a estos principios, al tiempo que manifiesta bastante despreocupación por la teoría. Sabido es que Piejánov se burló más de una vez de la “despreocupación” de Lenin por la teoría, y en especial por la filosofía. También es sabido que muchos leninistas ocupados hoy en el trabajo práctico no son muy dados a la teoría, por efecto, sobre todo, de la enorme labor práctica que las circunstancias les obligan a desplegar. He de declarar que esta opinión, por demás extraña, que se tiene de Lenin y del leninismo es completamente falsa y no corresponde en modo alguno a la realidad; que la tendencia de los militantes ocupados en el trabajo práctico a desentenderse de la teoría contradice a todo el espíritu del leninismo y está preñada de grandes peligros para la causa.

La teoría es la experiencia del movimiento obrero de todos los países, tomada en su aspecto general. Naturalmente, la teoría deja de tener objeto cuando no se halla vinculada a la práctica revolucionaria, exactamente del mismo modo que la práctica es ciega si la teoría revolucionaría no alumbra su camino. Pero la teoría puede convertirse en una formidable fuerza del movimiento obrero si se elabora en indisoluble ligazón con la práctica revolucionaria, porque ella, y sólo ella, puede dar al movimiento seguridad, capacidad para orientarse y la comprensión de los vínculos internos entre los acontecimiento que se producen en torno nuestro; porque ella, y sólo ella, puede ayudar a la práctica a comprender, no sólo cómo se mueve y hacia dónde marchan las clases en el momento actual, sino también cómo deben moverse y hacia dónde deben marchar en un futuro próximo. Quién sino Lenin dijo y repitió decenas de veces la conocida tesis de que:

Sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario” (1).

Lenin comprendía mejor que nadie la gran importancia de la teoría, sobre todo para un partido como el nuestro, en virtud del papel de luchador de vanguardia del proletariado internacional que le ha correspondido y de la complicada situación interior e internacional que lo rodea. Previendo en 1902 este papel especial de nuestro Partido. Lenin consideraba ya entonces necesario recordar que:

Sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia“. (2).

No creo que haya necesidad de demostrar que ahora, cuando la predicción de Lenin sobre el papel de nuestro Partido se ha convertido ya en realidad, esta tesis de Lenin adquiere una fuerza y una importancia especiales.
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Golpea duro, pero no mates (Lenin, 1901)

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El siguiente texto fue escrito por Lenin para la revista “Zarya”, en 1901.

 

El 23 de enero, en Nizhni Nóvgorod, en una audiencia especial del tribunal de Moscú, con participación de representantes de los estamentos, se juzgó el caso del asesinato del campesino Timoféi Vasílievich Vózdujov, quien había sido conducido a la comisaría de policía “para que se le pase la borrachera”, y allí fue golpeado por cuatro agentes de policía: Shelemétiev, Shulpín, Shibáev y Oljovin y el inspector interino de la comisaría Panov a tal punto, que al día siguiente moría en un hospital.

Este es el relato sucinto de un hecho simple, que proyecta viva luz sobre lo que ocurre continua y habitualmente en nuestras comisarías de policía.

Según las brevísimas informaciones de los diarios, el incidente se desarrolló así: el 20 de abril, Vózdujov llegó en un coche de punto a la casa del gobernador. Salió el conserje de la casa del gobernador; ese conserje declaró en el tribunal que Vózdujov no llevaba gorra, que había bebido, pero no estaba borracho, y que se quejaba de la oficina de un embarcadero donde se negaron a venderle el pasaje para una travesía (?). El conserje ordenó al agente de facción Shelemétiev que llevase a Vózdujov a la comisaría de policía. Vózdujov estaba tan poco bebido que conversó tranquilamente con Shelemétiev y, al llegar a la comisaría, dio con toda claridad su nombre y condición al inspector Panov. A pesar de eso, Shelemétiev –sin duda con conocimiento de Panov, quien acababa de interrogar a Vózdujov– “empujó” a éste no al calabozo donde había varios borrachos, sino “al local de guardia”, situado al lado. Al empujarlo, enganchó su sable en la manija de la puerta, se hirió ligeramente la mano y se imaginó que era Vózdujov quien retenía su sable; se arrojó entonces sobre él y comenzó a golpearlo, gritando que le había cortado la mano. Lo golpeó con toda su fuerza en la cara, en el pecho, en los costados; lo golpeó de tal manera, que Vózdujov cayó de espaldas, dando con la cabeza contra el suelo, mientras pedía clemencia. “¿Por qué me golpean? –decía, según declaró un testigo que se encontraba en el calabozo (Semajin)–. No soy culpable. ¡Perdónenme, por amor de Dios!” Según la declaración del mismo testigo, Vózdujov no estaba borracho; más bien parecía estarlo Shelemétiev. El hecho de que Shelemétiev le estaba dando una “lección” (¡es la expresión que recoge el acta de la acusación!) a Vózdujov, llegó a oídos de los compañeros de aquél, Shulpín y Shibáev, que bebían en la comisaría desde el primer día de Pascua (el 20 de abril era martes, tercer día de Pascua). Estos se presentaron en el local de guardia junto con Oljovin, quien venía de otra comisaría, y agredieron a Vózdujov a puñetazos y puntapiés. Luego apareció también el inspector Panov y golpeó a su vez a Vózdujov en la cabeza con un libro y con los puños. “Lo golpearon tanto, tanto –dice una mujer que estaba detenida– que a mí se me revolvía el estómago de espanto.” Cuando la “lección” hubo terminado, el inspector ordenó con toda tranquilidad a Shibáev que limpiara la sangre de la cara del castigado –¡así estará más presentable, si acaso llegasen a verlo las autoridades!–, y que lo arrojaran al calabozo. “¡Hermanitos! –les dijo Vózdujov a los otros detenidos–, ¿ven cómo golpea la policía? ¡Sean mis testigos, los demandaré!” Pero no pudo demandarlos: al día siguiente por la mañana lo encontraron inconsciente y lo enviaron al hospital, donde murió ocho horas después, sin haber vuelto en sí. La autopsia reveló diez costillas rotas, equimosis en todo el cuerpo y un derrame cerebral.

El tribunal condenó a Shelemétiev, Shulpín y Shibáev a cuatro años de trabajos forzados, y a Oljovin y Panov a un mes de arresto, reconociéndolos culpables únicamente de “conducta injuriosa”…

Comenzaremos nuestro examen por dicha sentencia. Los condenados a trabajos forzados eran acusados en virtud de los artículos 346 y 1490, 2a parte, del Código Penal. El primero de estos artículos establece que un funcionario que cause heridas o lesiones en ejercicio de sus funciones merece la pena máxima “prevista para ese delito”. Y el artículo 1490, 2a parte, establece para las torturas, cuando produzcan la muerte, de 8 a 10 años de trabajos forzados. En lugar de aplicar la pena máxima, el tribunal de representantes de estamentos y jueces de la Corona redujo el castigo en dos grados (sexto grado: de 8 a 10 años de trabajos forzados; séptimo grado, de 4 a 6 años), es decir, efectuó la máxima reducción permitida por la ley para el caso de circunstancias atenuantes y, además, prescribió la pena mínima del grado inferior. En una palabra, el tribunal hizo lo que pudo para suavizar la pena de los inculpados; y aun más de lo que podía, ya que la ley de “pena máxima” fue eludida. No queremos, por cierto, decir que la “estricta justicia” exigía precisamente 10, y no 4 años de trabajos forzados; lo importante aquí es que los asesinos hayan sido reconocidos como tales y condenados a trabajos forzados. Pero es imposible dejar de señalar la tendencia singularmente característica del tribunal formado por jueces de la Corona y representantes de los estamentos: cuando juzgan a funcionarios policiales, están predispuestos a demostrar la mayor condescendencia; cuando juzgan los delitos contra la policía, manifiestan, como es sabido, una severidad despiadada(1).
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Las ediciones de la obras de Lenin

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Según datos de la Cámara del Libro de la URSS, las obras de Vladimir Lenin, hasta 1945, habían sido editadas 3.834 veces, en 76 idiomas, con una tirada total de 164.400.000 ejemplares. De estos, 122.981.000 fueron editados en ruso, la lengua materna de Lenin.

Durante la gran Guerra Patriótica, entre el 1 de julio de 1941 y el 1 de julio de 1945, mientras los pueblos de la Unión Soviética mantenían contra las fuerzas de agresión una guerra coronada por la victoria, la obras de Lenin se editaron 189 veces, con una tirada de 6.158.000 ejemplares. Es curioso notar que de esas 189 veces, 134 fueron traducidas del ruso a otros idiomas.

Las obras de Lenin sirvieron como una poderosa arma espiritual a los pueblos en su lucha contra el nazismo.

El mayor número de ediciones de trabajos de Lenin, desde 1917 hasta 1945, corresponde al folleto “Las tareas de la juventud comunista“. Existían, hasta 1945, 272 ediciones de ese famoso discurso pronunciado por Lenin el 2 de octubre de 1920. Su tirada total supera con creces los 10.000.000 de ejemplares. Durante la guerra, ese folleto fue editado 28 veces en 18 lenguas. “El imperialismo, fase superior del capitalismo“, fue editado 105 veces y “El Estado y la Revolución“, 103 veces.
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El origen del sistema soviético

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El siguiente documento ha sido extraído y traducido por “Cultura Proletaria” del libro “Soviet Communism: A new civilization?” (1936), de Beatrice Webb y Sidney Webb.

 

 

El sistema soviético es una de esas numerosas creaciones del espíritu humano que parecen deber su existencia a un feliz accidente histórico. El hecho de haber logrado sobrevivir demuestra que ha sido perfectamente adaptado a las necesidades de la dictadura del proletariado, que constituye la base sobre la que se apoyan la teoría y la práctica del comunismo“. (1)

La palabra Soviet, que originariamente significaba cualquier tipo de Consejo, debe ser hoy comprendida como un Consejo de delegados o diputados elegidos por los trabajadores de distintas fábricas y otros establecimientos de una ciudad o municipio; o por los soldados de varias unidades de un ejército; o por los campesinos de un pueblo, distrito agrícola o comunidad; o, incluso, por cualquier combinación de esos grupos constituyentes. Su diferencia más obvia con cualquier otra entidad política consiste en que los mismos, confesadamente, excluyen la representación de empresarios capitalistas, es decir, propietarios de tierras, dueños de tiendas, en fin, cualquier persona que no se ocupe de un trabajo productivo, incluso cuando pertenecen a la misma tribu, raza o nacionalidad y residan dentro de la zona considerada. Soviets de esta naturaleza fueron espontáneamente organizados, en mayo y junio de 1905, en lvanovo-Vosnesensk y Kostroma con el fin de dirigir las huelgas de los trabajadores en las industrias textiles(2). Estos fueron creados, en la agitación del momento, debido sobre todo al hecho de que no existía ningún sindicato independiente y digno de confianza. Estos órganos de la clase obrera no se limitaban sólo a dirigir la huelga, también asumían algunas funciones del decrépito gobierno local. Fue, sin embargo, el Soviet formado en S. Petersburgo, en ese mismo año de 1905, el que enseño el camino al resto de Rusia. En su primera reunión, el 13 de octubre, “apenas representaba a parte de los trabajadores, comprendiendo sólo las fábricas del distrito de Nevsky. En su nombre, fue lanzada un proclama que decía: “Proponemos que cada fábrica y cada taller elija a un delegado por grupo de un centenar de trabajadores. Los delegados electos constituirán el Comité de la fábrica. Los delegados de todas las fábricas formarán el Comité General de Trabajadores de S. Petersburgo“(3).

Durante los dos meses siguientes, surgieron soviets similares a este, en un gran número, en otras ciudades rusas, desde Reval a Bakú. Pero la rápida represión ejercida por el gobierno zarista no permitió llevar a cabo el Congreso Nacional de los Soviets.

Esta represión no impidió, sin embargo, que el recuerdo del hecho permaneciese en el espíritu de las masas trabajadoras. Cuando, en febrero de 1917, el régimen zarista cayó, casi debido únicamente a su propia podredumbre, los trabajadores de las fábricas de Petrogrado formaron espontánea e inmediatamente un Soviet, que no se limitó únicamente a las actividades huelguistas, sino que discutió y votó sobre diversos temas de interés público. Este ejemplo fue imitado rápidamente por los trabajadores de Moscú y por muchas otras ciudades industriales. En esa ocasión, el Soviet de Petrogrado invitó a los Soviets de todas las demás ciudades a enviar delegados para constituir un Congreso de Soviets, que indicaría un comité permanente para actuar en los intervalos entre uno y otro congreso. Esto sería, al parecer, la base para un gobierno de trabajadores con jurisdicción en todo el país. Pero esto parecía ser imposible de llevar a cabo por grupos cuya misión original era sólo la de guiar las huelgas. El Partido Bolchevique estaba siguiendo todavía las directrices del programa de 1903, que no había sido revisado y, mientras predicaba el colectivismo en lo que respectaba a la economía, admitía, en el terreno político, el simple reemplazo del gobierno zarista por la modesta novedad de una asamblea parlamentaria nítidamente democrática(4). Lenin, es cierto, reconoció inmediatamente la importancia de los “Soviets de diputados de los trabajadores“, tal como surgieron en 1905, y en los que veía “los nuevos órganos del poder popular“. En el IV Congreso el Partido Socialdemócrata de Rusia, en abril de 1906, fue aprobada una resolución, explicando que los Soviets, en el proceso de la lucha, deberían transformarse de “simples organizaciones de choque a organizaciones para lucha la lucha revolucionaria general“; que representaban el “embrión del poder revolucionario“, dependiendo “su fuerza y prestigio enteramente de la energía y éxito del levantamiento“. Así, de hecho, los Soviets eran consideados por Lenin, hasta noviembre de 1915, como simples “órganos de rebelión” (Obras Completas, Vol. XVIII, p. 312). Parece haber, pues, algún fundamento en la opinión de un sagaz historiador germano, según el cual, a pesar de que Lenin había predicho la necesidad de transformar la revolución burguésa-liberal en una revolución socialista y haber reconocido rápidamente a los Soviets como el instrumento para hacer efectiva esta transformación, a pesar de eso, solamente en marzo de 1917, al recibir, en Suiza, las primeras noticias auténticas sobre la revolución en Rusia, fue que Lenin hizo un feliz descubrimiento, convenciéndose de que el sistema de Consejos (Soviets) de soldados, campesinos y obreros constituía la expresión moderna de la inevitable revolución democrático-socialista. Lenin reconoció en los Soviets la existencia, bajo una forma elemental, de un tipo completamente nuevo de gobierno, ejercido por la clase trabajadora, gobierno que sólo podía ser históricameme comparado con la Comuna de París (1897). El estudio que Lenin hizo de los Soviets le convenció de que todo lo que había dicho Marx en su famoso ensayo sobre los aspectos políticos y constitucionales de la Comuna de París se aplicaba perfectamente a los Soviets rusos de la revolución de 1917 (5).
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Las enseñanzas de la crisis

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Lenin, 22 de abril (5 de mayo) de 1917. Publicado el 6 de mayo (23 de abril) de 1917 en el nº 39 del diario “Pravda”. T. 31, págs. 324-327.

 

 

Petrogrado y toda Rusia han vivido una seria crisis política, la primera crisis política desde la revolución.

El 18 de abril, el Gobierno Provisional aprobó su nota, tristemente célebre, confirmando los rapaces objetivos anexionistas de la guerra con claridad suficiente para provocar la indignación de las amplias masas, que habían creído honradamente en los deseos (y la capacidad) de los capitalistas de “renunciar a las anexiones”. El 20 y 21 de abril Petrogrado era un hervidero. Las calles estaban llenas de gente; día y noche se formaban por doquier pequeños y grandes grupos y se celebraban mítines de variadas proporciones; no cesaban las manifestaciones y demostraciones de masas. Según parece, la crisis, o al menos su primera etapa, ha terminado ayer, el 21 de abril, por la noche. El Comité Ejecutivo del Soviet de diputados obreros y soldados, y a continuación el propio Soviet, han declarado satisfactorias las “explicaciones”, las enmiendas a la nota, las “aclaraciones” del gobierno (que se reducen a frases quo no dicen absolutamente nada, ni cambian nada, ni obligan a nada) y han dado por “terminado el incidente”.

El futuro mostrará si las amplias masas del pueblo consideran “terminado el incidente”. Nuestra misión consiste ahora en estudiar atentamente qué fuerzas, qué clases se han revelado en la crisis y sacar de ello enseñanzas para el partido del proletariado. Porque la gran importancia de toda crisis consiste en que pone al descubierto lo oculto, deja a un lado lo convencional, lo superficial y mezquino, barre la escoria política y revela los verdaderos resortes de la lucha de clases que se libra en realidad.

Con su nota del 18 de abril, el gobierno de los capitalistas no hizo más, en rigor, que reiterar sus notas anteriores, en las que recubría la guerra imperialista con salvedades diplomáticas. Las masas de soldados se indignaron, pues creían honradamente en la sinceridad y en el deseo de paz de los capitalistas. Las manifestaciones empezaron como manifestaciones de soldados con una consigna contradictoria, inconsciente e incapaz de conducir a parte alguna: “¡Abajo Miliukov!” (¡como si un cambio de personas o de grupos pudiera cambiar la esencia de la política!).

Esto significa que la gran masa inestable y vacilante, la más próxima al campesinado y pequeñoburguesa en un sentido científico clasista, se apartó de los capitalistas y se puso de lado de los obreros revolucionarios. Esta fluctuación o movimiento de las masas, capaces por su fuerza de decidirlo todo, es precisamente lo que produjo la crisis.
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Las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la economía bajo el capitalismo y en la Unión Soviética

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El siguiente texto es un resumen del informe presentado por M. Rubinstein en el II Congreso Internacional de Historia de la Ciencia de Londres, en 1931.

 

 

Las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la economía bajo las condiciones de la sociedad capitalista, y bajo el sistema socialista que se está construyendo en la Unión Soviética, son ostensiblemente distintas y, en varios aspectos, diametralmente opuestas.

El sistema capitalista de producción y de relaciones sociales es contradictorio por su propia naturaleza. Paralelamente a su desarrollo y expansión crecen y se desarrollan las profundas contradicciones intrínsecas que se manifiestan en todos los ámbitos de la existencia humana sin excepción. El propósito de este informe es presentar el desarrollo de estas contradicciones en el ámbito del trabajo científico y técnico, y mostrar cómo estas contradicciones se desvanecen y desaparecen bajo las condiciones del nuevo sistema de relaciones sociales que está siendo actualmente construido en la Unión Soviética.

Es inútil describir ante esta audiencia los colosales éxitos de la ciencia y la tecnología durante el último siglo. El informe se refiere solo a los tramos básicos de este desarrollo, a sus resultados actuales más importantes.

El progreso del desarrollo técnico y el triunfo del hombre sobre las fuerzas de la naturaleza se ha acelerado a medida que pasan las décadas. En definitiva, para la ciencia moderna y la tecnología no existen problemas irresolubles, y cuando, en su cincuenta aniversario, la Sociedad Americana de Ingenieros Mecánicos adoptó este eslogan: “No hay nada imposible”(1), lo hizo de manera totalmente apropiada.

El desarrollo de la tecnología en la época del capitalismo se apoya en los grandes éxitos y el incremento de la aplicación práctica de la ciencia. Las ciencias exactas, la aplicación de las matemáticas, de las leyes de la mecánica y la investigación de las transformaciones químicas y físicas de las sustancias, la penetración en la esencia de los procesos orgánicos del mundo vegetal y animal, han ocupado el lugar que antes correspondía al arte y a la experiencia.

Cada descubrimiento, cada avance en la ciencia natural, ha abierto nuevas posibilidades de desarrollo industrial, nuevas conquistas para la tecnología. Este informe ofrece una serie de ejemplos de modernas influencias de este tipo, que se han puesto de manifiesto de manera predominante en el dominio de la química y la electrotecnia.

Como dice Marx, la producción mecánica a gran escala, que constituye la más completa e impresionante encarnación de las tendencias del desarrollo técnico, por su propia naturaleza, “supone la sustitución de la energía humana por las fuerzas de la naturaleza, y de los métodos empíricos rutinarios por aplicaciones conscientes de la ciencia”. Al mismo tiempo, el rasgo más característico de todos estos cambios es su carácter fluctuante, un constante estado de movimiento, cambios revolucionarios en las bases técnicas de producción, así como en las funciones de los trabajadores y en las combinaciones sociales de los procesos de producción.
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El Partido como destacamento de vanguardia de la clase obrera

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El Partido tiene que ser, ante todo, el destacamento de vanguardia de la clase obrera. El Partido tiene que incorporar a sus filas a todos los mejores elementos de la clase obrera, asimilar su experiencia, su espíritu revolucionario, su devoción infinita a la causa del proletariado. Ahora bien, para ser un verdadero destacamento de vanguardia, el Partido tiene que estar pertrechado con una teoría revolucionaria, con el conocimiento de las leyes del movimiento, con el conocimiento de las leyes de la revolución. De otra manera, no puede dirigir la lucha del proletariado, no puede llevar al proletariado tras de sí. El Partido no puede ser un verdadero partido si se limita simplemente a registrar lo que siente y piensa la masa de la clase obrera, si se arrastra a la zaga del movimiento espontáneo de ésta, si no sabe vencer la inercia y la indiferencia política del movimiento espontáneo, si no sabe situarse por encima de los intereses momentáneos del proletariado, si no sabe elevar a las masas hasta la comprensión de los intereses de clase del proletariado. El Partido tiene que marchar al frente de la clase obrera, tiene que ver más lejos que la clase obrera, tiene que conducir tras de sí al proletariado y no arrastrarse a la zaga del movimiento espontáneo. Esos partidos de la II Internacional, que predican el “seguidismo”, son vehículos de la política burguesa, que condena al proletariado al papel de instrumento de la burguesía. Sólo un partido que se sitúe en el punto de vista del destacamento de vanguardia del proletariado y sea capaz de elevar a las masas hasta la comprensión de los intereses de clase del proletariado, sólo un partido así es capaz de apartar a la clase obrera de la senda del tradeunionismo y hacer de ella una fuerza política independiente. El Partido es el jefe político de la clase obrera.

He hablado más arriba de las dificultades de la lucha de la complejidad de las condiciones de la lucha, de la estrategia y de la táctica, de las reservas y de las maniobras, de la ofensiva y de la retirada. Estas condiciones son tan complejas, si no más, que las de la guerra. ¿Quién puede orientarse en estas condiciones?, ¿quién puede dar una orientación acertada a las masas de millones y millones de proletarios? Ningún ejército en guerra puede prescindir de un Estado Mayor experto, si no quiere verse condenado a la derrota. ¿Acaso no está claro que el proletariado tampoco puede, con mayor razón, prescindir de este Estado Mayor, si no quiere entregarse a merced de sus enemigos jurados? Pero ¿dónde encontrar ese Estado Mayor? Sólo el Partido revolucionario del proletariado puede ser ese Estado Mayor. Sin un partido revolucionario, la clase obrera es como un ejército sin Estado Mayor. El Partido es el Estado Mayor de combate del proletariado.
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100 Años de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Su significado en los destinos históricos de la URSS

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En el primer día de la victoriosa Revolución de Octubre, en la reunión del Soviet de diputados trabajadores y soldados de Petrogrado, sonaron las proféticas palabras de Lenin:

A partir de ahora comienza una nueva fase en la historia de Rusia. La tercera revolución Rusa será la cumbre de la victoria socialista“.

La Revolución de Octubre de 1917 en Rusia fue una revolución socialista. El carácter socialista de la Revolución de Octubre se demostró, sobre todo, en el hecho de que la clase obrera -la más revolucionaria de todas las clases oprimidas existentes hasta ahora- tomó el poder e inició la construcción de la sociedad socialista.

Precisamente por eso -escribe el camarada Stalin-, el triunfo de la Revolución de Octubre marca un cambio radical en la historia de la humanidad, un cambio radical en los destinos históricos del capitalismo mundial, un cambio radical en el movimiento de liberación del proletariado mundial, un cambio radical en los métodos de lucha y en las formas de organización, en el modo de vida y en las tradiciones, en la cultura y en la ideología de las masas explotadas del mundo entero“.

La Revolución de Octubre arrebató de las manos de los terratenientes y capitalistas sus medios de producción, transformándolos en propiedad socialista. El proletariado arrancó de las manos de la burguesía el nervio básico de la vida económica -los bancos- y luego efectuó la expropiación de las fábricas, centrales eléctricas y transportes que fueron entregados al gobierno socialista.

La Revolución de Octubre liquidó el sistema estatal burgués y creó un nuevo sistema: la democracia soviética. La Revolución de Octubre, bajo la bandera del internacionalismo, la amistad de los pueblos, liberó a los pueblos de Rusia de la opresión nacional-colonial y dio inicio a la creación de un Estado multinacional soviético.

La Revolución de Octubre resolvió los problemas que la revolución burguesa de febrero no podía resolver ni tampoco remediar.
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Infraestructuras, Superestructuras y Lucha ideológica

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Las últimas obras de Stalin sobre la lingüística son un ejemplo de aplicación de las tesis generales del marxismo a un campo científico concreto; trazan al mismo tiempo una profundidad infinitamente preciosa a los métodos de análisis concretos sobre la base de los principios generales del materialismo dialéctico e histórico. Descubriendo nuevos aspectos del trabajo creador en la ciencia, estas obras constituyen un aporte capital al tesoro del marxismo-leninismo, al tesoro del pensamiento humano.

En su carta al camarada Kholopov, Stalin afirma:

El marxismo, como ciencia que es, no puede permanecer estancado: se desarrolla y perfecciona. En su desarrollo, el marxismo no puede dejar de enriquecerse con nuevas experiencias, con nuevos conocimientos y, por tanto, algunas de sus fórmulas y conclusiones tienen forzosamente que cambiar con el tiempo, tienen forzosamente que ser sustituidas por nuevas fórmulas y conclusiones, correspondientes a las nuevas tareas históricas. El marxismo no reconoce conclusiones y fórmulas inmutables, obligatorias para todas las épocas y períodos. El marxismo es enemigo de todo dogmatismo“.(28-07-1950)

Las recientes obras de Stalin, desarrollo del pensamiento marxista vivo y creador, dan en este campo un fuerte golpe a los adversarios del marxismo, arrancándoles de las manos cualquier arma.

Al mismo tiempo, lo que no es menos importante, son un estímulo para otras investigaciones que permitirán descubrir nuevas leyes de desarrollo, las cuales permitirán dirigir aún más eficazmente la transformación de la sociedad y de la naturaleza.

Más de una vez se ha trabajado con diferentes conceptos del materialismo histórico sin definirlos o delimitarlos estrictamente. Así, la infraestructura se identifica frecuentemente con el conjunto de las condiciones materiales de la vida de la sociedad y la superestructura con la conciencia social, aunque el conjunto de las condiciones materiales sea un concepto considerablemente más amplio que la infraestructura y la conciencia social de un concepto más amplio que el de la superestructura.

Las últimas obras de Stalin trajeron a este campo la claridad y la precisión de terminología.
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Enver Hoxha refutado

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[El siguiente artículo ha sido escrito por N. Sanmugathasan, Secretario General del Partido Comunista de Ceilán y está tomado de la primera edición preliminar de “Un mundo que ganar“, publicada antes de que la revista se convirtiera en la voz oficial del Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI). El tema es etiquetado como N º1, con fecha de mayo de 1981. El texto de este artículo se ha comprobado y corregido de acuerdo con la forma en que originalmente apareció allí.]

 

 

Desde su origen, el marxismo ha sido internacionalista en su forma y contenido. Por eso Marx y Engels pusieron fin a su famoso “Manifiesto Comunista” en 1848 con la llamada agitación: “¡Trabajadores del mundo, uníos!” También dieron forma organizativa a este concepto mediante la formación de la Asociación Internacional Trabajadores, que ha llegado a ser conocido como la Primera Internacional. Fue esta organización la responsable de la difusión de las semillas del marxismo entre los obreros avanzados de Europa y América del Norte.

Cuando la mano dura de la represión cayó sobre Europa, después de la derrota de la Comuna de París en 1871, e hizo imposible el funcionamiento de la Internacional en Europa, su sede se trasladó a América del Norte, donde murió de muerte natural. Después de la muerte de Marx, la Segunda Internacional fue formada bajo la dirección de Engels. Este fue el período de emergencia de los partidos socialistas y laboristas de masas en Europa, muchos de los cuales existen en la actualidad.

Engels no vivió para ver su degeneración al oportunismo burgués al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Lenin libró una lucha titánica contra los dirigentes revisionistas de la II Internacional, Kautsky y Bernstein, que habían reclamado el manto de Marx y Engels como líderes del partido socialdemócrata más fuerte de Alemania.

El éxito de la Revolución de Octubre en Rusia en 1917 y el fin de la Primera Guerra Mundial acabó con la exposición del oportunismo por parte de los dirigentes de la Segunda Internacional. Lenin, laboriosamente, reunió lo bueno de la vieja Internacional y en 1919, en Moscú, formó la Tercera Internacional, que, a pesar de albergar muchos defectos y errores, desempeñaría un papel histórico en el establecimiento de los partidos comunistas en casi todo el mundo. Se impusieron algunos acuerdos por diversas razones, sobre todo, la necesidad de facilitar la entrada de los partidos comunistas locales en coaliciones antifascistas nacionales que incluían, incluso, fuerzas no proletarias, que fueron disueltas en 1943.

La corrección de esta decisión continúa siendo una fuente de controversia. Lo que quizás sea más difícil de entender es el hecho de no volver a establecer la unidad del movimiento comunista internacional bajo la forma de una organización al final de la Segunda Guerra Mundial. Es cierto que el Kominform jugó el rol de eje durante un breve período. Pero no era un organismo internacional y su papel fue limitado.
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Tomar el poder (y el leninismo) por las hojas

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Tú dices:
El problema del poder es que hay que tomarlo

El aventurero dice:
Entonces no hay problema

El anarquista:
¡Qué tomar el poder ni tomar el poder! De lo que se trata es de destruir el poder, todo poder…

El derechista que no osa decir su nombre:
¿Cómo dice? ¿Qué es lo que hay que tomar? ¿El problema o el poder? El sentido de la frase no es claro…”.

El burócrata del subdesarrollo:
Esa es una reflexión antipartido y revela apresuramiento pequeño-burgués. Es necesario comprender que por ahora basta con lo que tiene nuestro partido, visión elaborada, por cierto, arduamente, a través de casi cincuenta años: una perspectiva de poder”.
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Lenin el orador

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Cuando Lenin subió a la tribuna y pronunció la palabra “camaradas” con la “r” muy suave, creí que no era un gran orador. Pero apenas pasó un minuto y yo, como todos los demás, estaba “absorto” con su discurso. Por primera vez escuché que se podía hablar sobre complicadísimos problemas politicos con tanta sencillez. Este orador no se esforzaba en hacer frases pomposas. Al contrario, parecía ofrecer cada palabra sobre la palma de la mano, empleándola con asombrosa facilidad en su sentido exacto.

Sería una dura tarea transmitir la excepcional impresión que produjo. Su brazo extendido hacia el frente, con la palma de la mano un poco orientada hacia arriba, como si la apoyase en cada palabra, citando las frases del adversario y rebatiéndolas con argumentos de peso, con pruebas del derecho y del deber de la clase obrera de proseguir por su propio camino y no ir a rebufo -ni siquiera hacia un lado- de la burguesía liberal.

Todo esto estaba fuera de lo común y Lenin lo decía como si no hablase por si mismo, sino realmente por la voluntad de la historia. La cohesión, el remate, la justicia y el vigor de su palabra, todo él en la tribuna parecía una obra de arte clásica en la que no falta ningún detalle y tampoco sobra nada, sin defectos, y, si los tiene, son casi imperceptibles por ser tan naturalmente necesarios como los ojos en la cara o los cinco dedos en la mano.
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Una de las condiciones fundamentales del éxito de los bolcheviques

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Seguramente que hoy casi todo el mundo ve ya que los bolcheviques no se hubieran mantenido en el Poder, no dos años y medio, sino ni siquiera dos meses y medio, sin la disciplina severísima, verdaderamente férrea, dentro de nuestro Partido, sin el apoyo más completo y abnegado prestado a éste por toda la masa de la clase obrera, esto es, por todo lo que ella tiene de consciente, honrado, abnegado, influyente y capaz de conducir consigo o de atraerse a las capas atrasadas.

La dictadura del proletariado es la guerra más abnegada y más implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se halla decuplicada por su derrocamiento (aunque no sea más que en un solo país) y cuya potencia consiste, no sólo en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de las relaciones internacionales de la burguesía, sino, además, en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Pues, por desgracia, ha quedado todavía en el mundo mucha y mucha pequeña producción y ésta engendra al capitalismo y a la burguesía constantemente, cada día, cada hora, por un proceso espontáneo y en masa. Por todos estos motivos, la dictadura del proletariado es necesaria, y la victoria sobre la burguesía es imposible sin una lucha prolongada, tenaz, desesperada, a muerte, una lucha que exige serenidad, disciplina, firmeza, inflexibilidad y una voluntad única.

Lo repito, la experiencia de la dictadura triunfante del proletariado en Rusia ha mostrado de un modo palpable al que no sabe pensar o al que no ha tenido la ocasión de reflexionar sobre esta cuestión, que la centralización incondicional y la disciplina más severa del proletariado constituyen una de las condiciones fundamentales de la victoria sobre la burguesía.

De esto se habla a menudo. Pero no se reflexiona suficientemente sobre lo que esto significa, en qué condiciones es posible ¿No convendría que las salutaciones entusiastas al Poder de los Soviets y a los bolcheviques se vieran acompañadas con más frecuencia de un análisis serio de las causas que han permitido a los bolcheviques forjar la disciplina necesaria para el proletariado revolucionario?
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La destrucción y restauración de los palacio-museos de Leningrado

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Leningrado suele ser descrita con justa razón como ciudad-museo. El trazado regular de sus avenidas, sus conjuntos arquitectónicos y sus edificios construidos por los más grandes arquitectos, sus parques y jardines, sus esculturas, el ancho Neva con sus muelles de granito y sus innumerables afluentes y canales hacen de ella un conjunto único. Los habitantes de Leningrado aman su ciudad y se esmeran por conservar su fisonomía histórica.

En los primeros días que siguieron a la Revolución de Octubre de 1917, el Estado soviético promulgó varios decretos firmados por V. I. Lenin, tendentes a asegurar la conservación del patrimonio cultural y la protección de los monumentos históricos. Esta importante misión fue confiada a la Sección Museológica del Comisariato de Educación Popular de la RSFSR y a los soviets municipales, autoridades locales que disponían de sus propias secciones o inspecciones encargadas de la protección de los monumentos.

 

 

El ataque de 1941 y las medidas de urgencia

 

El 22 de junio de 1941, la Alemania de Hitler atacó la Unión Soviética. Los ejércitos nazis violaron la frontera soviética sin previa declaración de guerra y lanzaron una impetuosa ofensiva. Desde el momento en que se anunciara el desencadenamiento de las hostilidades, los habitantes de Leningrado se organizaron rápidamente. Muchos partieron al frente para unirse al ejército regular y a las milicias populares, mientras la población civil y los bienes atesorados en los museos eran evacuados sistemáticamente hacia el interior del país y se tomaban las primeras medidas para proteger las ciudades de los ataques de la aviación enemiga.

El mes de junio es en Leningrado la época de las noches blancas, durante las cuales las calles y las orillas del Neva están habitualmente llenas de gente. Pero con el comienzo de la guerra y la instauración del toque de queda, la ciudad pareció quedar desierta. En ese clima de alerta, surgía especialmente rotunda la majestad de la arquitectura de Leningrado. Los contornos de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, del Palacio del Almirantazgo y de la Catedral de San Isaac se recortaban con precisión contra el fondo claro del cielo y los edificios palaciegos parecían más monumentales aún. En esa atmósfera dramática, acrecentada todavía más por los gigantescos globos aerostáticos de la defensa aérea, la ciudad se hundía en la calma que precede a la tormenta.

A partir del 22 de junio de 1941, la Inspección Estatal para la Protección de los Monumentos de Leningrado emprendió sistemáticamente las tareas tendientes a asegurar la protección de la ciudad durante las hostilidades. Se elaboraron planes para proteger los monumentos y las esculturas clasificadas, así como para camuflar los edificios elevados. Se creó un destacamento de ciento cincuenta hombres destinados a reparar los daños.

La cúpula de la Catedral de San Isaac y la aguja del campanario de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo se revistieron conpintura de ramuflaje y las agujas del Castillo de los Ingenieros y del Almirantazgo se cubrieron con enormes fundas que las disimulaban. Podemos imaginar las dificultades y peligros que entrañaba esa tarea realizada sin andamios a una altura vertiginosa, y para la que hubo que recurrir a la experiencia de alpinistas.

El célebre Caballero de Bronce de la Plaza del Senado, estatua ecuestre de Pedro el Grande de Etienne Falconer, y el monumento a Nicolás I de P. Klodt fueron rodeados con sacos de arena y cubiertos con tablas. Otros, como el monumento a Pedro I ubicado cerca del Castillo de los Ingenieros, obra del escultor Kastrelli -padre del constructor del Palacio de Invierno- y los célebres caballos de Klodt que adornan el puente Anichkov sobre la Perspectiva Nevsky fueron retirados de sus pedestales y colocados en fosas bien protegidas. Ambos métodos resultaron eficaces y los monumentos que son el orgullo de Leningrado permanecieron indemnes.
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146 años del nacimiento de Lenin

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El 22 de abril de 1870, al este de Rusia, en Simbirski, actual Ulianovsk, nacía el gran teórico y dirigente del proletariado mundial, jefe de la Revolución de Octubre, fundador del Partido Comunista(bolchevique) de la URSS, de la Internacional Comunista y del primer Estado bajo la dictadura del proletariado, Vladimir Ilich Lenin.

Toda su vida, desde la juventud, está intimamente ligada a la política, ya que, desde muy temprano, sintió la necesidad de luchar contra la miseria en que vivía su pueblo, en particular los trabajadores. A los 18 años, Lenin encontró el camino correcto; el que señalaban Marx y Engels, creadores del socialismo científico. Exiliado, después de haber sido detenido por participar en manifestaciones políticas estudiantiles, entre 1888 y 1889, Lenin estudió “El Capital” y se unió a un círculo marxista.

Pero Lenin no sólo había encontrado su camino, sino que luego se convertiría en un líder revolucionario, luchando contra los llamados “populistas”, señalando las directrices para la liberación de la clase obrera, definiendo su misión como fuerza revolucionaria de vanguardia de la sociedad, así como la misión de los campesinos en calidad de aliados del proletariado.

En 1895, Lenin difunde las bases del Partido obrero marxista, unificando todos los círculos marxistas de Petersburgo y fundando la “Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera”. En diciembre de ese mismo año es detenido y deportado a Siberia. A comienzos de 1900, Lenin volvió del destierro y se exilió en el extranjero, donde creó el primer periódico de los marxistas revolucionarios rusos llamado “Iskra”.

Durante los años de guerra imperialista de 1914-1918, elaboró la teoría y la táctica del Partido bolchevique en los problemas de la guerra, publicando en 1916 su famosa y clásica obra “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, en la que desenmascara el carácter imperialista y de rapiña de la guerra desencadenada por los países capitalistas más desarrollados por el reparto del mundo. Ahí fundamenta la ley, descubierta por él, del desarrollo desigual de los países bajo el régimen imperialista, demostrando que el imperialismo es el capitalismo agonizante, el preludio de la Revolución Socialista.
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El factor traición

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El siguiente texto es un extracto del libro “La caída del comunismo ruso” de Aleksandr Zinoviev(1).

 

 

Uno de los factores más importantes que condicionaron el colapso del comunismo soviético (ruso) fue el factor traición. Tal vez ha sido la primera vez en la historia que este factor no sólo fue tenido en cuenta con anticipación por aquellos que dirigieron la destrucción del comunismo ruso, sino también previsto anticipadamente y desarrollado a una enorme escala como factor del proceso evolutivo. Por lo tanto, merece atención como una de las características de la historia programada y dirigida.

 

 

El concepto de traición

 

Aparentemente la traición es algo evidente. Pero sólo “aparentemente” y sólo en los casos más simples y habituales. Un individuo se convirtió en espía de otro país, es un traidor. Se movió hacia el lado del enemigo en la guerra, es una traidor. Sin embargo, incluso en estos casos, los criterios de evaluación o no están definidos o son violados con frecuencia. Por ejemplo, el general y traidor Vlásov(2) fue transformado en un héroe en la lucha ideológica contra el stalinismo. Y representantes probados de la “quinta columna” de Occidente en la Unión Soviética y en Rusia viven impunemente en la tierra rusa e incluso prosperan, entrando en las capas superiores de la sociedad rusa y llegando a los puestos del poder de Estado. Es cierto que no existe ninguna evidencia cuando se trata de grupos de individuos, de grandes comunidades y pueblos enteros, y también cuando se verifican comportamientos individuales, los cuales involucran un gran número de acciones en condiciones complejas e inconstantes. Además, el carácter de las acciones individuales y los criterios de su evaluación se alteran con el tiempo. En lo que respecta a la evolución de la traición, la humanidad ha recorrido un largo camino desde las formas primitivas y evidentes de traición individual evidente hasta las formas masivas, sutiles y encubiertas. Todo esto debe ser tomado en cuenta para definir científicamente el concepto de este fenómeno.

Es necesario distinguir entre el enfoque jurídico-moral y el enfoque sociológico del problema de la traición. El primero es suficiente en lo relativo a las acciones individuales en situaciones sencillas. El segundo es necesario para la comprensión del comportamiento de grandes multitudes, masas y asociaciones de individuos en procesos históricos complejos. Esto fue precisamente lo que ocurrió en los años de la preparación, aplicación y consolidación de los resultados del golpe contrarrevolucionario en la Unión Soviética.

El caso más simple de traición está en la relación entre dos individuos. En esta relación, el destino de un individuo depende del otro de modo sustancial. El primero confía en el segundo, convencido de que este cumplirá con su obligaciones en relación con él. El segundo tiene determinadas obligaciones con respecto al primero, es consciente de estas obligaciones, sabe que el primero confía en él y que cuenta con él en esta relación. Esta relación puede ser sellada con una palabra, una promesa, un juramento, por tradición, costumbres, opinión pública, normas morales, leyes jurídicas. Si el segundo individuo no cumple con sus obligaciones, se dice que es una “traición”: el segundo traiciona al primero.
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El PCUS(b), Gosplan y la Cuestión de la Transición a la Sociedad Comunista en la Unión Soviética, 1939-1953

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Articulo de Vijay Singh presentado a la Conferencia Internacional Científico-Practico con el tema: “Análisis de Clase en el Movimiento Comunista Moderno“, organizado por el Centro Internacional para la Formación de la Doctrina Comunista Moderna, celebrado en Moscú entre los días 8 y 10 de Noviembre de 1996.

 

El Marxismo reconoce el papel principal que juega la clase obrera industrial en las revoluciones democráticas y socialistas en el proceso de transición a la sociedad comunista.

Marx y Engels indicaban en el Manifiesto Comunista que de “todas las clases que se enfrentan hoy a la burguesía, sólo el proletariado es una clase realmente revolucionaria. Las otras clases decaen y finalmente desaparecen ante la industria moderna; el proletariado es su producto esencial y especial.” Vladimir I. Lenin en Un Gran Comienzo indicaba que la posición marxista de que solamente los trabajadores urbanos y los obreros industriales serían capaces de dirigir a la totalidad de los trabajadores y explotados en la lucha por derribar el capitalismo y crear un sistema socialista. El socialismo exige la abolición de las clases sociales, la abolición de toda la propiedad privada de los medios de producción, la abolición de la diferencia entre la ciudad y el campo, así como la diferencia entre el trabajo manual e intelectual. Lenin rechazó explícitamente la proposición: “todos los trabajadores” serían igualmente capaces de realizar estas tareas históricas.

El consideraba que la presunción: “toda la clase trabajadora” es capaz de llevar a cabo las tareas de la revolución socialista era una frase vacía o la ilusión de un socialista pre-marxista. La posibilidad de abolir las clases surge solamente de las condiciones materiales de la producción capitalista a gran escala y la capacidad para abolirlas sólo la posee el proletariado.

El Marxismo excluye de la definición de clase obrera a la pequeña burguesía, rural y urbana, empleados de oficinas, trabajadores intelectuales y la masa de trabajadores en general. Los intentos del neo-Brezhnevismo en Rusia de ampliar y extender la definición de “clase obrera” debe ser rechazados de la misma manera en que históricamente los bolcheviques lucharon contra esos mismos intentos por parte de los Narodniks en su pretensión de incluir a la pequeña burguesía en esta categoría.

La confusión en esta cuestión acarrea graves consecuencias al carácter y composición del Partido Comunista, a la existencia misma de la dictadura del proletariado, a la abolición de las clases, al sistema de producción de mercancías bajo el socialismo y a la transición al comunismo.
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Stalin, la época de Stalin y el “stalinismo”

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El siguiente texto es una intervención de Aleksandr Zinoviev en el seminario teórico “Lecturas Marxistas”, celebrado del 27 al 29 mayo de 2003 en el Instituto de Filosofía de la Academia de las Ciencias de Rusia, y publicado en la colección “El fin de la prehistoria de la humanidad: el socialismo como alternativa al capitalismo“, Omsk, 2004, pp. 207-215.

 

 

Han pasado 50 años desde la muerte de Stalin. Sin embargo, Stalin y todo lo que está vinculado a su acción no es algo que pertenece al pasado lejano e indiferente a las personas. Todavía están vivos bastantes representantes de generaciones para las cuales la época de Stalin continúa siendo su época, independientemente de la forma en cómo la encararon. Pero lo más importante es que Stalin pertenece al grupo de aquellas personalidades históricas que permanecen eternamente como hitos importantes de nuestra época para todas las futuras generaciones. Por lo tanto, la fecha redonda de medio siglo es sólo un pretexto para abordar temas que son eternamente actuales. En este ensayo no pretendo analizar hechos y acontecimientos concretos de la época y de la vida Stalin, sino sólo su esencia social.

 

La época de Stalin

Para realizar una caracterización objetiva de la época de Stalin es necesario en primer lugar determinar su lugar en la historia del comunismo ruso (soviético). Hoy en día puede considerarse como un hecho la existencia de cuatro períodos en la historia del comunismo ruso: 1) el nacimiento; 2) la juventud (o maduración); 3) la madurez; 4) la crisis y el fallecimiento.

El primer período abarca los años entre la Revolución de Octubre de 1917 y la elección de Stalin como Secretario General del Comité Central del Partido en 1922 o hasta la muerte de Lenin en 1924. Este período se puede definir como leninista, por el papel que en él desempeñó Lenin.

El segundo período abarca los años siguientes hasta la muerte de Stalin, en 1953, o hasta el XX Congreso del Partido en 1956. Este es el período de Stalin.

Se inicia entonces el tercer período que termina con la llegada al poder de Gorbachov en 1985. Este es el período de Jruschov-Brezhnev. Y el cuarto periodo, iniciado con la conquista del poder por Gorbachov, termina con el golpe anticomunista en agosto de 1991, encabezado por Yeltsin, y la destrucción de el comunismo ruso (soviético).

Después del XX Congreso del PCUS (1956) se estableció firmemente la idea de que el período de Stalin fue un período horrible, y que el propio Stalin fue el más atroz de todos los criminales de la historia humana.
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Lenin y el nacimiento de los Soviets en 1905

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Este texto es sólo un fragmento del libro de Támas Krausz, publicado en lengua húngara, “Lenin – Társadalomelméleti rekonstrukció“, Ed. Napvilág, Budapest, 2008 (Lenin, Reconstrucción de su teoría social). La presente versión al español es una traducción desde el idioma ruso, realizada por Norberto Zuñiga Mendoza, a partir del texto en ruso del Profesor Támas Krausz.

 

 

Al momento de la primera revolución rusa, Lenin, efectuando un análisis político cotidiano, confrontaba los problemas prácticos de la revolución desde la perspectiva teórica del socialismo, lo que le permitía entender con claridad el fenómeno del contraste entre una situación revolucionaria y otra posrevoludonaria. Tanto los rasgos “profesionales y organizativos” como las funciones políticas de los órganos de autogestión popular que eran los Soviets surgidos durante la revolución, eran, ante todo, elementos evidentes que contribuían fuertemente a su consolidación. Así, Lenin consideraba que los Soviets eran órganos de autodefensa revolucionaria, y a la vez, embriones de un nuevo y gran poder que atravesaban por diferentes etapas, y poseían características y tareas específicas a lo largo de su proceso de desarrollo. Por ejemplo, después de la derrota del levantamiento armado en Moscú, en diciembre de 1905, surgió como la primera necesidad la de la organización de la autodefensa revolucionaria. Bajo esta perspectiva, Lenin consideraba que las “pseudo-promesas” y las aspiraciones utópicas de autogobierno eran nocivas para la totalidad del movimiento, pues si no era tomada en cuenta la realidad inmediata, en aras de pensar solamente en el periodo posrevolucionario (o sea, la sociedad del futuro), eso suponía que se desviaba la atención y energía de esa tarea inmediata de la autodefensa revolucionaria.

En ese sentido, los sucesos de 1905 fueron la antesala de lo que estaba por venir, esto es, que con el curso de la revolución surgieron, como nunca se había visto en la historia de Rusia, organizaciones obreras de autogobierno y de autodefensa -los llamados Soviets (Consejos o Asambleas)-, los cuales cumplían al mismo tiempo funciones de diferente carácter: económicas, sociales, políticas, administrativas y hasta militares, dentro del enorme territorio comprendido entre las ciudades de San Petersburgo hasta Ivanovo-Voznesiensk(1). A finales de 1905, unos días antes de su arribo a Rusia, Lenin escribió un artículo sobre esas nuevas instituciones de la revolución, los Soviets de Diputados Obreros, bajo el titulo: “Nuestras tareas y el Soviet de Dipurodos Obreros“.(2)

En éI rechazaba abiertamente la disyuntiva: “¿Soviet de diputados obreros o Partido?”. señalando que los Soviets debían ser entendidos como formas de auto-organización de toda la clase obrera, y sobre todo, de toda la población antizarista, y además, que éstos habían surgido como una especie de “organizaciones profesionales” del proletariado, imposibles de ser usurpadas por partido alguno. Argumentaba también que, tanto los Soviets como los partidos obreros y socialistas tenían diferentes tareas, y que cada uno era apoyado por diferentes grupos sociales. Al mismo tiempo, Lenin veía a los Soviets no como un tipo de organización socialista, sino precisamente como una organización revolucionaria. “Posiblemente me equivoque -escribía Lenin-, pero me parece (según mis apreciaciones parciales y sólo en el “papel”) que en el ámbito político, el Soviet de Diputados Obreros debe ser visto como el embrión de un gobierno revolucionario provisional“.(3)
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El nuevo tipo de Estado que brota en nuestra revolución

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Los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., son incomprendidos no sólo en el sentido de que la mayoría no ve con claridad su significación de clase ni su papel en la revolución rusa; son incomprendidos también en el sentido de que representan una nueva forma, o más exactamente, un nuevo tipo de Estado.

El tipo más perfecto, más avanzado de Estado burgués es la república democrática parlamentaria. El Poder pertenece al Parlamento; la máquina del Estado, el aparato y los órganos de gobierno son los usuales: ejército permanente, policía y una burocracia prácticamente inamovible, privilegiada y situada por encima del pueblo.

Pero desde finales del siglo XIX, las épocas revolucionarias hacen surgir un tipo superior de Estado democrático; un Estado que, en ciertos aspectos, deja ya de ser, según la expresión de Engels, un Estado, “no era ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra”(1). Nos referimos al Estado del tipo de la Comuna de París, que sustituye el ejército y la policía, separados del pueblo, con el armamento directo e inmediato del pueblo. En esto reside la esencia de la Comuna, tan calumniada y tan mentirosamente desfigurada por los escritores burgueses, y a la que, entre otras cosas, atribuían erróneamente la intención de “implantar” en el acto el socialismo.

La revolución rusa comenzó a crear, primero en 1905 y luego en 1917, un Estado precisamente de ese tipo. La República de los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., congregados en la Asamblea Constituyente de los representantes del pueblo de toda Rusia, o en el Consejo de los Soviets, etc.: he ahí lo que está encarnando ya en la vida en nuestro país, ahora, en este momento, por iniciativa de un pueblo de millones y millones de hombres, que crea por iniciativa propia la democracia a su manera, sin esperar a que los señores profesores demócratas constitucionalistas escriban sus proyectos de ley para crear una república parlamentaria burguesa, y sin esperar tampoco a que los pedantes y rutinarios de la “socialdemocracia” pequeñoburguesa, como los señores Plejánov o Kautsky, renuncien a sus tergiversaciones de la teoría marxista del Estado.
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Las “Tesis de abril” de Lenin

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El 17 de abril de 1917 es la gloriosa fecha en la que Lenin lanzó sus “Tesis de abril“, mundialmente conocidas. Las Tesis de Lenin aparecieron en el período de más extraordinario cambio en la historia de Rusia.

En los primeros días de la revolución de febrero, fueron creados los Soviets de los diputados obreros y soldados, como órganos de poder popular. Sin embargo, en los primeros días, los partidos conciliadores, menchevique y social-revolucionario, lograron apoderarse de la mayoría de diputados miembros de los Soviets. Una parte considerable del pueblo, sin experiencia en el terreno político, creía en los mencheviques y social-revolucionarios. Pero estos traidores engañaron las esperanzas del pueblo e hicieron un trato con la burguesía. A espaldas de los bolcheviques, se entendieron con los representantes de la burguesía respecto a la formación del nuevo gobierno de Rusia, el Gobierno Provisional burgués. Este gobierno estaba compuesto por la burguesía y los terratenientes aburguesados. Sobre las ruinas del zarismo, la burguesía imperialista rusa, con la ayuda de los Soviets dominados por mencheviques y social-revolucionarios, estableció su propio poder. Surgió un entrelazamiento sui géneris de los dos poderes, el Gobierno Provisional y los Soviets. El resultado fue un doble poder. Era necesaria una nueva orientación del Partido en las nuevas condiciones de lucha.

En las “Tesis de abril“, es generalizada, de forma extraordinaria y concisa, la experiencia histórica de dos revoluciones rusas y, con perspicacia leninista, fundamentado el plan concreto del paso de la revolución democrático-burguesa, ya realizada, a la revolución socialista.

En las “Tesis de abril“, Lenin dio una respuesta clara y completa a todas las cuestiones que agitaban, entonces, el Partido Bolchevique y toda la Rusia revolucionaria.

Las “Tesis de abril” son el modelo más perfecto del marxismo creador revolucionario. En el artículo dedicado al 50º aniversario de Lenin, el camarada Stalin escribió: “Los bolcheviques concentran principalmente su atención en determinar las vías y los medios para la realización del marxismo que correspondan a la situación y en modificar esas vías y esos medios cuando la situación cambia; los bolcheviques no sacan sus instrucciones y sus directivas de analogías y paralelos históricos, sino del estudio de las condiciones circundantes; no basa su actividad en citas y máximas, sino en la experiencia práctica, comprobando cada paso suyo en la experiencia, aprendiendo de sus propios errores y enseñando a los demás a construir una nueva vida. Esto explica, en rigor, por qué no hay divorcio entre las palabras y los hechos en la actuación de este grupo y porque en ella la doctrina de Marx conserva toda su vital fuerza revolucionaria“.

El camarada Stalin señaló: “Se pueden aplicar con toda razón a los bolcheviques las palabras de Marx de que los marxistas no pueden contentarse con interpretar el mundo, sino que deben ir más lejos, para transformarlo“.

Las “Tesis de abril” de Lenin, tenían el objetivo de transformar revolucionariamente el mundo. Se convirtieron en la bandera del gran Partido Bolchevique en su abnegada lucha por la histórica victoria mundial de la revolución socialista.
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La Biblioteca Lenin

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La Biblioteca Estatal Lenin de la URSS es una de las más valiosas joyas del tesoro de la cultura soviética. A pesar de haber sido fundada hace casi 80 años, incluso así, en virtud de la riqueza de su reposición de libros y de la finalidad de sus actividades, está entre las bibliotecas más importantes del mundo: la Biblioteca del Congreso, de Washington, fundada en 1800, la Biblioteca del Museo Británico, de Londres, fundada en 1753 y la Biblioteca Nacional, de París, fundada durante el siglo XIV.

La Biblioteca Lenin posee una increíble cantidad de libros y manuscritos, cuyo total es de 9.600.000 piezas.

La base del crecimiento de la Biblioteca fue la colección de libros que pertenecían al Museo Público Rumiantsev. Rumiantsev, erudito de las artes y de la literatura, consiguió reunir una colección de libros y manuscritos de incalculable valor.

La Biblioteca Rumiantsev fue muy importante en el desarrollo posterior de la ciencia y de la literatura rusa. Muchas generaciones de estudiantes frecuentaron sus salas de lectura, entre los que estaban el gran científico Mendeleiev y los escritores Tolstoi y Dostoievski.

Lenin visitó la Biblioteca por primera vez en el año 1893. Su firma fue conservada en el libro de visitantes. A principios de 1897, Lenin visitó una vez más la Biblioteca, durante su breve estancia en Moscú, a camino del exilio en Siberia. Más tarde, cuando ya era Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, Lenin recorría frecuentemente aquella Biblioteca.
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