Archivo de la etiqueta: Molotov

Carta de Molotov al Presídium del Comité Central pocos días después del XX Congreso

Molotov_V_M_Life_journal

 

En esta carta, Molotov denuncia el aventurerismo derechista y concreta las divergencias que se venían manifestando dentro de la dirección del PCUS:

 

Alto secreto
A mis camaradas del Presídium
De V. Molotov

Una vez concluido el XX Congreso del Partido quiero advertir a mis colegas del peligro con que nos enfrentamos como resultado de nuestras acciones. Hablo libremente porque, como es bien sabido, acepté la decisión colectiva, denuncié mis propias ideas, expresadas con anterioridad y me uní a un esfuerzo que, no puedo ocultarlo, sigo considerando como aventurerismo derechista.

Recordemos las discusiones que han tenido lugar durante los años pasados y que han culminado ante el Congreso.

Algunos de nuestros camaradas adoptaron la siguiente posición:

1) En una reacción prolongada de la guerra de Corea, los Estados Unidos estaban dedicando sus esfuerzos de un modo primordial al desarrollo de un anillo de pactos militares.

2) Estos pactos eran impopulares y al mismo tiempo ineficaces. Los pueblos de los países afectados deseaban la paz, el desarrollo económico y un creciente desarrollo nacional, así como una posición mejor para sus naciones.

3) Por tanto, era el momento oportuno para asociarnos con estos sentimientos emocionales y desbordar a los americanos.

Yo encabecé a los que adoptaron una posición opuesta, entre los que se contaban los más experimentados de entre nosotros en esas cuestiones. Manteníamos la siguiente posición:
Sigue leyendo

Anuncios

Lavrenti Beria y los factores de la victoria

123

 

Nos habituamos muy rápido a las cosas buenas. En el último medio siglo nos hemos acostumbrado demasiado al milagro llamado “Victoria”. Nos hemos acostumbrado hasta a la insolencia más deplorable; ¿pero por qué fue tan difícil de conseguir la Victoria? El número de víctimas debería haber sido menor; lo ideal era que el enemigo hubiese sido rechazado fuera de nuestras fronteras.

Nos hemos acostumbrado a la apatía total, incluso llegamos a repetir la conocida afirmación de Ernst Henri(1), miembro de la Unión de Escritores de la URSS, de que supuestamente el pueblo ganó la guerra a pesar de Stalin (por cierto, Henri es conocido únicamente por haber hecho esta declaración).

Pero, ¿quién dijo que teníamos las de ganar? La Wehrmacht derrotó a Polonia en menos de tres semanas, el ejército francés, que era el más fuerte de Europa, fue derrotado en 40 días, mientras que nosotros nos demoramos tres meses y medio en dar cuenta de la diminuta Finlandia, por no hablar de las vergüenzas que pasamos.

Entonces, ¿cómo es que vencimos? La Victoria tuvo muchos factores. Además del principal, el heroísmo de los soldados y de los oficiales vergonzosamente olvidados por los creadores del proyecto de la “Pequeña cinta de San Jorge”(2), aquí se incluyen las distancias, los caminos, la lluvia y el frío. Pero hay otro factor principal de la Victoria, sin el cual ni el heroísmo nos habría salvado: el admirable funcionamiento de todo el complejo industrial-militar.

Por cierto, ¿quién fue el responsable en el gobierno soviético del complejo industrial-militar? ¡Stalin era el comandante supremo, no podía encargarse de todo!

La historia no dice nada, sus testigos susurran…

¿Pero quién dirigía el armamento?

Por casualidad, llegó a mis manos la primera edición de la novela “El acero y la escoria“, dedicada a la metalurgia de los tiempos de la guerra. En la literatura soviética de la época (y en el cine también) había la siguiente costumbre: el clímax de la narración era señalado con la entrada en escena del dirigente de turno. Podía ser el secretario del Comité Regional del Partido, o podía ser el propio Stalin, pero era obligatoria la aparición en escena del dirigente. ¿Quién, desde las alturas trascendentales del Kremlin, telefoneó a la fábrica metalúrgica en el momento culminante de la narrativa? ¿Stalin? No. Stalin comandaba el ejército. Fue Beria(3) el que llamó, el Comisario del Pueblo para Asuntos Internos. Algunos verán en esto una demostración clara de la naturaleza sanguinaria del régimen de Stalin. Pero hay una explicación más simple: la mencionada fábrica estaba bajo la alta responsabilidad de Beria, y fue por eso que telefoneó allí.
Sigue leyendo

GULAG

Gulag

 

Artículo que Viktor Zemskov (historiador durante la Perestroika) publicó en la revista “Investigaciones sociológicas” en el que aclara los datos sobre las estadísticas de prisioneros políticos del GULAG.

El objetivo del presente artículo es mostrar una estadística auténtica de los prisioneros del GULAG, una parte ya ha aparecido en artículos de A.N. Nudin, V.F. Nekrasov (1) y en el semanario “Argumenty i fakty”.

A pesar de la existencia de estas publicaciones, en las cuales se dan datos auténticos con su confirmación documental sobre el número de prisioneros del GULAG, la sociedad soviética y extranjera se encuentra completamente bajo la influencia de los datos estadísticos inventados que no se corresponden a la realidad histórica, contenidos en los trabajos de autores extranjeros (R. Conquest, S. Cohen y otros), así como en publicaciones de investigadores soviéticos (R.A. Medvedev, V.A. Chalikova y otros). Además, en los trabajos de todos estos autores la diferencia con las estadísticas auténticas nunca va en el sentido de la disminución sino exclusivamente en dirección de su aumento. Da la impresión de que compiten entre ellos para sorprender a los lectores con cifras, por decirlo de algún modo, astronómicas.

He aquí, por ejemplo, lo que escribe S: Cohen (extraído del libro de R. Conquest “El gran terror”, publicado en 1968 en los Estados Unidos): “… A finales de 1939 el número de prisioneros en cárceles y campos de concentración creció hasta los 9 millones de personas (en comparación con los 30 mil de 1928 y los 5 millones de 1933-1935” (2). En realidad en enero de 1940 había en los campos del GULAG 1.334.408 prisioneros, en colonias del GULAG 315.584 y en cárceles 190.266 personas. En total, entre campos, colonias y cárceles había 1.850.258 prisioneros (tabla 1), es decir, los datos ofrecidos por R. Conquest y S. Cohen están aumentados en casi 5 veces.

La investigadora soviética V.A. Chalikova repite a Conquest y Cohen, y dice: “Las cuentas, basadas en distintos datos, muestran que entre 1937-1959 se encontraban en los campos, que ocupaban superficies enormes, entre 8 y 12 millones de personas” (3). V.A. Chalikova da una cifra máxima de 12 millones de prisioneros en el GULAG (evidentemente en el concepto de “campo” incluye las colonias) para determinada fecha concreta, pero en realidad para el periodo de 1934 a 1953 la cifra máxima de prisioneros en el GULAG fue el 1 de enero de 1950 y fue de 2.561.351 personas (ver tabla 1). Por consiguiente, V.A. Chalikova, siguiendo a R. Conquest y S. Cohen, aumenta en unas cindo veces el número auténtico de prisioneros en el GULAG.

También hizo su aportación a la cuestión de la confusión en la estadística de prisioneros del GULAG N.S. Jruschev, que evidentemente, con el objetivo de aumentar el valor de su propio papel como liberador de las víctimas de la represión estalinista, escribió en sus memorias: “… Cuando murió Stalin, en los campos había 10 millones de personas” (4). En realidad, el 1 de enero de 1953 en el GULAG había 2.468.524 presos: 1.727.970 en campos y 740.554 en colonias (ver tabla 1). En el Archivo Central Estatal de la Revolución de Octubre se guardan copias de los informes de la dirección del Ministerio del Interior de la URSS enviados a nombre de N.S. Jruschev con indicaciones exactas del número de prisioneros, entre otros momentos a la muerte de Stalin. N.S. Jruschev estaba muy bien informado de la cifra real de prisioneros del GULAG y la aumentó en cuatro veces.

 

Tabla 1  (Pinchar en imágenes para aumentar)

Número de prisioneros del GULAG (a 1 de enero de cada año) (5)

Tabla1

* En campos y colonias.
Sigue leyendo

Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (I Parte)

noyabrya

 

Índice:

I. Los líderes oportunistas del PCUS bajo la máscara del marxismo
II. Stalin y la democracia proletaria
III. El dominio de la burocracia
IV. Los oportunistas en el terreno internacional
V. Comunistas, ¡adelante!

 

 

El presente documento(1) nos fue dado a conocer, en su versión francesa, por la web Komintern.doc, actualmente inoperativa, que lo reprodujo a partir de la edición de 1971, por las Éditions Norman Bethune (76, boulevard Saint-Michel, París 6º.), en la que es omitido cualquier dato sobre sus autores, así como la fecha exacta de publicación, necesariamente clandestina, en la Unión Soviética. Las referencias contenidas en el propio texto permiten situarlo en el período inmediatamente posterior a la destitución de Jrushov(2) (14 de octubre 1964).

Hemos intentando, en vano, buscar el original en las numerosas webs rusas que se interesan por la divulgación de documentos e investigaciones sobre la historia de la URSS. Finalmente, descubrimos una versión en ruso en la web http://www.enverhoxha.ru, que, al final, resultó ser una traducción del inglés a partir de una edición producida en Albania en 1965, la cual se encuentra disponible en la misma web.

Fue lo más cerca que conseguimos llegar del original, suponiendo que esta traducción en inglés fue hecha directamente del ruso, como nos parece probable, y que habrá servido de base para la traducción francesa, como nos parece evidente debido a la confrontación de las dos versiones.

Sobre su autoría, el editor de Komintern.doc dice que, en el momento en que apareció esta “Declaración Programática“, “circuló en los medios marxistas-leninistas la suposición de que su redacción sería de la responsabilidad o podría haber sido supervisada por el camarada V. M. Molotov(3), compañero de armas de Lenin y Stalin“.

Pero se trata de una “simple suposición“, ya que, “teniendo en cuenta las condiciones de clandestinidad del movimiento comunista revolucionario (bolchevique) en la URSS, después del triunfo de los revisionistas jrushovianos dentro del PCUS, era imposible a cualquiera reivindicar la paternidad literaria de un texto“.
Sigue leyendo

75 años del pacto Mólotov-Ribbentrop

G-S_T_1_Signing

Como es sabido, Hitler empezó la guerra casi en el mismo día en el que lo había hecho Napoleón. Fue el día más largo del año, el día del solsticio. Hasta el presente, este día, los estudiantes de Rusia festejan el fin de bachillerato con fuegos artificiales, bailando y paseando toda la noche por la ciudad (lo pueden ver en la película “Cuando pasan las cigüeñas”).

Con respecto a la guerra y a su inicio en los últimos años han habido tantas mentiras y mitos, que no es de extrañar, que los expertos “todólogos” nos hablen por la televisión de tales cosas como que mientras los vagones con petróleo soviético iban a Alemania, los nazis ya ocuparon una buena parte del país, que Stalin estaba muy asustado y perplejo y se escondió bajo la cama, donde no lo pudieron encontrar durante un año. O a veces llegan a decir que Stalin mismo desató la guerra y el pobre Hitler se vio obligado a defender los “valores europeos”, etc. Ufff… Ya estoy cansado de leer en los foros extranjeros los “testimonios” tipo:

…the Soviets even salute Nazi Germany, under Nazi flag, with a Nazi salute. I highly recommend you watch “The Soviet Story“.

Y claro, que después de ver tantas películas como “The Soviet Story”, guiadas por los alumnos del doctor Goebbels, se puede sacar conclusiones muy fuertes:

When the Soviets occupied northern Europe they killed everyone who was not Russian and that meant Jewish too, many Jewish” (Robert Camara, Medellin).

History Channel & Co. hacen su trabajo. Y yo en mi turno, poco a poco, voy a presentar aquí nuestra versión de los hechos en esta nueva guerra mundial de sentidos y conceptos.

Creo, que sería lógico empezar desde la “bomba” de las interpretaciones trastocadas del Pacto Ribbentrop-Mólotov (hay que advertir, que en ruso el pacto se llama el pacto Mólotov-Ribbentrop, incluso esta manera de presentar el pacto en Occidente al revés ya es muy elocuente). La “bomba” del Mólotov-Ribbentrop según mis observaciones, ya ha destrozado bastantes cerebros.
Sigue leyendo

Reseña del libro “Cartas de Stalin a Molotov”

Imagen

CARTAS DE STALIN A MOLOTOV: 1925 – 1936′

(Editado por Lars T. Lih, Oleg V. Naumov & Oleg V. Khlevniuk)

(Publicado por Yale University Press, New Haven (EE. UU), 1995)

Introducción

   En diciembre de 1969, el camarada en armas de Stalin, Vyacheslav Molotov, entregó al Archivo Central del Partido en el Instituto de Marxismo-Leninismo setenta y nueve cartas escritas para él por Stalin entre 1925 y 1936. Los documentos se encuentran ahora en el “Centro Ruso para la Conservación y el Estudio de documentos de la Historia moderna” en: 558 fond, 1opis, 5388 delo.

Los editores rusos señalan:

       “…la naturaleza fragmentaria”

(Redactores rusos: Prefacio: Lars T. Lih, Oleg V. Naumov & Oleg V. Khlevniuk (Eds).: ‘Cartas de Stalin a Molotov: 1925-1936’; New Haven (EE.UU.); 1995; p. xiv).

de la correspondencia, señalando que:

“…el período comprendido entre 1931 y 1936 es representado por sólo unos pocos documentos. Cartas de otros años (sobre todo 1928) están perdidas por completo. No se sabe si Molotov entregó todos los documentos que tenía en su poder o sólo una parte de ellos”.

(Editores rusos: Lars T. Lih et al. (Eds.).; ibíd.; p. xiv).

Sin embargo,

“…las cartas conservadas contienen información sin precedentes”,

(Editores rusos: Lars T. Lih et al. (Eds..: ibíd.; p. xiv).

Sobre todo porque no fueron escritas con el fin de publicarse.

El testamento de Lenin

    Tal vez la parte más interesante del libro sea el llamado Testamento de Lenin, una carta dictada por Lenin a finales de diciembre de 1922. Durante su última enfermedad.

“De acuerdo con sus (Lenin – Ed.) deseos, la carta fue leída a los delegados del XIII Congreso del Partido, que tuvo lugar del 23 al 31 de mayo de 1924. El Congreso decidió por unanimidad que la carta no se debería publicar… ya que iba dirigida al Congreso y no destinada a la publicación”.

(Note a: Vladimir I. Lenin: Últimas Cartas y Artículos; Moscú; 1971; p. 63).

    En 1925 el Trotskista Americano Max Eastman publicó “Desde la muerte de Lenin”, que contenía lo que se supone que eran extractos del documento en cuestión.  Sin embargo, en su Introducción , el editor Lars Lih admite que el libro de Eastman está seriamente distorsionado, por motivos políticos, el contenido del documento:

“Todas las interpretaciones occidentales previas han aceptado que el libro de Eastman “reproduce correctamente largos extractos” del Testamento. Al leer “Desde la muerte de Lenin”, me sorprendió encontrar que esto estaba lejos de ser cierto. No sólo Eastman da una versión muy distorsionada del Testamento, pero todas las distorsiones sirven claramente un objetivo político explícito…

“Desde la muerte de Lenin” es inexacto, cuenta altamente politizado las diferencias con Trotsky, con su “santa” devoción a la revolución, a todos los demás dirigentes del partido, que no son más que usurpadores sin escrúpulos”

(Lars T. Lih: Introducción a: Lars T. Lih et al. (Eds.).: op. cit.; p. 20-21).

Eastman afirmó que su libro estaba basado en:

“… sus “charlas” con el camarada Trotsky sobre el llamado testamento de Lenin y sobre las “figuras principales en el Comité Central””.

(Josef V. Stalin: Carta al Buró Político y al Presidium de la Comisión del Control Central, Partido Comunista Ruso (17 de junio de 1925), en: Lars T. Lih et al. (Eds.).: ibíd.:p. 71).

Consecuentemente, el 17 de junio de 1925, Stalin escribió a los miembros del Buró Político y el Presidium de la Comisión de Control Central del RCP diciendo que estaba convencido de que el objetivo del libro de Max Eastman era:

“… desacreditar al gobierno de la URSS y al Comité Central del Partido Comunista Ruso, y que con estos objetivos Eastman se permite toda una serie de difamaciones y distorsiones. Sigue leyendo

Los últimos días de Molotov

Imagen

Poco antes de su muerte (ya le fallaban cuerpo y mente), Molotov, que estaba al cuidado de sus nietos, se encontraba un día viendo la televisión, en la que salía Edvard Shevardnadze, el canciller soviético, haciendo unas declaraciones. Molotov se levantó de la silla con rabia gritando:

“¿¡Qué demonios está diciendo!? ¡Eso es revisionismo! ¡Revisionismo puro! ¡Peor que el revisionismo! ¿¡Se le ha ido la cabeza!? Espero que Stalin no se haya enterado todavía de esto o Shevardnadze lo pagará muy caro. Decidle que quiero verlo en mi oficina hoy a las 04:00 en punto. ¡Y más le vale tener una explicación para esta basura!”

Al oir los gritos, sus nietos fueron corriendo a la habitación y trataron de calmarle:

“Abuelo relájese, es sólo una noticia. Usted ya no es canciller. Es 1986. Hace 30 años que murió Stalin”.

Molotov se calmó y murmuró:

“Lo siento, lo siento. Yo sólo quería hacer mi trabajo. Mi memoria ya no es lo que era”.

Sin embargo, esa misma tarde, a eso de las 03:45, sus nietos ven que el anciano se había puesto un traje y estaba atareado anudando la corbata. Se rieron y le preguntaron:

“Abuelo, ¿estás pensando en ir a algún sitio?

Molotov respondió:

“¿Ir a algún sitio?, ¡Me gustaría poder ir a algún sitio! Me estoy preparando para Shevardnadze. Debo llamar a Stalin y hacerle saber que yo me encargo de esto”.

Una vez más, los nietos de Molotov tuvieron que intervenir y decirle al anciano que ya no era un lider del Partido, que Stalin se había ido hace mucho tiempo y que el mundo había cambiado.

Traducido por “Cultura Proletaria” de REVLET.com