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Enver Hoxha refutado

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[El siguiente artículo ha sido escrito por N. Sanmugathasan, Secretario General del Partido Comunista de Ceilán y está tomado de la primera edición preliminar de “Un mundo que ganar“, publicada antes de que la revista se convirtiera en la voz oficial del Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI). El tema es etiquetado como N º1, con fecha de mayo de 1981. El texto de este artículo se ha comprobado y corregido de acuerdo con la forma en que originalmente apareció allí.]

 

 

Desde su origen, el marxismo ha sido internacionalista en su forma y contenido. Por eso Marx y Engels pusieron fin a su famoso “Manifiesto Comunista” en 1848 con la llamada agitación: “¡Trabajadores del mundo, uníos!” También dieron forma organizativa a este concepto mediante la formación de la Asociación Internacional Trabajadores, que ha llegado a ser conocido como la Primera Internacional. Fue esta organización la responsable de la difusión de las semillas del marxismo entre los obreros avanzados de Europa y América del Norte.

Cuando la mano dura de la represión cayó sobre Europa, después de la derrota de la Comuna de París en 1871, e hizo imposible el funcionamiento de la Internacional en Europa, su sede se trasladó a América del Norte, donde murió de muerte natural. Después de la muerte de Marx, la Segunda Internacional fue formada bajo la dirección de Engels. Este fue el período de emergencia de los partidos socialistas y laboristas de masas en Europa, muchos de los cuales existen en la actualidad.

Engels no vivió para ver su degeneración al oportunismo burgués al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Lenin libró una lucha titánica contra los dirigentes revisionistas de la II Internacional, Kautsky y Bernstein, que habían reclamado el manto de Marx y Engels como líderes del partido socialdemócrata más fuerte de Alemania.

El éxito de la Revolución de Octubre en Rusia en 1917 y el fin de la Primera Guerra Mundial acabó con la exposición del oportunismo por parte de los dirigentes de la Segunda Internacional. Lenin, laboriosamente, reunió lo bueno de la vieja Internacional y en 1919, en Moscú, formó la Tercera Internacional, que, a pesar de albergar muchos defectos y errores, desempeñaría un papel histórico en el establecimiento de los partidos comunistas en casi todo el mundo. Se impusieron algunos acuerdos por diversas razones, sobre todo, la necesidad de facilitar la entrada de los partidos comunistas locales en coaliciones antifascistas nacionales que incluían, incluso, fuerzas no proletarias, que fueron disueltas en 1943.

La corrección de esta decisión continúa siendo una fuente de controversia. Lo que quizás sea más difícil de entender es el hecho de no volver a establecer la unidad del movimiento comunista internacional bajo la forma de una organización al final de la Segunda Guerra Mundial. Es cierto que el Kominform jugó el rol de eje durante un breve período. Pero no era un organismo internacional y su papel fue limitado.
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In Defence of Mao Tsetung Thought-1979

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N.Sanmugathasan, General Secretary, Ceylon Communist Party

 

It has become necessary for all Marxist-Leninists to reassess Mao Tsetung Thought because of late it has begun to be attacked from both the right and the left. I t is not difficult to understand why the right attacks Mao. The present revisionist leadership of China, under Teng Hsiao-ping and the imperialists of all kinds have all the reasons in the world to attack Mao because they hate everything he stood for. Teng Hsiao-ping is currently engaged in the process of de-Maoisation of China, of reversing all the policies of Mao, of reversing the correct verdicts of the Great Proletarian Cultural Revolution. Therefore he has every reason to attack and abuse Mao. But, what is more difficult to understand is why the left personified by the Party of Labour of Albania and certain other so-called Marxist-Leninist parties have chosen precisely this moment to lend weight to Teng’s elbow by coming out with a wholesale condemnation and rejection of Mao Tsetung Thought.

The present anti-Maoist activities of Teng can only be compared to the denunciation of Stalin by Khrushchov in 1956. It does not need much intelligence to perceive this parallel. Stalin was a great Marxist-Leninist who took part, with Lenin, in founding the Soviet state and after Lenin’s death, in constructing socialism in the Soviet Union and then defending it successfully against the savagery of Hitler’s attack. Khrushchov reversed all these, restored capitalism in the Soviet Union, collaborated with U.S. imperialism and shattered the unity of the world communist movement which Stalin had built. Mao, too, was a great Marxist-Leninist who liberated one-fourth of the world’s population from imperialism and feudalism and, there afterwards, constructed socialism in China and by means of the Cultural Revolution showed how to carry on the class struggle under conditions of the dictatorship of the proletariat and prevent China from going the way of the Soviet Union.

Teng has reversed this whole process and is now busy restoring capitalism, in reversing all the correct verdicts of the Cultural Revolution. It is a little insulting to our intelligence to suggest, as the Albanian comrades are doing, that Mao should be compared to Khrushchov and not to Stalin and that Teng is China’s Brezhnev. One question pops up immediately. Why did the Albanian comrades remain silent so long? Nay, why did they hail Mao as a great Marxist-Leninist as late as 1977 at their Seventh Congress? No convincing reason is forthcoming. The only reason trotted out is that the Chinese Party was a closed book to them and they did not know what really was happening there. If that were really so, despite the fact that both parties were members of the Cominform in the post- Second World War period, who opened this closed book to the Albanians now? Surely not Teng Hsiao-ping?
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