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Poemas de Pablo Neruda dedicados a China

Poemas que Pablo Neruda dedicó a China en 1954 en su libro “Las Uvas y el Viento”.

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EL DESFILE

Frente a Mao Tse-Tung
el pueblo desfilaba.
No eran hambrientos y descalzos
que descendieron
las áridas gargantas,
que vivieron en cuevas,
que comieron raíces,
y que cuando bajaron
fueron viento de acero,
viento de acero de Yennan y el Norte.
Hoy otros hombres desfilaban,
sonrientes y seguros,
decididos y alegres,
pisando fuertemente la tierra liberada
de la patria más ancha.

Y así pasó la joven orgullosa, vestida
de azul obrero, y junto a su sonrisa,
cuarenta mil bocas textiles,
las fábricas de seda que marchan y sonríen,
los nuevos constructores de motores,
los viejos artesanos de marfil,
andando, andando,
frente a Mao,
toda la vista China, grano a grano,
de férreos cereales,
y la seda escarlata palpitando en el cielo
como los pétalos al fin reunidos
de la rosa terrestre,
y el gran tambor pasaba
frente a Mao,
y un trueno oscuro
de él subía
saludándolo.
Era la voz antigua
de China, voz de cuero,
voz del tiempo enterrado,
la vieja voz, los siglos
lo saludaban.
Y entonces como un árbol
de flores repentinas
los niños,
por millares,
saludaron, y así
los nuevos frutos y la vieja tierra,
el tiempo, el trigo,
las banderas del hombre al fin reunidas,
allí estaban.

Allí estaban, y Mao sonreía
porque desde las alturas
sedientas del Norte
nació este río humano, porque de las cabezas
de muchachas
cortadas por los norteamericanos
(o por Chiang, su lacayo),
en las plazas,
nació esta vida grande.
Porque de la enseñanza del Partido,
en pequeñitos libros mal impresos,
salió esta lección para el mundo.
Sonreía, pensando
en los ásperos años
pasados,
la tierra llena de extranjeros, hambre
en las humildes chozas,
el Yang Tzé mostrando en su lomo
los reptiles de acero
acorazados
de los imperialistas invasores,
la patria saqueada
y hoy, ahora, limpia la tierra,
la vasta China limpia,
y pisando lo suyo.

Respirando la patria
desfilaban los hombres
frente a Mao
y con zapatos nuevos
golpeaban la tierra,
desfilando,
mientras el viento en las banderas rojas
jugaba en lo alto
Mao Tse-Tung sonreía. Sigue leyendo

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