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Las mujeres en la prehistoria: del comunismo primitivo a la esclavitud

 

Por Formación de Mujeres Comunistas Madrid.

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La necesidad de abordar el surgimiento y la configuración del sometimiento de las mujeres en
occidente se hace cada vez más evidente a la luz de las líneas y análisis retrógrados y
reaccionarios de sectores del movimiento comunista, que a día de hoy continúan negando la
existencia de la subordinación histórica de las mujeres.

Investigar en qué medida la posición de las mujeres ha venido influida y determinada por el
modo de producción de cada época será el pilar de esta publicación. Analizar las circunstancias
de las mujeres en la Prehistoria con anterioridad al establecimiento de las clases sociales y la
propiedad privada y la familia patriarcal es igualmente indispensable para conocer cuáles han
sido los elementos que han configurado la subordinación de las mujeres en los orígenes de la
humanidad.

Las investigaciones que se han elaborado acerca de las relaciones prehistóricas están
necesariamente afectadas por la subjetividad de quien las realiza y la mirada social concreta de
lo estudiado. No hace falta retroceder mucho en el tiempo para comprobar que la visión de la
mujer prehistórica se ha presentado como pasiva y sexual. Este binomio se ha proyectado
desde la actualidad hacia las organizaciones sociales de los primeros homínidos, y se ha
pretendido difundir que sus actividades en cuanto a la comunidad estaban configuradas de tal
forma que los hombres eran los sujetos cazadores y proveedores de alimentos y mujeres
pasivas encargadas exclusivamente de la cría y protección de los hijos. A lo largo de este texto
vamos a ver que éstas y otras posturas no responden a la realidad de las relaciones entre los
miembros de las primeras comunidades prehistóricas, ni tampoco a la realidad de las que
paulatinamente se conformaron hasta el surgimiento del patriarcado.

La postura acerca de la existencia de un matriarcado universal antecesor de un orden patriarcal
también ha sido un importante eje en los estudios antropológicos y sigue suscitando debate. F.
Engels, basándose en autores como Bachofen y Morgan, planteó esta tesis con la finalidad de
demostrar que la dominación sobre las mujeres no es un hecho natural e inmutable, sino que
tiene un origen concreto muy conectado con el surgimiento de propiedad privada y la sociedad
de clases.
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Por un feminismo materialista

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Somos mujeres
Somos sociólogas
Es decir científicas
Hacemos un discurso
sobre la sociedad, y por tanto sobre las mujeres.
¿Qué significa la irrupción del feminismo en la sociedad?
¿Qué significa la irrupción del feminismo en la sociología o en las ciencias humanas en general?
Es preciso descartar de entrada dos posibles interpretaciones de esta irrupción:
a) como la multiplicación de los estudios (los mismos que antes) sobre las mujeres.
b) como el estudio de las mujeres por parte de las mujeres.

¿Qué es el feminismo entonces?

El feminismo es ante todo un movimiento social. Como todo movimiento de rebelión su existencia misma formula -explícita o implícitamente- dos postulados fundamentales:

En primer lugar, que la situación de las mujeres es un motivo de rebelión. Esto es una obviedad, pero esta obviedad da pie a un corolario mucho menos aceptado. Una no se rebela contra lo que es natural y por tanto inevitable, o inevitable y por tanto natural. Desde el momento en que existe una rebelión, al mismo tiempo y necesariamente existe la noción de un proceso resistible. Lo que es resistible no es inevitable; lo que no es inevitable podría ser distinto; es arbitrario, social por tanto. La implicación lógica y necesaria de la rebelión de las mujeres, como de toda rebelión, es que es posible cambiar su situación; de lo contrario, ¿para qué rebelarse? Creer en la posibilidad del cambio implica creer en el origen social de la situación.

La renovación del feminismo ha coincidido con la utilización del término «opresión». La ideología, esto es, el sentido común, el discurso cotidiano, no hablan de opresión sino de «condición femenina». Nos remiten a una explicación naturalista: a una imposición de la physis, de la realidad exterior inaccesible y no modificable a través de la acción humana. El término opresión nos remite en cambio a una arbitrariedad, a una explicación y una situación políticas. «Opresión» y «opresión social» son por tanto sinónimos; o más bien la expresión «opresión social» es un pleonasmo: la noción de una causa política, esto es, social, es de hecho parte integrante del concepto de opresión.

Este término es por tanto la base, el punto de partida de todo estudio y también de toda acción feministas. Su utilización modifica radicalmente no sólo los datos de la sociología sino también los de todas las ciencias humanas.

Deja obsoletas todas las actuaciones «científicas» que no incluyen el concepto de opresión al hablar de un modo u otro, a un nivel u otro, de las mujeres. Un estudio feminista es un estudio encaminado a explicar la situación de las mujeres; toda vez que esta situación se define como una situación de opresión, resulta imposible utilizar sin incurrir en incoherencias unas premisas teóricas que, al no incluir este concepto, lo excluyen.

En consecuencia, una actuación feminista no debe limitarse a aplicar al estudio de las mujeres, con «buena voluntad política», las premisas no modificadas de las ciencias establecidas. Sigue leyendo