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Mujeres bolcheviques que lucharon por el socialismo

 

A continuación presentamos a seis de las mujeres bolcheviques más prominentes. Para no hacerlo demasiado extenso, detallamos sólo algunos de los aspectos más destacados de sus vidas.

 

 

Inessa Armand (1875-1920)

 

Inessa Armand nació en París, en 1875. A los 18 años se casó con Alexander Armand, un rico industrial, pero tras 10 años y cuatro hijos, le dejó para irse a vivir con su hermano, Vladimir, con quien tuvo un quinto hijo. Conservó la amistad con su marido durante el resto de su vida, éste mantuvo a todos sus hijos y financió sus actividades revolucionarias.

La cuestión de la mujer la atrajo al socialismo. Creía que era derecho de toda mujer buscar la realización personal y tener una vida socialmente útil. Armand explicó más tarde a su hija Inna, que había adquirido tempranamente “la fuerte determinación de no llegar a ser completamente femenina, sino continuar siendo una persona normal“(1). Se concentró primero en la situación de las prostitutas, viéndolas como una metáfora de la opresión de las mujeres.

En 1903 Armand se hizo marxista. Como relató en 1908, en una carta a su marido: “El hecho es que, en primer lugar, recorrí este camino más tarde que otros. El marxismo no fue una fantasía de la juventud para mí, sino la conclusión de una larga evolución de derecha a izquierda. …este último año, tan reaccionario [1907], que pasé entre el proletariado… me hizo más firme“.(2)

Hasta 1905, había sido detenida tres veces y había cumplido más de seis meses de prisión. En 1907, fue exiliada a Arcángel. Vladimir la siguió hasta allí, pero en 1909 contrajo tuberculosis y se fue a Suiza. Inessa escapó para cuidar de su amante enfermo, pero murió dos semanas después de su llegada.

Después de un período de estudio en Bruselas, se trasladó a París, donde se unió al pequeño grupo de bolcheviques reunidos alrededor de Lenin. Rápidamente se convirtió en una estrecha colaboradora de de Lenin y Krupskaya.
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Los falsificadores de la historia (Nota soviética publicada en febrero de 1948)

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Nada más acabar la terrorífica II Guerra Mundial, los imperialistas siguieron acosando a la URSS y para ello desplegaron toda una batería de calumnias y manipulaciones equiparándola al III Reich. A fin de desenmascarar las mentiras, la diplomacia soviética emitió en 1948 esta nota.

 

A finales de febrero de 1948, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, en colaboración con los Ministerios de Asuntos Exteriores de Inglaterra y Francia, publicó una recopilación de informes y de diferentes extractos de las notas de los funcionarios hitlerianos y dio a esta recopilación el titulo de Relaciones soviético-nazis durante los años 1939-1941.

Tal y como se destaca en el Prefacio de esta recopilación, en el verano de 1946, los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia se pusieron de acuerdo para publicar los documentos de los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania, correspondientes a los años comprendidos entre 1918 y 1945, incautados en Alemania por las autoridades americanas e inglesas. Debemos mencionar que en la recopilación publicada sólo se han incorporado los materiales de los años 1939 a 1941, mientras que el Departamento de Estado no ha incluido en dicha recopilación los materiales de los años precedentes y, en particular, los correspondientes al periodo de Munich, con lo que permanecen ocultos a la opinión pública mundial. Este hecho, sin duda alguna, no es casual, responde a objetivos que no tienen nada en común con una concepción objetiva y concienzuda de la verdad histórica.

Para justificar ante los ojos de la opinión pública la publicación unilateral de esta recopilación de notas de funcionarios hitlerianos no verificadas o falsificadas a placer, la prensa anglo-americana dio una explicación inventada totalmente; según ésta los rusos habrían rechazado la proposición de Occidente de publicar conjuntamente un informe completo sobre la diplomacia nazi.

Esta declaración de círculos anglo-americanos NO SE CORRESPONDE CON LA REALIDAD.

 

 

El gesto unilateral de los anglosajones

 

De hecho, las cosas sucedieron de la siguiente manera: dadas las noticias aparecidas en la prensa extranjera en el verano de 1945 sobre la relación en Inglaterra de la publicación de documentos incautados en Alemania, el Gobierno soviético se dirigió al gobierno de Gran Bretaña insistiendo para que los expertos soviéticos tomaran parte en el examen conjunto de los materiales alemanes incautados por las tropas anglo-americanas. El Gobierno soviético consideraba inadmisible que se publicaran tales documentos sin un acuerdo previo y, al mismo tiempo, no podía asumir la responsabilidad de la publicación de estos documentos sin una objetiva y minuciosa verificación ya que, sin esas elementales condiciones, la publicación de los materiales en cuestión sólo podía generar una agravación de las relaciones entre los Estados miembros de la coalición anti-hitleriana. Ahora bien, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Inglaterra DECLINÓ LA PROPOSICIÓN SOVIÉTICA, alegando que era prematura la cuestión planteada por el Gobierno soviético en relación con un intercambio de las copias incautadas de documentos hitlerianos.

Se sabe también que, el 6 de septiembre de 1945, la delegación americana junto a la Dirección Política del Consejo de Control en Alemania presentó su proyecto de instrucciones sobre la forma de proceder con los archivos y documentos alemanes. Este proyecto preveía el establecimiento de un único procedimiento para toda Alemania para la conservación y colección de los archivos, así como para el derecho a acceder a ellas por parte de los representantes de los Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas. Estaba igualmente prevista la posibilidad de hacer copias de los documentos y publicarlos. La Dirección Política examinó esta propuesta durante cuatro sesiones. Pero, a petición de los ingleses y americanos, la decisión se aplazó con el pretexto de que no tenían instrucciones; después, tras la declaración del representante americano que decía que el Gobierno de los Estados Unidos preparaba una nueva propuesta y rogaba que se declarara nulo el proyecto presentado, esta cuestión se retiró del orden del día de la Dirección Política.

Así, la declaración según la cual el Gobierno soviético se habría negado a tomar parte en la preparación de la publicación de los materiales de los archivos alemanes es FALSA.
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Cómo funcionaba la democracia soviética en los años 30

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Este texto fue transcrito por George Gruenthal del manuscrito de las “Memorias” de Sam Darcy(1), capítulo XX, pp. 25-31, Biblioteca Tamiment, Nueva York.

 

(…) En diciembre de 1936, el Partido Comunista debía celebrar las elecciones anuales de sus dirigentes. Hasta entonces, las candidaturas y elecciones para cargos del partido habían sido siempre hechas abiertamente. Pero debido a esta práctica, había miembros que se sentían a menudo limitados para expresar su oposición a ciertas figuras poderosas de los comités ejecutivos, por temor a represalias. El Comité Central decidió, entonces, someter a toda la dirección a una prueba para saber si sus miembros tenían realmente la aceptación de las bases. Aquellos que realizaban un servicio público útil serían, probablemente, reelegidos, mientras que aquellos que estaban aferrados a una sinecura y a un lugar de poder, dificilmente mantendrían sus cargos. Con este fin se introdujo el voto secreto.

Los resultados fueron sorprendentes. En algunas organizaciones distritales del partido, direcciones enteras fueron eliminadas de sus funciones. En otras hubo una sanción severa contra la dirección a través de un fuerte voto de oposición, sin embargo, en su conjunto, la dirección nacional del partido recibió un rotundo apoyo. El partido se sintió fuertemente reforzado por los nuevos cuadros elegidos y por la eliminación de aquellos que se habían convertido en burócratas empedernidos y ya no eran bien vistos en cargos de la dirección.

Desde la implantación del poder soviético, la lucha contra la burocracia constituía una de las principales tareas llevadas a cabo por los dirigentes más responsables. El nepotismo, el favoritismo y las prácticas de los grupos fraccionistas habían creado una situación insana: cuando alguien llegaba a un puesto de responsabilidad, en la industria o al servicio del Estado destacaba inmediatamente como adjuntos a todas las personas que, por una razón u otra, las favorecía y las colocaba en los mejores puestos bajo su competencia.

Con frecuencia, estas personas no estaban cualificadas, e incluso cuando lo estaban, la sensación de que tenían un protector las llevaba a convertirse en personas perezosas y burocráticas. Además de eso, estos dirigentes tendían a aumentar el personal por encima de las necesidades de la empresa, ya fuese porque querían “cuidar” de todos sus amigos, o fuese porque sentían que cuantas más personas estuviesen bajo su control mayor sería su influencia.
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El factor traición

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El siguiente texto es un extracto del libro “La caída del comunismo ruso” de Aleksandr Zinoviev(1).

 

 

Uno de los factores más importantes que condicionaron el colapso del comunismo soviético (ruso) fue el factor traición. Tal vez ha sido la primera vez en la historia que este factor no sólo fue tenido en cuenta con anticipación por aquellos que dirigieron la destrucción del comunismo ruso, sino también previsto anticipadamente y desarrollado a una enorme escala como factor del proceso evolutivo. Por lo tanto, merece atención como una de las características de la historia programada y dirigida.

 

 

El concepto de traición

 

Aparentemente la traición es algo evidente. Pero sólo “aparentemente” y sólo en los casos más simples y habituales. Un individuo se convirtió en espía de otro país, es un traidor. Se movió hacia el lado del enemigo en la guerra, es una traidor. Sin embargo, incluso en estos casos, los criterios de evaluación o no están definidos o son violados con frecuencia. Por ejemplo, el general y traidor Vlásov(2) fue transformado en un héroe en la lucha ideológica contra el stalinismo. Y representantes probados de la “quinta columna” de Occidente en la Unión Soviética y en Rusia viven impunemente en la tierra rusa e incluso prosperan, entrando en las capas superiores de la sociedad rusa y llegando a los puestos del poder de Estado. Es cierto que no existe ninguna evidencia cuando se trata de grupos de individuos, de grandes comunidades y pueblos enteros, y también cuando se verifican comportamientos individuales, los cuales involucran un gran número de acciones en condiciones complejas e inconstantes. Además, el carácter de las acciones individuales y los criterios de su evaluación se alteran con el tiempo. En lo que respecta a la evolución de la traición, la humanidad ha recorrido un largo camino desde las formas primitivas y evidentes de traición individual evidente hasta las formas masivas, sutiles y encubiertas. Todo esto debe ser tomado en cuenta para definir científicamente el concepto de este fenómeno.

Es necesario distinguir entre el enfoque jurídico-moral y el enfoque sociológico del problema de la traición. El primero es suficiente en lo relativo a las acciones individuales en situaciones sencillas. El segundo es necesario para la comprensión del comportamiento de grandes multitudes, masas y asociaciones de individuos en procesos históricos complejos. Esto fue precisamente lo que ocurrió en los años de la preparación, aplicación y consolidación de los resultados del golpe contrarrevolucionario en la Unión Soviética.

El caso más simple de traición está en la relación entre dos individuos. En esta relación, el destino de un individuo depende del otro de modo sustancial. El primero confía en el segundo, convencido de que este cumplirá con su obligaciones en relación con él. El segundo tiene determinadas obligaciones con respecto al primero, es consciente de estas obligaciones, sabe que el primero confía en él y que cuenta con él en esta relación. Esta relación puede ser sellada con una palabra, una promesa, un juramento, por tradición, costumbres, opinión pública, normas morales, leyes jurídicas. Si el segundo individuo no cumple con sus obligaciones, se dice que es una “traición”: el segundo traiciona al primero.
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El PCUS(b), Gosplan y la Cuestión de la Transición a la Sociedad Comunista en la Unión Soviética, 1939-1953

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Articulo de Vijay Singh presentado a la Conferencia Internacional Científico-Practico con el tema: “Análisis de Clase en el Movimiento Comunista Moderno“, organizado por el Centro Internacional para la Formación de la Doctrina Comunista Moderna, celebrado en Moscú entre los días 8 y 10 de Noviembre de 1996.

 

El Marxismo reconoce el papel principal que juega la clase obrera industrial en las revoluciones democráticas y socialistas en el proceso de transición a la sociedad comunista.

Marx y Engels indicaban en el Manifiesto Comunista que de “todas las clases que se enfrentan hoy a la burguesía, sólo el proletariado es una clase realmente revolucionaria. Las otras clases decaen y finalmente desaparecen ante la industria moderna; el proletariado es su producto esencial y especial.” Vladimir I. Lenin en Un Gran Comienzo indicaba que la posición marxista de que solamente los trabajadores urbanos y los obreros industriales serían capaces de dirigir a la totalidad de los trabajadores y explotados en la lucha por derribar el capitalismo y crear un sistema socialista. El socialismo exige la abolición de las clases sociales, la abolición de toda la propiedad privada de los medios de producción, la abolición de la diferencia entre la ciudad y el campo, así como la diferencia entre el trabajo manual e intelectual. Lenin rechazó explícitamente la proposición: “todos los trabajadores” serían igualmente capaces de realizar estas tareas históricas.

El consideraba que la presunción: “toda la clase trabajadora” es capaz de llevar a cabo las tareas de la revolución socialista era una frase vacía o la ilusión de un socialista pre-marxista. La posibilidad de abolir las clases surge solamente de las condiciones materiales de la producción capitalista a gran escala y la capacidad para abolirlas sólo la posee el proletariado.

El Marxismo excluye de la definición de clase obrera a la pequeña burguesía, rural y urbana, empleados de oficinas, trabajadores intelectuales y la masa de trabajadores en general. Los intentos del neo-Brezhnevismo en Rusia de ampliar y extender la definición de “clase obrera” debe ser rechazados de la misma manera en que históricamente los bolcheviques lucharon contra esos mismos intentos por parte de los Narodniks en su pretensión de incluir a la pequeña burguesía en esta categoría.

La confusión en esta cuestión acarrea graves consecuencias al carácter y composición del Partido Comunista, a la existencia misma de la dictadura del proletariado, a la abolición de las clases, al sistema de producción de mercancías bajo el socialismo y a la transición al comunismo.
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Stalin, la época de Stalin y el “stalinismo”

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El siguiente texto es una intervención de Aleksandr Zinoviev en el seminario teórico “Lecturas Marxistas”, celebrado del 27 al 29 mayo de 2003 en el Instituto de Filosofía de la Academia de las Ciencias de Rusia, y publicado en la colección “El fin de la prehistoria de la humanidad: el socialismo como alternativa al capitalismo“, Omsk, 2004, pp. 207-215.

 

 

Han pasado 50 años desde la muerte de Stalin. Sin embargo, Stalin y todo lo que está vinculado a su acción no es algo que pertenece al pasado lejano e indiferente a las personas. Todavía están vivos bastantes representantes de generaciones para las cuales la época de Stalin continúa siendo su época, independientemente de la forma en cómo la encararon. Pero lo más importante es que Stalin pertenece al grupo de aquellas personalidades históricas que permanecen eternamente como hitos importantes de nuestra época para todas las futuras generaciones. Por lo tanto, la fecha redonda de medio siglo es sólo un pretexto para abordar temas que son eternamente actuales. En este ensayo no pretendo analizar hechos y acontecimientos concretos de la época y de la vida Stalin, sino sólo su esencia social.

 

La época de Stalin

Para realizar una caracterización objetiva de la época de Stalin es necesario en primer lugar determinar su lugar en la historia del comunismo ruso (soviético). Hoy en día puede considerarse como un hecho la existencia de cuatro períodos en la historia del comunismo ruso: 1) el nacimiento; 2) la juventud (o maduración); 3) la madurez; 4) la crisis y el fallecimiento.

El primer período abarca los años entre la Revolución de Octubre de 1917 y la elección de Stalin como Secretario General del Comité Central del Partido en 1922 o hasta la muerte de Lenin en 1924. Este período se puede definir como leninista, por el papel que en él desempeñó Lenin.

El segundo período abarca los años siguientes hasta la muerte de Stalin, en 1953, o hasta el XX Congreso del Partido en 1956. Este es el período de Stalin.

Se inicia entonces el tercer período que termina con la llegada al poder de Gorbachov en 1985. Este es el período de Jruschov-Brezhnev. Y el cuarto periodo, iniciado con la conquista del poder por Gorbachov, termina con el golpe anticomunista en agosto de 1991, encabezado por Yeltsin, y la destrucción de el comunismo ruso (soviético).

Después del XX Congreso del PCUS (1956) se estableció firmemente la idea de que el período de Stalin fue un período horrible, y que el propio Stalin fue el más atroz de todos los criminales de la historia humana.
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¿Cómo fue posible la subversión revisionista?

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Como marxistas sabemos que: no son “los hombres (los que) hacen la historia”.(1) Tampoco son los Krushchovs y los Gorbachovs. Pero si probamos que Kruschov y Gorbachov trabajaron conscientemente para la destrucción del socialismo y lograron su objetivo, ya está dado el primer paso para responder a esta cuestión.(2)

Ahora se plantea una cuestión mucho más difícil, la verdadera cuestión central: ¿cómo pudieron agentes del imperialismo llevar al Partido y al pueblo, educados por Lenin y Stalin, a aceptar una política revisionista, restauradora del capitalismo? Una respuesta satisfactoria requiere de análisis exhaustivos e investigaciones. Se plantean muchas cuestiones al detalle.

La conjetura más próxima para los marxistas es que la política revisionista de Kruschov y Gorbachov fue la expresión de los intereses de determinados estratos de la sociedad soviética, de los cuales se convirtieron en representantes. Según esta interpretación, el revisionismo moderno brotó del movimiento comunista y de la sociedad socialista igual que el viejo el revisionismo de los partidos socialdemócratas, de abajo, como una expresión de los intereses de determinados estratos. No puedo estar de acuerdo con tal interpretación.

Es cierto que en la sociedad soviética y en los países socialistas, especialmente en el estrato intelectual -y aquí especialmente entre diplomáticos, mandos del comercio exterior, artistas y periodistas- había personas que estaban fascinadas con la riqueza y la “libertad” de Occidente y deseaban también poder apreciarlas en la Unión Soviética. Pero no fueron ellas las que transformaron tales deseos en un sistema del revisionismo moderno. Este sistema, en su estado rudimentario original, fue desarrollado en 1942 por el entonces renegado ex-Secretario General del PC de los EE.UU., Browder (3), y, con la ayuda del colaborador de Allan Dulles (4), Noel Field (5), a través de emigrantes comunistas en Suiza, fue introducido en los diferentes partidos comunistas, cayendo después en el terreno especialmente fértil del PC de Yugoslavia a través de su líder Tito (6). De ahí fue importado a la Unión Soviética por Kruschov, el hermano espiritual de Tito, es decir, por encima y mezclado en la teoría marxista-leninista dominante. No es, por lo tanto, ninguna planta originaria del suelo de la sociedad soviética.

Pero, ¿por qué tuvieron Kruschov y Gorbachov un éxito tan catastrófico con su política? Me gustaría enumerar algunas condiciones que me parecen que han sido decisivas:

1) No revelaron los verdaderos objetivos, se presentaban con insistencia como fieles alumnos, seguidores y perfeccionadores de la obra de Lenin. Que hayan tenido que hacerlo, prueba que la inmensa mayoría del pueblo quería mantener la Unión Soviética. Para disfrazar su revisionismo y hacer creíble su política como continuadora del leninismo, Kruschov declaró al leninista Stalin traidor del leninismo, consiguiendo con eso la posibilidad de difamar a sus adversarios leninistas Molotov (7), Malenkov (8), Kaganovich (9) y otros como “estalinistas” y “enemigos del Partido”, y de este modo neutralizar a los adversarios.
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Carta de Molotov al Presídium del Comité Central pocos días después del XX Congreso

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En esta carta, Molotov denuncia el aventurerismo derechista y concreta las divergencias que se venían manifestando dentro de la dirección del PCUS:

 

Alto secreto
A mis camaradas del Presídium
De V. Molotov

Una vez concluido el XX Congreso del Partido quiero advertir a mis colegas del peligro con que nos enfrentamos como resultado de nuestras acciones. Hablo libremente porque, como es bien sabido, acepté la decisión colectiva, denuncié mis propias ideas, expresadas con anterioridad y me uní a un esfuerzo que, no puedo ocultarlo, sigo considerando como aventurerismo derechista.

Recordemos las discusiones que han tenido lugar durante los años pasados y que han culminado ante el Congreso.

Algunos de nuestros camaradas adoptaron la siguiente posición:

1) En una reacción prolongada de la guerra de Corea, los Estados Unidos estaban dedicando sus esfuerzos de un modo primordial al desarrollo de un anillo de pactos militares.

2) Estos pactos eran impopulares y al mismo tiempo ineficaces. Los pueblos de los países afectados deseaban la paz, el desarrollo económico y un creciente desarrollo nacional, así como una posición mejor para sus naciones.

3) Por tanto, era el momento oportuno para asociarnos con estos sentimientos emocionales y desbordar a los americanos.

Yo encabecé a los que adoptaron una posición opuesta, entre los que se contaban los más experimentados de entre nosotros en esas cuestiones. Manteníamos la siguiente posición:
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Lavrenti Beria y los factores de la victoria

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Nos habituamos muy rápido a las cosas buenas. En el último medio siglo nos hemos acostumbrado demasiado al milagro llamado “Victoria”. Nos hemos acostumbrado hasta a la insolencia más deplorable; ¿pero por qué fue tan difícil de conseguir la Victoria? El número de víctimas debería haber sido menor; lo ideal era que el enemigo hubiese sido rechazado fuera de nuestras fronteras.

Nos hemos acostumbrado a la apatía total, incluso llegamos a repetir la conocida afirmación de Ernst Henri(1), miembro de la Unión de Escritores de la URSS, de que supuestamente el pueblo ganó la guerra a pesar de Stalin (por cierto, Henri es conocido únicamente por haber hecho esta declaración).

Pero, ¿quién dijo que teníamos las de ganar? La Wehrmacht derrotó a Polonia en menos de tres semanas, el ejército francés, que era el más fuerte de Europa, fue derrotado en 40 días, mientras que nosotros nos demoramos tres meses y medio en dar cuenta de la diminuta Finlandia, por no hablar de las vergüenzas que pasamos.

Entonces, ¿cómo es que vencimos? La Victoria tuvo muchos factores. Además del principal, el heroísmo de los soldados y de los oficiales vergonzosamente olvidados por los creadores del proyecto de la “Pequeña cinta de San Jorge”(2), aquí se incluyen las distancias, los caminos, la lluvia y el frío. Pero hay otro factor principal de la Victoria, sin el cual ni el heroísmo nos habría salvado: el admirable funcionamiento de todo el complejo industrial-militar.

Por cierto, ¿quién fue el responsable en el gobierno soviético del complejo industrial-militar? ¡Stalin era el comandante supremo, no podía encargarse de todo!

La historia no dice nada, sus testigos susurran…

¿Pero quién dirigía el armamento?

Por casualidad, llegó a mis manos la primera edición de la novela “El acero y la escoria“, dedicada a la metalurgia de los tiempos de la guerra. En la literatura soviética de la época (y en el cine también) había la siguiente costumbre: el clímax de la narración era señalado con la entrada en escena del dirigente de turno. Podía ser el secretario del Comité Regional del Partido, o podía ser el propio Stalin, pero era obligatoria la aparición en escena del dirigente. ¿Quién, desde las alturas trascendentales del Kremlin, telefoneó a la fábrica metalúrgica en el momento culminante de la narrativa? ¿Stalin? No. Stalin comandaba el ejército. Fue Beria(3) el que llamó, el Comisario del Pueblo para Asuntos Internos. Algunos verán en esto una demostración clara de la naturaleza sanguinaria del régimen de Stalin. Pero hay una explicación más simple: la mencionada fábrica estaba bajo la alta responsabilidad de Beria, y fue por eso que telefoneó allí.
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Las “Tesis de abril” de Lenin

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El 17 de abril de 1917 es la gloriosa fecha en la que Lenin lanzó sus “Tesis de abril“, mundialmente conocidas. Las Tesis de Lenin aparecieron en el período de más extraordinario cambio en la historia de Rusia.

En los primeros días de la revolución de febrero, fueron creados los Soviets de los diputados obreros y soldados, como órganos de poder popular. Sin embargo, en los primeros días, los partidos conciliadores, menchevique y social-revolucionario, lograron apoderarse de la mayoría de diputados miembros de los Soviets. Una parte considerable del pueblo, sin experiencia en el terreno político, creía en los mencheviques y social-revolucionarios. Pero estos traidores engañaron las esperanzas del pueblo e hicieron un trato con la burguesía. A espaldas de los bolcheviques, se entendieron con los representantes de la burguesía respecto a la formación del nuevo gobierno de Rusia, el Gobierno Provisional burgués. Este gobierno estaba compuesto por la burguesía y los terratenientes aburguesados. Sobre las ruinas del zarismo, la burguesía imperialista rusa, con la ayuda de los Soviets dominados por mencheviques y social-revolucionarios, estableció su propio poder. Surgió un entrelazamiento sui géneris de los dos poderes, el Gobierno Provisional y los Soviets. El resultado fue un doble poder. Era necesaria una nueva orientación del Partido en las nuevas condiciones de lucha.

En las “Tesis de abril“, es generalizada, de forma extraordinaria y concisa, la experiencia histórica de dos revoluciones rusas y, con perspicacia leninista, fundamentado el plan concreto del paso de la revolución democrático-burguesa, ya realizada, a la revolución socialista.

En las “Tesis de abril“, Lenin dio una respuesta clara y completa a todas las cuestiones que agitaban, entonces, el Partido Bolchevique y toda la Rusia revolucionaria.

Las “Tesis de abril” son el modelo más perfecto del marxismo creador revolucionario. En el artículo dedicado al 50º aniversario de Lenin, el camarada Stalin escribió: “Los bolcheviques concentran principalmente su atención en determinar las vías y los medios para la realización del marxismo que correspondan a la situación y en modificar esas vías y esos medios cuando la situación cambia; los bolcheviques no sacan sus instrucciones y sus directivas de analogías y paralelos históricos, sino del estudio de las condiciones circundantes; no basa su actividad en citas y máximas, sino en la experiencia práctica, comprobando cada paso suyo en la experiencia, aprendiendo de sus propios errores y enseñando a los demás a construir una nueva vida. Esto explica, en rigor, por qué no hay divorcio entre las palabras y los hechos en la actuación de este grupo y porque en ella la doctrina de Marx conserva toda su vital fuerza revolucionaria“.

El camarada Stalin señaló: “Se pueden aplicar con toda razón a los bolcheviques las palabras de Marx de que los marxistas no pueden contentarse con interpretar el mundo, sino que deben ir más lejos, para transformarlo“.

Las “Tesis de abril” de Lenin, tenían el objetivo de transformar revolucionariamente el mundo. Se convirtieron en la bandera del gran Partido Bolchevique en su abnegada lucha por la histórica victoria mundial de la revolución socialista.
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El monumento del parque Letná en Praga

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Este episodio demuestra la intensa complejidad de la batalla que se llevó a cabo en los años 50 entre los comunistas y los revisionistas. Praga, 1 de mayo de 1955: un enorme monumento a Stalin es inaugurado.

Lo paradójico es que Jruschov está presente, cuando desde la muerte de Stalin en 1953 había reorganizado todo el Partido Comunista de la Unión Soviética, dando luego un golpe de Estado que resultaría victorioso tras el “Informe Secreto” del XX Congreso del Partido. Pero estábamos en Checoslovaquia, país en el que los comunistas, en proporción a su población, tienen su bastión mundial.

Es aquí donde el monumento, debido a la colaboración entre el escultor Otakar Svec (1892-1955), el pintor Adolf Zabransky (1909-1981), los arquitectos Jiri Stursa (1910-1995) y Vlasta Stursa, fue significativo de una intensa batalla política, el propio Svec se suicidaría unos pocos meses antes de la inauguración.

El monumento, dedicado por “el pueblo checo a sus libertadores”, tenía 22 metros de largo, 15,5 de alto y 12 de ancho, y se colocó sobre una estructura de hormigón armado para sostener sus 17.000 toneladas.

Fue colocado en el parque de Letná, con vistas al centro de la ciudad de Praga; a la derecha de Stalin, el oeste, es una alegoría del pueblo checoslovaco, mientras que a la izquierda de Stalin, el este, es una alegoría del pueblo soviético.

La elección de esta obra fue producto de un concurso, donde el proyecto ganador fue presentado de la siguiente manera:
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La organización bolchevique en el Transcáucaso

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Las ideas marxistas fueron introducidas allí a principios del decenio del 1890 por los socialdemócratas rusos que habían sido exiliados de Rusia Central y los llamados “marxistas legales”, quienes habían estado exiliados en el extranjero. En 1893 se formó el primer grupo marxista, llamado “Messameh Dassy” (el tercer grupo). Ideológicamente era un grupo liberal. Reconocía el supuesto aspecto progresista del capitalismo (sobre el feudalismo) así como la existencia y lucha de diferentes clases sociales. La mayoría del grupo estaba encabezada por Noah Jordania. La mayoría nunca llegó a un entendimiento marxista de la lucha de clases y sobre el papel dirigente del proletariado (la clase obrera). Lo que presentaban era la idea nacionalista de que la burguesía nacionalista y el proletariado deberían unirse por un renacimiento nacional de Georgia.

No todos los miembros del grupo Messameh Dassy estaban de acuerdo con la posición de Jordania. Algunos creían en el papel dirigente del proletariado en el movimiento revolucionario. Algunos creían en la necesidad de revolución proletaria y la dictadura del proletariado. En 1897 Laddo Ketskhoveli se afilió a Messameh Dassy. En 1898 Stalin se unió al grupo. Estos dos formaron un comité marxista revolucionario junto a otro miembro, Tsulukidze. Jordania había enviado a jóvenes miembros del grupo al extranjero y a Rusia central a estudiar el marxismo. Su trabajo estaba limitado a propaganda legal y pacífica y a trabajo agitacional entre círculos de obreros. No reconocían la necesidad de una prensa “ilegal”, de la agitación política masiva y de la lucha revolucionaria de la clase obrera contra el zarismo y contra los capitalistas.

Surgieron serios desacuerdos entre la mayoría del grupo y el comité dirigido por Stalin. El primer desacuerdo fue en 1898 sobre la prensa ilegal (Stalin tenía entonces 19 años de edad). Stalin y el comité arguyeron que era necesario establecer una prensa ilegal para propagar ideas revolucionarias, para organizar lucha de clases contra el zarismo y el capitalismo y para construir un partido proletario y genuinamente revolucionario. El segundo desacuerdo surgió en 1900 con la llegada de Kurnatovsky, un socialdemócrata ruso seguidor de lskra, el periódico bolchevique dirigido por Lenin. La minoría de Messameh Dassy propusó que había llegado el momento de avanzar desde círculos de estudio a agitación masiva y desde la propaganda a la lucha abierta contra el zarismo. Llamaron a transformar las huelgas económicas en huelgas políticas, a realizar protestas masivas de trabajadores y llevar la lucha política a las calles. La mayoría del grupo seguía negando la necesidad de todo eso. Desde el 1899 al 1900, antes de la visita de Kurnatovsky, el grupo de la minoría (de Stalin y otros) aumentó su influencia. Lograron ganar la organización socialdemócrata en Tiflis para que pasase desde trabajo de propaganda en círculos de estudio a agitación masiva y lucha política contra la autocracia (el zarismo). Este grupo en Tiflis fue el embrión de la socialdemocracia en Transcaucasia.

En este período las diferencias de opinión política entre la mayoría (dirigida por Jordania) y la minoría (de Stalin) se convirtieron en las diferencias generales entre el bolchevismo y el menchevismo, las cuales se endurecieron luego del Segundo Congreso del Partido afines del 1904. La mayoría en Messameh Dassy, dirigida por Jordania, adoptó la posición menchevique luego de que Plejanov se fue al lado de los mencheviques. La minoría, dirigida por Stalin y simpatizante del Iskra de Lenin, se forjó más y más en una organización bolchevique y leninista (Stalin tenía entonces 25 años de edad).
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Stalin sobre Sverdlov

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Hay hombres, líderes proletarios, de los cuales se habla poco en la prensa, tal vez porque a ellos mismos no les gusta que se hable de su persona, pero que son, sin embargo, savia vital y verdaderos dirigentes del movimiento revolucionario. I.M. Sverdlov era uno de esos líderes.

Organizador hasta la médula, organizador por naturaleza, por hábito, por educación revolucionaria, por instinto, organizador por toda su ferviente actividad: tal es la figura I. M. Sverdlov.

¿Qué significa ser líder y organizador, en nuestra situación, cuando el proletariado está en el poder? No significa escoger asistentes, crear un aparato burocrático para dar órdenes a través de él. En las condiciones reinantes en nuestro país, ser dirigente y organizador significa, en primer lugar, conocer a los colaboradores, saber descubrir sus virtudes y sus defectos, saber lidiar con ellos, y, en segundo lugar, saber distribuirlos de manera que:

– Cada uno sienta que está en el lugar que le corresponde.

– Cada uno pueda dar a la revolución lo máximo que le permitan las cualidades personales que tiene.

– Semejante distribución no acarree obstáculos al trabajo, sino que tenga como resultado una acción armoniosa, unidad y aumento de las actividades en su conjunto.

– La dirección general del trabajo organizado sea de esa manera la expresión y la realización de la idea política en cuyo nombre se realiza la distribución de hombres.

I. M. Sverdlov era precisamente este tipo de líder y organizador de nuestro Partido y de nuestro Estado.
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No puedo renunciar a mis principios

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Este artículo apareció originalmente en el periódico soviético “Sovietskaia Rosia” el 13 de marzo de 1988.

Se trata de una carta escrita por una profesora universitaria de Leningrado llamada Nina Andreieva. Una carta que desencadenó la polémica en la Unión Soviética y que recibió numerosos apoyos. Fue publicada cuando Mijaíl Gorbachov se encontraba en Yugoslavia de visita oficial. A su vuelta, el presidente de la URSS dio órdenes estrictas de atacar en público a la profesora a través de la prensa y acabar con la discusión. La carta de Nina Andreieva, a pesar de las deficiencias que tiene en algunos de sus pasajes, simboliza la existencia de la fuerte oposición a la perestroika en la URSS y la intención de ciertos sectores de la sociedad soviética de rescatar el marxismo-leninismo convertido en letra muerta desde el XX Congreso del PCUS.

 

 

Decidí escribir esta carta después de largas reflexiones. Soy química, profesora del Instituto tecnológico “Lensoviet” de Leningrado. Al igual que muchas otras personas, me encargo de un grupo de estudiantes. En nuestros días, después de un período de apatía social y dependencia intelectual, los estudiantes poco a poco empiezan a contagiarse del ímpetu de los cambios revolucionarios.

Naturalmente, surgen discusiones sobre el camino de la perestroika y sus aspectos económicos e ideológicos. Glasnost, apertura, desaparición de zonas exentas de críticas, emocionado fervor en las conciencias de las masas, en particular, de la juventud, frecuentemente se revelan en los planteamientos de problemas que, de una manera u otra, son aventados por las de estaciones radiales de occidente o por aquella gente de nuestro país que no tienen una firme creencia de la esencia del socialismo. ¡En las conversaciones se tocan de hecho todos los temas! Sobre el sistema pluripartidista, la libertad de proselitismo religioso, la salida del país para vivir en el extranjero, el derecho a discutir ampliamente los problemas sexuales en la prensa, la necesidad de una dirección descentralizada sobre la cultura, la abolición del servicio militar… Especialmente entre los estudiantes provoca mucha discusión el problema relacionado con el pasado del país.

Naturalmente, nosotros, los profesores, tenemos que responder a las más agudas preguntas lo que, además de honestidad, requiere profundos conocimientos, convicción, alto nivel cultural, serias reflexiones y evaluaciones sopesadas. Claro, esas cualidades son necesarias para todos los educadores de la juventud, y no sólo para los docentes de las cátedras de Ciencias Sociales.

El lugar más amado para nuestro paseo junto con los estudiantes es el parque Petergofe. Andamos por las avenidas nevadas, disfrutamos de los famosos palacios y las estatuas y discutimos. ¡Discutimos! Las mentes jóvenes arden de un gran deseo de llegar a comprender todas las complejidades y determinar su camino hacia el futuro. Miro a mis jóvenes interlocutores y pienso: cuan importante es ayudarlos a discernir la verdad, formar una concepción exacta de los problemas de la sociedad en que viven y a la cual tienen la tarea de reestructurar, y cómo hacerles entender correctamente nuestra historia pasada lejana y no lejana.

¿Pero dónde reside la preocupación? He aquí un ejemplo simple: Nos parece que sobre la Gran Guerra Patria y el heroísmo de sus participantes se ha hablado y escrito mucho. Sin embargo, hace poco, en uno de los albergues de los estudiantes de nuestro Instituto se realizó un encuentro con el Héroe de la Unión Soviética, coronel retirado V.F. Molozev. Entre otras cosas le preguntaron sobre la represión política en el ejército. El veterano respondió que no había chocado con la represión política, que muchos de los que comenzaron junto a él en la guerra, al final, eran altos comandantes de tropas… A algunos la respuesta los desencantó. El tema de la represión que siempre se discute ahora llenó de sobra la percepción de una parte de los jóvenes y obstaculiza la comprensión objetiva del pasado. No son pocos los ejemplos de ello.
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GULAG

Gulag

 

Artículo que Viktor Zemskov (historiador durante la Perestroika) publicó en la revista “Investigaciones sociológicas” en el que aclara los datos sobre las estadísticas de prisioneros políticos del GULAG.

El objetivo del presente artículo es mostrar una estadística auténtica de los prisioneros del GULAG, una parte ya ha aparecido en artículos de A.N. Nudin, V.F. Nekrasov (1) y en el semanario “Argumenty i fakty”.

A pesar de la existencia de estas publicaciones, en las cuales se dan datos auténticos con su confirmación documental sobre el número de prisioneros del GULAG, la sociedad soviética y extranjera se encuentra completamente bajo la influencia de los datos estadísticos inventados que no se corresponden a la realidad histórica, contenidos en los trabajos de autores extranjeros (R. Conquest, S. Cohen y otros), así como en publicaciones de investigadores soviéticos (R.A. Medvedev, V.A. Chalikova y otros). Además, en los trabajos de todos estos autores la diferencia con las estadísticas auténticas nunca va en el sentido de la disminución sino exclusivamente en dirección de su aumento. Da la impresión de que compiten entre ellos para sorprender a los lectores con cifras, por decirlo de algún modo, astronómicas.

He aquí, por ejemplo, lo que escribe S: Cohen (extraído del libro de R. Conquest “El gran terror”, publicado en 1968 en los Estados Unidos): “… A finales de 1939 el número de prisioneros en cárceles y campos de concentración creció hasta los 9 millones de personas (en comparación con los 30 mil de 1928 y los 5 millones de 1933-1935” (2). En realidad en enero de 1940 había en los campos del GULAG 1.334.408 prisioneros, en colonias del GULAG 315.584 y en cárceles 190.266 personas. En total, entre campos, colonias y cárceles había 1.850.258 prisioneros (tabla 1), es decir, los datos ofrecidos por R. Conquest y S. Cohen están aumentados en casi 5 veces.

La investigadora soviética V.A. Chalikova repite a Conquest y Cohen, y dice: “Las cuentas, basadas en distintos datos, muestran que entre 1937-1959 se encontraban en los campos, que ocupaban superficies enormes, entre 8 y 12 millones de personas” (3). V.A. Chalikova da una cifra máxima de 12 millones de prisioneros en el GULAG (evidentemente en el concepto de “campo” incluye las colonias) para determinada fecha concreta, pero en realidad para el periodo de 1934 a 1953 la cifra máxima de prisioneros en el GULAG fue el 1 de enero de 1950 y fue de 2.561.351 personas (ver tabla 1). Por consiguiente, V.A. Chalikova, siguiendo a R. Conquest y S. Cohen, aumenta en unas cindo veces el número auténtico de prisioneros en el GULAG.

También hizo su aportación a la cuestión de la confusión en la estadística de prisioneros del GULAG N.S. Jruschev, que evidentemente, con el objetivo de aumentar el valor de su propio papel como liberador de las víctimas de la represión estalinista, escribió en sus memorias: “… Cuando murió Stalin, en los campos había 10 millones de personas” (4). En realidad, el 1 de enero de 1953 en el GULAG había 2.468.524 presos: 1.727.970 en campos y 740.554 en colonias (ver tabla 1). En el Archivo Central Estatal de la Revolución de Octubre se guardan copias de los informes de la dirección del Ministerio del Interior de la URSS enviados a nombre de N.S. Jruschev con indicaciones exactas del número de prisioneros, entre otros momentos a la muerte de Stalin. N.S. Jruschev estaba muy bien informado de la cifra real de prisioneros del GULAG y la aumentó en cuatro veces.

 

Tabla 1  (Pinchar en imágenes para aumentar)

Número de prisioneros del GULAG (a 1 de enero de cada año) (5)

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* En campos y colonias.
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¿Quién reeduca a quién?

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El siguiente documento es de gran valor histórico, político y, sobre todo, ideológico, ya que expresa la lucha de las masas chinas por hacer la revolución en la educación, contribuyendo a la construcción del comunismo en China. Se trata de una crítica realizada por las masas chinas, dirigidas por el Partido Comunista de China y guiadas por el Presidente Mao Tse-tung, al revisionismo soviético jruschevista en el campo de la educación, a partir de un exhaustivo análisis científico de la obra “Pedagogía” de N.A. Kairov, verdadero tratado de educación revisionista en la URSS, editado después del XX Congreso del PCUS.

 

 

“¿Quién reeduca a quién?”

(Crítica al libro de N.A. Kairov, “Pedagogía”)

 

La “Decisión del Comité Central del Partido Comunista de China sobre la Gran Revolución Cultural Proletaria“, elaborada por medio de la dirección personal del Presidente Mao Tse-tung, dice: “Reformar el antiguo sistema educativo, así como los antiguos principios y métodos de enseñanza, es una tarea extremadamente importante para la Gran Revolución Cultural Proletaria actualmente en marcha“. En este momento debemos proseguir esta tarea “extremadamente importante” formulada por el Presidente Mao.

Una tarea importante de la revolución proletaria en la educación, es la necesidad de persistir en la crítica revolucionaria de las masas, a través del pensamiento de Mao Tse-tung, con el fin de liquidar la perniciosa influencia de la línea revisionista contrarrevolucionaria introducida en la enseñanza por el renegado Liu Shao-chi, agente del enemigo y traidor de la clase obrera. Los fundamentos teóricos de esta línea se encuentran en el tratado “Pedagogía“, escrito por N.A. Kairov, “eminente” obra de la educación revisionista en la URSS. El primer capítulo de la edición de 1956 muestra que tal tratado contribuyó a la realización de las “nuevas tareas en el ámbito de la educación definidas por el XX Congreso” de los revisionistas soviéticos y que todas apuntan al mismo objetivo: la restauración del capitalismo. Poco después del comienzo de la revolución socialista en China, Liu Shao-chi y sus agentes en el ámbito de la cultura y la educación -Lu Ting-yi y sus secuaces- designaron tal obra de Kairov como un manual de enseñanza para las escuelas de formación docentes del país .

Buscaban, de esta manera, oponerse a la línea proletaria del Presidente Mao. En 1957 enviaron al mismo Kairov a Pekin y Shanghai, especialmente para permitirle difundir su absurda teoría. En esta ocasión, Liu Shao-chi lo recibió personalmente y tuvo una entrevista “a pecho descubierto” con él. En 1958, nuestros profesores y alumnos revolucionarios, siguiendo la línea revolucionaria proletaria del Presidente Mao, promovieron la revolución en la enseñanza y criticaron despiadadamente a Kairov y su “Pedagogía“. Lu Ting-yi salió en defensa de Kairov y trató de sabotear este potente movimiento revolucionario, afirmando, en un gran estallido, que “Pedagogía” era un “libro socialista“. Al exponer la ley de la lucha de clases durante el período socialista, el Presidente Mao dijo: “El proletariado quiere transformar el mundo según su propia concepción del mundo y la burguesía según la suya. Por lo tanto, en este sentido, no está decidido quién prevalecerá, si el socialismo o el capitalismo“. ¿Quién reeduca a quién? ¿Debemos transformar las viejas escuelas burguesas según la concepción del Presidente Mao sobre la educación proletaria o permitir que el sistema educativo de Kairov reine en nuestras escuelas? Se trata de una encarnizada lucha entre el proletariado y la burguesía al frente de la educación. Por lo tanto, es esencial analizar y criticar la obra “Pedagogía” de Kairov, con la ayuda del marxismo, del leninismo y del pensamiento Mao Tse-tung para desarrollar en profundidad la revolución en la educación.
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Reflexiones sobre la moral proletaria

Reflexiones

 

La moral o ética existe desde el comienzo de la formación de la sociedad humana, por cuyo desarrollo económico es determinada, no de una forma automática, naturalmente, sino con cierto atraso; de la misma forma que toda la superestructura ideológica, como el derecho, la religión, etc. En los albores de la sociedad humana, la moral surgía de las condiciones de existencia, constituyéndose prácticamente en ciertas normas de conducta de los hombres.

Por cierto, estas normas no eran registradas en ningún tipo de códigos jurídicos -en aquellos tiempos ni siquiera existía la escritura-, pero yo diría que no eran menos obligatorias para los hombres de aquella época que los artículos jurídicos de las actuales leyes escritas lo son para nosotros. La actitud hacia la comunidad, el clan, la familia, la actitud del hombre hacia la mujer y viceversa, las relaciones de la vida diaria se iban consolidando y convirtiéndose en estándares psicológicos aceptadas por todos, en la moral de la sociedad.

 

 

La moral, arma de las clases dominantes

 

Con la división de la sociedad humana en clases, con la apariencia del Estado, también la moral, como es lógico, se transforma en una moral de clase, en un arma poderosa en manos de las clases dominantes para la esclavización de las masas dominadas. Refiriéndose a la sociedad capitalista, Engels decía que en ella hay al menos tres especies de moral: “la de la aristocracia feudal, la de la burguesía y la del proletariado“.

Y como la sociedad se ha movido hasta ahora en contraposiciones de clase, la moral fue siempre una moral de clase; o bien justificaba el dominio y los intereses de la clase dominante, o bien, en cuanto que la clase oprimida se hizo lo suficientemente fuerte, representó la irritación de los oprimidos contra aquel dominio y los intereses de dichos oprimidos, orientados al futuro“. (1)

Las clases dominantes de cada época -la de la esclavitud, la feudal y la capitalista- trataron de encubrir su dominación y presentar sus exclusivos intereses de clase como intereses de todo el pueblo. Presentaban su moral de exploradores como una moral de toda la humanidad, elevándola a categoría de verdad eterna, cuyas bases, situadas fuera de la sociedad humana, no dependen del hombre ni de una determinada formación social, sino que emanaban de Dios.
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La construcción orgánica del Partido Bolchevique en el periodo de ilegalidad

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La formación del partido marxista de la clase obrera tuvo lugar en Rusia en condiciones particulares y difíciles que se distinguen de las condiciones en las que se organizan los partidos obreros en occidente.

¿En que consistían estas condiciones particulares de surgimiento del partido marxista en Rusia?

En primer lugar, en Rusia imperaba un cruel absolutismo, que con ferocidad nunca vista, perseguía cada paso del movimiento obrero revolucionario en el país, mientras que en la mayoría de países de Europa occidental estos partidos surgieron como organizaciones legales.

No había en Rusia ningún tipo de organización de la clase obrera como son las organizaciones corporativistas, sindicales, cooperativas, educacativas y otras organizaciones de masas las cuales el partido proletario pudiese apoyar.

Si uno mira, sin embargo, otros países, se encontrará con que antes de surgir el Partido ya había allí numerosas organizaciones de masas del proletariado.

El partido de la clase obrera en Rusia se formó en la nueva era, la era del imperialismo. Y el hecho de que en el país que había entrado en la fase de desarrollo imperialista, Rusia, se conservaran resabios de la servidumbre, presentaba a la clase obrera y a su partido la tarea de organizar la lucha no solamente contra el capitalismo, sino, sobre todo, contra la dominación de los terratenientes, contra las supervivencias de la servidumbre, contra el zarismo. Solamente después de haber derrocado el zarismo sería posible despejar el camino para la revolución socialista, para la aniquilación del poder del capital y para el establecimiento de la dictadura del proletariado.

En estas condiciones, el partido marxista de la clase obrera sólo podría surgir como Partido de lucha, como Partido de acción revolucionaria con una organización fuerte y flexible.
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Mao Tse-tung: La amistad más grande (9 de marzo 1953)

Nota – El artículo de Mao Tse-tung “La amistad más grande”, escrito con ocasión del fallecimiento del gran dirigente y maestro del proletariado soviético y del proletariado internacional José Stalin, fue publicado en el “Diario del Pueblo” el 9 de marzo de 1953 y apareció posteriomente en “Pravda” el 10 de Marzo de 1953, habiendo sido extraído del Marxists Internet Archive y que Gran Marcha Hacia el Comunismo ha traducido al español:

LA AMISTAD MÁS GRANDE
Mao Tse-tung
El camarada José Vissarionovich Stalin, el genio más grande de la época actual, el gran maestro del movimiento comunista internacional, y el camarada en armas del inmortal Lenin, partió del mundo. Sigue leyendo

Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (IV Parte)

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Los oportunistas en el terreno internacional

 

 

Mientras en la URSS el oportunismo condujo a la pérdida del curso socialista y a la desorganización social, en el plano internacional sus consecuencias son aún más serias y peligrosas. En una situación en la que los destacamentos nacionales de comunistas se encuentran en diferentes fases de desarrollo, en que ellos a menudo no sólo no pasarán por la época de Stalin, sino que ni siquiera la entenderán, la falsa critica de los oportunistas directamente hacia Stalin sólo podría causar un enorme daño al movimiento comunista, sólo podría dar armas a todos los elementos pequeño-burgueses vacilantes en su seno, que procuran de todas las maneras sustraer la disciplina revolucionaria, rehusan someterse a la unidad del Partido y al espíritu de total abnegación, sin el que un comunista no puede ser comunista. Las acciones de la dirección oportunista del PCUS abrieron camino a todo tipo de demagogia y traiciones en las filas de los partidos comunistas, la especulación sobre aquello que es más noble y sagrado para un comunista: la verdad y la pureza ideológica. Ahora cualquier agitador tiene dos caras, cualquier ambicioso fracasado tiene la posibilidad de no someterse a la dirección revolucionaria, a los dirigentes revolucionarios, acusándolos de ”stalinismo”. La critica al “culto a la personalidad” de Stalin se convirtió de este modo en la mayor provocación a escala de todo el movimiento comunista, provocación que tiene como objetivo privar de “mando” a sus destacamentos.

Pero cuando hablamos de oportunismo en la arena mundial, tenemos que analizar su influencia, no sólo en la organización interna del movimiento comunista, sino también en la política internacional de los comunistas. Como ya afirmamos, los oportunistas no trajeron nada de nuevo desde el punto de vista teórico y sólo distorsionan los factores realmente existentes. Sin embargo, encontraron una explicación “real” para su ruptura con la acción revolucionaria en el terreno internacional, la lucha por la paz.

Cuando se habla de guerra y paz, y se nos propone que elijamos en abstracto entre ellas, cualquier persona normal elegirá sin dudar la paz. Especulando con esta aspiración natural y muy fuerte, los oportunistas intentan presentar la situación como si ellos fuesen lo defensores incondicionales, por encima de cualquier duda, de la paz, mientras que sus oponentes estarían intentando envolverlos en una determinada política bajo la amenaza del exterminio total, y pretenderían edificar el comunismo sobre ruinas atómicas, etc. “¡Paz a cualquier precio!“, declaró abiertamente Jruschov. De inmediato los oportunistas se alinearon con él, afirmando que “¡estamos bajo la amenaza de una guerra atómica y debemos garantizar, por encima de toda, la existencia de la humanidad, y todo lo demás viene después!“. Se creó así la impresión de que la cuestión de la defensa de la paz y de la exclusión de la guerra en las relaciones entre los pueblos es una cuestión enteramente independiente de la lucha de clases y que puede ser resolvida al margen de los problemas sociales. La resolución de la Organización de la Naciones Unidas sobre la solución de todos los conflictos entre los Estados por la vía pacifica, la prohibición de las armas atómicas y el desarme total y general, constituyen el plan para la instauración de una paz eterna sobre la tierra, plan lanzado e insistentemente defendido por los oportunistas. Evidentemente, sólo quien se haya caído de la luna puede elaborar semejantes planes y después preguntarse: ¿por qué razón los imperialistas no aceptan propuestas tan razonables? ¿por qué será que los imperialistas no quieren eliminar sus bases en el extranjero y sus ejércitos coloniales, lo que conduciría de inmediato a la pérdida de todo su influencia sobre todo el globo terrestre y al triunfo de una serie de revoluciones de liberación nacional y social? ¿Por qué los imperialistas no quieren desarmarse, lo que conduciría inmediatamente a la pérdida de su dominación de clase y de sus riquezas? Es necesario no haber estudiado nada de marxismo para hacer preguntas tan estúpidas. Nos dirán que los imperialistas luchan no sólo contra el proletariado, sino también entre sí, inducidos por tendencias predadoras. Esto es verdad. Pero también este hecho no puede ser analizado sólo en el plano subjetivo. Algunos capitalistas, personalmente, pudieron no ser insaciables; pudieron incluso no desear aumentar sus riquezas. Pero la realización de ganancias más elevadas es para ellos condición indispensable de su propia existencia. Si todo dependiese de las cualidades personales de los capitalistas, tal vez fuese posible hacerles entrar en razón (cosa que los oportunistas están intentado hacer). Pero la cuestión no está en sus cualidades personales. Estas cualidades son determinadas por factores materiales. En realidad, la guerra no es el resultado de la voluntad personal de nadie, sino una necesidad económica imperiosa para el capitalismo. Las contradicciones internas del sistema capitalista hacen que los países capitalistas, en su búsqueda de nuevos mercados, se enfrenten entre si; llevan a que, en una crisis de superproducción, busquen salidas para las fuerzas productivas de la sociedad capitalista y que estas fuerzas, dirigidas inadecuadamente, asuman la forma de la producción de armas. La guerra es el resultado inevitable de las relaciones sociales actuales en el mundo capitalista. Hablar del establecimiento de la paz, en base a un acuerdo general con los capitalistas, es lo mismo que hablar de la destrucción del sistema capitalista en base de un acuerdo con sus representantes. El total absurdo de semejante plan es muy evidente. Es precisamente por esta razón que los oportunistas, defendiendo su concepción de la paz, intentan por todos los medios crear la impresión en los pueblos de que se están alcanzando acuerdos en la vía del desarme, etc. En nombre de esto traicionaron abiertamente los intereses del pueblo cuando suscribieron el Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares(1). De acuerdo a este tratado, la URSS quedó privada de la posibilidad de realizar ensayos nucleares en general, mientras que los E.E.U.U. mantuvieron esta posibilidad, ya que el tratado no prohibía las pruebas subterráneas, que ya se realizaban en los E.E.U.U. y continuaron realizándose. De hecho, ningún enemigo puede ser más terrible para nosotros que el oportunismo.
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Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (III Parte)

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El dominio de la burocracia

 

 

La muerte de Stalin desató las manos de la burocracia. Una parte pequeña de esta, que mantuvo la lealtad al Estado socialista y consideraba como misión suya servirlo, prosiguió, naturalmente, la línea de Stalin. La mayor parte, que desde hace mucho vivía sólo para si misma, vio la posibilidad de liberarse del control proletario en general, del control superior de la dirección comunista, que pretendía eliminar las veleidades egoístas de la burocracia y, en último término, apartarla gradualmente a través de las formas más amplias de la soberanía popular. Pero, ¿podría la burocracia proclamar abiertamente su dominación en nuestro país sin sufrir un golpe inmediato? Naturalmente que no. Para afirmarse en las condiciones del Estado socialista, la burocracia tenía que probar que defendía la orientación justa, que no sólo se mantenía fiel a los ideales revolucionarios sino que aún le era más fiel de lo que fue Stalin. Tenía que presentar su liberación de las garras de Stalin como una liberación de todo el pueblo de esas garras. Naturalmente que tal fraude no se podía realizar con facilidad. Más aún cuando la clase obrera de la URSS rechazó desde el principio todas las invenciones de los oportunistas y adoptó una actitud hacia ellos totalmente intransigente. Más aún cuando una parte de la dirección del Partido y del Estado (Molotov, Malenkov(1), y otros), fiel a la dictadura del proletariado, intentó oponerse abiertamente a la burocracia.

Siendo la propia representación material de la centralización del poder y de sus excesivos defectos, la burocracia hizo todo lo que le fue posible paro atribuir a Stalin esos defectos y para alejar de sí misma la atención de los trabajadores. Pero si Stalin fue el culpable de todo, entonces se debería renunciar resueltamente a los métodos del ”culto a la personalidad”. Debería ser lo lógico. Sin embargo, los burócratas no quieren de ninguna forma cambiar sus hábitos, renunciar a notoria brutalidad. Y precisamente por esta razón, desbaratando en la teoría los métodos del “culto a la personalidad”, acogen con una irritación extraordinaria y con un fuerte odio cualquier paso concreto para la democratización y la limitación de su poder, porque los métodos del “culto a la personalidad” no son métodos de Stalin, sino métodos de la propia burocracia que, incluso en los tiempos de Stalin, ya envenenaba la realidad soviética, y después de Stalin asfixia y persigue todo lo vivo, activo y verdaderamente soviético.

En efecto, el “culto a la personalidad”, si queremos hablar de tal cosa, fue una simple repetición (todavía en un grado más elevado) del culto a la burocracia, en que cada representante era en su oficina una “personalidad”. Los oportunistas presentan el “culto a la personalidad” como la causa del burocratismo, cuando él sólo es su consecuencia. Fueron precisamente los burócratas los que profanaron el afecto que todo el pueblo tenía por Stalin, convirtiéndolo en un rito mecánico, no sin cálculos egoístas, ya que esto les permitía exigir una actitud semejante hacia ellos. Y elevando a Stalin a las nubes a los ojos del pueblo, los burócratas lo maldecían por el silencio en su círculo familiar. Odiaban a Stalin porque era el soporte principal del Estado socialista, que era alimentado por la savia del pueblo, mientras que ellos no eran más que pilares podridos del Estado. ¿Acaso sorprende que los burócratas intenten disfrazar su odio hacia Stalin bajo un manto humanitario y democrático? De hecho, bajo la capa de la crítica a Stalin, los burócratas expulsan todo su odio contra la dictadura del proletariado, a la cual servían obligados por Stalin.
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Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (II Parte)

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Stalin y la democracia proletaria

 

Si resumimos todas las acusaciones llevadas a cabo por los oportunistas contra Stalin, podríamos incluirlas, de manera general, en una única categoría: violación de la democracia proletaria. Stalin, según los oportunistas, usurpó el poder en el país y en el Partido, liquidó a los mejores y más experimentados cuadros del Partido y del Estado.

En sus críticas a Stalin, los oportunistas lo oponen a Lenin, juzgando que este es el mejor y más evidente argumento a su favor. Nosotros también estamos de acuerdo en que esta comparación es pertinente, pero, por otro lado, esta se vuelve contra los propios oportunistas. “Intransigencia”, “crueldad”, “comportamiento dictatorial”, ¿de dónde surgió todo ese vocabulario? ¿Estaremos acaso citando un editorial de “Pravda” de los últimos años dedicado al “culto a la personalidad”? No, estas son las definiciones que los oportunistas acostumbraban a hacer de la actividad de Lenin durante toda la revolución rusa. ¿Por qué la actual dirección del PCUS omite el hecho de que todo lo que en el pasado fue atribuído a Lenin está ahora repitiéndose con Stalin? ¡Y qué metamorfosis! Lenin, según los oportunistas contemporáneos, sería partidario de la tesis “no te opongas al mal con la violencia”. Para denigrar la táctica revolucionaria de Stalin, cuya crítica tiene para ellos una importancia vital directa, los oportunistas están dispuestos a olvidar el pasado y presentar a Lenin bajo una forma “ennoblecida”, conforme a su punto de vista. “¡Nosotros somos los jacobinos del proletariado!“. Estas palabras de Lenin deben ser recordadas por todos aquellos que intentan ahora rehacer a Lenin y darle la apariencia de Jesucristo.

Pero, ¿existía alguna diferencia en el carácter de las acciones de Lenin y de Stalin? Sí, existía. Al comparar a estos dos dirigentes revolucionarios, los oportunistas (en total conformidad con su visión pequeño-burguesa del mundo) reducen todo a las cualidades personales de estos dos hombres. Sin embargo, es evidente que la actividad de Lenin y de Stalin, como dirigentes del Partido y del Estado, corresponde a dos periodos diferentes del desarrollo de nuestra revolución, periodos que difieren radicalmente uno del otro. La muerte de Lenin coincidió prácticamente con el final del periodo de la ofensiva de la revolución europea, de modo que sobre los hombros de Stalin recayó la tarea de dirigir el primer Estado proletario en un momento en que estaba completamente aislado en el terreno internacional y en las condiciones en que no existía una base suficiente para la construcción del socialismo. La ruptura del eslabón más débil en la cadena del capitalismo era una debilidad de la propia revolución.
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Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (I Parte)

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Índice:

I. Los líderes oportunistas del PCUS bajo la máscara del marxismo
II. Stalin y la democracia proletaria
III. El dominio de la burocracia
IV. Los oportunistas en el terreno internacional
V. Comunistas, ¡adelante!

 

 

El presente documento(1) nos fue dado a conocer, en su versión francesa, por la web Komintern.doc, actualmente inoperativa, que lo reprodujo a partir de la edición de 1971, por las Éditions Norman Bethune (76, boulevard Saint-Michel, París 6º.), en la que es omitido cualquier dato sobre sus autores, así como la fecha exacta de publicación, necesariamente clandestina, en la Unión Soviética. Las referencias contenidas en el propio texto permiten situarlo en el período inmediatamente posterior a la destitución de Jrushov(2) (14 de octubre 1964).

Hemos intentando, en vano, buscar el original en las numerosas webs rusas que se interesan por la divulgación de documentos e investigaciones sobre la historia de la URSS. Finalmente, descubrimos una versión en ruso en la web http://www.enverhoxha.ru, que, al final, resultó ser una traducción del inglés a partir de una edición producida en Albania en 1965, la cual se encuentra disponible en la misma web.

Fue lo más cerca que conseguimos llegar del original, suponiendo que esta traducción en inglés fue hecha directamente del ruso, como nos parece probable, y que habrá servido de base para la traducción francesa, como nos parece evidente debido a la confrontación de las dos versiones.

Sobre su autoría, el editor de Komintern.doc dice que, en el momento en que apareció esta “Declaración Programática“, “circuló en los medios marxistas-leninistas la suposición de que su redacción sería de la responsabilidad o podría haber sido supervisada por el camarada V. M. Molotov(3), compañero de armas de Lenin y Stalin“.

Pero se trata de una “simple suposición“, ya que, “teniendo en cuenta las condiciones de clandestinidad del movimiento comunista revolucionario (bolchevique) en la URSS, después del triunfo de los revisionistas jrushovianos dentro del PCUS, era imposible a cualquiera reivindicar la paternidad literaria de un texto“.
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Sobre los orígenes de la teoría del socialismo en un sólo país

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En este artículo, examinamos los orígenes de la teoría del “socialismo en algunos, o incluso en un sólo país capitalista tomado de forma aislada”. Tal esfuerzo es necesario para contrarrestar la recurrente leyenda, creada y difundida por el trotskismo, de que tal teoría habría sido creada por Stalin en 1924, así como de que servía como expresión de la estrechez nacional de una creciente burocracia soviética conservadora. Este estudio nos revela que esta teoría ya estaba presente en la respuesta de los bolcheviques a la traición de los partidos socialdemócratas europeos al ideal de la revolución proletaria, lo que se produjo poco después del estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 (que los bolcheviques denunciaron como la guerra imperialista). La incomprensión de Trotsky, o incluso su negativa a aceptar esta concepción leninista, nos muestra que su ruptura con el menchevismo fue parcial, además de indicarnos la comprensión ultraizquierdista que tenía del proceso revolucionario mundial. Para ser breves, emplearemos el término “socialismo en un solo país” en lugar de “socialismo en algunos, o incluso en un sólo país tomado de forma aislada”.

Esta fue, de hecho, la más disputa más amarga en la historia del movimiento revolucionario marxista. En los debates que giraban en torno a la propia naturaleza del proceso revolucionario mundial, se trataba el papel que debe ser desempeñado por el socialismo, en caso de que este obtuviese la victoria solamente en algunos o incluso un sólo país capitalista. Creada principalmente en el conflicto entre Lenin y las corrientes oportunistas de la socialdemocracia, esta cuestión, más tarde, se transfiguraría en la disputa entre Stalin y Trotsky. ¿Pero por qué tal debate era tan central? La respuesta pertenece al tiempo, y puede ser encontrada en la naturaleza de la época en la que surgió.

El Partido Bolchevique, bajo la dirección de Lenin, fue el único partido de la Segunda Internacional Socialista que defendió una acción revolucionaria después del estallido de la Primera Guerra Mundial. Los demás partidos de la Internacional -cuyo Partido más notable era el socialdemócrata alemán- traicionaron la lucha por la revolución proletaria y por el socialismo al apoyar sus propias burguesías en la guerra de las potencias imperialistas. Comprometidos por su traición y expuestos ante los obreros avanzados, estos revisionistas, anteriormente ocultos, enemigos de la revolución de la clase trabajadora, necesitaban buscar justificaciones teóricas para su traición. Al peinar ciertas obras de Marx y Engels, encontraron lo que buscaban: el socialismo, decían, se debe dar a nivel internacional; o el socialismo será internacional, o no será nada.
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Stalinismo

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Una carta a la Academia Sarat en Londres.

30 de abril de 1999

por Bill Bland.

 

 

Estoy agradecido a la Academia Sarat por haberme invitado a dar una conferencia sobre el “Stalinismo”.

Sin embargo, su elección del tema se me presentó con cierta dificultad, ya que soy un gran admirador de Stalin y la palabra “stalinismo” fue introducida por los hipócritas opositores de Stalin -en particular, por Nikita Jruschov- en preparación para futuros ataques políticos a este.

Hoy, de hecho, el “stalinismo” se ha convertido en un término de abuso sin sentido, usado para denotar posiciones políticas con las que alguien no está de acuerdo. ¡La prensa conservadora a veces hasta describe a Tony Blair como “stalinista”, dando a Stalin, si estuviese vivo, suficientes motivos para una denuncia por difamación!

Stalin siempre se referió a sí mismo como “un discípulo de Lenin” y yo tengo que seguir su ejemplo e interpretar el tema “stalinismo”, como marxismo-leninismo.

Tal vez la figura más próxima a Stalin en la historia británica sea Ricardo III, del cual todo el mundo “sabe” -y pongo la palabra “sabe” entre comillas- de sus libros de historia de la escuela secundaria y de Shakespeare, que había sido cruel, un monstruo deforme que mató al pequeño príncipe en la torre.

Sólo recientemente los historiadores serios comenzaron a darse cuenta de que la imagen comúnmente aceptada de Ricardo fue diseñada por sus sucesores Tudor, que tomaron el trono y mataron a Ricardo.

Naturalmente, ellos procedieron entonces a reescribir las crónicas para justificar su usurpación del trono. Incluso alterando la imagen de Ricardo para presentarlo físicamente deforme, como un monstruo tanto física como moralmente. En otras palabras, la imagen de Ricardo que es generalmente aceptada hoy en día, no es el resultado de verdades históricas, sino de la propaganda de sus opositores políticos.

Por tanto, es legítimo preguntarse: ¿La figura de Stalin que nos presentan los autoproclamados “Kremlinólogos” es un hecho histórico o mera propaganda?
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