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No puedo renunciar a mis principios

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Este artículo apareció originalmente en el periódico soviético “Sovietskaia Rosia” el 13 de marzo de 1988.

Se trata de una carta escrita por una profesora universitaria de Leningrado llamada Nina Andreieva. Una carta que desencadenó la polémica en la Unión Soviética y que recibió numerosos apoyos. Fue publicada cuando Mijaíl Gorbachov se encontraba en Yugoslavia de visita oficial. A su vuelta, el presidente de la URSS dio órdenes estrictas de atacar en público a la profesora a través de la prensa y acabar con la discusión. La carta de Nina Andreieva, a pesar de las deficiencias que tiene en algunos de sus pasajes, simboliza la existencia de la fuerte oposición a la perestroika en la URSS y la intención de ciertos sectores de la sociedad soviética de rescatar el marxismo-leninismo convertido en letra muerta desde el XX Congreso del PCUS.

 

 

Decidí escribir esta carta después de largas reflexiones. Soy química, profesora del Instituto tecnológico “Lensoviet” de Leningrado. Al igual que muchas otras personas, me encargo de un grupo de estudiantes. En nuestros días, después de un período de apatía social y dependencia intelectual, los estudiantes poco a poco empiezan a contagiarse del ímpetu de los cambios revolucionarios.

Naturalmente, surgen discusiones sobre el camino de la perestroika y sus aspectos económicos e ideológicos. Glasnost, apertura, desaparición de zonas exentas de críticas, emocionado fervor en las conciencias de las masas, en particular, de la juventud, frecuentemente se revelan en los planteamientos de problemas que, de una manera u otra, son aventados por las de estaciones radiales de occidente o por aquella gente de nuestro país que no tienen una firme creencia de la esencia del socialismo. ¡En las conversaciones se tocan de hecho todos los temas! Sobre el sistema pluripartidista, la libertad de proselitismo religioso, la salida del país para vivir en el extranjero, el derecho a discutir ampliamente los problemas sexuales en la prensa, la necesidad de una dirección descentralizada sobre la cultura, la abolición del servicio militar… Especialmente entre los estudiantes provoca mucha discusión el problema relacionado con el pasado del país.

Naturalmente, nosotros, los profesores, tenemos que responder a las más agudas preguntas lo que, además de honestidad, requiere profundos conocimientos, convicción, alto nivel cultural, serias reflexiones y evaluaciones sopesadas. Claro, esas cualidades son necesarias para todos los educadores de la juventud, y no sólo para los docentes de las cátedras de Ciencias Sociales.

El lugar más amado para nuestro paseo junto con los estudiantes es el parque Petergofe. Andamos por las avenidas nevadas, disfrutamos de los famosos palacios y las estatuas y discutimos. ¡Discutimos! Las mentes jóvenes arden de un gran deseo de llegar a comprender todas las complejidades y determinar su camino hacia el futuro. Miro a mis jóvenes interlocutores y pienso: cuan importante es ayudarlos a discernir la verdad, formar una concepción exacta de los problemas de la sociedad en que viven y a la cual tienen la tarea de reestructurar, y cómo hacerles entender correctamente nuestra historia pasada lejana y no lejana.

¿Pero dónde reside la preocupación? He aquí un ejemplo simple: Nos parece que sobre la Gran Guerra Patria y el heroísmo de sus participantes se ha hablado y escrito mucho. Sin embargo, hace poco, en uno de los albergues de los estudiantes de nuestro Instituto se realizó un encuentro con el Héroe de la Unión Soviética, coronel retirado V.F. Molozev. Entre otras cosas le preguntaron sobre la represión política en el ejército. El veterano respondió que no había chocado con la represión política, que muchos de los que comenzaron junto a él en la guerra, al final, eran altos comandantes de tropas… A algunos la respuesta los desencantó. El tema de la represión que siempre se discute ahora llenó de sobra la percepción de una parte de los jóvenes y obstaculiza la comprensión objetiva del pasado. No son pocos los ejemplos de ello.
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GULAG

Gulag

 

Artículo que Viktor Zemskov (historiador durante la Perestroika) publicó en la revista “Investigaciones sociológicas” en el que aclara los datos sobre las estadísticas de prisioneros políticos del GULAG.

El objetivo del presente artículo es mostrar una estadística auténtica de los prisioneros del GULAG, una parte ya ha aparecido en artículos de A.N. Nudin, V.F. Nekrasov (1) y en el semanario “Argumenty i fakty”.

A pesar de la existencia de estas publicaciones, en las cuales se dan datos auténticos con su confirmación documental sobre el número de prisioneros del GULAG, la sociedad soviética y extranjera se encuentra completamente bajo la influencia de los datos estadísticos inventados que no se corresponden a la realidad histórica, contenidos en los trabajos de autores extranjeros (R. Conquest, S. Cohen y otros), así como en publicaciones de investigadores soviéticos (R.A. Medvedev, V.A. Chalikova y otros). Además, en los trabajos de todos estos autores la diferencia con las estadísticas auténticas nunca va en el sentido de la disminución sino exclusivamente en dirección de su aumento. Da la impresión de que compiten entre ellos para sorprender a los lectores con cifras, por decirlo de algún modo, astronómicas.

He aquí, por ejemplo, lo que escribe S: Cohen (extraído del libro de R. Conquest “El gran terror”, publicado en 1968 en los Estados Unidos): “… A finales de 1939 el número de prisioneros en cárceles y campos de concentración creció hasta los 9 millones de personas (en comparación con los 30 mil de 1928 y los 5 millones de 1933-1935” (2). En realidad en enero de 1940 había en los campos del GULAG 1.334.408 prisioneros, en colonias del GULAG 315.584 y en cárceles 190.266 personas. En total, entre campos, colonias y cárceles había 1.850.258 prisioneros (tabla 1), es decir, los datos ofrecidos por R. Conquest y S. Cohen están aumentados en casi 5 veces.

La investigadora soviética V.A. Chalikova repite a Conquest y Cohen, y dice: “Las cuentas, basadas en distintos datos, muestran que entre 1937-1959 se encontraban en los campos, que ocupaban superficies enormes, entre 8 y 12 millones de personas” (3). V.A. Chalikova da una cifra máxima de 12 millones de prisioneros en el GULAG (evidentemente en el concepto de “campo” incluye las colonias) para determinada fecha concreta, pero en realidad para el periodo de 1934 a 1953 la cifra máxima de prisioneros en el GULAG fue el 1 de enero de 1950 y fue de 2.561.351 personas (ver tabla 1). Por consiguiente, V.A. Chalikova, siguiendo a R. Conquest y S. Cohen, aumenta en unas cindo veces el número auténtico de prisioneros en el GULAG.

También hizo su aportación a la cuestión de la confusión en la estadística de prisioneros del GULAG N.S. Jruschev, que evidentemente, con el objetivo de aumentar el valor de su propio papel como liberador de las víctimas de la represión estalinista, escribió en sus memorias: “… Cuando murió Stalin, en los campos había 10 millones de personas” (4). En realidad, el 1 de enero de 1953 en el GULAG había 2.468.524 presos: 1.727.970 en campos y 740.554 en colonias (ver tabla 1). En el Archivo Central Estatal de la Revolución de Octubre se guardan copias de los informes de la dirección del Ministerio del Interior de la URSS enviados a nombre de N.S. Jruschev con indicaciones exactas del número de prisioneros, entre otros momentos a la muerte de Stalin. N.S. Jruschev estaba muy bien informado de la cifra real de prisioneros del GULAG y la aumentó en cuatro veces.

 

Tabla 1  (Pinchar en imágenes para aumentar)

Número de prisioneros del GULAG (a 1 de enero de cada año) (5)

Tabla1

* En campos y colonias.
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El milagro económico soviético

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En 1913, la participación de Rusia en la producción industrial mundial era alrededor del 4%. En 1937 ya representaba el 10%. A mediados de los años 70 este indicador aumentó al 20% y se mantuvo en este nivel hasta el inicio de la perestroika. En historia de la Unión Soviética, los períodos más dinámicos fueron los años 30 y los años 50. El primer período fue el de la industrialización, llevada a cabo en las condiciones de la “economía de movilización”. A mediados de los años 30, la Unión Soviética se convirtió en el primer país de Europa y el segundo del mundo en términos de producción industrial, justo detrás de los Estados Unidos, pero muy por delante de Alemania, Gran Bretaña y Francia. En tres planes quinquenales incompletos fueron construídas 364 nuevas ciudades, erigidas y colocadas en funcionamientos nueve mil grandes empresas, lo cual es un número colosal: ¡sobre dos grandes empresas por día!

Naturalmente, la economía de movilización exigió sacrificios y la máxima utilización de todos los recursos. Sin embargo, en vísperas de la guerra, el nivel de vida del pueblo era sustancialmente más alto que en el inicio del primer plan quinquenal. Todos recordamos la famosa frase de Stalin de que la URSS sufría un retraso de 50 a 100 años en relación a los países industrializados y que la historia nos concedía una década recuperar este retraso, de lo contrario seríamos aplastados. Estas palabras, pronunciadas en febrero de 1931, son sorprendentes por su rigor histórico: el desfase es de apenas cuatro meses.

El segundo período es el del desarrollo económico en la base del modelo que se formó después de la II Guerra Mundial, en cuya definición Stalin participó activamente. Por inercia, este modelo económico continuó funcionando durante años después de su muerte (hasta el momento en que se iniciaron las “experiencias” de cierto modo de N. S. Jruschov). En el período de 1951-1960, el Producto Interior Bruto de la URSS creció dos veces y media, la producción industrial más de tres veces y la producción agrícola cerca del 60%. Si en 1950 el nivel de producción industrial de la URSS representaba el 25% en comparación con los Estados Unidos, en 1960 constituía ya el 50%. El Tío Sam daba señales de nerviosismo, dado que estaba a punto de perder definitivamente la competición económica con la Unión Soviética. El nivel de vida de los soviéticos crecía de manera ininterrumpida, a pesar de que el país destinaba para inversión una parte del PIB mucho más importante que los Estados Unidos y otros países occidentales.

El período de 30 años de nuestra historia (comienzos de los años 30 a comienzos de los años 60) puede ser calificado como “milagro económico” soviético. En este período se incluyen los años de la II Guerra Mundial y de la posterior reconstrucción de la URSS. Nuestro país fue capaz de vencer a Hitler y a todo su coalición. Esto no fue sólo una victoria militar, sino también económica. Después de la guerra, en el período de la reconstrucción del país, fuimos capaces de recuperar el nivel anterior a la guerra más rapidamente que los países europeos, así como para crear un “escudo nuclear”, que tenía una importancia vital para el país en las condiciones de la “guerra fría” declarada por Occidente. En los años 60 comenzamos a perder la dinámica económica que había sido creada durante el período precedente. Y, a mediados de los años 70, comenzaron a hacerse visibles las señales del llamado “estancamiento”, con pérdidas en la fuente de desarrollo interno que eran camufladas con petrodólares que inesperadamente entraron en nuestro país. A partir de mediados de los años 80 comenzó a ser destruido lo que aún quedaba del modelo económico creado en los años del “milagro económico”.
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