Archivo de la etiqueta: Poesía

Oda a la Revolución (Vladimir Maikovski)

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A ti
silbada,
burlada,
acribillada,
a ti,
agujereada por enconadas bayonetas,
levanto extasiado,
solemnemente esta oda,
por encima de la marea de insultos.
¡Oh!
¡Oh, bestial!
¡Oh, ingenua!
¡Oh, mezquina!
¡Oh, grandiosa!
¿Qué nombres no te habrán dado?
¿Cómo devendrás aún con el tiempo,
recia arquitectura constructiva,
o simplemente un montón de ruinas?
A ti,
maquinista cubierto de hollín,
a ti,
minero que cavas las moles primigenias de la tierra,
bendito seas,
bendito seas, bienaventurado.
¡Gloria al trabajo humano!
Y mañana,
San Basilio,
catedral de los fieles,
te aclamará con unción,
implorando perdón.
Con tus tenaces cañones,
harás estallar al milenario Kremlin.
“Gloria”,
ruegan con voz apagada en vísperas de la muerte
Aúllan las sirenas apenas sofocadas.
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Maiakovski, el poeta de la revolución proletaria

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El 19 de julio de 1893, en un pequeño pueblo de Baghdati, en Georgia, nacía Vladímir Vladímirovich Mayakovski. Hijo de Vladimir Konstantinovitch y Aleksandra Aleksieievna -ambos campesinos pobres-, Maiakovski tenía dos hermanas mayores, Olga y Liudmila.

La infancia miserable -especialmente después de la reubicación forzada de su familia a Moscú, tras de la muerte de su padre en 1906- y el contacto temprano con el movimiento revolucionario que despuntaba en Rusia, marcarían para siempre la vida de Maiakovski.

En esa época, todo el imperio ruso fue sacudido por las luchas sociales. En 1905, después de la masacre de miles de trabajadores por parte de la policía zarista -también conocido como el “Domingo Sangriento”- estallaron en varios rincones del país manifestaciones de trabajadores, campesinos y soldados exigiendo el fin de la monarquía y la instauración de una República Democrática. Era la Revolución de 1905. Maiakovski, con sólo 12 años, que por entonces ya seguía los acontecimientos políticos a través de periódicos y panfletos socialistas, se unió a las manifestaciones de forma activa.

A partir de ahí, el joven Maiakovski pasa a leer vorazmente literatura marxista. En 1908, abandona el gimnasio y entra en el ala bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR). Realiza tareas de propaganda en círculos obreros. Llegó a ser elegido miembro del comité municipal de Moscú. Era conocido como el camarada Constantin.

Maiakovski es arrestado por primera vez en 1908 en una imprenta clandestina, pero poco después es liberado. Después de haber participado en la liberación de un grupo de miembros del partido que cumplían condena, es detenido de nuevo en 1909. Su encarcelamiento dura once meses. En la cárcel, lee mucho, principalmente los clásicos de la literatura -Dostoievski, Tolstoi, Gogol, Pushkin- y escribe poemas.
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40 años de la muerte del poeta Roque Dalton

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Roque Dalton nació en San Salvador el 14 de mayo de 1935, hijo de padre norteamericano y madre salvadoreña. Se educó en el Colegio Jesuita de San José. Posteriormente viajó a Santiago, ingresando en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, aunque posteriormente regresó a San Salvador a continuar sus estudios.

En 1957, con otros estudiantes, visitó la URSS para participar en el VI Festival Mundial de la Juventud. Allí conoció, entre otros, a Carlos Fonseca, Miguel Ángel Asturias, Juan Gelman y Nazim Hikmet.

Buen observador de la realidad social, pronto conoció la grave injusticia social reinante en su patria viéndose motivado, por sus principios éticos, a comprometerse en la actividad revolucionaria liberadora. En 1956 fundó el Círculo Literario Universitario, junto con René Castillo y otros.

Obtuvo en repetidas ocasiones el Premio Centroamericano de Poesía, otorgado por la Universidad de El Salvador.

En 1960 fue encarcelado y condenado a muerte, librándose de la ejecución por la caída del dictador del país, José María Lemus, cuatro días antes de la fecha fijada para la ejecución.
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Changsha (Poema de Mao Tse-Tung, 1925)

Shaosan

 

Solo, estoy parado en el frío del otoño
En la punta de la isla de Orange,
El Hsiang fluye hacia el norte;
Veo las mil colinas enrojecidas a través
Por sus bosques apretados profundamente teñidos,
Y un centenar de barcazas que compiten
Encima de aguas cristalinas.
Águilas cortan el aire,
Peces se deslizan en el profundo cristalino;
Bajo un cielo congelado un millón de criaturas sostienen la libertad.
Meditando sobre esta inmensidad,
Me pregunto, en esta tierra sin límites
¿Quién gobierna el destino del hombre?

Estuve aquí con una multitud de compañeros,
Revivo todavía esos meses y años llenos de gente.
Éramos jóvenes, compañeros de escuela,
La vida en pleno florecimiento;
Rodeado del entusiasmo de los estudiantes
Apartamos valientemente todas las restricciones a un lado.
Señalando a nuestras montañas y ríos,
Llenamos a personas incendiadas con nuestras palabras,
Contamos con la poderosa pureza.
Recordar a pesar de todo
¿Cómo, aventurándose a la corriente, golpeamos las aguas
Y las olas se quedaron con los veloces barcos?

El leninismo en marcha por el mundo

Chinese Communist Poster with Karl Marx, Vladimir Lenin and Mao Zedong

 

Mao Tse Tung llevó
el marxismo-leninismo hasta sus últimas consecuencias
por lo menos en un aspecto fundamental:
el de construir la alianza obrero-campesina
en el seno de la guerra del pueblo
y tomar así el poder.

Siguiendo a Lenin, definió el pueblo, ubicó
las clases y las capas sociales que formaban el pueblo
y localizó así al enemigo nacional interno, apoyo
de los imperialistas extranjeros.

Y en el seno del pueblo distinguió las dos fuerzas:
la fuerza principal y la fuerza dirigente.

La fuerza dirigente era la clase obrera
que se contaba por cientos de miles
y la fuerza principal el campesinado
que se contaba por centenas de millones.

La fuerza dirigente no era suficientemente poderosa
para tomar por sí sola el poder
y la fuerza principal
no podía dirigir por sí sola su poderío.
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Un poema de Lenin

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Borrascoso año aquel.
Los Huracanes sobrevolaban el país entero.
Se desataban los nubarrones,
Sobre nosotros se precipitaba la tempestad, y el granizo y el trueno.
Heridas se abrían en los campos y en las aldeas bajo los golpes del azote terrestre.
Estallaban los rayos, los relámpagos redoblablan violencia.
El calor quemaba sin piedad, los pechos estaban oprimidos
Y el reflejo de los incendios alumbraba las tinieblas mudas de las noches sin estrellas.

Trastornados los elementos y los hombres,
Los corazones oprimidos por una inquietud oscura,
Jadeaban los pechos en la angustia,
Resecas las bocas se cerraban.
Mártires por millares han muerto en las tempestades sangrientas.
Pero no en vano han sufrido ellos lo que han sufrido y la corona de espinas.
En el reino de la mentira y de las tinieblas; por entre esclavos hipócritas
Ellos han pasado como las antorchas del porvenir.
Con trazo de fuego, con un trazo indeleble,
Ellos han grabado ante nosotros la vía del martirio,
Y en la carta de la vida han estampado el sello del oprobio
Sobre el yugo de la esclavitud y la vergüenza de las cadenas
El frío arrecia. Las hojas se marchitan y caen
Y cogidas por el viento se arremolinan en una danza macabra.
Viene el Otoño gris y pútrido,
Lagrimeante de lluvia, sepultado de barro negro.

Y para los hombres la vida se hizo detestable y opaca.
Vida y muerte les fueron igualmente insoportables,
Les rondaron sin tregua la cólera y la angustia.
Fríos y vacíos y oscuros sus corazones como sus hogares.
Y de pronto, ¡la Primavera! Primavera en pleno Otoño putrefacto,
La Primavera Roja descendió sobre nosotros, bella y luminosa,
Como un presente de los cielos al país triste y miserable,
Como una mensajera de la vida.

Una aurora escarlata como una mañana de mayo
Se levantó en el cielo empañado y triste;
El sol rojo, centelleante, con la espada de sus rayos
Perforó las nubes y se derruyó la mortaja de la bruma.

Como el fuego de un faro en el abismo del mundo,
Como la llama del sacrificio en el altar de la naturaleza,
Encendido para la eternidad por una mano desconocida,
Trajo hacia la luz a los pueblos adormecidos.

Rosas rojas nacieron de la sangre ardiente,
Flores de púrpura se abrieron,
Y sobre las tumbas olvidadas
Trenzaron coronas de gloria.

Tras el Carro de la Libertad,
Y blandiendo la Bandera Roja,
Fluían multitudes semejantes a ríos,
Como el despertar de las aguas con la primavera.

Los estandartes rojos palpitaban sobre el cortejo,
Se elevó el himno sagrado de la libertad
Y el pueblo cantó con lágrimas de amor
Una marcha fúnebre para sus mártires.

Era un pueblo jubiloso,
Su corazón desbordaba de esperanzas y de sueños,
Todos creían en la libertad que venía,
Todos, desde el sabio anciano hasta el adolescente.

Pero el despertar sigue siempre al sueño,
La realidad no tiene piedad,
Y a la beatitud de las ensoñaciones y de la embriaguez
Sigue la amarga decepción.

Las fuerzas de las tinieblas se agazapaban en las sombras
Reptando y silbando en el polvo. Esperaban.
Y repentinamente hundieron sus dientes y sus cuchillos
En las espaldas y los talones de los valientes.
Los enemigos del pueblo, con sus bocas sucias,

Bebían la sangre cálida y pura
Cuando los amigos inocentes de la libertad,
Agotados por penosas caminatas,
Fueron cogidos de sorpresa, soñolientos y desarmados.

Se esfumaron los días de luz,
Los reemplazó una serie interminable y maldita de días negros.
La luz de la libertad y el sol se extinguieron.
Una mirada de serpiente acecha en las tinieblas.

Los asesinatos crapulosos, los pogroms, el lodo de las denuncias,
Son proclamados actos de patriotismo,
Y el rebaño negro se regocija
Con un cinismo sin freno.

Salpicado con la sangre de las víctimas de la venganza,
Muertas de un pérfido golpe
Sin razón ni piedad,
Víctimas conocidas y desconocidas.

En medio de vapores de alcohol, maldiciendo, mostrando el puño,
Con botellas de vodka en las manos, multitudes de granujas

Corren, como tropel de bestias,
Haciendo sonar las monedas de la traición,
Y bailan una danza de apaches.

Pero Yemelia, el pobre idiota,
A quien las bombas han vuelto más tonto y asustadizo, tiembla como un ratón,
Y en su festón se pone con aplomo La insignia de los Cien Negros.

La risa lúgubre de los búhos y de las lechuzas
Resuena en la oscuridad de las noches, anunciando la muerte de la libertad y de la alegría,
Y un Invierno cruel, con la nieve tempestuosa,
Viene del reino de los hielos eternos.

Con sus nieves espesas, semejantes a una mortaja blanca,
El invierno ha vuelto al gran país.
Atando a la Primavera con cadenas de hielo,
El frío-verdugo ¡e ha dado muerte antes de tiempo.
Como manchas de barro, por aquí y por allá, aparecen
Las pequeñas islas negras de las aldeas miserables sepultadas bajo las nieves.

El hambre junto a la miseria y al frío pálido
Por doquiera se guarecen en las moradas apestosas.
A través de la llanura de nieve sin fin,
A través de las estepas, sin medida ni límite,
Donde en el verano el viento ardiente trae consigo un calor tórrido,
Aciagas borrascas de nieve van y vienen como blancos pájaros rapaces.
La tempestad aúlla como una bestia salvaje y de pelambre enmarañada,
Precipitándose sobre cuanto conserve una gota de vida,
Y vuela, con estrépito, como una terrible serpiente alada,
Para borrar de la faz de la tierra todo rastro de vida.

La tempestad doblega a los árboles, quiebra los bosques,
Amontona la nieve en las montañas heladas.
Los animales se han guarecido en sus cubiles.
Han desaparecido los senderos y el viajero es engullido sin dejar huella.

Magros lobos acuden, hambrientos,
Yerran sobre los pasos de la tempestad,
Feroces, la presa se arrebatan los unos a los otros,
Aúllan a la luna, y todo lo vivo tiembla de espanto.

La lechuza ríe, el lechy salvaje golpea las manos.
Ebrios, los demonios negros giran en torbellino
Y hacen chasquear los ávidos labios: olfatean ellos una gran matanza
Y esperan la señal sanguinolenta.
El hielo cubre todo, muerte en todas partes, todo yace yerto.
Toda vida pareciera esfumada,
Una fosa común el mundo entero, una fosa única.
Ni siquiera las sombras de la vida libre y luminosa.

Pero es aún temprano para que la noche triunfe sobre el día,
Para que la tumba celebre su fiesta de victoria sobre la vida …
Aún bajo cenizas se incuba la chispa.
La chispa que la vida reanimará con su soplo.

La flor de la libertad quebrada y deshonrada
Ha sido pisoteada y muerta está por siempre.
Los negros se regocijan al ver aterrado al mundo de la luz,
Pero en la tierra natal el fruto de esta flor ya espera en el subsuelo.

En las entrañas de la madre el grano milagroso
Misterioso se conserva e invisible;
Ha de ser alimentado por la tierra, se reanimará en la tierra,
Para renacer a una vida nueva.

Llevará el germen ardiente de la nueva libertad,
Fundirá la corteza de hielo, la resquebrajará,
Crecerá y -árbol gigante- iluminará el mundo con su follaje rojo,
El mundo entero surgirá a su luz, y bajo su sombra congregará a todos los pueblos.
¡A las armas, hermanos! ¡La felicidad está cercana! ¡Coraje! ¡Al combate! ¡Adelante!
¡Despertad vuestros espíritus! ¡Expulsad de vuestros corazones el miedo cobarde y servil!
¡Estrechad vuestras filas! ¡Todos unidos contra los tiranos y los amos!
¡La suerte de la victoria está en vuestras poderosas manos de trabajadores!
¡Coraje! ¡Este tiempo de desgracias pasará rápido!
¡Levantaos como uno solo contra los opresores de la libertad!
La Primavera llegará … se acerca … ya viene.
¡La roja libertad, tan bella, tan deseada, camina hacia nosotros!

Autocracia
Nacionalismo
Ortodoxia
Ya demostraron irrefutablemente sus altas virtudes:
En su nombre se nos golpeaba, se nos golpeaba, se nos golpeaba,
Hasta la sangre misma se castigaba a los mujiks,
Se les quebraban los dientes,
Se sepultaba a los hombres en los presidios, encadenados,
Se saqueaba, se asesinaba,
Para nuestro bien, según la ley,
Para la gloria del Zar y la salud del Imperio,
Los servidores del Zar daban de beber a los verdugos,
Con el vodka del Estado y la sangre del pueblo
Sus soldados regalaban a sus rapaces cuervos.

Se daba de beber a los ejecutores de las altas órdenes,
Se alimentaba a sus cuervos rapaces
Con los cadáveres aún tibios de los esclavos rebeldes
Y con los cadáveres dóciles de los esclavos más fieles.

Con una oración ardiente, los servidores de Cristo
Regaban de agua bendita un bosque de horcas.

¡Hurra! ¡Viva nuestro Zar!
¡Con su nudo corredizo bien jabonado y mejor bendecido!
¡Viva el esbirro del Zar,
Con su látigo, su sable y su fusil!

¡Soldados, ahogad vuestros remordimientos
En un pequeño vaso de vodka!
¡Disparad, valientes, sobre los niños y sobre las mujeres!
Matad el mayor número posible de vuestros hermanos para divertir al padrecito.

¡Y si tu propio padre cae bajo tus balas,
Que se ahogue en su sangre, vertida por la mano de Caín!
¡Embrutecido por el vodka del Zar,
Mata a tu propia madre, sin piedad!
¿A qué temes tú?
No es a los japoneses, a quienes tienes adelante.
No temes sino a tus prójimos, a tus propios familiares,
Y ellos están del todo desarmados.

Una orden se te da, valet del Zar.
¡Sé como antes una bestia de carga, esclavo eterno,
Enjuga tus lágrimas con tu manga
Y golpea el suelo con tu frente!

Oh, pueblo, fiel, feliz
Amado por el Zar hasta la muerte,
Soporta todo y obedece hasta la muerte …
¡Y fuego! ¡Látigo! … ¡Golpead … !
¡Dios: protege al pueblo,
Poderoso, majestuoso!

¡Que nuestro pueblo reine, haciendo sudar de miedo a los zares!

Con su tropa sin gloria Nuestro Zar está desencadenado,
Con su jauría de servidores despreciados
Los lacayos suyos se festejan
Sin lavar la sangre de sus manos.
¡Dios: protege al pueblo
Durante los días sombríos!
¡Y tú, pueblo, protege la Bandera Roja!

¡Opresión sin límite!
¡Azote de la policía!
¡Tribunales de sentencias súbitas
Como las salvas de las ametralladoras!
¡Castigos y fusilamientos,
Horrible bosque de horcas
Para castigar vuestras rebeldías!

Colmadas están las prisiones,
Los deportados sufren infinitudes,
Las salvas desgarran la noche,
Los buitres se han saciado.
El dolor y el duelo
Se extienden sobre el país natal.
¡Ni una familia ajena al sufrimiento!

Festeja con tus verdugos,
Déspota, tu banquete sangriento,
¡Roe, Vampiro, la carne del pueblo,
Con tus perros insaciables!

¡Siembra, Déspota, el fuego!
¡Monstruo, bebe nuestra sangre!
¡Levántate, Libertad!
¡Flamea, Bandera Roja!

¡Vengaos, castigad,
¡Torturadnos una última vez!
¡La hora del castigo está cercana!
Ya llega el tribunal. ¡Sabedlo!

¡Por la libertad
Iremos a la muerte, a la muerte,
Tomaremos el poder y la libertad,
Y la tierra será del pueblo!

¡En el combate desigual
Cayeron víctimas sin nombre!
Por el trabajo libre,
Sus miradas llamean de amenazas.

¡Repica hasta el cielo,
Eterno carillón del trabajo!
Golpea, martillo, golpea por siempre.
¡Pan! ¡Pan! ¡Pan!

¡Marchad, marchad, campesinos!
Vosotros no podéis vivir sin la tierra.
¿Os estrujaron los señores,
Os oprimirán aún por mucho tiempo?

¡Marchad, marchad, estudiantes!
Muchos de vosotros serán segados en la lucha.
¡Cintas rojas envolverán
Los ataúdes de los que hayan caído!

¡Marchad, marchad, hambrientos!
¡Marchad, oprimidos!
¡Marchad, humillados,
Hacia la vida libre!

El yugo de las bestias reinantes
Es nuestra vergüenza.
¡Expulsemos a las ratas de sus madrigueras!
¡Al combate, proletario!
¡Abajo todos los males!
¡Abajo el Zar y su trono!
Ya brilla la aurora de la libertad estrellada
Y expande su llama.

Los rayos de la felicidad y de la verdad
Aparecen ante los ojos del pueblo.
El sol de la libertad
Nos iluminará a través de las nubes.

La canalla del Zar,
“¡Bajo las patas de los caballos con ellos!”,
Dirá la poderosa voz del toque a rebaño
Glorificando la libertad.
Destruiremos las bóvedas de las prisiones.
La justa cólera está rugiendo,
La bandera de la liberación
Conduce a nuestros combatientes.

Tortura, Okhrana,
(Okhrana:policía secreta zarista)
Látigo, cadalso, ¡abajo!
¡Desencadénate, combate de hombres libres!
¡Muerte a los tiranos!

Extirpemos de raíz
El poder de la autocracia.
¡Morir por la libertad es un honor;
Vivir en las cadenas, una vergüenza!

Echemos por tierra la esclavitud,
La vergüenza del servilismo.
¡Oh, libertad, danos la tierra y la independencia!

 


Traducción al castellano de Waldo Rojas, de la versión aparecida en francés, en la revista L’Arche, París 1964. El manuscrito original es propiedad del viejo diputado, primero menchevique y después bolchevique y luego aún renegado y traidor al movimiento comunista y su patria soviética, Gregory Alexinsky, que vivió en Francia desde la Primera Guerra Mundial. El poema expresa los sentimientos de Vladimir Ilich después de la derrota de la revolución de 1905. No ha aparecido en ninguna edición de las Obras completas de Lenin.

Poemas de Pablo Neruda dedicados a China

Poemas que Pablo Neruda dedicó a China en 1954 en su libro “Las Uvas y el Viento”.

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EL DESFILE

Frente a Mao Tse-Tung
el pueblo desfilaba.
No eran hambrientos y descalzos
que descendieron
las áridas gargantas,
que vivieron en cuevas,
que comieron raíces,
y que cuando bajaron
fueron viento de acero,
viento de acero de Yennan y el Norte.
Hoy otros hombres desfilaban,
sonrientes y seguros,
decididos y alegres,
pisando fuertemente la tierra liberada
de la patria más ancha.

Y así pasó la joven orgullosa, vestida
de azul obrero, y junto a su sonrisa,
cuarenta mil bocas textiles,
las fábricas de seda que marchan y sonríen,
los nuevos constructores de motores,
los viejos artesanos de marfil,
andando, andando,
frente a Mao,
toda la vista China, grano a grano,
de férreos cereales,
y la seda escarlata palpitando en el cielo
como los pétalos al fin reunidos
de la rosa terrestre,
y el gran tambor pasaba
frente a Mao,
y un trueno oscuro
de él subía
saludándolo.
Era la voz antigua
de China, voz de cuero,
voz del tiempo enterrado,
la vieja voz, los siglos
lo saludaban.
Y entonces como un árbol
de flores repentinas
los niños,
por millares,
saludaron, y así
los nuevos frutos y la vieja tierra,
el tiempo, el trigo,
las banderas del hombre al fin reunidas,
allí estaban.

Allí estaban, y Mao sonreía
porque desde las alturas
sedientas del Norte
nació este río humano, porque de las cabezas
de muchachas
cortadas por los norteamericanos
(o por Chiang, su lacayo),
en las plazas,
nació esta vida grande.
Porque de la enseñanza del Partido,
en pequeñitos libros mal impresos,
salió esta lección para el mundo.
Sonreía, pensando
en los ásperos años
pasados,
la tierra llena de extranjeros, hambre
en las humildes chozas,
el Yang Tzé mostrando en su lomo
los reptiles de acero
acorazados
de los imperialistas invasores,
la patria saqueada
y hoy, ahora, limpia la tierra,
la vasta China limpia,
y pisando lo suyo.

Respirando la patria
desfilaban los hombres
frente a Mao
y con zapatos nuevos
golpeaban la tierra,
desfilando,
mientras el viento en las banderas rojas
jugaba en lo alto
Mao Tse-Tung sonreía. Sigue leyendo