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Las “Tesis de abril” de Lenin

Lenin

 

El 17 de abril de 1917 es la gloriosa fecha en la que Lenin lanzó sus “Tesis de abril“, mundialmente conocidas. Las Tesis de Lenin aparecieron en el período de más extraordinario cambio en la historia de Rusia.

En los primeros días de la revolución de febrero, fueron creados los Soviets de los diputados obreros y soldados, como órganos de poder popular. Sin embargo, en los primeros días, los partidos conciliadores, menchevique y social-revolucionario, lograron apoderarse de la mayoría de diputados miembros de los Soviets. Una parte considerable del pueblo, sin experiencia en el terreno político, creía en los mencheviques y social-revolucionarios. Pero estos traidores engañaron las esperanzas del pueblo e hicieron un trato con la burguesía. A espaldas de los bolcheviques, se entendieron con los representantes de la burguesía respecto a la formación del nuevo gobierno de Rusia, el Gobierno Provisional burgués. Este gobierno estaba compuesto por la burguesía y los terratenientes aburguesados. Sobre las ruinas del zarismo, la burguesía imperialista rusa, con la ayuda de los Soviets dominados por mencheviques y social-revolucionarios, estableció su propio poder. Surgió un entrelazamiento sui géneris de los dos poderes, el Gobierno Provisional y los Soviets. El resultado fue un doble poder. Era necesaria una nueva orientación del Partido en las nuevas condiciones de lucha.

En las “Tesis de abril“, es generalizada, de forma extraordinaria y concisa, la experiencia histórica de dos revoluciones rusas y, con perspicacia leninista, fundamentado el plan concreto del paso de la revolución democrático-burguesa, ya realizada, a la revolución socialista.

En las “Tesis de abril“, Lenin dio una respuesta clara y completa a todas las cuestiones que agitaban, entonces, el Partido Bolchevique y toda la Rusia revolucionaria.

Las “Tesis de abril” son el modelo más perfecto del marxismo creador revolucionario. En el artículo dedicado al 50º aniversario de Lenin, el camarada Stalin escribió: “Los bolcheviques concentran principalmente su atención en determinar las vías y los medios para la realización del marxismo que correspondan a la situación y en modificar esas vías y esos medios cuando la situación cambia; los bolcheviques no sacan sus instrucciones y sus directivas de analogías y paralelos históricos, sino del estudio de las condiciones circundantes; no basa su actividad en citas y máximas, sino en la experiencia práctica, comprobando cada paso suyo en la experiencia, aprendiendo de sus propios errores y enseñando a los demás a construir una nueva vida. Esto explica, en rigor, por qué no hay divorcio entre las palabras y los hechos en la actuación de este grupo y porque en ella la doctrina de Marx conserva toda su vital fuerza revolucionaria“.

El camarada Stalin señaló: “Se pueden aplicar con toda razón a los bolcheviques las palabras de Marx de que los marxistas no pueden contentarse con interpretar el mundo, sino que deben ir más lejos, para transformarlo“.

Las “Tesis de abril” de Lenin, tenían el objetivo de transformar revolucionariamente el mundo. Se convirtieron en la bandera del gran Partido Bolchevique en su abnegada lucha por la histórica victoria mundial de la revolución socialista.
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No puedo renunciar a mis principios

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Este artículo apareció originalmente en el periódico soviético “Sovietskaia Rosia” el 13 de marzo de 1988.

Se trata de una carta escrita por una profesora universitaria de Leningrado llamada Nina Andreieva. Una carta que desencadenó la polémica en la Unión Soviética y que recibió numerosos apoyos. Fue publicada cuando Mijaíl Gorbachov se encontraba en Yugoslavia de visita oficial. A su vuelta, el presidente de la URSS dio órdenes estrictas de atacar en público a la profesora a través de la prensa y acabar con la discusión. La carta de Nina Andreieva, a pesar de las deficiencias que tiene en algunos de sus pasajes, simboliza la existencia de la fuerte oposición a la perestroika en la URSS y la intención de ciertos sectores de la sociedad soviética de rescatar el marxismo-leninismo convertido en letra muerta desde el XX Congreso del PCUS.

 

 

Decidí escribir esta carta después de largas reflexiones. Soy química, profesora del Instituto tecnológico “Lensoviet” de Leningrado. Al igual que muchas otras personas, me encargo de un grupo de estudiantes. En nuestros días, después de un período de apatía social y dependencia intelectual, los estudiantes poco a poco empiezan a contagiarse del ímpetu de los cambios revolucionarios.

Naturalmente, surgen discusiones sobre el camino de la perestroika y sus aspectos económicos e ideológicos. Glasnost, apertura, desaparición de zonas exentas de críticas, emocionado fervor en las conciencias de las masas, en particular, de la juventud, frecuentemente se revelan en los planteamientos de problemas que, de una manera u otra, son aventados por las de estaciones radiales de occidente o por aquella gente de nuestro país que no tienen una firme creencia de la esencia del socialismo. ¡En las conversaciones se tocan de hecho todos los temas! Sobre el sistema pluripartidista, la libertad de proselitismo religioso, la salida del país para vivir en el extranjero, el derecho a discutir ampliamente los problemas sexuales en la prensa, la necesidad de una dirección descentralizada sobre la cultura, la abolición del servicio militar… Especialmente entre los estudiantes provoca mucha discusión el problema relacionado con el pasado del país.

Naturalmente, nosotros, los profesores, tenemos que responder a las más agudas preguntas lo que, además de honestidad, requiere profundos conocimientos, convicción, alto nivel cultural, serias reflexiones y evaluaciones sopesadas. Claro, esas cualidades son necesarias para todos los educadores de la juventud, y no sólo para los docentes de las cátedras de Ciencias Sociales.

El lugar más amado para nuestro paseo junto con los estudiantes es el parque Petergofe. Andamos por las avenidas nevadas, disfrutamos de los famosos palacios y las estatuas y discutimos. ¡Discutimos! Las mentes jóvenes arden de un gran deseo de llegar a comprender todas las complejidades y determinar su camino hacia el futuro. Miro a mis jóvenes interlocutores y pienso: cuan importante es ayudarlos a discernir la verdad, formar una concepción exacta de los problemas de la sociedad en que viven y a la cual tienen la tarea de reestructurar, y cómo hacerles entender correctamente nuestra historia pasada lejana y no lejana.

¿Pero dónde reside la preocupación? He aquí un ejemplo simple: Nos parece que sobre la Gran Guerra Patria y el heroísmo de sus participantes se ha hablado y escrito mucho. Sin embargo, hace poco, en uno de los albergues de los estudiantes de nuestro Instituto se realizó un encuentro con el Héroe de la Unión Soviética, coronel retirado V.F. Molozev. Entre otras cosas le preguntaron sobre la represión política en el ejército. El veterano respondió que no había chocado con la represión política, que muchos de los que comenzaron junto a él en la guerra, al final, eran altos comandantes de tropas… A algunos la respuesta los desencantó. El tema de la represión que siempre se discute ahora llenó de sobra la percepción de una parte de los jóvenes y obstaculiza la comprensión objetiva del pasado. No son pocos los ejemplos de ello.
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La muerte de un espía internacional

 

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Editorial del periódico soviético Pravda del 24 de agosto de 1940

El telégrafo nos trajo la noticia de la muerte de Trotsky. Según los periódicos estadounidenses, Trotsky, quien pasó sus últimos años en México, fue víctima de un ataque. Su asesino, Jacques van den Mornard Dreschd, (1) uno de sus colaboradores más cercanos.

Se va a la tumba un hombre cuyo nombre los trabajadores de todo el mundo pronuncian con total desprecio y repulsa, y que durante muchos años combatió las banderas de la clase obrera y de su vanguardia, el Partido Bolchevique.(2) Las clases dominantes de los países capitalistas perdieron a un fiel servidor, y los servicios de inteligencia extranjeros fueron privados de un viejo y feroz agente que no elegía los medios para alcanzar sus objetivos contrarrevolucionarios.

Trotsky tiene una larga trayectoria de traición y deslealdad, de duplicidad política y de hipocresía. No en vano, Lenin, en 1911, le había apodado “Iúduchka“,(3), apodo al que Trotsky(4) nunca dejó de hacer justicia.

Trotsky comenzó su actividad política como un menchevique antirrevolucionario.(5) En 1903, en el II Congreso del POSDR,(6) atacó a Lenin furiosamente, defendiendo y apoyando los puntos de vista de Mártov y de otros dirigentes mencheviques antirrevolucionários.(7) Poco después, al comienzo de la guerra Ruso-Japonesa, Trotsky mostró aún más su cara renegada y antirrevolucionária (8) al caer en un empedernido defensismo, es decir, la defensa de la “patria” del zar, de los terratenientes y de los capitalistas.

Trotsky (9) recibió la revolución de 1905 con la famosa teoría de la teoría de la revolución “permanente”, teoría que desarma al proletariado y desmoviliza sus fuerzas.(10) Tras la derrota de la revolución de 1905, Trotsky comenzó a apoyar a los mencheviques liquidacionistas. Vladimir Ilyich Lenin escribió entonces estas palabras sobre Trotsky:

Trotsky se comportó como el más vil arribista y fraccionista… habla mucho del partido, pero se comporta peor que cualquier otro fraccionista“. (11)

Como se sabe, Trotsky fue el organizador del antirrevolucionario “bloque de agosto”, (12) que reunía a todos los grupos y corrientes (13) que lucharon contra Lenin.
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Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (II Parte)

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Stalin y la democracia proletaria

 

Si resumimos todas las acusaciones llevadas a cabo por los oportunistas contra Stalin, podríamos incluirlas, de manera general, en una única categoría: violación de la democracia proletaria. Stalin, según los oportunistas, usurpó el poder en el país y en el Partido, liquidó a los mejores y más experimentados cuadros del Partido y del Estado.

En sus críticas a Stalin, los oportunistas lo oponen a Lenin, juzgando que este es el mejor y más evidente argumento a su favor. Nosotros también estamos de acuerdo en que esta comparación es pertinente, pero, por otro lado, esta se vuelve contra los propios oportunistas. “Intransigencia”, “crueldad”, “comportamiento dictatorial”, ¿de dónde surgió todo ese vocabulario? ¿Estaremos acaso citando un editorial de “Pravda” de los últimos años dedicado al “culto a la personalidad”? No, estas son las definiciones que los oportunistas acostumbraban a hacer de la actividad de Lenin durante toda la revolución rusa. ¿Por qué la actual dirección del PCUS omite el hecho de que todo lo que en el pasado fue atribuído a Lenin está ahora repitiéndose con Stalin? ¡Y qué metamorfosis! Lenin, según los oportunistas contemporáneos, sería partidario de la tesis “no te opongas al mal con la violencia”. Para denigrar la táctica revolucionaria de Stalin, cuya crítica tiene para ellos una importancia vital directa, los oportunistas están dispuestos a olvidar el pasado y presentar a Lenin bajo una forma “ennoblecida”, conforme a su punto de vista. “¡Nosotros somos los jacobinos del proletariado!“. Estas palabras de Lenin deben ser recordadas por todos aquellos que intentan ahora rehacer a Lenin y darle la apariencia de Jesucristo.

Pero, ¿existía alguna diferencia en el carácter de las acciones de Lenin y de Stalin? Sí, existía. Al comparar a estos dos dirigentes revolucionarios, los oportunistas (en total conformidad con su visión pequeño-burguesa del mundo) reducen todo a las cualidades personales de estos dos hombres. Sin embargo, es evidente que la actividad de Lenin y de Stalin, como dirigentes del Partido y del Estado, corresponde a dos periodos diferentes del desarrollo de nuestra revolución, periodos que difieren radicalmente uno del otro. La muerte de Lenin coincidió prácticamente con el final del periodo de la ofensiva de la revolución europea, de modo que sobre los hombros de Stalin recayó la tarea de dirigir el primer Estado proletario en un momento en que estaba completamente aislado en el terreno internacional y en las condiciones en que no existía una base suficiente para la construcción del socialismo. La ruptura del eslabón más débil en la cadena del capitalismo era una debilidad de la propia revolución.
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Entrevista del periódico Pravda a Stalin el 17 de febrero de 1951

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PREGUNTA – ¿Cuál es su opinión sobre la última declaración hecha por el primer ministro británico Attlee, en la Cámara de las Comunes según la cual, tras el fin de la guerra, la Unión Soviética no se habría desarmado, es decir, no tendría desmovilizadas sus tropas y seguiría aumentado constantemente sus fuerzas armadas?

RESPUESTA – Considero que esta declaración del primer ministro Attlee es una calumnia a la Unión Soviética.

El mundo entero sabe que la Unión Soviética desmovilizó sus tropas después de la guerra. Como se sabe, la desmovilización se realizó en tres etapas: la primera y la segunda durante 1945, y la tercera de mayo a septiembre de 1946. También en 1946 y 1947 se procedió a la desmovilización de las categorías más antiguas del ejército soviético, y, a principios de l948 las restantes categorías antiguas fueron desmovilizadas. Tales son los hechos conocidos por todos.

Si el primer ministro Attlee conociese la ciencia de las finanzas o de la economía, habría comprendido sin dificultad, que ningún Estado, ni siquiera el Estado soviético, podrían desarrollar ampliamente la industria civil, emprender grandiosas obras tales como la construcción de centrales hidroeléctricas en el Volga, en  Dniéper y en  Amu Darya, que necesitan decenas de miles de millones de gastos presupuestarios, proseguir en una política de bajada sistemática de los precios de las mercancías de primer uso, política que también exige decenas de miles de millones de gastos presupuestarios, invertir cientos de miles de millones para el resurgimiento de la economía nacional destruida por los ocupantes alemanes y, al mismo tiempo, multiplicar sus fuerzas armadas y desarrollar la industria de la guerra. Es fácil comprender que tal política insensata llevaría a la quiebra del Estado. El primer ministro Attlee debería saber por su propia experiencia, así como por la de los Estados Unidos, que el aumento de las fuerzas armadas de un país y de la carrera armamentista llevan al desarrollo de la industria de guerra, la reducción de la industria civil, la interrupción de las grandes construcciones civiles, el aumento de impuestos y de los precios de los bienes de consumo diario. Es comprensible que si la Unión Soviética no disminuye, pero, al contrario, desarrolla la industria civil, no reduce, sino, al contrario, amplia la construcción de grandiosas centrales hidroeléctricas y sistemas de riego, no interrumpe, sino, al contrario, continúa una política de bajada de precios, ella no puede, al mismo tiempo, ampliar la industria de la guerra y multiplicar sus fuerzas armadas sin correr el riesgo de entrar en quiebra.

Y si el primer ministro Attlee, a pesar de todos estos hechos y consideraciones científicas, todavía cree que es posible calumniar abiertamente a la Unión Soviética y a su política de paz, en ese caso la única explicación posible es que él cree poder, por medio de la calumnia a la Unión Soviética,  justificar la carrera armamentista ya realizada en Gran Bretaña por el gobierno laborista.
El primer ministro Attlee tiene necesidad de mentir con respecto a la Unión Soviética, tiene necesidad de presentar la política de paz de la Unión Soviética como una política agresiva y la política agresiva del gobierno británico como una política de paz. Se trata de engañar al pueblo británico, endilgarle esta mentira contra la Unión Soviética y engañarlo, arrastrarlo a una nueva guerra mundial organizada por los círculos dirigentes de los Estados Unidos de América.

El primer ministro Attlee se dice partidario de la paz. Pero, si de verdad ama la paz, ¿por qué rehusó la propuesta de la Unión Soviética en la Organización de las Naciones Unidas, relativa a la celebración inmediata de un acuerdo de paz entre la Unión Soviética, Gran Bretaña, los Estados Unidos de América, China y Francia?

Si él realmente ama la paz, ¿por qué rehusó las propuestas de la Unión Soviética de proceder inmediatamente a la reducción de los armamentos, de prohibir inmediatamente el arma atómica?
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