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En busca del holocausto soviético, una hambruna de 55 años que alimenta a la derecha

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Este artículo expone la mentira sobre la hambruna supuestamente provocada por los bolcheviques en Ucrania en 1932. Es una excelente refutación de las distorsiones de la historia y de las mentiras propagandísticas occidentales -inmerecidamente respetadas- de Robert Conquest, así como una visión ilustrativa de la naturaleza de la propaganda antisoviética en los años 1980. [Nota del Editor: los lectores también deberían considerar lo que las fuentes occidentales siempre se olvidan de mencionar: en torno al año 1932 no sólo hubo problemas masivos de cosecha en la URSS, sino también en la India y en los EE.UU., donde la crisis de la “Fuente de Polvo” obligó a mucha gente a abandonar las tierras de labranza y a emigrar en masa hacia el Oeste].

Siempre perdurará algo de la mentira más escandalosa…. El tamaño de la mentira es el factor definitivo para que sea creída” (Adolf Hitler, Mein Kampf).

La muchacha se muere. Aparenta unos cinco años pero sabemos que puede ser mayor, disminuida como está por el hambre. Se apoya fatigosamente en una puerta. Sus largos cabellos caen sobre sus hombros desnudos. Su cabeza descansa sobre uno de sus brazos. Su cuello está doblado, como un tallo en la tierra yerma. Sus ojos son lo más estremecedor de todo, grandes y oscuros, de mirada ausente pero todavía melancólicos. La niña se muere lentamente de inanición, y nos sentimos culpables por ser testigos de su última agonía…

Los exiliados ucranianos que hicieron Harvest of Despair [La Cosecha de la Desesperación] reconocían una imagen impactante cuando la veían. La foto en blanco y negro, acompañada musicalmente por un desgarrado coro in crescendo, fue elegida para cerrar el documental canadiense sobre la hambruna ucraniana de 1932-33. La misma fotografía se utilizó para promocionar la película, simbolizando una célebre causa largo tiempo inactiva: la hambruna “artificial”, “deliberadamente planeada” por Stalin para aplastar al nacionalismo ucraniano e intimidar a un campesinado obstinadamente contrario a la colectivización permanente. Siete millones de ucranianos murieron, nos dice el narrador, mientras “una nación del tamaño de Francia era estrangulada por el hambre“.

El resultado, afirma William F. Buckley, cuya compañía Firing Line distribuyó la película en noviembre pasado, fue “quizás el mayor holocausto del siglo“.
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Stalinismo

billBill Bland

 

 

Una carta a la Academia Sarat en Londres.

30 de abril de 1999

por Bill Bland.

 

 

Estoy agradecido a la Academia Sarat por haberme invitado a dar una conferencia sobre el “Stalinismo”.

Sin embargo, su elección del tema se me presentó con cierta dificultad, ya que soy un gran admirador de Stalin y la palabra “stalinismo” fue introducida por los hipócritas opositores de Stalin -en particular, por Nikita Jruschov- en preparación para futuros ataques políticos a este.

Hoy, de hecho, el “stalinismo” se ha convertido en un término de abuso sin sentido, usado para denotar posiciones políticas con las que alguien no está de acuerdo. ¡La prensa conservadora a veces hasta describe a Tony Blair como “stalinista”, dando a Stalin, si estuviese vivo, suficientes motivos para una denuncia por difamación!

Stalin siempre se referió a sí mismo como “un discípulo de Lenin” y yo tengo que seguir su ejemplo e interpretar el tema “stalinismo”, como marxismo-leninismo.

Tal vez la figura más próxima a Stalin en la historia británica sea Ricardo III, del cual todo el mundo “sabe” -y pongo la palabra “sabe” entre comillas- de sus libros de historia de la escuela secundaria y de Shakespeare, que había sido cruel, un monstruo deforme que mató al pequeño príncipe en la torre.

Sólo recientemente los historiadores serios comenzaron a darse cuenta de que la imagen comúnmente aceptada de Ricardo fue diseñada por sus sucesores Tudor, que tomaron el trono y mataron a Ricardo.

Naturalmente, ellos procedieron entonces a reescribir las crónicas para justificar su usurpación del trono. Incluso alterando la imagen de Ricardo para presentarlo físicamente deforme, como un monstruo tanto física como moralmente. En otras palabras, la imagen de Ricardo que es generalmente aceptada hoy en día, no es el resultado de verdades históricas, sino de la propaganda de sus opositores políticos.

Por tanto, es legítimo preguntarse: ¿La figura de Stalin que nos presentan los autoproclamados “Kremlinólogos” es un hecho histórico o mera propaganda?
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