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Lidiya Vladimirovna Litviak, la Rosa Blanca de Stalingrado

 

Lídiya Vladímirovna Litviak, (18 de agosto de 1921 – 1 de agosto de 1943), también conocida como La Rosa Blanca de Stalingrado, fue una piloto de caza de la Fuerza Aérea Soviética (Voyenno-vozdushnye sily, VVS) durante la Segunda Guerra Mundial.

Lidiya Vladimirovna Litvyak nació en Moscú el 18 de agosto de 1921, cuando la Unión Soviética todavía estaba gobernada por Lenin. No se sabe mucho de su vida antes de que se iniciara la segunda guerra mundial, solo se sabe que ella siempre estuvo fascinada con la aviación, de hecho se sabe que el vuelo del Rodina (Patria) en el que las famosas aviadoras Valentina Grizodubova, Polina Osipenko y Marina Raskova establecieron un record de larga distancia fue lo que desencadeno en Lidyia una inspiración para convertirse en aviadora.

A los 14 años se matriculo en un aeroclub soviético, comenzando así su carrera, obtuvo su carnet de piloto deportiva dos años más tarde. Su ascenso fue exponencial, y a finales de la década de los años 30 ya se había convertido en instructora de vuelo de Kherson. Para cuando los alemanes invadieron la Unión Soviética en 1941, Lidiya había entrenado por lo menos a cuarenta y cinco pilotos.

 

 

Inicios como piloto de Caza

 

Cuando supo que Marina Raskova estaba reclutando pilotos para su regimiento de mujeres, Lidiya quiso alistarse de inmediato para combatir, pero fue rechazada por falta de experiencia, ya que no había cumplido las 100 horas de vuelo que se exigían como mínimo necesario para instar como piloto de caza, se rumora que sin pensárselo un momento, Lidiya falsificó su documentación y, con las 100 horas de vuelo “cumplidas”. Después de completar un riguroso entrenamiento en la base de Engels fue admitida en el 586º Regimiento de Cazas (IAP 586), una unidad exclusivamente femenina equipado con aviones Yakovlev Yak-1.

Estas son unas memorias en las que se habla de Lidiya por su paso en Engels:

…Una vez, en Engels, hicieron salir a Lídiya de la formación matutina. Llevábamos el uniforme de invierno, y ella había cortado los bordes superiores de sus botas altas de piel a fin de hacerse un fular para su traje de vuelo. Marina Raskova, nuestra comandante, le preguntó cuándo había hecho eso. Lídiya contestó: “Durante la noche”. Lídiya quería vestir a su manera. Raskova le dijo que durante la noche siguiente, en vez de dormir, volviera a coser la piel en su sitio. […] Era muy extraño: había una guerra en marcha y esta rubia, esta chiquilla, estaba pensando en adornos para su traje. Me pregunté: ¿qué clase de piloto va a ser esta, si no le preocupa nada más que su fular y su aspecto?…
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El gran vencedor

Bandera Reichstag

 

El 8 de mayo de 1945, hace 70 años, numerosos contingentes del Ejército Rojo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) tomaron la capital del Tercer Reich, Berlín, terminando prácticamente el gran conflicto mundial, uno de los episodios más sangrientos de la historia de la humanidad que dejó un rastro de destrucción y muerte sin precedentes. Derrotando definitivamente al nazismo, hasta entonces la cara más reaccionaria del poder imperialista, las fuerzas populares y antifascistas de todo el mundo, lideradas por la URSS, habían alcanzado una extraordinaria victoria. Se dieron pasos firmes y enérgicos hacia la construcción de un mundo nuevo.

Sin embargo, el verdadero gestor de los terribles conflictos que debastaron el planeta, el vientre que había producido el monstruo nazi, no fue definitivamente extirpado. El imperialismo se mantuvo vivo y con prontitud, el horror de las guerras mundiales por repartirse el mundo y la rapiña continuó desarrollándose, volviéndose más agresivo y sanguinario.

La Segunda Guerra Mundial fue, hasta hoy, el más brutal conflicto armado de la historia. En ella perdieron la vida cerca de 47 millones de personas, además de haber sido arrasadas ciudades enteras, principalmente en Europa y Asia. Iniciada oficialmente el 1 de septiembre de 1939, con la invasión de Polonia por parte del ejército nazi, este nuevo enfrentamiento había sido preparado por las potencias imperialistas desde el fin de la Primera Guerra Mundial, a mediados de 1918.

En su análisis sobre el imperialismo, Lenin, el gran jefe de la Revolución Soviética, se expresó así en relación a las guerras en la etapa imperialista: “Los acuerdos firmados al final de una guerra son el punto de partida de un próximo conflicto“. La historia confirmó la veracidad de estas palabras más rapidamente de lo que muchos imaginaban. Europa, 21 años después devastada, volvió a ser escena de otra sangrienta disputa interimperialista que, sin embargo, no se limitaba a un solo continente.
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Siguen aumentando las simpatías de los rusos por Stalin

stalin

 

Entre el 20 y el 22 de marzo, el centro ruso de sondeos de opinión Levada llevó a cabo una encuesta entre 16.000 personas sobre el papel de Stalin en la historia de Rusia. Hace un par de días el portal de información Ruskaia Naronaia Linia reprodujo los resultados obtenidos.

La conclusión es que el 39% de los rusos evalúan positivamente al dirigente bolchevique y el 45% consideran que la represión de los años 30 estuvo justificada por los objetivos y los resultados considerables que se lograron.

En los últimos años, dice el Centro Levada, la actitud de los rusos hacia Stalin ha evolucionado. Si a comienzos del siglo predominaba una actitud negativa respecto a su persona, actualmente una gran parte de las personas consultadas, el 39%, la evalúan favorablemente. Entre ellas, un 30% experimentan respeto, un 7% simpatía y un 2%. 1 de cada 3 encuestados dice sentirse indiferente hacia el dirigente soviético.

La percepción acerca de Stalin cambia con la edad del encuestado. Entre los jóvenes, 1 de cada 2 expresa indiferencia, mientras que los de más edad tienen tendencia a expresar respeto.

La percepción también cambia en función del entorno urbano o rural. Los moscovitas experimentan 5 veces más un sentimiento negativo (aversión, odio) que los habitantes del campo.
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El papel de las mujeres en la defensa de Stalingrado

Mulheres_da_infantaria_do_Exrcito_Vermelho_em_treinamento

 

“Recordando la batalla a orillas del Volga, debo detenerme por un momento en una cuestión importante que, en mi opinión, no ha recibido gran atención en la literatura de la guerra y que, a veces, sin razón, es despreciada, en un intento de sacar conclusiones de nuestra experiencia en ella. Estoy pensando en el enorme papel desempeñado en la guerra por las mujeres, no solamente en la retaguardia, sino también en la línea del frente. Soportaron las dificultades de la vida militar del mismo modo que los hombres y los acompañaron a Berlín.

Hubo muchas mujeres en la historia militar, desde las marketankti de los tiempos de Pedro el Grande y Suvorov hasta las guerrillas de 1812, las hermanas de la caridad en la defensa de Sebastopol y de Port Arthur, las mujeres de la Primera Guerra Mundial, que recordamos como dedicadas y valientes patriotas rusas. Pero en ninguna guerra anterior habían desempeñado las mujeres un papel tan importante como en la guerra germano-soviética de 1941-1945.

A pesar de que, en el pasado, muchas mujeres habían servido en el ejército y en la línea del frente por su propia iniciativa, las mujeres soviéticas partieron al frente convocadas por el Partido y el Komsomol (1), profundamente conscientes de sus deberes en la defensa de los intereses de su país socialista. Habían sido preparadas para esto por nuestro Partido Comunista, porque en ese momento, nuestro Estado era el único en el mundo en donde las mujeres disfrutaban, de acuerdo con la Constitución, de los mismos derechos que los hombres.

Aún hay quienes probablemente no comprendan que lo hicieron como constructoras del socialismo y defensoras de los intereses de los trabajadores. Espor ello que, en la guerra contra los invasores nazis, vimos a las mujeres soviéticas sirviendo como enfermeras, llevando decenas y centenas de heridos a la retaguardia, como médicas, realizando intervenciones quirúrgicas bajo el ataque aéreo de la artillería, o como operadoras de telefonía y de radio, cuidando de las conversaciones operacionales y de la gestión en la batalla. Las vimos trabajando en los comandos y en las organizaciones políticas, donde realizaban trabajos de administración militar y educaban a las tropas en el espíritu de la tenacidad en el combate. Quien quiera que visitase el frente veía a mujeres trabajando como artilleras en unidades antiaéreas, como pilotos combatiendo contra los ases alemanes, como comandantes de buques blindados, en la Flora del Volga, por ejemplo, transportando cargas desde el margen izquierda al margen derecha, ida y vuelta, en condiciones increíblemente difíciles.

No exagero al decir que las mujeres lucharon junto a los hombres en todas partes durante la guerra.

Se debe recordar también que, a mediados de 1942, cuando nuestros ejércitos se habían retirado a una línea que corría por Leningrado, Mozhaysk, Voronezh, Stalingrado y Mozdok, dejando áreas densamente pobladas en manos enemigas, se necesitaban nuevos reclutas. Las mujeres, en masa, se presentaban voluntarias al ejército y esto hizo posible restaurar, en toda su eficiencia, nuestras unidades y establecimientos.
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