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El factor traición

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El siguiente texto es un extracto del libro “La caída del comunismo ruso” de Aleksandr Zinoviev(1).

 

 

Uno de los factores más importantes que condicionaron el colapso del comunismo soviético (ruso) fue el factor traición. Tal vez ha sido la primera vez en la historia que este factor no sólo fue tenido en cuenta con anticipación por aquellos que dirigieron la destrucción del comunismo ruso, sino también previsto anticipadamente y desarrollado a una enorme escala como factor del proceso evolutivo. Por lo tanto, merece atención como una de las características de la historia programada y dirigida.

 

 

El concepto de traición

 

Aparentemente la traición es algo evidente. Pero sólo “aparentemente” y sólo en los casos más simples y habituales. Un individuo se convirtió en espía de otro país, es un traidor. Se movió hacia el lado del enemigo en la guerra, es una traidor. Sin embargo, incluso en estos casos, los criterios de evaluación o no están definidos o son violados con frecuencia. Por ejemplo, el general y traidor Vlásov(2) fue transformado en un héroe en la lucha ideológica contra el stalinismo. Y representantes probados de la “quinta columna” de Occidente en la Unión Soviética y en Rusia viven impunemente en la tierra rusa e incluso prosperan, entrando en las capas superiores de la sociedad rusa y llegando a los puestos del poder de Estado. Es cierto que no existe ninguna evidencia cuando se trata de grupos de individuos, de grandes comunidades y pueblos enteros, y también cuando se verifican comportamientos individuales, los cuales involucran un gran número de acciones en condiciones complejas e inconstantes. Además, el carácter de las acciones individuales y los criterios de su evaluación se alteran con el tiempo. En lo que respecta a la evolución de la traición, la humanidad ha recorrido un largo camino desde las formas primitivas y evidentes de traición individual evidente hasta las formas masivas, sutiles y encubiertas. Todo esto debe ser tomado en cuenta para definir científicamente el concepto de este fenómeno.

Es necesario distinguir entre el enfoque jurídico-moral y el enfoque sociológico del problema de la traición. El primero es suficiente en lo relativo a las acciones individuales en situaciones sencillas. El segundo es necesario para la comprensión del comportamiento de grandes multitudes, masas y asociaciones de individuos en procesos históricos complejos. Esto fue precisamente lo que ocurrió en los años de la preparación, aplicación y consolidación de los resultados del golpe contrarrevolucionario en la Unión Soviética.

El caso más simple de traición está en la relación entre dos individuos. En esta relación, el destino de un individuo depende del otro de modo sustancial. El primero confía en el segundo, convencido de que este cumplirá con su obligaciones en relación con él. El segundo tiene determinadas obligaciones con respecto al primero, es consciente de estas obligaciones, sabe que el primero confía en él y que cuenta con él en esta relación. Esta relación puede ser sellada con una palabra, una promesa, un juramento, por tradición, costumbres, opinión pública, normas morales, leyes jurídicas. Si el segundo individuo no cumple con sus obligaciones, se dice que es una “traición”: el segundo traiciona al primero.
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Miente, miente que algo queda

Pinocho Nazis

 

La frase que encabeza este artículo pertenece, como se sabe, al ministro de la propaganda del Tercer Reich, el dr. Goebbels. Parece que, a pesar de haberse demostrado sobradamente su carácter inmoral, para alguna gente continúa siendo un recurso utilizable. Lo vemos en estos días en Bolivia. Para que no lleguen a los tribunales, los cómplices y gestores de los terribles planes terroristas-separatistas, recurren a la desinformación y al desprestigio de la investigaciones. Incluso llegaron a decir que Eduardo Rózsa(1) fue contratado por el gobierno. Pero veamos un ejemplo de antología que prueba el origen de la “técnica” de la mentira internacional.

La muerte del presidente polaco Lech Kaczynski y de sus casi 90 compañeros que se dirigían a Katyn, Rusia, sirvió para recordar los acontecimientos en esta región.

Los medios de comunicación transnacionales y locales dieron como un hecho que la tragedia de Katyn -territorio ruso próximo a la ciudad de Smolensk- fue obra del “estalinismo”. En Katyn habrían sido fusilados 22.000 polacos que constituían principalmente la élite militar. Sobre este asunto corrió mucha tinta en los años de la perestroika. Obviamente que ya antes se había hablado del asunto en la prensa occidental y en los círculos de la disidencia antisoviética. En 1990, Gorbachov atribuyó el crimen a Béria(2) y a Merkúlov(3) ,y una comisión que, sin mayores formalidades, concluyó que el predecesor de la KGB, el NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) “pudo haber ordenado el fusilamiento de los prisioneros polacos” entre marzo y abril de 1940, en base a los poderes especiales que lo autorizaban a “decretar la pena de muerte”. Casi de inmediato se apuntó que tales poderes fueron otorgados después de la invasión nazi de la URSS. La conclusión de la Comisión no era tan poco taxativa.

Entonces aparece el Sr. Yeltsin que, en medio de su permanente embriaguez, afirma haber encontrado carpetas secretas en los archivos de la presidencia, y culpó directamente a Stalin de la masacre. Se demostró que las carpetas contenían documentos falsos, sin fecha, contradictorios, visiblemente inventados. El Fiscal General de la Federación de Rusia, en 2004, dio por cerrada la investigación. No encontró ninguna prueba que inculpase a la URSS, a Stalin, ni siquiera al “siniestro” jefe de la NKVD, Lavrenti Beria.
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Falsificación de documentos soviéticos en la era Yeltsin

Vídeo en el que Viktor Ilyujin, vicepresidente del Comité de Desarrollo Constitucional del Parlamento, afirma que su grupo parlamentario dispone de información sobre la creación en los años 90 del siglo pasado, durante el mandato de la administración del presidente Yeltsin, de un poderoso equipo de expertos en falsificación de documentos históricos de la Unión Soviética y, fundamentalmente, de documentos correspondientes al período de Stalin. (Junio del 2010)