La China Popular en la vanguardia de la enseñanza (1940-1976)

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“Tal vez sea posible encontrar aún niños que no hayan probado la carne humana. ¡Salvad a los niños!”
Lu Sin (Diario de un loco, 1918)

“La educación debe estar al servicio de la política del proletariado y estar combinada con el trabajo productivo. Nuestra política en el terreno de la educación debe permitir alcanzar una formación en el plano moral, intelectual y físico par que los que la reciben se conviertan en trabajadores cultos, con conciencia socialista”. Esta frase de Mao Tse-tung, presente a lo largo de las numerosas visitas efectuadas en todos los centros de enseñanza que visitamos (abril de 1975, marzo de 1976), desde guarderías infantiles a universidades resume perfectamente las bases políticas de la revolución en la enseñanza en China. Revolución que, por primera vez en la historia, al destruir el viejo Estado y construir el nuevo Estado de Dictadura del Proletariado no conserva de aquel la vieja escuela para “democratizarla”, sino que la destruye y construye en su lugar la escuela del proletariado.

Se trata de una escuela que rompe por primera vez el modelo de escuela tradicional, aún hoy universalmente aceptado, sustituyéndolo por un nuevo modelo educativo basado en la “triple integración” de trabajo, enseñanza e investigación y en una “triple alianza” de la gestión en manos de obreros, profesores y estudiantes, que debe garantizar al proletariado el mantener su “dictadura” frente a la burguesía, es decir, su poder de clase hegemónico en el aparato educativo.

Para alcanzar este objetivo ha sido necesario un largo proceso de lucha de clases, que prosigue aún, y cuyo momento culminante coincidió con el desarrollo de la Gran Revolución Cultural Proletaria, iniciada hace ahora justamente diez años. Sin embargo, hay que remontarse a 1949 e incluso antes para comprender el gran salto adelante dado por China en el terreno educativo que sitúa hoy a este país socialista en la vanguardia de la enseñanza.

LA HERENCIA DE CONFUCIO

Bajo la dirección del Partido Comunista, la revolución triunfante de 1949 tenía ante sí la inmensa tarea de transformar la economía y la cultura de la vieja China, sometida hasta entonces a la opresión y explotación del imperialismo, feudalismo y capitalismo burocrático.

En un texto fundamental (Sobre la Nueva Democracia), escrito por Mao Tse-tung en 1940, se describe perfectamente la situación cultural de la “vieja sociedad” china: “Hay en China una cultura imperialista, que es el reflejo de la total o parcial dominación sobre China en los terrenos político y económico (…) En China hay también una cultura semifeudal, reflejo de su economía y de su política semifeudales. Son representante de esta cultura cuantos abogan por el culto a Confucio, el estudio de los cánones confucianos, el viejo código moral y las viejas ideas y se oponen a la nueva cultura y a las nuevas ideas (…) Estas culturas reaccionarias sirven al imperialismo y a la clase feudal y deben ser barridas. De otro modo no será posible construir ninguna nueva cultura. Sin destrucción no hay construcción. La lucha entre la nueva cultura y las culturas reaccionarias es una lucha a muerte”.

En esta sociedad china, en la que el pueblo vivía en medio de la miseria más absoluta, el analfabetismo alcanzaba cifras de un cien por cien en extensas zonas del país habitadas por las cincuenta y cuatro minorías nacionales existentes y superaba el ochenta por ciento en el territorio habitado por la mayoría Han. Las pocas escuelas y universidades existentes eran bastiones del confucionismo o estaban en manos de órdenes religiosas, actuando como eficaces instrumentos ideológicos del imperialismo.

La cuestión del confucianismo es fundamental para comprender tanto el pasado como el presente de la enseñanza en China, ya que el pensamiento de Confucio ha impregnado durante siglos la sociedad china y su influencia ha llegado hasta nuestros días.

Confucio (551-479 antes de nuestra era) vivió en las postrimerías del llamado Período de Primavera y Otoño, en el que el Estado esclavista tribal de la dinastía Chu empezaba a derrumbarse. Ejerció diversos cargos públicos, llegando a ser primer ministro en el Estado Lu. Los historiadores señalan que dicho período se caracterizó por las luchas entre los aristócratas propietarios de esclavos y por numerosas revueltas de esclavos, severamente reprimidas por sus amos.

Para Confucio, el modelo de sociedad ideal, o mejor dicho, “natural” era precisamente aquel que se ofrecía entre sus ojos: una sociedad dividida en dos clases, la clase dominante, detentadora del poder (los propietarios de esclavos) y la clase dominada (los esclavos); entre ambos grupos debían figurar los letrados, funcionarios al servicio del bloque dominantes, que constituían una casta privilegiada. Para Confucio y sus discípulos, el pueblo, salvando quizás algunas individualidades, era un conjunto subdotado intelectualmente por razones biológicas (“bajo coeficiente de inteligencia debido a factores genéticos” se diría hoy) y por tanto incapaz de gobernar; dicha tarea debía ser confiada a la inteligencia de los letrados, mientras el trabajo manual –vil e inferior al trabajo intelectual- era labor propia de los esclavos.

Esta ideología de la conservación del orden establecido, no desconocida en Occidente, ha sido siempre la filosofía perennis del pensamiento conservador, la ideología de la ineluctable perennidad de la división social: administradores-administrados, trabajadores manuales-trabajadores intelectuales, etc.

El feudalismo en China recuperó el confucianismo surgido en la vieja sociedad esclavista y creó un tipo de escuela a la que únicamente debían tener acceso las clases dominantes, “superiores” intelectualmente al resto de la población; a lo más se podía admitir alguna deserción de las clases dominadas con el consiguiente ascenso individual en la escala social. A diferencia de la escuela capitalista, la escuela feudal, al no tener necesidad de reproducir y ampliar una fuerza de trabajo más cualificada, cerraba pues totalmente sus puertas a la población trabajadora. Ambas tendrían, sin embargo, en común el funcionar como aparatos ideológicos de Estado para garantizar y mantener la división social entre clase dominante y clase dominada, entre trabajador intelectual y trabajador manual.

A diferencia de la escuela feudal y de la escuela capitalista, la escuela proletaria, la escuela socialista, debía crear lo que ya Marx había anunciado en El Capital: “La educación del provenir que unirá, después de una cierta edad, el trabajo productivo con la instrucción; ello no sólo como medio para aumentar la producción social, sino como el único método capaz de producir hombres completos”.

LUCHA DE CLASES EN LA ENSEÑANZA (1940-1976)

Antes del triunfo de la Revolución, en las zonas liberadas por el Partido Comunista, empezaron ya a crearse escuelas, inspiradas por los principios expuestos en el texto de Mao Tse-tung “Sobre la Nueva Democracia”. En el citado trabajo, Mao habla de la necesidad de luchar por una “cultura nacional, científica y de masas”, que debía corresponder a la cultura antiimperialista y antifeudal de las amplias masas populares, la cultura de la Nueva Democracia, la nueva cultura de la nación china.

Nacional significa que la cultura (educación, ciencia, arte, etc.) debe ser concebida por los chinos y para los chinos, debe estar al servicio de la independencia nacional sin dejar, sin embargo, de asimilar la “cultura progresista” de otros países pero poniéndola al servicio de las necesidades nacionales propias.

Científica, quiere decir no sólo el rechazo de las supersticiones y de las influencias feudales heredadas de la “vieja sociedad” y la lucha contra toda forma de irracionalismo. Hablar de nueva cultura científica significa ante todo señalar el papel fundamental que ha de jugar la dialéctica materialista en el estudio y en la investigación, así como la constantes unión entre teoría y práctica; la lucha, en suma, por la superación de la contradicción existente entre los productores y los receptores de la cultura.

De masas, plantea el punto fundamental: la cultura de Nueva Democracia pertenece a las masas y es, por lo tanto, democrática. Debe servir a las masas trabajadoras, a los obreros y campesinos, que constituyen más del noventa por ciento de la nación y convertirse gradualmente en su propia cultura.

La aplicación de estos principios expuestos por Mao Tse-tung en 1940 sentará las bases de la futura escuela proletaria china, de cuyo desarrollo histórico describiremos sucintamente las etapas principales, antes de pasar a analizar, con ejemplos concretos que corresponden a la visitas efectuadas en dos años sucesivos (1975 y 1976), cómo funciona hay la Escuela en China, desde las guarderías infantiles hasta las universidades.

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LA ETAPA DE INFLUENCIA SOVIÉTICA

La etapa de “sovietización” comprende desde la toma del poder en 1940 hasta la primera Constitución de 1954. Es la época en que las relaciones entre China y la Unión Soviética son excelentes y la colaboración entre ambos países abarca todos los campos. Son numerosos los técnicos soviéticos en China y los estudiantes chinos en la Unión Soviética. Esta colaboración se extenderá hasta 1960, año en que la URSS retirará a todos sus técnicos, sin terminar de cumplir los programas de cooperación y llevándose incluso planos de muchas obras y proyectos.

En el terreno de la educación el esfuerzo principal, desde la Liberación, fue dedicado a la alfabetización de masas, a la creación de escuelas y universidades que abren de par en par sus puertas a los obreros y campesinos de toda China. No se introducen, por el momento grandes transformaciones a nivel de la organización de la enseñanza (duración de la escolaridad, sistema de admisión y diplomas, etc.). La influencia soviética viene marcada por la presencia de profesores rusos, la introducción de textos escolares soviéticos traducidos al chino y el estudio del ruso como primera lengua viva. Pero, como han señalado Victor Nee y D. Layman, la enseñanza soviética no era ya lo que había sido en el decenio que siguió a la Revolución de Octubre. El clima de viva experimentación, antiautoritarismo y compromiso con la sociedad que prevaleció entonces en la escuela soviética había sido admirado por los enseñantes progresistas de todo el mundo. La experiencia soviética había fracasado y el “viento derechista”, como dirían los chinos, había logrado recomponer un modelo de escuela no muy distinto del de la escuela capitalista, un modelo de escuela destinado a reproducir la división social. Baste indicar que en la URSS, en 1930, el proletariado formaba el 65 por ciento de los miembros del PCUS y la “intelligentsia y otros empleados” eran el 13,5 por ciento. Hacia 1956, el proletariado representaba solamente el 32 por ciento de los afiliados, mientras que la “intelligentsia y otros empleados” mantenían una mayoría absoluta del 50,9 por ciento. La escuela soviética había jugado un papel fundamental en estos cambios. China no quiso seguir el mismo camino.

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EL GRAN SALTO ADELANTE (1958-59)

La crítica al modelo soviético cristalizó en una alternativa política conocida con el nombre de “El Gran Salto Adelante” que llevará a la creación de las primeras Comunas Populares y una primera revolución educativa destinada a transformar el sistema escolar de un “refugio burgués” en escuela proletaria. El nuevo sistema debería forjar al “nuevo hombre socialista”, uniendo estudio y trabajo, trabajo intelectual y trabajo manual. La época se ve sin embargo marcada por graves dificultades internas y externas. Problemas económicos (calamidades naturales, etc.) y políticos (lucha en el seno del partido, inicio del conflicto chino-soviético), impedirán que se obtengan los resultados esperados. Como dijimos, en 1960 se retirarán los técnicos soviéticos.

ÉPOCA DE MODERACIÓN (1960-63)

Supones un paso atrás en relación con la etapa precedente. La relación de fuerzas se inclina a favor de los partidarios de Liu Shao-chi que apoyan el modelo soviético. En el terreno educativo se insiste en una educación puramente escolar, desligada de la práctica, volviendo de nuevo a la enseñanza libresca.

Estas tentativas revisionistas son combatidas por Mao Tsetung y sus partidarios. En septiembre de 1962, en la X sesión plenaria del Comité Central del PCCh, Mao hace un importante discurso hablando de “la importancia de la lucha de clases”; poco después se inicia el “Movimiento de Educación Socialista” que será el preludio de la Gran Revolución Cultural Proletaria.

DEL INICIO DE LA GRAN REVOLUCIÓN CULTURAL PROLETARIA A LA CRÍTICA A DENG XIAO-PING

Diez años cubre esta gran etapa de la lucha de clases en China en la que tras sucesivas batallas se consolidará la vía revolucionaria que garantizará el mantenimiento de la Dictadura del Proletariado y el avance en la construcción del socialismo. Surgirá ya firmemente asentada la Escuela Proletaria.

ImagenLA GRAN REVOLUCIÓN CULTURAL PROLETARIA

Ya a partir de 1964 Mao Tse-tung va recuperando la iniciativa política y toman importancia algunas de la concepciones apenas esbozadas en la etapa de “El Gran Salto Adelante”.

El 8 de agosto de 1966 es la fecha histórica de la importantes declaración del Comité Central del P.C.Ch. sobre la “Gran Revolución Cultural Proletaria”. En el texto se señala: “Aunque derrotada, la burguesía trata aún de utilizar sus viejas ideas, su vieja cultura, para corromper a las masas, conquistar la mentalidad del pueblo y restaurar su poder. El proletariado debe hacer todo lo contrario: debe responder al desafío ideológico de la burguesía con las nuevas ideas y cultura proletaria. Hay que criticar al actual sistema educativo y los principios y métodos de la enseñanza en nuestras escuelas (…) La educación debe estar al servicio de la política del proletariado y estar combinada con el trabajo productivo”.

Imposible resumir siquiera aquí lo que han sido estos diez años de lucha de clases en la escuela china. Baste señalar que a lo largo de una serie de batallas iniciadas en 1966 y cuyos momentos culminantes han sido el “Movimiento de crítica a Lin Piao y Confucio” (1973-1975), “El Movimiento de estudio de la Dictadura del Proletariado” (1975) y la crítica a Teng Siao-ping (1976), se han sentado las bases de un nuevo tipo de escuela que, rompiendo el hasta ahora universalmente aceptado modelo educativo, permite garantizar al proletariado su poder hegemónico y la aparición de ese “nuevo trabajador culto, con conciencia socialista” del que hablaba Mao.

Veamos ya pues, desde guarderías y universidades, cómo funciona hoy la escuela en China.

LA EDUCACIÓN PRE-ESCOLAR

En la Comuna de la Larga Marcha situada en las afueras de Shangai, visitamos un jardín de infancia en el que los niños recibían ya una educación que intentaba combinar el estudio con el trabajo. Junto a juegos y actividades artísticas, existían además tres áreas distintas de actividades. En primer lugar un curso de trabajo consistente en participar en algunas actividades agrícolas (recoger hierbas, hojas) en contacto con los campesinos y asimismo realizar algunas actividades domésticas (lavarse el pañuelo, hacer la cama). La segunda área de actividad era de tipo científico, aunque ligada a la práctica: la observación de las diferencias climáticas entre las estaciones del año y su relación con las cosechas. En tercer lugar figuraba un curso de política, que en aquel momento versaba sobre la vida de Li-fung, héroe de la Guerra de Resistencia contra el Japón.

En otro jardín infantil del barrio de Kung-Chiang donde nos ofrecieron la más variadas representaciones artísticas y deportivas, nos mostraron en la práctica cómo ellos colaboran en la tarea de la producción. Su trabajo consistía en coger con un palillo de madera, un pequeño y diminuto corcho; lo pasaban por un plato en el que había goma de pegar y posteriormente lo introducían en un tapón de pasta negra (tapones para tubos de pomada ocular). Era una operación que recordaba a las famosas “trías” que se practican en nuestros centros pre-escolares, pero con una diferencia importante: esta tarea, realizada don días por semana, tiene para ellos el sentido de “estar colaborando en la tarea de avance de su propio país”.

Cada mes celebran una gran fiesta el día que van a entregar su producción; al llegar a la fábrica el trabajo es revisado y comentado con los trabajadores.

La edad de los niños de un jardín de infancia como los visitados oscila entre los tres años y medio y los seis años. Antes de esa edad y a decisión de los padres, el niño puede ir a la guardería a partir de la edad de seis meses. Tanto las guarderías como los jardines de infancia se han generalizado en todo el país y no hay centro de producción (comuna o fábrica) o de residencia (barrio) que carezca de ellas. Su carácter es gratuito. El horario de las mismas está en función del horario de trabajo de los padres; normalmente están abiertas desde las siete de la mañana a las seis de la tarde.

El niño empieza a leer y a escribir hacia los cinco años de edad. Los textos utilizados suelen ser narraciones de una experiencia económico-política que hay jugado un papel relevante en el proceso revolucionario Chino. En la comuna popular Hau Chan (Cantón), los niños aprendían a leer en un librito que explicaba la historia de la famosa comuna de Tatxai, considerada como modelo y ejemplo en toda China. Existe además una gran variedad de cuentos y “comics” para niños, muchos de ellos bellamente ilustrados y algunos con criterios estéticos muy alejados del “realismo socialista”. La actividad artística es muy intensa en todos los centros de educación pre-escolar, los niños además de asistir a las sesiones artísticas (teatro, cine, marionetas) que semanalmente se les ofrece en el marco de la unidad educativa, o de ver los programas infantiles de televisión, se organizan en grupos de música, canto y danza. Estos grupos son particularmente activos en los llamados “Palacios de los Niños”, centros destinados a la educación artística, cultural y recreativa de los niños fuera del horario de clase.

El amor al arte impregna la sociedad china y el esfuerzo de la educación artística de la infancia es enorme. Lo pudimos comprobar en todos los centros de producción visitados, en los que nos ofrecían siempre una pequeña representación artística. No sorprende luego el extraordinario nivel artístico de una ópera de Pekín o del Teatro de Marionetas de Shanghai, o de la acrobacia.

LA ESCUELA PRIMARIA Y SECUNDARIA

A los seis o siete años de edad los niños chinos entran en la escuela primaria en la que permanecen durante cinco años. En las escuelas primarias es puesto en práctica el criterio de que los centros de enseñanza tienen que constituir una unidad orgánica, integrándose estudio, producción e investigación, para así, de este modo, combatir la división entre el trabajo manual y el trabajo intelectual y la separación entre la teoría y la práctica. Así en la escuela número uno del municipio de Tsinán funcionaba un pequeño taller de fabricación de calcetines (Taller de Siete de Mayo) integrado a una importante fábrica textil próxima a la escuela.

Niños de cursos superiores también trabajaban en dicho taller una hora por semana. Los programas de estudio cubrían una amplia gama de materias (política, lengua china, matemáticas, historia, geografía, ciencias naturales…, etc.) el curso de política (tres horas semanales) era dedicado al estudio del pensamiento mao-tsetung, con lectura de textos clásicos y del propio Mao. La política estaba, no obstante, presente en todas las materias, incluso en las mismas matemáticas: los problemas eran tomados de ejemplos sacados de la producción y que planteaban una determinada problemática política (gestión, organización del trabajo…, etc.). Para la enseñanza del inglés se utilizan igualmente textos con un contenido claramente político.

Una visita a la escuela secundaria –el equivalente a nuestros estudios de enseñanza media- permite apreciar aún mejor las transformaciones realizadas para lograr este triple objetivo de unir el estudio, el trabajo y la investigación.

En la escuela número 61 de Cantón (2.200 alumnos y 200 profesores) funciona una pequeña fábrica que posee numerosos talleres de mecánica, química y galvanización y que es totalmente autónoma e integrada a la escuela. Los alumnos dividen su tiempo entre el estudio (60%) y el trabajo en la fábrica de la escuela o en comunas próximas (15%). El resto del tiempo está dedicado a actividades diversas (científicas, artísticas y deportivas). Así por ejemplo, en esta escuela funciona un centro de investigación sismológica llevado por los propios estudiantes y que rinde un gran servicio a los campesinos de esta región de sismicidad elevada, en la que son muy frecuentes los terremotos.

En la escuela de Zi-Kang de Shanghai (3.013 alumnos y 209 profesores) existen unidades de producción químicas, mecánicas, de radio y televisión en las que los alumnos pueden trabajar experimentando los conocimientos adquiridos en las clases teóricas. Existen además unidades y grupos de estudio-investigación en áreas como fabricación de modelos reducidos, protección del medio ambiente, bellas artes y literatura. Entre las actividades de la escuela deben añadirse las deportivas y paramilitares (tiro con fusil).

En la escuela secundaria 250 de Pekín (2.500 alumnos y 192 maestros) la práctica de la crítica y de la autocrítica era considerada como algo fundamental, y en este momento (1976) se criticaba la línea revisionista en la educación, teniendo en cuenta tres aspectos:
1. Intentando un cambio en la ideología de los estudiantes mediante su educación política.
2. Se estudian las obras de Marx y Lenin y el pensamiento mao-tsetung.
3. Se combina el trabajo productivo con el trabajo intelectual.

“Antes de la Revolución Cultural –nos decían- la escuela sólo prestaba atención al estudio teórico intelectual. Preparaba en definitiva al estudiantes en función de su entrada a la Universidad; sólo se buscaban como productos de la educación el lujo y la fama. Hoy educamos a los estudiantes en la lucha y en el trabajo y les invitamos a aprender de los héroes. Educamos la disciplina, los mismos alumnos se autocensuran; discuten y se imponen compromisos, después cumplen los acuerdos tomados en clase, nunca hay castigos físicos. Todo va dirigido a elevar su conciencia para servir la pueblo. No se practican exámenes tradicionales, se realizan trabajo y se desarrollan temas; los alumnos lo saben con antelación: los preparan y los desarrollan siempre con los libros abiertos; así pueden consultar y discutir entre ellos mismos los temas. De lo que en realidad se trata es de formar en los alumnos la capacidad de saber resolver los problemas. Los exámenes tradicionales, en cambio, tomaban a los alumnos como enemigos, intentaban pillarles por sorpresa”.

En la escuela existen pequeñas fábricas y talleres incorporados. Visitamos dos, una de transformadores electrónicos y otra de pinzas de acero para dulces y alimentos.

Antes de la Revolución Cultural muchos profesores y alumnos no sabían distinguir el sorgo del maíz, hoy, en cambio, la escuela pone en contacto a profesores y alumnos con:
a. las fábricas
b. las brigadas de las comunas
c. las unidades del ejército

Los estudiantes dedican cada año ocho meses al estudio combinado con el trabajo productivo realizado en la misma escuela. Junto con sus profesores dedican otros dos meses al trabajo productivo en la comuna, fábrica o ejército. Tienen finalmente dos meses de vacaciones, pero realizando trabajos voluntarios esporádicos.

En dicha escuela los estudios eran antes excesivamente largos, las materias eran difíciles y repetitivas. Durante la GRCP se seleccionaron las materias y se acortaron los estudios. A pesar de ello los alumnos salen mejor preparados y disponen de tiempo suficiente para cumplir los programas ampliamente.

Al terminar la secundaria, todos los alumnos durante dos años se incorporan al trabajo del campo en las comunas populares. El día en que parten es una fecha memorable: hacen una gran fiesta en la que participan la familia, los trabajadores de las fábricas del sector, la unidad del ejército del sector, el barrio, etc. Todos acuden a la escuela con banderas rojas, flores de colores y pancartas para celebrar “la marcha”.

El comité revolucionario de esta escuela está constituido por 4 maestros, tres trabajadores y dos alumnos. En él se discuten los programas de estudio y todas las sugerencias de los profesores, trabajadores y alumnos para llevarlo a la práctica. El Comité Revolucionario es el máximo responsable de la escuela.

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LA UNIVERSIDAD

En todas las comunas y centros industriales visitados nos dieron cifras y nos hablaron de los criterios aplicados para enviar compañeros de trabajo a la universidad. Las modalidades de admisión en un centro universitario son las siguientes: los candidatos plantean la petición en su comuna o fábrica ante sus compañeros, quienes deben dar la aprobación de las demanda para luego presentarlas a la universidad que es quien, tras examinar las candidaturas y entrevistas con los futuros estudiantes, decide en última instancia sobre su admisión.

En China la universidad rompe totalmente la imagen que se tiene habitualmente de un centro universitario. Además de los edificios de las diferentes facultades existen en los campos centros de producción (verdaderas fábricas) y de investigación, en pleno rendimiento. En el terreno de la organización de la universidad y de los métodos de enseñanza, las modificaciones han sido también profundas. En la universidad de Tientsin nos contaban cómo antes los estudiantes debían estudiar unos manuales que el profesor seguía en forma pasiva y automática. Hoy los manuales son preparados conjuntamente por profesores y alumnos (“tienen que aprender juntos” se nos decía) y con frecuencia son los mismos estudiantes quienes dictan los cursos. Se han suprimido los exámenes y las tesis de licenciatura. Los alumnos de óptica de la Facultad de Ciencias, por ejemplo, trabajan algunos días por semana en una fábrica de la universidad, que al mismo tiempo constituye un centro de investigación. Fruto de su trabajo, la investigación será una memoria que sustituye al tradicional examen de la tesis del antiguo sistema pedagógico. La escolaridad de los estudios se han reducido de 5 a 3 años y, sin embargo, el nivel de formación parece seguir siendo bastante elevado. La universidad parece disponer de recursos y medios materiales. La universidad de Tientsin (unos 20.000 estudiantes) posee nueve facultades, dos institutos de investigación y una fábrica, y dispone de una biblioteca de un millón de volúmenes. La actual reforma de la enseñanza en curso en China está creando en suma un nuevo tipo de estudiantes y de profesor en el crisol de un modelo educativo distinto. La “triple integración” (enseñanza, investigación y producción), la “triple alianza” en la gestión (obreros, profesores y estudiantes) y el sistema de “ir y volver” (centro de trabajo-universidad-centro de trabajo) constituyen quizás las notas destacadas en esta verdadera revolución en la enseñanza, que quiere evitar que en un futuro reaparezca una elite privilegiada, esa aristocracia de los “buenos letrados convertidos en funcionarios” de la que hablaba Confucio.

Extraído del libro “Enseñanza y revolución en China”. Editorial Anagrama, Barcelona, 1977, pp. 9-22.

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4 pensamientos en “La China Popular en la vanguardia de la enseñanza (1940-1976)

  1. Santiago

    ¡Gran trabajo el de ustedes, Cultura Proletaria! Los leo desde Buenos Aires, Argentina. Teniendo en cuenta que creo que son de España quería pedirles un favor: vengo tratando de dar, desde hace tiempo, con el libro CINE CHINO Y REVOLUCIÓN CULTURAL (todocoleccion.net/cine-chino-revolucion-cultural-guion-linea-demarcacion-anagrama-1976-envio-2%E2%82%AC~x27017149) que edito Anagrama en la década del 70. Pero en Buenos Aires es imposible conseguirlo. Lo mismo ocurre con ENSEÑANZA Y REVOLUCIÓN EN CHINA. Enhorabuena han publicado este extracto. Bueno, por el momento eso es todo. Sigan adelante!

    Responder
      1. Santiago

        Cuál es du dirección de correo? Quiero enviarles fotografías de una revista que encontré en Buenos Aires llamada EL CINE CHINO, que creo puede ser de interés para la página. Un saludo.

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