Archivos Mensuales: junio 2015

Miente, miente que algo queda

Pinocho Nazis

 

La frase que encabeza este artículo pertenece, como se sabe, al ministro de la propaganda del Tercer Reich, el dr. Goebbels. Parece que, a pesar de haberse demostrado sobradamente su carácter inmoral, para alguna gente continúa siendo un recurso utilizable. Lo vemos en estos días en Bolivia. Para que no lleguen a los tribunales, los cómplices y gestores de los terribles planes terroristas-separatistas, recurren a la desinformación y al desprestigio de la investigaciones. Incluso llegaron a decir que Eduardo Rózsa(1) fue contratado por el gobierno. Pero veamos un ejemplo de antología que prueba el origen de la “técnica” de la mentira internacional.

La muerte del presidente polaco Lech Kaczynski y de sus casi 90 compañeros que se dirigían a Katyn, Rusia, sirvió para recordar los acontecimientos en esta región.

Los medios de comunicación transnacionales y locales dieron como un hecho que la tragedia de Katyn -territorio ruso próximo a la ciudad de Smolensk- fue obra del “estalinismo”. En Katyn habrían sido fusilados 22.000 polacos que constituían principalmente la élite militar. Sobre este asunto corrió mucha tinta en los años de la perestroika. Obviamente que ya antes se había hablado del asunto en la prensa occidental y en los círculos de la disidencia antisoviética. En 1990, Gorbachov atribuyó el crimen a Béria(2) y a Merkúlov(3) ,y una comisión que, sin mayores formalidades, concluyó que el predecesor de la KGB, el NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) “pudo haber ordenado el fusilamiento de los prisioneros polacos” entre marzo y abril de 1940, en base a los poderes especiales que lo autorizaban a “decretar la pena de muerte”. Casi de inmediato se apuntó que tales poderes fueron otorgados después de la invasión nazi de la URSS. La conclusión de la Comisión no era tan poco taxativa.

Entonces aparece el Sr. Yeltsin que, en medio de su permanente embriaguez, afirma haber encontrado carpetas secretas en los archivos de la presidencia, y culpó directamente a Stalin de la masacre. Se demostró que las carpetas contenían documentos falsos, sin fecha, contradictorios, visiblemente inventados. El Fiscal General de la Federación de Rusia, en 2004, dio por cerrada la investigación. No encontró ninguna prueba que inculpase a la URSS, a Stalin, ni siquiera al “siniestro” jefe de la NKVD, Lavrenti Beria.
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Los carteles revolucionarios en grandes caracteres son “espejos mágicos” que muestran todos los monstruos (1966)

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La gran revolución cultural proletaria ha alcanzado ya un punto muy alto. Hemos de colocarnos a la vanguardia de este movimiento y guiarlo activamente.

Es indispensable movilizar con audacia a las masas y adoptar el método de expresar franca y plenamente opiniones y criterios, escribir carteles en grandes caracteres chinos (dazibaos) y realizar grandes debates. Es preciso que las masas exterioricen plenamente lo que piensan, que descubran a todos los representantes de la burguesía que se oponen al Partido Comunista, al socialismo y al pensamiento de Mao Tse-tung, que pongan en evidencia a todos los monstruos y que reduzcan a cenizas, uno por uno, a todos los bastiones reaccionarios de la burguesía.

El Presidente Mao dice: “Los carteles escritos en grandes caracteres son un nuevo tipo de arma extremadamente útil“.

¡Los carteles revolucionarios en grandes caracteres son algo muy bueno!

Son “espejos mágicos” que muestran todos los monstruos.

Si cada uno de nosotros se vale de ellos, es posible que se descubran rápidamente y desde cualquier ángulo a los verdaderos rostros de las siniestras pandillas anti-partido y antisocialistas.

Estos carteles presentan diversas opiniones y revelan contradicciones de toda especie. A través de dichas opiniones y contradicciones, debemos llegar a comprender la situación, descubrir los problemas y resolverlos.

Estos carteles plantean el problema de que justo y que es injusto en los asuntos primordiales para que todo el mundo discuta, analice y critique.

En lo referente a la educación de las masas, esto significa concentrar veinte años en un día y particularmente en lo que atañe a la elevación de la conciencia proletaria de la joven generación.
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Derrumbar las murallas de desinformación

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Este texto, traducido por “Cultura Proletaria”, es un extracto del libro “As Muralhas de Jericó” de Josué Guimarães.

 

El coche es un Zim de siete plazas. Voy en el asiento trasero con otro brasileño (el aeropuerto se queda atrás). (…) De repente, a la izquierda, veo un gran edificio, rodeado de luces. La impresión es de que se trata de la ciudad. Una estrella roja en lo alto hace que me pregunte si ese es el Kremlin. Nikolai informa que todavía estamos un poco lejos de la ciudad. Aquello que veía era la universidad en construcción. El edificio principal se deja adivinar en la oscuridad, imponente. Después soy informado de que la construcción arquitectónica fue supervisada personalmente por Stalin. Los estudiantes tienen allí una especie de casa. No habrá alojamientos colectivos, pero cada alumno tendrá su propio apartamento.

 

 

Un metro de lujo

 

El metro es de visita obligada en Moscú. No hay un extranjero o ruso de alguna replública soviética que no penetre en aquellos túneles, ansiosos por ver con sus propios ojos aquello que hoy es comentado casi todo el mundo. La preocupación de los dirigentes soviéticos no era sólo facilitar al pueblo un medio rápido y barato de transporte, aliviando y descongestionando de tráfico sus calles y avenidas, sino mucho más. Se nota, incluso antes de entrar en una de las estaciones, el deseo manifiesto de marcar una época, de marcar una etapa especial del pueblo.

(…) El pasamanos de goma negra (de la escalera mecánica, tal vez una de los más largas del mundo) nos acompaña gentil mientras descendemos tierra dentro, como si fuésemos mineros. Hay, sin embargo, una diferencia fundamental: en lugar del negro carbón, el colorido de las vidrieras, la blancura del mármol, el rosáceo de las piedras, la porcelana de los arabescos. Mientras descendemos, otros suben, con la misma pasividad que nosotros. La escalera nos lleva suavemente.

Llegamos, por fin, a un porche decorado. En un minuto, estamos boquiabiertos ante un salón que recuerda a un auténtico palacio de los zares. Los grandes candelabros fluorescentes se repiten en decenas y, en las columnas que forman las paredes laterales, vemos el trabajo de los más grandes artistas soviéticos rindiendo homenaje a la labor de los campos, a las fábricas, a los militares, a la educación de la juventud, a la cultura, al saber, a la ciencia. El piso es luminoso como en cualquier film technicolor americano, reflejando la figura de los transeúntes y dando una impresión de limpieza que conforta. De cada lado de las columnas, están las líneas del tren eléctrico. De cada poco oímos el silbido de las válvulas de aire comprimido y una avalancha de personas apresuraradas en busca de las escaleras mecánicas.
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Hegel y la enajenación

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Cualquier intento de reanalizar críticamente la filosofía hegeliana del derecho tropieza inmediatamente con los agudísimos problemas de nuestro siglo XX, y precisamente con aquellos que prácticamente todavía no han sido resueltos. Por eso Hegel se convierte inmediatamente en pretexto para el descubrimiento de las discrepancias actuales, y cualquier interpretación de Hegel es implícitamente expresión de una u otra posición ideológica (consciente o inconscientemente).En especial esto se cuenta precisamente en la filosofía del derecho, por cuanto se trata aquí directamente sobre aquellas cosas como el Estado, la propiedad, la sociedad y la personalidad, etc. Como resultado, Hegel se presenta como una representación a su manera no desarrollada de la contemporaneidad, del siglo XX, als seiner Keim(1). Por esta causa las interpretaciones de Hegel siempre tienen –sea o no evidente– un objetivo sobreentendido: “Das Böse im Keim zu ersticken”(2). O al revés: “Das Gute im Keim zu pflegen”(3). Esto es claro en aquellos giros del lenguaje como, por ejemplo, el “Criptohegelianismo de Stalin”(4), que, a propósito, más bien significan lo contrario: “Criptostalinismo de Hegel”…

Sin embargo, qué se considera aquí por “malo” y qué por “bueno” se establece –de suyo se comprende– independientemente por completo de la consideración del propio Hegel, podemos decir: “a priori”.

Por lo visto, esto es imposible de esquivar. ¿Y acaso hará falta? Pues precisamente por eso Hegel está hoy todavía vivo: porque están vivos (esto es, permanecen sin solución) aquellos problemas que él pudo plantear. Aquellos mismos problemas en relación con los cuales la “Weltgeschichte als das Weltgericht”(5) aún no ha pronunciado su última palabra. La filosofía hegeliana aunque no permite (aunque sea teóricamente) resolver tales problemas, sí permite al menos presentarlos, formarlos. Y esto ya es mucho.

El modo de solución (tanto teórica como prácticamente) de estos problemas es ya objeto de otra conversación, que va mucho más allá de los marcos de la consideración del propio Hegel. A la vista de tales problemas, que asumen en nuestros días una agudeza mucho mayor que en los tiempos de Hegel, pertenece también al famosos problema de la “enajenación”. En torno a este problema se ha escrito tanto que uno siente incluso un miedo involuntario pronunciando esta palabra. Más aún porque en relación al sentido que se encierra en ella no hay completo acuerdo ni siquiera entre los marxistas. Y la claridad en este punto claro que es necesaria, por cuanto con el concepto de “enajenación” está relacionada, en esencia, aquella etapa decisiva del desarrollo de las opiniones de Marx como filósofo, que fue definida por él mismo como “ajuste de cuentas con la dialéctica hegeliana”. No hay dudas de que el concepto de “enajenación” es poco menos que el concepto central de los “Manuscritos económicofilosóficos” y “Extractos de los economistas”.

Aquí, antes de pasar a lo siguiente, se impone hacer un pequeño aparte de carácter puramente lingüístico, decir algo sobre una circunstancia puramente externa, la cual resulta a veces una fuente complementaria de incomprensiones y mutuas divergencias. El asunto es que en lengua rusa el término “enajenación” encubre por lo menos tres términos alemanes no muy coincidentes: “Entfremdung”, “Entäusserung”, “Veräusserung”. Por esto en las traducciones rusas con frecuencia se eluden algunos matices (puede que muy importantes) del pensamiento de Marx; y precisamente en aquellos puntos donde se habla justamente sobre la contraposición de sus posiciones al sistema conceptual hegeliano. Para diferenciar “Entfremdung”, “Entäusserung” y “Veräusserung” no hay en la terminología filosófica rusa términos firmes y unívocos, y todos los intentos de crearlos han llevado hasta hoy a la aparición de construcciones muy desproporcionadas y claramente inviables.

Quisiera dirigir hacia esta circunstancia la atención de los camaradas alemanes que consideran el término “Entfremdung” en calidad de sinónimo total del modo específicamente capitalista de apropiación del plustrabajo, como significación filosófica abstracta y, por tanto, como absolutamente inaplicable a los fenómenos de la sociedad socialista, como “unglimpfliche Word”(6), como “Signum, unter dem manche Leute uniere sozialistische Staat und Partie schämen wollen”(7) (informe de H. Mende). Para mí no queda claro si es que este razonamiento se relaciona también con el término “Entäusserung”, si acaso es o no, además, una “Schimpfwort” (injuria).
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GULAG

Gulag

 

Artículo que Viktor Zemskov (historiador durante la Perestroika) publicó en la revista “Investigaciones sociológicas” en el que aclara los datos sobre las estadísticas de prisioneros políticos del GULAG.

El objetivo del presente artículo es mostrar una estadística auténtica de los prisioneros del GULAG, una parte ya ha aparecido en artículos de A.N. Nudin, V.F. Nekrasov (1) y en el semanario “Argumenty i fakty”.

A pesar de la existencia de estas publicaciones, en las cuales se dan datos auténticos con su confirmación documental sobre el número de prisioneros del GULAG, la sociedad soviética y extranjera se encuentra completamente bajo la influencia de los datos estadísticos inventados que no se corresponden a la realidad histórica, contenidos en los trabajos de autores extranjeros (R. Conquest, S. Cohen y otros), así como en publicaciones de investigadores soviéticos (R.A. Medvedev, V.A. Chalikova y otros). Además, en los trabajos de todos estos autores la diferencia con las estadísticas auténticas nunca va en el sentido de la disminución sino exclusivamente en dirección de su aumento. Da la impresión de que compiten entre ellos para sorprender a los lectores con cifras, por decirlo de algún modo, astronómicas.

He aquí, por ejemplo, lo que escribe S: Cohen (extraído del libro de R. Conquest “El gran terror”, publicado en 1968 en los Estados Unidos): “… A finales de 1939 el número de prisioneros en cárceles y campos de concentración creció hasta los 9 millones de personas (en comparación con los 30 mil de 1928 y los 5 millones de 1933-1935” (2). En realidad en enero de 1940 había en los campos del GULAG 1.334.408 prisioneros, en colonias del GULAG 315.584 y en cárceles 190.266 personas. En total, entre campos, colonias y cárceles había 1.850.258 prisioneros (tabla 1), es decir, los datos ofrecidos por R. Conquest y S. Cohen están aumentados en casi 5 veces.

La investigadora soviética V.A. Chalikova repite a Conquest y Cohen, y dice: “Las cuentas, basadas en distintos datos, muestran que entre 1937-1959 se encontraban en los campos, que ocupaban superficies enormes, entre 8 y 12 millones de personas” (3). V.A. Chalikova da una cifra máxima de 12 millones de prisioneros en el GULAG (evidentemente en el concepto de “campo” incluye las colonias) para determinada fecha concreta, pero en realidad para el periodo de 1934 a 1953 la cifra máxima de prisioneros en el GULAG fue el 1 de enero de 1950 y fue de 2.561.351 personas (ver tabla 1). Por consiguiente, V.A. Chalikova, siguiendo a R. Conquest y S. Cohen, aumenta en unas cindo veces el número auténtico de prisioneros en el GULAG.

También hizo su aportación a la cuestión de la confusión en la estadística de prisioneros del GULAG N.S. Jruschev, que evidentemente, con el objetivo de aumentar el valor de su propio papel como liberador de las víctimas de la represión estalinista, escribió en sus memorias: “… Cuando murió Stalin, en los campos había 10 millones de personas” (4). En realidad, el 1 de enero de 1953 en el GULAG había 2.468.524 presos: 1.727.970 en campos y 740.554 en colonias (ver tabla 1). En el Archivo Central Estatal de la Revolución de Octubre se guardan copias de los informes de la dirección del Ministerio del Interior de la URSS enviados a nombre de N.S. Jruschev con indicaciones exactas del número de prisioneros, entre otros momentos a la muerte de Stalin. N.S. Jruschev estaba muy bien informado de la cifra real de prisioneros del GULAG y la aumentó en cuatro veces.

 

Tabla 1  (Pinchar en imágenes para aumentar)

Número de prisioneros del GULAG (a 1 de enero de cada año) (5)

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* En campos y colonias.
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El milagro económico soviético

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En 1913, la participación de Rusia en la producción industrial mundial era alrededor del 4%. En 1937 ya representaba el 10%. A mediados de los años 70 este indicador aumentó al 20% y se mantuvo en este nivel hasta el inicio de la perestroika. En historia de la Unión Soviética, los períodos más dinámicos fueron los años 30 y los años 50. El primer período fue el de la industrialización, llevada a cabo en las condiciones de la “economía de movilización”. A mediados de los años 30, la Unión Soviética se convirtió en el primer país de Europa y el segundo del mundo en términos de producción industrial, justo detrás de los Estados Unidos, pero muy por delante de Alemania, Gran Bretaña y Francia. En tres planes quinquenales incompletos fueron construídas 364 nuevas ciudades, erigidas y colocadas en funcionamientos nueve mil grandes empresas, lo cual es un número colosal: ¡sobre dos grandes empresas por día!

Naturalmente, la economía de movilización exigió sacrificios y la máxima utilización de todos los recursos. Sin embargo, en vísperas de la guerra, el nivel de vida del pueblo era sustancialmente más alto que en el inicio del primer plan quinquenal. Todos recordamos la famosa frase de Stalin de que la URSS sufría un retraso de 50 a 100 años en relación a los países industrializados y que la historia nos concedía una década recuperar este retraso, de lo contrario seríamos aplastados. Estas palabras, pronunciadas en febrero de 1931, son sorprendentes por su rigor histórico: el desfase es de apenas cuatro meses.

El segundo período es el del desarrollo económico en la base del modelo que se formó después de la II Guerra Mundial, en cuya definición Stalin participó activamente. Por inercia, este modelo económico continuó funcionando durante años después de su muerte (hasta el momento en que se iniciaron las “experiencias” de cierto modo de N. S. Jruschov). En el período de 1951-1960, el Producto Interior Bruto de la URSS creció dos veces y media, la producción industrial más de tres veces y la producción agrícola cerca del 60%. Si en 1950 el nivel de producción industrial de la URSS representaba el 25% en comparación con los Estados Unidos, en 1960 constituía ya el 50%. El Tío Sam daba señales de nerviosismo, dado que estaba a punto de perder definitivamente la competición económica con la Unión Soviética. El nivel de vida de los soviéticos crecía de manera ininterrumpida, a pesar de que el país destinaba para inversión una parte del PIB mucho más importante que los Estados Unidos y otros países occidentales.

El período de 30 años de nuestra historia (comienzos de los años 30 a comienzos de los años 60) puede ser calificado como “milagro económico” soviético. En este período se incluyen los años de la II Guerra Mundial y de la posterior reconstrucción de la URSS. Nuestro país fue capaz de vencer a Hitler y a todo su coalición. Esto no fue sólo una victoria militar, sino también económica. Después de la guerra, en el período de la reconstrucción del país, fuimos capaces de recuperar el nivel anterior a la guerra más rapidamente que los países europeos, así como para crear un “escudo nuclear”, que tenía una importancia vital para el país en las condiciones de la “guerra fría” declarada por Occidente. En los años 60 comenzamos a perder la dinámica económica que había sido creada durante el período precedente. Y, a mediados de los años 70, comenzaron a hacerse visibles las señales del llamado “estancamiento”, con pérdidas en la fuente de desarrollo interno que eran camufladas con petrodólares que inesperadamente entraron en nuestro país. A partir de mediados de los años 80 comenzó a ser destruido lo que aún quedaba del modelo económico creado en los años del “milagro económico”.
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La muerte de un espía internacional

 

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Editorial del periódico soviético Pravda del 24 de agosto de 1940

El telégrafo nos trajo la noticia de la muerte de Trotsky. Según los periódicos estadounidenses, Trotsky, quien pasó sus últimos años en México, fue víctima de un ataque. Su asesino, Jacques van den Mornard Dreschd, (1) uno de sus colaboradores más cercanos.

Se va a la tumba un hombre cuyo nombre los trabajadores de todo el mundo pronuncian con total desprecio y repulsa, y que durante muchos años combatió las banderas de la clase obrera y de su vanguardia, el Partido Bolchevique.(2) Las clases dominantes de los países capitalistas perdieron a un fiel servidor, y los servicios de inteligencia extranjeros fueron privados de un viejo y feroz agente que no elegía los medios para alcanzar sus objetivos contrarrevolucionarios.

Trotsky tiene una larga trayectoria de traición y deslealdad, de duplicidad política y de hipocresía. No en vano, Lenin, en 1911, le había apodado “Iúduchka“,(3), apodo al que Trotsky(4) nunca dejó de hacer justicia.

Trotsky comenzó su actividad política como un menchevique antirrevolucionario.(5) En 1903, en el II Congreso del POSDR,(6) atacó a Lenin furiosamente, defendiendo y apoyando los puntos de vista de Mártov y de otros dirigentes mencheviques antirrevolucionários.(7) Poco después, al comienzo de la guerra Ruso-Japonesa, Trotsky mostró aún más su cara renegada y antirrevolucionária (8) al caer en un empedernido defensismo, es decir, la defensa de la “patria” del zar, de los terratenientes y de los capitalistas.

Trotsky (9) recibió la revolución de 1905 con la famosa teoría de la teoría de la revolución “permanente”, teoría que desarma al proletariado y desmoviliza sus fuerzas.(10) Tras la derrota de la revolución de 1905, Trotsky comenzó a apoyar a los mencheviques liquidacionistas. Vladimir Ilyich Lenin escribió entonces estas palabras sobre Trotsky:

Trotsky se comportó como el más vil arribista y fraccionista… habla mucho del partido, pero se comporta peor que cualquier otro fraccionista“. (11)

Como se sabe, Trotsky fue el organizador del antirrevolucionario “bloque de agosto”, (12) que reunía a todos los grupos y corrientes (13) que lucharon contra Lenin.
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Fotomontajes antifascistas

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Cuando Jon Heartfield decidió unirse al grupo Dada, lo hizo también en las filas del Partido Comunista Alemán. Ambas uniones no pudieron evitar ser simultáneas. El Dadaismo, como muchos ya sabréis, fue un movimiento artístico que pretendió romper en todo tipo de burlas al sistema capitalista que envió a millones de personas a la gran carnicería de la I Guerra Mundial. Heartfield usó como nadie el fotomontaje para transmitir un mensaje político, en la mayoría de los casos contra el nazismo que se estaba extendiendo cual gangrena mortal por la sociedad alemana.

Es interesante ver como aborda temas como la financiación de grandes industriales al Nacionalsocialismo. Un Hitler recibiendo monedas de oro de obesos banqueros en la sombra o disfrazándose con las barbas de Karl Marx para pescar apoyos obreros.

Tras haberse exiliado durante el nazismo, volvió a su Alemania natal en 1948, siendo su elección, obviamente, la República Democrática Alemana.

 

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Los naxalitas

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En pocos minutos la carretera estuvo repleta de miles de manifestantes. Los coches eran como islas en un río de gente. El aire había enrojecido con las banderas, que descendían y volvían a subir cuando los manifestantes se agachaban para pasar por debajo de la barrera del paso a nivel y cruzaban las vías en una gran oleada roja.

El sonido de un millar de voces se extendió como un ruidoso paraguas por encima del tráfico congelado.

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«Thozhilali ekta zindabadt»

«¡Viva la Revolución!», gritaban. «¡Proletarios de todos los países, uníos!»

Ni el propio Chacko podía explicar de modo convincente el hecho de que el Partido Comunista tuviese muchísima más fuerza en Kerala que en cualquier otro lugar de la India, a excepción, tal vez, de Bengala.

Había varias teorías que competían para ofrecer una explicación. Una decía que se debía a la gran población cristiana que había en ese estado. El 20% de los habitantes de Kerala eran cristianos sirios, que se creían descendientes de los cien brahmanes convertidos al cristianismo por el apóstol Santo Tomás cuando se dirigió hacia el este, después de la resurrección de Cristo. Se argumentaba, de modo bastante simplista, que la estructura del marxismo era un simple sustitutivo del cristianismo. Se reemplaza a Dios por Marx, a Satanás por la burguesía, al paraíso por una sociedad sin clases, a la Iglesia por el partido, y la forma y el propósito del trayecto son los mismos. Una carrera de obstáculos con un premio al final. Mientras que la mente hindú tenía que hacer unos ajustes más complejos.

El problema con esa teoría era que en Kerala los cristianos sirios eran, en su gran mayoría, los señores feudales, los ricos, los terratenientes (o los directores de fábricas de conservas), para los que el comunismo representaba un destino peor aún que la muerte. Siempre habían votado al Partido del Congreso.
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