Las mujeres rusas después de la revolución

Imagen

Se les prometió que la vida sería mejor. Se les dio la esperanza de que la revolución beneficiaría a todos. Después de la caída del régimen zarista, los dirigentes de Rusia cambiaron muchas cosas. Eso significaba que las mujeres eran al fin igual que los hombres. Según el manifiesto comunista, todas las personas son iguales, por lo tanto, deberían ser pagadas de igual modo, recibir la mismas horas de trabajo, muy por encima de otras cosas. Lo que muchas personas no saben es que, aunque se estaban produciendo muchos cambios, algunas cosas, lamentablemente, seguían siendo iguales.

Era la mentalidad de que las mujeres eran seres inferiores. Desde el principio de los tiempos y hasta bien entrado el imperio zarista, se pensaba que las mujeres eran meras posesiones; fáciles de controlar y, si es necesario, sustituir fácilmente. Las mujeres no tenían respeto, no tienen muchos derechos, y muy poca educación. Entre la población, las mujeres era las más analfabetas. Se quedaban en su casa y se ocupaban de los niños, ya que ese era su deber. En la mente de la mayoría de la gente, ellas estaban muy por debajo de los estándares de los hombres. A las mujeres se les asignaban trabajos más duros que a los hombres, y también se enfrentaban a muchas dificultades y prejuicios en el día a día en el puesto de trabajo. Las mujeres que aprovecharon la oportunidad ofrecida por los planificadores centrales fueron menospreciadas por abandonar su lugar, que no era otro que su hogar. Incluso los miembros del partido, que ferozmente abrazaron el comunismo, no estaban plenamente comprometidos con esta parte del plan.

Imagen

Legalmente, se consideraron a algunas mujeres iguales a los hombres, pero en el fondo, muchos hombres todavía se aferraban a la idea de que ellos eran los partidos dominantes de la sociedad. A pesar de que se dirigían a todos como “camarada”, no significaba que en realidad creyesen que estuviesen al mismo nivel. Muchas mujeres se cansaron de que otras optaran por salirse de las fronteras sociales. La política era, y sigue siendo, un juego de hombres y las mujeres que se atrevieron a aventurarse en este campo, fueron vistas como deshonestas. Las mujeres tenían tendencia a votar por un hombre, porque era un hombre. La mentalidad inferior todavía existía y fue alzando su fea cabeza.

Otra de las dificultades que impedían la completa emancipación de la mujer es la injerencia de la iglesia. La religión fue un factor importante en la sociedad rusa. La ortodoxia rusa fue la religión oficial del estado durante muchos años. Esto influyó también en la ya deformada actitud de los hombres hacia las mujeres. La religión cree en el patriarcado; los hombres deben estar a la cabeza de su familia y tener todo el poder para tomar las grandes decisiones familiares. Estos principios, también influyeron en la extraña mentalidad de los hombres y de las mujeres por igual durante esos periodos. La iglesia se opuso en gran medida a la idea de la mujer de trabajar fuera de su casa y estos valores son comunes entre los feligreses, que son la mayoría de la vasta población.

Lenin, el líder de los Bolcheviques, luchó duro por los derechos de la mujer. Creía que Rusia había ganado su batalla contra el capitalismo, pero para deshacerse de él definitivamente, tendrían que trabajar duro y cambiar muchas cosas; el papel de la mujer era uno de ellas. Fue uno de los pocos miembros del partido que apoyaron de todo corazón la emancipación de las mujeres. El Partido ayudó a todas las mujeres a superar sus dificultades. Aumentaron las escuelas para mejorar las tasas de analfabetismo. Dieron igualdad de oportunidades de trabajo a las mujeres en el terreno laboral. Además, se les dieron sus merecidos derechos que les ayudaron en los aspectos sociales.

Era más fácil que la mujer promedio pudiese abortar, se casara, se divorciara o conservara la custodia. Asimismo, el Estado también controlaba las guarderías para que las mujeres pudiesen dejar sus hijos cuando tenían que ir a trabajar.

El Partido consideraba que la legalización de la prostitución llevaría a la desigualdad y al capitalismo, por lo que se opuso firmemente a la venta del cuerpo femenino y estaba dispuesto a cumplirlo con severidad. Con todos estos nuevos derechos y libertades, las mujeres finalmente tuvieron su propia identidad. Con estas nuevas identidades, se crearon organizaciones políticas que lucharon por los derechos de la mujer en la sociedad rusa. El número de asociaciones políticas para el beneficio de las mujeres aumentó moderadamente. Estos grupos trabajaron estrechamente con los líderes del Partido.

Con la congregación y prejuicios tradicionales contra ellas, muchas se alegraron de tener al Estado para que las respaldase. No obstante, el apoyo era escaso en ciertas áreas. Los miembros del Partido abogaron por la libertad de las mujeres y los roles de género, pero aún así mantuvieron sus valores tradicionales. “Sí, está bien que las mujeres hablen de política, siempre que no sea mi esposa o mi hija” era un pensamiento común entre los miembros del Partido. Hipocresía desenfrenada entre “camaradas”. Además, las mujeres fueron las primeras en perder sus ahorros cuando los tiempos se pusieron difíciles. Los programas diseñados para ayudar a las mujeres fueron los primeros en sentir la presión cuando la economía no estaba bien.

Imagen

No se había alcanzado la paridad completa todavía. El movimiento feminista estaba creciendo, pero le faltaba el apoyo de los “camaradas” de las mujeres en el país. Luego, llegó la guerra. Con un tercio de la población masculina en edad de trabajar enviado a la guerra, las mujeres se quedaron para ocupar esos puestos de trabajo. Algunas mujeres incluso se alistaron en el ejército. Al trabajar y recibir los salarios que se merecían, las mujeres tuvieron la confianza de la que carecían en sí mismas. Con los hombres fuera, las feministas se aprovecharon de la situación y apasionadamente defendieron la igualdad de trato entre los dos sexos. Además, muchas feministas utilizaron la fuerza pasiva para conseguir su objetivo. Utilizaron la moda y la imagen para conseguirlo. Muchas mujeres se cortaron el cabello corto, vestían ropa más masculina y hablaban con dureza para informar al público acerca de su causa. Muchas mujeres también siguieron esta tendencia a mostrar su apoyo al movimiento feminista. Su participación en la guerra, entre otras cosas, llevó con el tiempo a la emancipación de la mujer en Rusia.

Vivir en un país comunista da oficialmente la igualdad de oportunidades a las minorías, pero no garantiza que no vayan a ser objeto de discriminación. Las mujeres rusas, al igual que en cualquier otro país, tuvieron que luchar mucho por sus derechos, hasta que fueron tomadas en serio. Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero lamentablemente, algunas cosas siguen igual. A pesar de que la situación ha variado, la idea y el principio -de que las mujeres son inferiores- es evidente en nuestra sociedad y tenemos que encontrar la manera de demolerlo. Esperemos encontrarnos con la misma fuerza y valor que estas mujeres para luchar contra los males de la misoginia.

 

 

Artículo de Priti Patel traducido por “Cultura Proletaria”

2 pensamientos en “Las mujeres rusas después de la revolución

  1. Pingback: Las mujeres rusas después de la revolución | Ícaro e a Utopia Real

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s