No olvidar nunca la lucha de clases (1968) (Documentos sobre la GRCP)

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La publicación de nuestro editorial “Enarbolar la gran bandera roja del pensamiento de Mao Tse-tung; participar activamente en la gran revolución cultural socialista” ha provocado grandes repercusiones tanto dentro como fuera de nuestro Ejército. Las amplias masas de obreros, campesinos y soldados, y los cuadros revolucionarios, mostrando elevado entusiasmo revolucionario, nos han enviado gran número de artículos y cartas. Están participando activamente en la lucha y haciendo explícita su inmensa indignación contra la línea negra antipartido y antisocialista en el campo cultural. Comprenden que la actual gran polémica en el frente cultural no es en absoluto una cuestión que concierne solamente a unos cuantos artículos, obras teatrales y películas, ni se reduce meramente a un debate académico. Se trata de una lucha de clases extremadamente aguda. Es una lucha para defender el pensamiento de Mao Tse-tung, una lucha en torno a una cuestión cardinal de principios. Es una encarnizada y prolongada lucha sobre la cuestión de “quién vencerá a quién” en el dominio de la ideología: el proletariado o la burguesía.

Debemos esforzarnos al máximo en la promoción de la ideología proletaria y en la eliminación de la ideología burguesa en el trabajo académico, la enseñanza, el periodismo, la literatura y el arte, y demás esferas de la cultura. Esta es una cuestión clave que afecta la profundización de la revolución socialista de nuestro país en la presente etapa, una cuestión que atañe a la situación en su conjunto y un problema de importancia primordial que concierne al destino y al futuro de nuestros Partido y Estado, así como a la revolución mundial. Ninguno de nosotros, los combatientes revolucionarios, debe mantenerse de brazos cruzados o indiferente ante esta lucha. Respondiendo al llamado del Partido, debemos enarbolar la gran bandera roja del pensamiento de Mao Tse-tung, tomar parte activa en esta lucha de clases y llevar resueltamente hasta el fin la gran revolución cultural socialista.

El Presidente Mao Tse-tung nos enseña que en la sociedad socialista aún existen clases y la lucha de clases y que prosigue todavía la lucha entre el camino del socialismo y el del capitalismo.

La revolución socialista en el frente económico (en la propiedad sobre los medios de producción) no es suficiente ni se consolida por sí sola. Hace falta además una revolución socialista completa en los frentes político e ideológico.

Es necesario un período muy largo para decidir quién vencerá en la lucha entre el socialismo y el capitalismo en los campos político e ideológico. Para conseguir el éxito, no bastan unos decenios, serán necesarios de cien a centenares de años. De hecho, como ha señalado el Presidente Mao, durante los 16 años transcurridos desde la liberación no ha habido un año, un mes, ni siquiera un día, en que la lucha de clases en el frente cultural haya cesado.

Hemos tenido, por ejemplo, la crítica a la película “La vida de Wu Siin” en 1951; la crítica al libro “Estudios sobre “El sueño del pabellón rojo” y luego la crítica a las ideas reaccionarias de Ju Shi en 1954; la crítica a Ju Feng y la lucha contra su camarilla contrarrevolucionaria en 1955; el contraataque a la frenética embestida lanzada por las fuerzas derechistas burguesas en el frente cultural en 1957; el surgimiento de gran cantidad de hierbas venenosas burguesas y revisionistas en los campos del cine, el teatro y la literatura desde 1959 y nuestra lucha contra ellas; la crítica al concepto de Yang Sien-chen de que “dos se integran en uno” en 1964, y la gran polémica actual que, iniciada con la crítica a la obra de Wu Jan, “La destitución de Jai Rui“, se está profundizando, etc.

A una lucha sigue otra más profunda que la anterior. Luego de que esta línea negra sea eliminada, puede surgir otra en el futuro y habrá que emprender una nueva lucha. Esto muestra que la lucha de clases es independiente de la voluntad del hombre e inevitable. Los elementos antipartido y antisocialistas tienden ostinadamente a manifestar su naturaleza burguesa de una y mil maneras. No se puede esperar que hagan otra cosa. Estas gentes apoyan de palabra al socialismo, pero en realidad están obsesionadas por el capitalismo y se aterran al cadáver de la burguesía. Profesan hostilidad a la dictadura del proletariado y un odio y un resentimiento profundos y apenas contenidos hacia el Partido y el socialismo. Ellas dan salida a tales sentimientos cada vez que se produce un clima apropiado y, cuando algún viento agita la hierba, aparecenen tropel. Después de ser desenmascaradas, criticadas y golpeadas una y otra vez por las amplias masas, recurren a tácticas más encubiertas, insidiosas, indirectas y zigzagueantes para proseguir su ataque contra el Partido y el socialismo.

Merece atención el hecho de que en la presente nueva situación de la lucha de clases, las ofensivas lanzadas contra nosotros por el puñado de elementos antipartido y antisocialistas tengan nuevas características. Estos están agitando “banderas rojas” para oponerse a la bandera roja, y disfrazándose con el ropaje del marxismo-leninismo y el pensamiento de Mao Tse-tung para combatir el marxismo-leninismo y el pensamiento de Mao Tse-tung.

Aprovechándose de los cargos y poderes que les concedieron el Partido y el Gobierno, han puesto bajo su absoluto control algunos departamentos y entidades, rechazando la dirección del Partido y perpetrando criminales actividades antipartido y antisocialistas mediante los instrumentos en sus manos. Estas personas son en su mayoría las llamadas “autoridades” y gozan de alguna “reputación” en la sociedad.

Quienes no conocen la verdad, tienen todavía una fe ciega en ellas. Esos elementos creen que cuentan aún con capital para medir fuerzas con el proletariado y hacen lo imposible por mantenerse atrincherados en la contumaz ciudadela de la ideología burguesa. Sus actividades antipartido y antisocialistas no son aisladas ni accidentales, sino que están a tono con el coro antichino internacional de los imperialistas, los revisionistas contemporáneos y los reaccionarios de los diversos países, están en consonancia con las actividades que realizan las clases reaccionarias derrocadas del país para lograr su restauración, y se coordinan con las actividades antipartido de los oportunistas de derecha en el seno del Partido. Sus actividades antipartido y antisocialistas son hasta cierto punto engañosas y extremadamente perjudiciales.

Nuestra lucha contra ellos es de vida o muerte. Debemos estar plenamente conscientes de esto y mantener una elevada vigilancia. En cuanto a aquellos que aquello que han escrito también  algunas obras nocivas pero que están con el Partido y el socialismo, sus defectos y errores pueden ser corregidos en el curso de la práctica.

Hay que diferenciar rigurosamente a esos camaradas del puñado de elementos antipartido y antisocialistas. Ya antes de que se lograra la victoria en todo el país, el Presidente Mao Tse-tung nos había advertido: “Después de eliminados los enemigos armados, quedarán aún los enemigos sin fusiles, los cuales entablarán inevitablemente una lucha a muerte contra nosotros; jamás debemos subestimarlos. Si ahora no planteamos ni comprendemos el problema de este modo, cometeremos errores muy graves“.

La restauración del capitalismo toma indefectiblemente o la forma violenta o la de “evolución pacífica”, o bien una combinación de ambas. El imperialismo yanqui y los otros enemigos de clase, dentro y fuera del país, no sólo intentan derribarnos por la violencia, sino que también tratan de conquistarnos mediante la “evolución pacífica”, mediante el empleo de “proyectiles almibarados”. Difunden en mil y una formas los virus políticos e ideológicos reaccionarios y el modo de vida burgués, en una tentativa de corromper y corroer a los comunistas, al proletariado y a los demás revolucionarios, con la esperanza de hacer degenerar en elementos burgueses a aquellas personas débiles de voluntad dentro de nuestras filas y de hacer que el socialismo retroceda gradualmente hacia el capitalismo.

Constituye una profunda lección el hecho de que la Unión Soviética, el primer gran país socialista, fundado por Lenin y nacido en medio de los cañonazos de la Revolución de Octubre, haya venido deslizándose por el camino de la restauración del capitalismo a través de un proceso de “evolución pacífica”, bajo el control y manipulación de un puñado de revisionistas que han usurpado la dirección del Partido y del Estado.

El Presidente Mao Tse-tung nos ha enseñado: “La lucha de clases, la lucha por la producción, y la experimentación científica son los tres grandes movimientos revolucionarios para construir un poderoso país socialista. Constituyen una garantía real de que los comunistas se verán libres del burocratismo e inmunes al revisionismo y el dogmatismo, y permanecerán siempre invencibles; una garantía segura de que el proletariado, en unión con las amplias masas trabajadoras, podrá llevar adelante la dictadura democrática. Si no se desplegaran estos movimientos y se permitiera salir a escena a los terratenientes, campesinos ricos, contrarrevolucionarios, elementos nocivos y monstruos y demonios, mientras nuestros cuadros cerraran los ojos y muchos, en vez de distinguir entre los enemigos y nosotros, llegaran hasta colaborar con ellos y fueran corrompidos, divididos y desmoralizados por ellos y, en consecuencia, fueran arrastrados al campo enemigo o los enemigos lograran infiltrarse en nuestras filas, y si muchos de nuestros obreros, campesinos e intelectuales cayeran víctimas de las tácticas blandas o duras del enemigo, entonces no haría falta mucho tiempo, tal vez unos cuantos años, o una década, o varias décadas a los sumo, para que se produjera fatalmente una restauración contrarrevolucionaria a escala nacional, el partido marxista-leninista se transformara en partido revisionista o en partido fascista, y toda China cambiara de color“.

Debemos tener siempre presente esta enseñanza del Presidente Mao Tse-tung y no olvidar nunca la lucha de clases que existe en el período del socialismo; de ningún modo podemos descuidar la batalla contra los enemigos sin fusiles.

El Presidente Mao Tse-tung nos ha enseñado también: “Cualquier cultura dada (como una forma ideológica) es un reflejo de la política y la economía de una sociedad dada, y ejerce a su vez una enorme influencia y efecto sobre éstas” y “la revolución cultural es el reflejo ideológico de la revolución política y económica y está a su servicio“.

Ha señalado además: “…mientras reconocemos que, en el desarrollo de la historia en su conjunto, son las cosas materiales las que determinan las cosas espirituales y la existencia social la que determina la conciencia social, reconocemos también, y tenemos que hacerlo, la reacción de las cosas espirituales sobre las materiales, la reacción de la conciencia social sobre la existencia social y la reacción de la superestructura sobre la base económica“.

En los 16 años transcurridos a partir de la liberación, se han establecido en China la base económica del socialismo y el Poder político de la dictadura del proletariado, los que día a día se hacen más fuertes.

La revolución socialista en los frentes económico y político ha alcanzado grandes triunfos. Sin embargo, los puntos de vista políticos y la ideología de la burguesía y las demás clases explotadoras derribadas tienen todavía una enorme influencia. Ellas no sólo estorban el desarrollo de la base económica del socialismo, sino que también tratan por todos los medios de utilizar la cultura burguesa y revisionista para abrir el camino a la restauración del capitalismo.

La cuestión de “quién vencerá a quién” en la esfera ideológica está lejos de haber sido resuelta. Debemos prestar mucha atención a la reacción de la superestructura sobre la base económica y a la lucha de clases en el campo ideológico.

Sin la victoria de la revolución socialista en este campo, no se puede consolidar la victoria de la revolución socialista en los frentes económico y político.

En ningún momento debemos pensar que el frenético ataque lanzado contra nosotros por este puñado de elementos revisionistas y burgueses es meramente una “rebelión de letrados” que no llegará a ser nada grave. Jamás debemos considerar nuestra lucha contra ellos como meras “polémicas en el papel” que no afectan la situación en su conjunto. De hecho, toda restauración contrarrevolucionaria se inicia en los dominios del espíritu -incluyendo la ideología, la superestructura, el trabajo teórico y académico, la literatura y el arte- a fin de ganarse la opinión pública. Así fue como el revisionismo de Jruschov usurpó la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética. Igualmente, en Hungría en 1956, fue un grupo de escritores, artistas e intelectuales revisionistas y burgueses quienes organizaron el Club Petofi y actuaron como fuerza de choque en los motines contrarrevolucionarios.

En nuestro país, los ataques furibundos que actualmente lanzan contra el Partido y contra el socialismo un puñado de elementos revisionistas y burgueses constituyen un vano intento de hacer realidad su sueño dorado de restaurar el capitalismo.

Si no nos mantenemos vigilantes ante estos enemigos sin fusiles y no los contraatacamos resueltamente, si soltamos las riendas a las ideas burguesas y dejamos que sus complots se lleven a cabo, surgirá el peligro de que los cimientos de nuestro socialismo sean socavados y de que nuestro país cambie de color.

El Ejército Popular de Liberación de China es un ejército de obreros y campesinos creado y dirigido por el Partido y el Presidente Mao Tse-tung; es el sostén principal de la dictadura del proletariado y el defensor de la causa del socialismo.

Debemos vigilar de cerca a los enemigos armados y estar en todo momento preparados para frustrar los ataques armados del imperialismo yanqui y sus lacayos; y al mismo tiempo, debemos mantener una elevada vigilancia ante los enemigos sin fusiles y aplastar con resolución los criminales complots de la burguesía contra el Partido y el socialismo.

Los cuadros y combatientes de nuestro Ejército deben ser no sólo valientes soldados que cargan contra el fuego enemigo en el campo de batalla, sino también firmes luchadores proletarios contra los “proyectiles almibarados” en los frentes político e ideológico.

Debemos seguir las enseñanzas del Presidente Mao, estar plenamente conscientes de la naturaleza prolongada, tortuosa y compleja de la lucha de clases en el período del socialismo y no olvidar jamás la lucha de clases. Debemos armar nuestra mente con el pensamiento de Mao Tse-tung, y observar, analizar y enfocar todo desde el punto de vista de la lucha de clases y con el método del análisis de clase. Debemos criticar las cosas erróneas, arrancar las hierbas venenosas y aniquilar a los monstruos de toda especie dondequiera que los encontremos; nunca debemos permitirles que se desenfrenen ni que provoquen perturbaciones.

La directiva del camarada Lin Biao en el sentido de dar prioridad a la política está basada precisamente en la teoría del Presidente Mao sobre la existencia de las clases y de la lucha de clases en la sociedad socialista. La política es la lucha de una clase contra otra. Dar prioridad a la política significa que debemos dar prioridad a la política proletaria, tomar el pensamiento de Mao Tse-tung como guía y la lucha de clases como la palanca principal, y emprender una lucha destinada a fomentar la ideología proletaria y erradicar la burguesa. Nuestras fuerzas armadas no viven en el vacío.

La lucha de clases en la sociedad se reflejará inevitablemente, a través de diversos canales, en nuestras fuerzas armadas y en la mente de cada uno de nosotros. Nunca debemos subestimar la influencia que sobre nosotros ejerce la lucha de clases en la esfera ideológica. Las buenas obras literarias y artísticas y los buenos artículos pueden ayudar a elevar nuestra conciencia política y a estimular nuestra voluntad de combate.

Pero las películas, piezas teatrales, novelas y artículos nocivos pueden envenenar nuestra mente, cambiarla en forma gradual y conducirnos hacia una ruta errada si no los examinamos, boicoteamos y repudiamos. La experiencia histórica prueba que ningún enemigo es temible por feroz que sea y cualesquiera que sean sus ardides. Lo temible es que nosotros relajemos nuestra vigilancia y nos desarmemos ideológicamente.

La presente gran revolución cultural socialista es la más v i vida y práctica educación en el espíritu de la lucha de clases y, también, una prueba para todos los cuadros y soldados de nuestro Ejército en lo político e ideológico. Cada uno de nuestros camaradas debe seguir muy de cerca y prestar cuidadosa atención al desarrollo de la actual gran revolución cultural con elevado sentido de responsabilidad política y gran fervor revolucionario, incorporarse activamente a esta gran lucha para, en el curso de ella, templarse, educarse, transformarse y hacerse más consciente políticamente.

La época de Mao Tse-tung es la época en que los obreros, campesinos y soldados dominan la teoría revolucionaria. Ellos están demostrando su papel de fuerza principal en esta gran revolución cultural socialista. Aunque los “eruditos”, “especialistas” y “profesores” antipartido y antisocialistas se revistan
con toda suerte de mantos, hagan grandes gestos y conviertan deliberadamente las cosas sencillas en misteriosas, no nos pueden intimidar ni desorientar. Contamos con el arma invencible: el pensamiento de Mao Tse-tung, y con corazones ardientes y leales al Partido, al socialismo y al pensamiento de Mao Tse-tung. La verdad está con nosotros. Los cuadros y soldados de nuestro Ejército tienen una firme y clara posición política, una aguda sensibilidad en lo político y gran perspicacia. Son capaces de distinguir entre el enemigo y nosotros y entre lo correcto y lo erróneo.

Siempre que nos esforcemos por estudiar y aplicar de manera creadora las obras del Presidente Mao, armemos nuestra mente con el pensamiento de Mao Tse-tung, nos atrevamos a despreciar la sedicente “autoridad” de los elementos revisionistas y burgueses y acabemos con la fe ciega en ellos, seremos capaces de calar la verdadera catadura de estos monstruos y exponerlos a la luz del día.

¡Levantemos aún más alto la gran bandera roja del pensamiento de Mao Tse-tung, extirpemos resueltamente la línea negra antipartido y antisocialista de la burguesía y el revisionismo, y llevemos hasta el fin la gran revolución cultural socialista!

 

 

Editorial del “Jiefangjun Bao”, 4 de mayo de 1968

 

Traducido por “Cultura Proletaria”

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